A quienes se habían quedado en el Meyba con braguero, la irrupción del Jaked de poliuretano con dirección asistida, inyección, ABS, EBD y ASR les ha dejado perplejos. El bañador en cuestión es más mágico que el cruzado de Playtex, que no es que levantara el busto sino que lo hacía levitar. Tiene el inconveniente de que cuesta ponerlo más que un traje de novia, aunque una vez en el agua los nadadores son como delfines de diseño sin dieta de sardinas. Gracias al traje, los récords del mundo han empezado a caer en Roma a ritmo de granizo.
El principal perjudicado ha sido Michael Phelps, que perdió los 200 metros libres por ir a pecho descubierto, aunque se tomó su venganza en los 200 mariposa “con la ferocidad de un escualo hambriento, con la ira de un dios vengativo, con la rabia de un hombre frustrado que trata de reconciliarse consigo mismo más allá de reconstruirse ante los demás”, dicho sea en palabras de Carlos Toro en El Mundo, un bardo que ha sido letrista de Paulina Rubio, Marta Sánchez y el Dúo Dinámico. De ahí su fuerte carga lírica.
Pero el poliuretano tiene también sus riesgos, ya sea en la versión cuerpo entero o en la de medio body como la de Phelps. Al norteamericano Ricky Berens se le rompió el domingo al lanzarse al agua y le dejó con el culo al aire, lo cual es cuando menos embarazoso. “Se pierde épica, pero se gana en erotismo”, destacaba El País. Según este diario, el secreto del bañador puede estar en el aire que atrapa, que al parecer se acumula en el pliegue de las rodillas, en el busto si se es mujer, y en la entrepierna. Adivine en dos palabras por qué se flota más.
En el Sport, Angels Fàbregues estaba enojadísima con la Federación de Natación, que ha decidido prohibir el invento a partir de 2010. “Primero no, después sí, ahora otra vez no. Por favor, seamos serios. Los nadadores andan locos, los récords ya no son noticia y eso sí, la FINA a lo suyo parapetando sus intereses. Y a la natación… que le den”, explicaba.
La vuelta a la braga acuática
Lo que pretenden ahora los burócratas es que todos los bañadores estén hechos de material textil. Según Fernando Castán, el especialista de la agencia Efe, quedan dos dilemas por resolver: “Primero: qué hacer con los récords establecidos en los últimos veinte meses, 152 (…) Segundo: qué (se) les dice a los fabricantes de bañadores”. La respuesta parece evidente: nada. La braga acuática aún no ha dicho su última palabra.
Los chicos de la capucha han querido celebrar el 50 aniversario de ETA con una matanza sorpresa y, sin avisar, han encendido la mecha a una tarta de 200 kilos de explosivos frente a la casa-cuartel de la Guardia Civil en Burgos. La ‘fiesta de cumpleaños’ ha dejado medio centenar de heridos, además de convertir la fachada del edificio en una macabra recreación de la 13 Rue del Percebe. En la salvaje pirotecnia han podido morir los guardias, sus mujeres y sus hijos, pero a los valientes ‘gudaris’ ya no les importa el tamaño de los ataúdes. Así son los héroes de Euskal Herria, gente arrojada que se juega la vida con un mando a distancia.
Las barbaries tienen, a veces, una explicación fácil. En Punto Radio, Felipe Sahagún sostenía que la malograda carnicería perpetrada por ETA era consecuencia “de su gran debilidad. Lo que buscan, realmente, es demostrar que pueden matar y mucho”. Y tan simple puede ser la explicación que termine por confundirse con una verdad de Perogrullo: “Mientras exista ETA, va a intentarlo. Entonces, hay que procurar que deje de existir con todos los medios: policiales, políticos… Lo importante es que ETA deje de existir”, recalcaba con un hilo de voz Joan Tapia en RNE.
A los “medios políticos” se refería, precisamente, Eduardo San Martín en la SER. “Según los últimos documentos incautados a ETA, esta estrategia de violencia va destinada a tratar de volver a sentar al Gobierno en la mesa de negociación. Es probable que eso alguna vez tenga que ocurrir pero (…) ya nunca podrá haber diálogo con ellos a no ser que abandonen definitivamente las armas”, explicaba.
