Intención de voto
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Juan y María, con mucho esfuerzo, se compraron una casa. En ella criaron a su único hijo y vivieron hasta que se hicieron mayores. Entonces decidieron mudarse a un piso más pequeño y le dejaron la casa al hijo, que se había casado y tenía a su vez dos niños. Poco después, su nuera pidió y obtuvo el divorcio. Obtuvo también la custodia exclusiva de los nietos de Juan y María; para ello le bastó negarse a la custodia compartida que pedía el padre, lo que le permitió, como en el 95% de los casos, convertir en visitador al progenitor varón. Obtuvo, además, una pensión de alimentos que dejó reducidos los in-gresos de su ex marido al límite de la subsistencia. Y obtuvo, por último, el uso de la casa de Juan y María, a tal efecto denominada “hogar conyugal”. Desde entonces, el hijo de Juan y María vive acogido por ellos, los tres en el pisito de la anciana pareja. La ex nuera de Juan y María disfruta, con el hombre con el que ha rehecho su vida, de la casa que en el registro sigue a nombre de sus ex suegros. No es un cuento de terror. Es una historia real de la España de hoy. Donde aumentan los derechos civiles, sí, pero no para los padres separados y divorciados y sus familias, que pueden verlos mermar hasta lo inverosímil. María, por más que se empeña, no siente que la ley la proteja como mujer y madre. Pero es de izquierdas y, con todo, votará a ZP. Algún día, confía, pondrá fin al abuso que sufre junto a su hijo. Que también es de izquierdas.









