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Modos y Modas

El enemigo sigue ahí

El antídoto

29 sep 2007
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MIEDO A SER UN PROGREPIJO // MAGDA BANDERA

Y entonces te mira los pies. En concreto, la marca de los zapatos. Al verla, respira aliviado:

¿Ves como tú también eres un ‘progrepijo’, un ‘chachi’?

Llegados a ese punto del interrogatorio, tienes que ser fuerte. Tu interlocutor espera que te justifiques, que malgastes diez minutos de tu vida en aclarar que usas zapatillas caras porque tus juanetes compiten con los de tu madre. De hecho, ella es quien siempre te regala las Vans el día de Reyes.

- Típico, como los perroflautas, que todos tienen superpapis.

Tu contertulio muestra tanta tanta labia como su abogado. Está seguro de que especularías si pudieras y de que tus churumbeles estudiarán en la privada. Para colmo, presume de pertenecer a seis ONG.

Te aburre, pero no logras ignorarle y le dices que la solidaridad es otra cosa. Repartir cuencos de arroz para mantener a la peña viva y coleando, de cola en cola, te parece sádico. Te creces por momentos y le sueltas que no has venido al mundo a sufrir y, sí, te flipan las Vans. Incluso recitas tu eslogan vital: “Un jacuzzi para los 6.000 millones de terrícolas”.
De repente, temes haberte excedido. No son tiempos para andar despilfarrando agua. Seguro que él es más sostenible que tú y te lo echa en cara, pero te sorprende al asegurar que le encanta que “las piscinas municipales ofrezcan hidromasajes masivos”.

Sonríe al pronunciar la última frase y se refresca la boca con un esmerado sorbito de agua . “Hay que ahorrar”, ironiza. Sus botellas cuestan más de 20 euros.

El ojo de la mosca

28 sep 2007
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ZUMBANDO VOY // JULIÁN HERNÁNDEZ

La mosca de Cronenberg, la de Leopoldo María Panero y la que me está hinchando las narices en este momento: todas tienen ojos compuestos. Es el ojo que pedía José María García con lo de “¡Ojo al dato!”. En realidad, ojo a los trillones de datos que se nos vienen encima como una lluvia de neutrinos o un granizo post-cambio climático, ése que agujerea el tipi de Toro Sedentario Occidental. Con nuestra visión caleidoscópica, podemos cazar alguno de esos kilobytes al vuelo antes de que se derritan en el disco duro sin posibilidad de recuperación. Para que eso no ocurra, hay que ordenarlos a la velocidad del rayo, de la luz o del cólico (que es la más alta del universo, como hasta Einstein sabía). De ahí la visión descompuesta que tenemos de nuestro presente cultural y social. Corremos como balas en busca del alivio y después nos recomponemos la corbata o nos retocamos los labios para recuperar la dignidad. Y desde la más digna de las miserias, nos vamos zumbando a encontrar un nuevo encuadre para nuestro ojo compuesto.
La demolición de la mirada, la intertextualidad del tacto, la transubstanciación entre oreja y oído: todo ello es un enjambre (¿una plaga?) que empieza por una larva y pasa por varias fases de crisálida. Una vez terminadas, dan paso al volando voy, volando vengo de Gato Pérez.
Y sí: zumbando voy, zumbando vengo y por el camino no me puedo entretener, porque me pillaría el lobo como a Caperucita Roja. ¡Qué miedo! No me molestes, mosquito…

El decano

27 sep 2007
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LA FÓRMULA CORTÉS // JUAN LUIS CANO

El encuentro entre Bush y Peta Zeta en la sede de la ONU ha sido breve, pero normal y corriente. ¿Cuántas veces nos hemos cruzado con alguien conocido, le hemos preguntado cómo está y el muy pesado nos lo ha contado? La fórmula: “Hola, ¿cómo estás?” “Bien” es perfecta, porque se da por supuesto que ni a uno le interesan, realmente, los aconteceres en la vida del otro, y viceversa, pero la educación va por delante.

Porque los hay plastas, los que te sueltan la retahíla completa de sus andanzas, pesares o preocupaciones, sin pararse a pensar que tú puedes tener prisa o que no te interesa absolutamente nada lo que te pueda contar.

–Hola ¿Cómo estás?

–Pues resulta que al pequeño le han quedado las matemáticas y, claro, como dice su madre…

A estos personajes tan proclives a dar la paliza se les suele poner un puntito de saliva espesa y mantequillosa en la comisura de los labios, que hace aún más desagradable el encuentro. Ignoro si Bush es de esos, pero tiene toda la pinta, de los de la salivilla en la comisura digo, que ya hemos visto que de los que te cuentan su vida no es. Otra cosa es que hubiesen quedado a cenar en las Azores. Eso ya habría sido diferente. Entre copas, humos de habano y proyectos, lo normal es la conversación.
Y, aunque esto ya no tiene nada que ver con lo anterior, paso a dar la enhorabuena a la gente de Público, tanto a quienes lo hacen como a quienes lo leen. Siempre hay que dar la bienvenida a un nuevo medio de comunicación y, si además está tan bien hecho como éste, pues mejor.

Aguas heladas

26 sep 2007
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DESPRECIO AL PRÓJIMO // LORENZO SILVA

Los dos tipos murieron hace más de un siglo, y su filosofía política quedó arrumbada en el desván de los trastos hace un par de décadas. Pero para la poesía quedará siempre la metáfora de las primeras páginas de su Manifiesto, esa según la cual el capitalismo nos habría sumergido en las aguas heladas del cálculo egoísta. Alguno pensará que escoger como lema una expresión de Marx y Engels constituye supino anacronismo y un indicio de insensatez. Respecto de esta última, nunca puede descartarse: como ya escribiera Montaigne, nadie está exento de caer en la necedad y menos que nadie, quizá, un columnista.

Pero si bien es cierto que las utopías marxistas han sido trituradas con oprobio en la turmix de la Historia, las aguas heladas del viejo barbudo no son en absoluto una imagen pasada de moda. Al revés, han adquirido una vigencia escalofriante, al convertirse en el medio en el que nadamos ya en todos los ámbitos, más allá de la economía. Han invadido las costumbres sociales, las relaciones familiares y personales. Y hasta se han hecho cine.

Véase como muestra el elenco de Death Proof, la última película de Tarantino: una galería de seres banales, que se dedican a darse gus-to con notable desprecio del prójimo. Como apoteosis, tres de ellos linchan gozosamente a otro.
No ha ido muy bien en taquilla. Nos incomoda mirarnos al espejo.