Quesos y presos
¿Siguen teniendo apoyo social los terroristas? Así lo creía Amando de Miguel, quien aseguraba en Onda Cero que “mientras haya nacionalismo habrá terrorismo en el País Vasco”. Y también Víctor de la Serna, que cuando se dedica la gastronomía se hace llamar Fernando Point. En la COPE citaba un ejemplo más propio de su alter ego: “El concurso de quesos de Ordizia en septiembre en el pabellón todos los años se interrumpía (…) porque entraba una comitiva con los retratos de los presos del pueblo”. De la Serna -o Point- dejó de participar en el concurso tras el asesinato de López de la Calle, el periodista del que Ramírez quiso prescindir y al que, una vez muerto, acogió en su panteón de víctimas ilustres de El Mundo. Pero no nos desviemos. Bastante repugnancia causan los atentados de ETA.
Decía Freud que sólo hay dos maneras de ser feliz en la vida: una, hacerse el idiota; la otra, serlo. Rajoy ha elegido la primera, y el CIS le ha venido a dar la razón. Acostumbrados a convivir con la corrupción, los españoles han desarrollado articuerpos que previenen la urticaria. Así, con la piel tersa e hidratada, lo que notan son los puñetazos del paro en el hígado. La última encuesta del Centro otorga por primera vez en cinco años una ventaja al PP en intención de voto. En su papel de estatua, Rajoy recoge las monedas de los viandantes, dispuesto a no pestañear en tres años, hasta las elecciones. Demasiado tiempo para que no le acaben levantando el pañuelo con la calderilla.
Incluso entre los más entusiastas, el dontancredismo de Mariano despertaba cierto recelo. “El 40,2% de los votos que le otorga el CIS es un resultado escaso para gobernar, especialmente porque ello les obligaría a pactar con los nacionalistas de CiU y PNV, una tarea más que difícil en el momento actual. Si el PP se duerme en los laureles se podría equivocar”, advertía Pablo Sebastián en La Estrella Digital.
Para combatir la somnolencia, Antonio Martín Beaumont proponía “cambiar su estrategia de comunicación”. ¿Estamos ante un reproche del periodista a Esteban González Pons, responsable de la cosa e íntimo del susodicho desde que le colmó de concesiones digitales cuando era conseller en Valencia? Pues no. Beaumont dispara a la pianista, o sea, a la jefa de prensa del gallego, la mujer que le prepara las piedras para que meta la cabeza cuando toca hablar de la Gürtel: “La comunicación, sobre todo de Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal, tiene que elaborarse con naturalidad, sin tanto corsé, dirigida a hablarle a la gente (…) de los asuntos que interesan”, explicaba en El Semanal Digital.
Y comieron perdices
Y como una vez en movimiento hay que ir hacia algún lado, el editorial de El Mundo marcaba el camino al líder de mármol, que para eso Ramírez presume de influir más que la luna sobre las mareas: “El reto de Rajoy debe ser convencer a Zapatero de la necesidad de un gran pacto de Estado que permita a España acelerar los pasos para su recuperación”. Marhuenda el de La Razón, también feliz aunque de otra manera, se apresuraba a certificar “el deseo de los españoles de que se concrete el relevo en La Moncloa”. Hace demasiado calor como para que alguien compre la piel de un oso que sigue dando zarpazos.
Para combatir el olvido, que es un enemigo muy poderoso, el depuesto Manuel Zelaya ha puesto tienda junto a la frontera de Honduras, donde los golpistas que le expulsaron del país en pijama siguen haciendo de su capa un sayo pese a la supuesta presión internacional. Además de por su sombrero, a Zelaya le miran mal algunos demócratas de toda la vida, para quienes las elecciones son la única vía de acceso al poder salvo que quien lo ostente sea Chávez o alguien de su agenda de teléfono, en cuyo caso los golpes de Estado están justificados o son interpretables.
Tal es así, que un mes después de que el presidente legítimo fuera invitado por la fuerza a tomar las de Villadiego, sesudos analistas como Marco Vicenzino, un profesor de Geopolítica que dice haber colaborado con The New York Times, sostenía en El Mundo que Zelaya era un suicida por jugar con fuego: “Habría podido evitar la crisis simplemente con que se hubiera limitado a la única legislatura para la que fue elegido”. Nótese la sustitución de “golpe” por “crisis”, que es un término mucho más amable y llevadero.
