CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Es duro ser calvo. Te levantas por la mañana y tienes que ir a trabajar; envejeces; la chica que te gusta no te hace caso; hay sucesivas crisis económicas a lo largo de tu vida; si eres famoso, te hacen fotos; si no eres famoso, ¡no te hacen fotos!; si tienes hijos, temes por su futuro y porque te salgan del PP. Es duro, sí, ser calvo.
Los calvos (esto es obvio que no lo sabéis, oh, vosotros, adonis) no viven la calvicie. La calvicie la viven los que no son calvos. Yo, con mi estupenda alopecia, no ando por las calles pensando en mi estupenda alopecia. Simplemente ando por las calles. Sin embargo, noto que muchas personas, sobre todo otros hombres, y sobre todo aquellos con algo en mi contra, piensan mucho en mi calva. Vamos, todo el tiempo.
Tienen un problema con mi calvicie. Si no les gusta lo que escribo, se acuerdan de mi calvicie. Si me envidian porque he salido dos veces en el programa de Dragó, ¡me recuerdan mi calvicie! ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Eso es algo que los calvos no podemos, realmente, comprender.
Serán gilipollas. Hay que serlo para alcanzar la madurez y no comprender que tu cuerpo dice la primera palabra, pero tu carácter dice la última. Y todas las palabras que hay entre medias. Porque la inteligencia es sexy y enamora; y el corazón es sexy y enamora; pero el “físico”, queridos amigos, solamente es sexy.
Es simple, pero ponemos la tele y nos confundimos. Mucho.
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
Y digo yo, una vez que los estados se han hecho cargo de las deudas de los ricos, parece llegado el momento de inventar penas nuevas para castigar nuevos delitos. Habrá que impedir por todos los medios que se vayan de rositas los que han malversado los capitales. El Estado debe hacer un esfuerzo legislativo.
Superadas las penas corporales, se imponen ahora las penas pecuniarias. Hay que actualizar los códigos. Para hacer que a un fulano –pongan ustedes los nombres– que se haya enriquecido a base de falsear las cuentas de sus empresas o que haya vaciado las arcas de una sociedad que debería ser pública, zasca, se le tenga equis años sin poner tocar pela. Ni él ni sus familiares hasta un grado lejano.
Tendrá que acreditar de dónde saca el dinero para viajar en primera, de dónde para los trajes o los abrigos… Quién paga sus comidas en los restaurantes… Como la alta traición, el depósito de pasta en paraísos fiscales debe tener una pena… La doble contabilidad, y el blanqueo de dinero, otra.Dos años, tres años… Hasta la pena maxima. Que sería la de deudor perpetuo.
Al defraudador del dinero público no se le puede permitir, dada su peligrosidad, que vuelva a manejar dinero. Ni pedir ni dar préstamos, ni tener tarjetas de crédito. Mucho menos heredar ni hacer testamento. Es decir, hacerle pobre para siempre. ¿No les parece justo?
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
La gente de este país no entiende a Mariano Rajoy. Pero eso no es culpa de Mariano Rajoy, sino de las carencias de la gente de este país. Para empezar, entre la gente de este país empiezan a ser una inmensa mayoría los que no han hecho la mili. Si la hubieran hecho, y hubieran tenido que comerse a pie firme una jura de bandera, no reaccionarían con tantos aspavientos a la espontánea, lógica y del todo fundada observación de don Mariano. Para continuar, la gente de este país es muy inculta y no ha leído a Kierkegaard, que en un lúcido ensayito titulado La rotación de los cultivos, nos deleita con la siguiente reflexión, más que pertinente al caso: “Quienes no se aburren son, por lo general, los que de uno u otro modo están muy atareados, pero estos son precisamente los más tediosos de todos. La otra clase de hombres, los distinguidos, son los que se aburren. Por lo general divierten a otros, en ocasiones y en apariencia, al populacho; en un sentido más profundo, a los iniciados”. En consecuencia: el comentario del líder popular sobre el desfile no es un gesto de torpeza, sino de distinción, y los que en estos días se han empeñado en hacer mofa gruesa de él, han acreditado con ello su condición de populacho. Tanto estos ingratos, como los capaces de apreciar, en calidad de iniciados, la fina ironía que subyace en la rajoyana declaración de tedio, le deben un desagravio. A fin de cuentas, nos ha ayudado a mejorar, con una sonrisa, el planazo del domingo.
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
Aiko Yoshiyama celebra su 30 cumpleaños y sus primeros tres meses como recién divorciada. No sé si festeja la entrada en la treintena o su regreso al celibato, pero supongo que organizar una fiesta con motivo de dos aniversarios dará derecho a un regalo mayor. Consulto mi monedero electrónico y me encamino a la tienda más exclusiva del barrio. Allí selecciono con esmero un número impar de tazas de té, cada una de un padre y una madre, de acuerdo a las tradiciones del Japón.
