EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
España, si existe tal cosa, es fundamental y básicamente un follón de reinos de taifas mal o bien avenidos y juerguecitas más o menos largas. Los que vivimos en el territorio –bien o mal llamado nacional– dependemos de un Rey común, de un jugador de ping-pong (eso cuentan las crónicas) que aparenta manejar el timón (el gran timo) y ahora está en el candelabro. Pero la dinastía que reina en España no sabe que el Rey, el único-único Rey, es Elvis, como el resto del mundo sabe.
Elvis Presley, Elvis the Pelvis, el chico moreno de ojos azules de Tupelo (Mississippi) que escandalizó al planeta y que vio cómo sus días se desvanecían en Memphis (Tennessee). Es lo que tiene el rock: sus héroes coronados se van al guano empachados de hamburguesas del Huey’s de Madison Avenue.
El Rey es el Rey, Elvis es Elvis; y punto y seguido. Para una vez que el género humano consigue establecer una monarquía pop, habrá que aprovecharla. Nadie cantaba como Elvis y sus músicos (Scotty Moore, D.J. Fontana…) tuvieron que sacarse de la manga todo un estilo para que los blancos nos acercáramos a la música negra. Elvis –también lo sabe todo el mundo– está vivo y coleando. Es la demostración de que la televisión no lo ve todo: se les olvidó mirar en esa isla del Pacífico donde vive con Adolf Hitler y Jesús Gil. Nadie es perfecto, ni siquiera en el mundo de la sangre azul, y a veces elegimos mal las compañías. Well… that’s all right, mama!
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Ahora ha sido en Totana, Murcia. Se repite el proyecto: campo de golf, viviendas y hoteles de lujo… Corrupción. Ahora ha sido en Totana, pero podría haber sido en cualquier otra localidad española señalada en el mapa de manera aleatoria. Con lo divertido que es el mini-golf, coño y ocupa menos y además al lado puedes poner un futbolín, una mesa de ping-pong y un bar.
Lo que parece ser que no comprendemos los españoles es que esa supuesta riqueza que generan tales proyectos y que los alcaldes nos venden de manera tan efusiva lo único que nos traen son pérdida de calidad de vida y más gasto, porque, una vez que están hechas las viviendas, el campo de golf, los hoteles, los centros comerciales… es de los bolsillos de los vecinos de donde sale el dinero para llevar el agua, el gas, la luz, el autobús, la limpieza… Porque el ayuntamiento solamente cobra una vez la licencia de obra y ya está. Es decir, se genera un ingreso puntual pero a la larga sale caro. Por no entrar en los intereses personales y, como estamos viendo, a veces no tan lícitos.
En las pasadas elecciones municipales algo que llamó la atención a todo el mundo, excepto a quienes participaron en ello, fue que muchos alcaldes inmersos en temas de corrupción volvieran a salir elegidos ¿Esto cómo se come? Nos hemos cargado el litoral, nos estamos cargando nuestros montes para que se enriquezcan cuatro desalmados con nuestro consentimiento. La solución pasa por volver al futbolín.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
La violencia doméstica (perdóneseme la incorrección, pero algunos tenemos nuestras razones para preferir ese nombre y no los parciales violencia de género y violencia machista) sigue siendo un monstruo insaciable que cada año envía a la tumba a decenas de mujeres (y aunque suela omitirse, a unos cuantos hombres).
La Ley Integral ha incrementado muy significativamente el número de reclusos y de órde-nes de alejamiento, pero no ha logrado reducir el número de muertes. Quizá porque no se trata sólo de legislar y de dictar autos y sentencias, pero ésa es otra cuestión. El hecho es que en la contumacia del drama algunos han visto negocio y espectáculo y el gobierno ha tenido que pedir a las televisiones que se abstengan de usar este desastre colectivo como carnaza de ‘prime time’.
Encomiable y necesaria iniciativa, con escaso eco por el momento. Si algo da audiencia, no hay quien lo pare, ni quien introduzca reflexión ni matiz alguno. El otro día, en una cadena de televisión, la locutora abogaba con vehemencia por “proteger a las mujeres y mandar a los hombres a pudrirse en la cárcel”. Así, tal cual. ¿No cabe entender más bien que quienes merecen protección son las víctimas, mujeres o no, y quienes deben recibir respuesta penal (y tratamiento) son los maltratadores, no la masculinidad universal? La deriva actual del discurso asusta. Al menos a quienes tenemos hijos de ambos sexos y aspiramos a que no se pisoteen los derechos de ninguno.