Zelaya, según parece, es culpable también de matar de hambre a los hondureños, quienes, como todo el mundo sabe, hacían tres comidas diarias regadas con vino de Rioja antes de que él llegara. Con el agravante que este “hijo y nieto de terratenientes y terrateniente él mismo, pudiendo hacerlo si hubiera querido, nunca dio de lo suyo para aliviar la condición miserable de su pueblo”, tal y como denunciaba Ramón Farré en La Opinión coruñesa.
Por estas razones, pedir, al estilo de Carmen Gurruchaga en Onda Cero, que “los golpes de Estado se queden en su casa y que la gente derrote en las urnas lo que tenga que derrotar”, es casi una ingenuidad, habida cuenta de que los golpes son de naturaleza inquieta y no se conforman con la playstation.
De perfil
Si a estas alturas no sabe a qué carta quedarse, pase de perfil como Melchor Miralles en RNE, que parecía posar para un sello de 20 céntimos: “Cuando no se respetan los cauces democráticos, pues esto es lo que hay (balbuceos). Lo que parece mentira es que no aprendan. La situación en la zona es enormemente delicada. Como cunden ejemplos indeseables, pues vamos a ver (…) Los países democráticos debemos ser inflexibles (…) y no se puede hacer ni medio guiño ni media gracia a todos aquellos que no respeten las reglas del juego democrático”. Eres grande, Miralles.
Con 4.137.500 parados de fondo, Zapatero buscaba hacerse la foto con la patronal y los sindicatos, pero por el posado los empresarios pedían 15.000 millones en rebajas de cotizaciones sociales y el despido libre, y con esos precios no hay quien sonría al pajarito. La intransigencia de la CEOE ha sorprendido, ya que Gerardo Díaz Ferrán pasaba por ser el dirigente empresarial que más besos y abrazos ha repartido entre la ejecutiva del PSOE. Necesitado de circulante, confiaba en paralelo en que el Gobierno ampliara un crédito que acabaría en Air Comet, una de sus empresas, donde los trabajadores le han montado una huelga porque no les paga las nóminas. Y se ve que el crédito no ha llegado.
Es curioso que quienes más alertaron de una eventual quiebra de las pensiones no se hayan echado las manos a la cabeza con las pretensiones del empresario moroso. Es más, algunos como Fernando Fernández en ABC, reconocían “el cuajo” del tal Gerardo para “aguantar la seducción de Zapatero, mezcla refinada de las tácticas del marqués de Sade y de Robespierre”, durante la cena monclovita en la que el agonizante diálogo social terminó este miércoles de expirar.
Menos comprensiva con el jefe de los patronos era Carmen Tomás, quien, en la COPE, le reprochaba haber dado al Gobierno “un año de aire” y no haberse plantado el primer día “porque Gerardo (nótese la familiaridad en el trato) sabía que no iba a llegar a ningún acuerdo”. ¿Quieren una explicación más técnica de lo ocurrido? Atiendan entonces a Ángela Vallvey: “La patronal lo que estaba pidiendo no era solamente rebajar unos puntillos de las cotizaciones sociales, sino otra serie de cosas de gran calado para reformar el mercado laboral. Y está muy claro que el presidente del Gobierno no quería ejecutar esas reformas porque no quiere ni oír hablar de ellas. No sabe ni de qué van, yo creo”, precisaba en Onda Cero con rigor academicista.
A gobernar
En consecuencia, el Gobierno tendrá que gobernar, algo que a El Mundo le parecía “incluso mejor que ese quimérico pacto para que todo siguiera igual”. La lista de la compra la hacía El País: “reducir moderadamente las cotizaciones sociales”, “prorrogar la ayuda a los parados”, dar “flexibilidad a la negociación colectiva” (o sea, acabar con ella), abaratar el despido a cambio de “aumentar la contratación fija” y “mejorar la movilidad geográfica”. A Gerardo le ponen esto delante, y no es que se haga la foto, es que posa para Interviú.