En la fiesta queda patente que vivo en una órbita paralela cuando descubro que todos los regalos excepto el mío son invitaciones a una experiencia vital única: un vale por una cena con el humanoide de Woody Allen, un pase para el simulador de gravedad cero, una inscripción a un curso de ayudante de mago… Supongo dos cosas: o soy la más anacrónica/decadente de todos o la más original. Ryu –editor de moda en una de las revistas más in del país– confirma mi primera hipótesis. “Una vez satisfecha, la fiebre por la posesión de bienes ha dado lugar a la fiebre por acumular vivencias exclusivas”, sugiere. Ahora me explico qué hace esa señora del antifaz aquí, látigo en mano, y qué hacemos los demás atados de pies y manos en la otra punta de la sala. Ups, me temo que esos sacos de ahí no son para hacer carreras. “Consuélate pensando que eres uno de los pocos invitados a la very ultimate version de la piñata”, me ordenó.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Abra el diario El País. Escoja un tema de la sección de sociedad del que no sepa nada. Léase el artículo con lágrimas en los ojos. Cierre el periódico. Siéntase solidario y, por qué no, merecedor de algún premio. Póngase a trabajar.
Llame a sus amigos de siempre. A los actores de siempre. Al productor de siempre. Seguramente estén casi todos en el jardín de sus respectivas casas y tarden en llegar al teléfono. Sea paciente: es por una buena causa. Alzheimer, malos tratos, violencia de género, pobreza, paro, vida en prisión… Ya sabe, esos temas que tanto le preocupan desde hace 24 horas.
Haga un guión en el que quede claro quiénes son los buenos, quiénes los malos y que la gente pobre es fea, come mal, está siempre triste y tiene la lavadora rota. Váyase deprisa a pillar las mejoras calles del barrio de Aluche que hay mucha competencia en esto del cine español comprometido.
Empiece a rodar. No se olvide de sacar a una familia comiendo ante la televisión mientras dan noticias terribles. No se olvide de filmar dentro de un bar espantoso. Y no se olvide de informar a El País de la película tan importante que está usted haciendo.
Finalmente, ignore el hecho de que los obreros no van a ir a ver su película de obreros, ni las mujeres maltratadas su película de mujeres maltratadas, ni los inmigrantes su película de inmigrantes.
No se lo tome a mal, pero parece que tienen cosas mejores que hacer.
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
Ole, mi seño. Esta Presidenta es una genia. Probablemente dentro de Esperanza Aguirre haya latente una ácrata furibunda, una enemiga del Estado en todas sus manifestaciones. Una niña revoltosa. Una vegetariana. Ha empezado a privatizar, camino inmejorable para acabar con las estructuras, desde dentro.
En ese terreno me permito sugerirle, con humiladad, algo que sería de una rentabilidad insuperable: Privatizar el Museo del Prado con todos sus achiperres.
No me refiero a la decimonónica idea de reunir los cuadros antiguos, venderlos a millonarios americanos o árabes y repartir el dinero entre las hordas bohemias. Ni siquiera la idea de los años veinte del siglo pasado de acabar con el arte caduco: deshacerse de la morrala de Velázquez, Rubens y Tiziano y reemplazarles con firmas nuevas: fabricar nuevo arte, desde cero.
No, no, de lo que se trataría es de optimizar el negocio. Subida del precio de la entrada, con salas VIPS (Las meninas, para los exquisitos). Subastas de cuadros que ahora están en los sótanos, muertos de risa… Alquiler de obras para convenciones y fiestas privadas… Si hay que vender algo del fondo, pues se vende. Ya habrá tiempo para comprar.