ANUNCIOS ANIMADOS// FERRAN CALVET
El espectador está desparramado en su sofá cuando reconoce en la tele las calles de Manhattan. Debajo de un taxi aparecen dos conejos de plastilina que, al parecer, se reproducen como humanos, porque enseguida son ya incontables los que saltan por las aceras a su libre albedrío. A todo esto cantan los Rollings: She comes in colors ev’rywhere/She combs her hair/She’s like a rainbow…
Al espectador en su casa se le ha quedado el pitillo congelado entre los labios, pero no quiere sacar conclusiones precipitadas… Los conejos, que ya son legión, echan a rodar y se convierten en ola que recorre una plaza con bancos, shufff, hasta estallar en mil pedazos de hielo ante la mirada risueña de un chino en camiseta…
El espectador en su casa se ha incorporado dejando caer la ceniza sobre la tapicería del sofá y, atónito, contempla a un cachalote que surca baldosas mostrando su lomo de cetáceo delirante. De pronto, el monstruo decide sumergirse bajo la piel de la ciudad y su cola imponente se convierte en otro conejo, rojo y gigantesco, que contempla el ajetreo urbano con aire indolente…
Es en este punto cuando el espectador salta definitivamente del sofá y, dirigiendo su voz emocionada hacia la puerta del baño, grita: “¡María, corre, ven, que han legalizado la marihuana…!”
Pero el espectador se equivoca: lo que están anunciando con tanto conejo es un miserable televisor en colores, Eso es to’, eso es todo, amigos…
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Toda la vida hemos escuchado la frase: El dinero no da la felicidad. Como nadie se la cree, me gustaría proponer la tesis siguiente: “La felicidad es el dinero”. Si la felicidad es el dinero, vamos bien. Está claro que la mayor parte de la sociedad vive para alcanzar la felicidad (el dinero) y que, en muchos casos, lo consigue. Un número importante de mis amigos y conocidos tiene cada día más felicidad (más dinero) y, por lo tanto, compran más, comen mejor, viajan más lejos y, cuando vuelven, les traen más regalos a sus sobrinos.
Juan José Millás es más feliz (más rico) desde que le han dado el premio Planeta. Espido Freire, Roberto Enríquez y yo mismo somos más felices (más ricos) desde que nos dejan escribir en estas páginas. Por cierto, estas Navidades la felicidad va a caer en Cuenca: lo auguro.
Por supuesto que hay gente que no es feliz: están en el paro. Algunos roen una felicidad de subsistencia: mil euros. Otros viven de la felicidad que heredaron de sus padres (suelen llamarse Borja); y otros más (Saramago) viven de la felicidad (el dinero) que dan los pobres (el negocio de ver sufrir).
La felicidad es el dinero. Y todos queremos ser felices. Resuelto esto, el antiguo concepto felicidad ha prescrito. Mejor pongámosle otro nombre. No podemos llamar felicidad a dos cosas: el dinero y lo otro. Lo otro nunca supimos qué era, por lo que urge darle el nombre que se merece. Se me ocurre uno: vacío.
EL ANTÍDOTO// MAGDA BANDERA
Poco antes de venirse a vivir a España, una amiga serbocroata me preguntó si en invierno hacía frío. Le contesté que sí, que a veces incluso tiritábamos. Pero que no se preocupara, porque cuando la cosa se pone cruda, nuestras televisiones nos animan con un repertorio de rusos bañándose en el hielo.
El truco es tan absurdo como viejo, pero funciona durante unos minutos, como los zapatos a 39.95 euros. Cuarenta sería demasiado, pero treinta y pico está muy requetebien. Últimamente, ocurre algo similar con las cifras de mujeres asesinadas por sus parejas. En este caso, el ejemplo recurrente es Finlandia. “¡Fíjate! ¡Y eso que tiene una presidenta y el mejor sistema educativo de Europa!”, repetía ayer uno de los tertulianos que juegan a parecer eruditos en televisión.
Algún especialista ha intentado profundizar algo más y ha relacionado el fenómeno con el preocupante aumento de la violencia en general en este país nórdico. Para ellos, no tendría tanto que ver con el machismo, sino con la ley del más fuerte que abusa del débil, sea mujer, niño o emigrante.
Pero un ibérico siempre se siente mejor echándole la culpa al frío y a lo raros que son los guiris. Sólo hay que ver ese curioso método para aprender inglés que ponen en la tele del metro de Madrid. El otro día, enseñaban a decir “Es mi último aviso. No te acerques a mi novia”. Debía parecerles una frase de lo más normal para un español medio. Y quizá lo sea porque algunos sonreían.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
¡Ay, Señor, Señor, este presidente de los obispos, qué cosas tiene! Mira que decir que la Iglesia tiene que pedir perdón (aunque de una manera un tanto timorata) por haber estado junto al dictador… Los restantes miembros de tan ilustre institución deben de pensar que es una desfachatez sin precedentes.