¿Cuántos cabroncetes que se llamen Luis hay en España? La Justicia presume que Luis el cabrón, el tipo que recibió 72.000 euros de la trama de Correa según el apunte de su contabilidad B, es Luis Bárcenas, quien, a mayor abundamiento, se llama Luis. Ante el Supremo, el tesorero del PP ha declarado que el citado no es él sino un empresario llamado Luis Delso, lo cual, de ser falso, es una cabronada. ¿Y cuántos cuyas iniciales sean “L.B. y hayan puesto el cazo? El tesorero sostiene que tampoco es él sino un tal Lucas Bagchus, un empresario relacionado con Correa. Bárcenas iba tan preparado que hubiera encontrado un nombre para la clave alfanumérica de una conexión ADSL. Pongámosle a prueba. ¿Qué es N.N.F.L.? No nos fastidies, Luis.
Bárcenas llegó solo al Supremo, “más solo que la una”, en palabras de Carlos Carnicero (C.C.) en El Plural, con lo que Rajoy y los suyos parecen dejar claro que su contacto es más contagioso que la gripe A y lo mejor es no acercarse. O eso, o que todo el mundo es “un poco puñetero”, según la opinión expresada en Onda Cero por Ángel Expósito (A.E.), director de la monarquipedia: “Cuando van criticamos -menudo numerito que van- y cuando no van decimos: fíjate iba solo”. El caso es que no fueron.
El tesorero y senador llevó papeles para explicar cómo uno puede hacerse rico con unos simples golpes de fortuna, detalles que debieran ser filtrados para público conocimiento en estos tiempos de crisis. Y regresó al despacho en el que le mantiene Rajoy, “un auténtico timorato” al que “le duele adoptar una decisión más que sacarse una muela”, a juicio de Francisco Mora (F.M.) en Levante.
Contra Rajoy se ensañaba en Libertad Digital Cayetano González (C.G.), quien echa de menos los tiempos de Aznar , cuando él le llevaba la prensa a Mayor Oreja y manaba la leche y la miel, en vez de trajes y bolsos de Vuitton. El actual PP “carece de rumbo, está desnortado” y es “el peor PP que se recuerda desde su fundación”, certificaba.
Hacia Italia
¿Pretende el PP que la corrupción sea asumida como algo normal, como sugería Raimundo Castro (R.C.) en RNE? “La corrupción es la carcoma de la democracia (…) Si lo que queda es que todos son iguales, vamos hacia Italia de cabeza y eso no es muy recomendable”, aseguraba con cierta desmesura. Berlusconi lo hace a pelo y reconoce que no es un santo. Aquí, quien más, quien menos, se protege, aunque sea tras unas iniciales de látex.
Una cosa llevó a la otra. Se filtró primero que El Bigotes regalaba a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, un bolso de Louis Vuitton al año, algo lógico ya que estos complementos se pasan rápidamente de moda. Después, gracias a otra filtración, hemos sabido que Nixon regaló a Franco una piedra lunar y que el promotor de nuestra actual monarquía la colocó en alguna mesilla hasta que se perdió, extraño suceso que jamás hubiera ocurrido si Carmen Polo se hubiera hecho con ella una gargantilla. La familia ‘popular’ se siente indefensa y va a querellarse; la de Franco, por boca del nieto, se excusa: “Como mi madre es una mujer con muchas cosas en muchas casas, en algún traslado o al redecorar alguna habitación, al final debió extraviarse”.
Con los Franco se está siendo muy injusto. Durante casi un mes, el diario Ya ha mantenido en su portada la última nómina del general bajito y sus 154.710 pesetas del ala de 1977. “Ni siquiera era un mileurista”, decía el humorista de plantilla. Con tan menguados ingresos a nadie escandalizaría que la prole del dictador hubiese tratado de subastarla por un precio astronómico para llegar a fin de mes, asunto del que se habría encargado el marqués de Villaverde, por ser el más relacionado con las casas de empeño.
Es posible, incluso, que las dos hipótesis fueran ciertas. “Pudo ser extraviada en la sala de subastas, y eso es un lío, porque a ver quién es el guapo que la encuentra ahora”, aventuraba Alfonso Ussía en La Razón. En contraste con la familia, que mantiene que fue un regalo tan personal como el Lladró de una boda, Ussía piensa que se trataba de un presente al pueblo español, como lo fue otro pedrusco selenita que el hijo de Carrero donó al Museo Naval. “Hay que ser más ordenados con las cosas, señores míos”, sentenciaba.