A lo mejor es menos claro –todavía- que lo del Canal de Isabel II, pero sin duda sería un gran negocio. Yo me pido el merchandising de El jardín de las delicias.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
El mismo día en que Stephen Hawking aparecía en la Universidad de Santiago de Compostela –el miércoles pasado– se estrenaba en La 2 de TVE la serie de Alex de la Iglesia, ‘Plutón BRB Nero’. Por muy distintos que parezcan ambos espectáculos, el mensaje era el mismo: “¡Vámonos de aquí ya!”. Hawking lo sintetizaba con su sintetizador de voz: “En cien años, la humanidad tiene que estar huyendo al espacio o moriremos todos”. De la Iglesia cuenta en su serie cómo será la huida: tendremos que mandar exploradores que encuentren un sitio con agua y oxígeno para poder vivir. Nos tenemos que ir para no volver a este planeta inhabitable y, como ocurre en cualquier migración humana, no podremos llevarnos todo. Por muy grandes que sean las naves que construyamos al efecto, tendremos que dejar las pirámides de Egipto, los sanfermines, El Escorial, los fiordos noruegos y el bar de Manolo. (Bueno, de este último nos podemos llevar las botellas ocultas entre las páginas del Espasa, como hizo el capitán Haddock en su viaje a la Luna con Tintín). Aprovechando las mudanzas, siempre nos deshacemos de basura que no merece la pena guardar. La humanidad tiene muchas cosas –que guarda en bibliotecas, museos y archivos– por simple síndrome de Diógenes y que tampoco cabrán en el equipaje. Pero la estupidez no ocupa lugar y mucho me temo que la llevaremos a los confines de la Galaxia. Será el principio del fin del universo conocido.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Al final de la escalinata de entrada del hotel María Cristina de San Sebastián, por donde suben y bajan los glamurosos personajes que dan sentido al festival de cine, hay eternamente apostado un expectante, entusiasmado e insólito grupo de cazadores de autógrafos, o de fotos, o de sonrisas o de simples miradas, que madrugan y trasnochan para ocupar su puesto de guardia, en espera de que alguna de las figuras que hasta ese momento tenían piel de celuloide, baje de su pedestal y se fije en ellos, aunque sea solamente durante una fracción de segundo. Hasta ahora yo veía el fenómeno de los fans como una crisis pasajera que la juventud provoca en algunos individuos, pero después de verles de cerca, de hablar con ellos, de observarles recostados uno contra otro, reposando el cansancio, pero sin desfallecer, por si se les escapara algún famoso, he descubierto en ellos una cierta pátina de ternura. Les he visto llorar, compungirse, temblar, extasiarse, rozar el cielo con la punta de su ilusión, solamente por un guiño, por un garabato ininteligible sobre su cuaderno… Sí, hay algo emotivo en sus figuras… Y, sin duda, son también un elemento más del evento, tan importante como las ruedas de prensa, las fiestas, los cochazos que esperan a la estrella o las luces que les iluminan. Si nadie gritara a Banderas o Bardem al entrar a su hotel, si no hubiese quien estirase su mano para tocarles… un festival de cine sería triste, muy triste. Perdón, me voy, que acabo de ver a Melanie Griffit. A ver si me da un autógrafo.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Para juzgar los crímenes nazis, los aliados montaron todo un tribunal. Lo pusieron en la ciudad alemana de Nüremberg y este nombre pasó a ser sinónimo del proceso de depuración del fascismo germánico. Nosotros, que somos así de chulos, tenemos a un superhombre que se basta, con el reducido equipo de su juzgado, para acometer él solito la purga de nuestro fascismo patrio y su pila de atropellos a la Humanidad. Todo ello, mientras se dedica a otras fruslerías, como lidiar con la parte que le toca de las pertinaces hazañas del último grupúsculo terrorista autóctono de Europa, de los mu-yahidines que pueda enviarnos Al Qaeda y del narcotráfico del país que es la plataforma logística natural para el comercio intercontinental. La denuncia pertinente para que Garzón pudiera instruir la causa de nuestro genocidio castizo se presentó, casualmente, el día que él estaba de guardia.
Muchos pensamos que debe restituirse la memoria de todos los arrollados injustamente por la barbarie, moleste a quien moleste (y provenga de donde provenga la barbarie). Pero cabe dudar que ésta sea tarea para un solo hombre y, sobre todo, si el que se ha abalanzado a acometerla, dejando aparte su entusiasmo y su loable laboriosidad, es el más adecuado. Mejor vendrían para ese tajo unos funcionarios grises, a los que pudiéramos agradecerles el esfuerzo pagándoles su sueldo. Y eso es algo que a nuestro Omnijuez hace ya tiempo que no le basta.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
¿Qué le pasa a Italia? ¿Lo que quieren los italianos? Pues como continúen con estos retrocesos de libertades van a acabar volviendo a la época de Julio César, auque, tal y como están las cosas, la censura de Berlusconi también prohibiría que los hombres llevaran las falditas esas de aquella época con que vestían los legionarios. Ahora resulta que al personaje éste le molesta la película de Oliver Stone, porque la imagen que ofrece de Bush no le gusta y como no le gusta pues se quita y punto peloti. Este Berlusconi es de esos mandatarios al que seguramente se le llenará la boca y se le inflará el pecho cada vez que hable de democracia, porque como llegaron al poder por las urnas… Ahora bien, una vez que han llegado se hace lo que ellos mandan guste o no guste. Y digo yo ¿Si alguien decide hacer una película sobre George W. Bush cómo, coño, va a ofrecer una buena imagen del personaje? El Festival de Cine de Roma se va a quedar sin la peli de Stone, pero en su lugar han decidido poner otra mucho más didáctica y al gusto berlusconiano, que trata sobre los delitos de los partisanos tras la era fascista italiana. Lo normal. Para el próximo Festival de Venecia alguien debería escribir un guión sobre la vida de las Mama Chicho, que eso es mucho más fácil que cuele en el panorama cultural del país que le gustaría tener al primer ministro italiano. O lo mismo pide al Santo Padre, que le tiene a tiro, que beatifique en vida al trío Calavera: Bush, Aznar y a él mismo. Si no, al tiempo.