Sobre lo que no hay discusión es que Franco tocó la luna, y eso duele. “Nadie merecía menos tener entre sus manos el sueño romántico por antonomasia de la humanidad”, denunciaba en El Mundo David Torres, para quien tampoco caben dudas de que “Kissinger (…) iba regalando trocitos de cielo a los dictadores buenos y cachitos de infierno a los presidentes malos, como Allende”.
El sospechoso
Pero no nos desviemos del hecho fundamental. Sostiene Edurne Uriarte en el ABC que Rubalcaba es “el principal sospechoso” de la filtración sobre Rita y sus vuittones. ¿Y de la de Franco? ¿Estará detrás? He ahí la cuestión.
Moratinos se nos ha ido a Gibraltar, y su salto de la verja ha inquietado mucho por si resbala y parte el espinazo a una política de 300 años de no poner un pie oficial en la Roca. Tiene uno la sensación de que el asunto del Peñón ha perdido bastante morbo, al margen de que siga sorprendiendo que los yanitos hablen un andaluz perfecto, sobre todo si es un bobby al que le preguntas por una calle. Entre el plan A –aislamiento- y el plan B –integración-, se ha optado por el B que, previsiblemente, dará los mismos resultados que el A, o sea, ninguno en lo que a la soberanía se refiere. ¿Nos quita el sueño? Pues no, para que nos vamos a engañar.
Aún así, la visita ha descompuesto al académico Luis María Anson, que esbozaba en El Imparcial su teoría de leña al mono (de Gibraltar) hasta que baile flamenco: “No se debió hacer nunca ninguna concesión territorial a Gibraltar y mucho menos la del aeropuerto (…) Debió reducirse Gibraltar a una hirsuta base militar, a una colonia inhóspita (…) La política española en lugar de hacer invivible la Roca, la ha convertido en un paraíso”.
En la misma línea se mostraba el inefable Marhuenda, todo un estratega en lo que a conflictos internacionales se refiere. “Tu metes una murallita y oiga, mire, eso no lo reconozco, no existe, no dejo pasar trabajadores, no hay relaciones comerciales. Y a ver quién aguanta porque, claro, los británicos son muy suyos y cuando las cosas les cuestan dinero eso se complica bastante”, explicaba en la COPE sin apóstol. ¿Qué quién paga la muralla? El Plan E, lógicamente.
Lo cierto es que en el Peñón vive “gente rara”, como aseguraba José Joaquín León en el Diario de Sevilla, empezando por su ministro principal, Peter Caruana, que tiene la face más dura que el cement, dicho sea en el inglés de la Roca. “Nadie dijo que la cooperación supondría que de la noche a la mañana los gibraltareños querrían ser españoles”, declaraba el susodicho a El País. ¿Y lo del paraíso fiscal? “Ya no es lo que era”. Eres un genio, Peter.
Desatinos
Para otro Peter, más conocido como Ramírez, la visita del jefe de la diplomacia española “supone un reconocimiento de facto de que Gibraltar es un asunto exterior”, tal y como advertía el editorial de El Mundo. El desatino, por tanto, ha sido enviar a Moratinos, cuando lo suyo era que viajara Chaves y les hablara de financiación autonómica, que además sabe el idioma. Esos errores se pagan.
Desde que Rousseau parió aquello de que el hombre es bueno por naturaleza hasta que la malvada sociedad le corrompe y Dickens le puso letra a esa música entre las brumas de Londres, hemos ido acostumbrándonos a entender como errores propios las acciones más terribles de nuestros tiernos infantes. Evidentemente, algo de eso hay, aunque conviene no olvidar que entre esos locos bajitos, que diría Serrat, hay mucho cabrón suelto, seres amorales que creen que violar a una niña es un divertimento de pandilla, como ha ocurrido estos días en Baena e Isla Cristina.
Dicho esto, está bien reflexionar sobre los motivos de una trivialización de la violencia “en la que la emulación y la ausencia de compasión y culpa pueden actuar como catalizadores”, como hacía el editorial del Diario Montañés, e interrogarnos acerca de cuál ha de ser “la respuesta familiar, educativa, social y judicial que puede darse no sólo ante delitos consumados, sino para su prevención”. Pero sin perder de vista que se puede ser niño y tener capacidad para distinguir entre el bien y el mal.
“A los 13 años claro que se tiene conciencia de lo que es violar a una niña”, opinaba Javier Nart en Punto Radio. Y si se le da la razón, habrá que convenir que la Ley del Menor, que considera inimputables a los menores de 14 años, ya violen, maten o injurien al rey, quien, por cierto, también es inimputable, debe ser retocada. “La cuestión no reside tanto en el endurecimiento de las penas sino en el límite de edad. Habría que bajarlo a los 12 años (…) en los casos de violación, homicidio y multirreincidencia”, destacaba Javier Urra en una entrevista en El Correo.
Lagunas legales como esta son las que indignan a la siempre indignadísima Pilar Cernuda, quien recordaba el caso de uno de los asesinos de Sandra Palo, en libertad después de cumplir sólo cinco años de reclusión. “Tenemos que estar protegidos de estas bestias”, proclamaba en Onda Cero, antes de amenazar con borrarse del país “si no tenemos legisladores capaces, por lo menos, de dedicar cinco minutos de su tiempo, que normalmente pierden en tonterías, en revisar estos casos”.
No violar
“Hay que decir a la gente que la vida humana es muy respetable (…) que no se puede violar nada, ni los secretos de sumario, ni las personas, ni nada”, explicaba Juan Cruz en RNE como parte de su idea de escuela. Lo de la violación sumarial debe de ser una gracia. O una tontería.
El miércoles 15 se estrelló un avión, se llegó a un acuerdo sobre la financiación autonómica, y Rajoy dijo que su tesorero no le chantajea. Pues bien, lo más visto en las ediciones digitales de los periódicos de ese día fue el reporte de una bacanal en la campiña inglesa y la expulsión de Risto Mejide de OT. Lo de la orgía hasta se entiende, oiga, pero lo del publicista deslenguado es para replantearse esto del periodismo. Y en esas estamos, unido al coro de grillos que canta acerca de este sujeto poliédrico que hasta da conferencias. En realidad, sólo una, según su página web: en el Congreso Profesional de Peluquería de 2008. No digan que no se lo imaginaban.
Del jeta en cuestión y sobre si su expulsión es o no un montaje se ha escrito profusamente. Algunos hasta en serio: “¡Ya estaba bien de que un señor (que es todo menos un profesional del medio) se creyera con el derecho a insultar y estuviera convencido de que, antes y después de él, sólo existe el diluvio!”, proclamaba Mariví Fernández Palacios, experta en vísceras, en su blog de elmundo.es.
Y otros, como Pérez de Albeniz en soitu.es, de la única forma sensata que se me ocurre: “¿De verdad piensan que los telespectadores se tragan que han expulsado al polémico juez de OT por ser un chuleta, un maleducado y lanzar un par de comentarios homófobos? (…) En Telecinco a los chuletas, los maleducados y los homófobos les nombran ideólogos de la cadena. No serán ustedes tan pardillos como para creerse todo este montaje, ¿verdad?”.
Como les supongo informados, apenas mencionaré que al tal Risto le preparan un programa sadomaso para él solito, aunque Marhuenda, el Hearst de La Razón, no se lo crea: “En los despachos de Fuencarral [o sea Telecinco] nadie sabe de ningún programa nuevo”. Nos matarán con tanta intriga.
Mi libro
Entre tanto, a lo Umbral, el susodicho va de programa en programa hablando de su último libro, al que, por cierto, Sergi Pàmies en La Vanguardia le ha hecho una crítica disparatada: “Apuesta por un discurso premeditadamente fragmentado (…) con distorsiones difícilmente digeribles si se leen con actitud distante pero más coherentes si, arrastrados por la verborrea torrencial y la pirotecnia de esbozos egotistas, dejamos que el libro nos lleve a un territorio habitado por una mezcla de inseguridad y narcisismo y nos produzca una adictiva aunque incómoda sensación de perplejidad”. Está todo dicho.