Si Jesucristo hubiese vivido en esta época, a nadie le cabe la menor duda de que habría sido miembro del Opus Dei en vez de haber estado trabajando junto a los más desfavorecidos en la famosa parroquia de Vallecas, que habría preferido invitar a desayunar a Rouco en vez de marcharse a asistir a los desahuciados de Calcuta con las monjitas de la Madre Teresa, que habría salido al balcón de la Casa de la Moneda junto a Pinochet y Juan Pablo II y habría bendecido al alimón a su familia, que el propio Jesucristo sería un ferviente seguidor de las mañanas de la COPE, que sería miembro fundador de Faes, que, por supuesto, encabezaría manifestaciones junto a la plana mayor del PP, que iría enjoyado como la curia que le sustituye, que condenaría a los homosexuales, que estaría en contra de la experimentación con células madre para intentar salvar vidas porque Él las da y las quita y a nadie más que a Él corresponde esa labor. ¿Habrase visto mayor herejía que la penicilina? Que sería, faltaría más, creacionista…
Este Blázquez anda un poco despistado, el hombre. Si Franco tuvo al lado a la Iglesia durante toda su siniestra andanza sería por algo.. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Todavía no se ha enfriado la impresora que estampó en el papel la sentencia del 11-M y he aquí que ya tenemos un libro sobre su ponente, el adusto magistrado Bermúdez. Su título, La soledad del juzgador. En portada, un atractivo retrato del juez a toda página. En su interior, una semblanza del protagonista que no ahorra comparaciones aparatosas: con Fernando Alonso y Miguel Induráin entre otros. El libro lo firma la esposa de Bermúdez, quien tiene todo el derecho a enaltecer la figura de su cónyuge, faltaría más. Pero a algunos idiotas románticos la aparición de este libro nos produce cierta decepción, para qué ocultarlo.
Se había ganado Bermúdez una merecida consideración de funcionario judicial circunspecto y laborioso, que lo alejaba de la imagen, tan nociva en muchos aspectos, del juez estrella. Ahora que lo vemos en la portada de ese libro, se nos caen los palos del sombrajo. Y es que nos inclinamos a creer que los casos que la sociedad le pone entre las manos a un togado no son para su lucimiento personal, sino para que preste en su instrucción o resolución un delicado servicio a sus conciudadanos, en el que más conviene ser discreto que gustar de exhibirse. Aun deseando que la mujer de Bermúdez venda muchos libros, permítasenos preferir otro tipo de actitud judicial. Como la de Ismael Moreno, por ejemplo: un señor que ha llevado casos gravísimos y cuyo rostro casi nadie conoce.
ANUNCIOS ANIMADOS // FERRAN CALVET, escritor
Por encima de todos los anuncios, incluídos los de compresas con Odor Control, los de cajitas de porcelana por fascículos, los de Marina d’Or ciudad de vacaciones o los de la Agencia Tributaria, destacan por la rabia que dan los de telefonía.
Y aquí incluyo a todas la compañías: las de fijo, las de móvil, con Internet, sin ella, con LSD compartido, o con teleférico virtual de doble banda. Nunca sabe uno si está viendo un anuncio de Telefónica, de Orange, Vodafone, Ono, Yoigo, Yovomito o la madre que los parió —que a juzgar por el parecido entre todos debió de ser la misma—. El patrón es siempre calcado: ¡Albricias! ya podemos ser super-mega happies porque el mundo entero está hermanado gracias a la inefable labor altruista de Telefónica —o la que sea—. Por sólo 20 céntimos/minuto puedes llamar a 50 países del hemisferio sur entre las 14 y las 19 horas si está nublado, y si hace sol, aunque no sean de tu compañía, tienes establecimiento de llamada reducido al haber contratado el paquete plus en un mes sin erre… Y eso no es todo, porque si eres autónomo y nos llamas haciendo la vertical-puente, por 50 euros te regalamos un Nokia con cámara oculta y caña de pescar. Y para ilustrar tanta felicidad te ponemos música trepidante y una muchacha descoyuntándose el esqueleto de tal modo, que cualquiera diría que se le ha metido un mapache en el escote.
Aparte de la rabia, uno acaba tan agotado que tiene que echarse un rato a hacer la siesta.
CUALQUIERA TE DICE NADA // ALBERTO OLMOS
A veces tengo la sensación de que se me va a caer un vaso al suelo y todo va a empezar a torcerse. Da igual lo amarrada que tengas tu vida, las pocas pistas que haya de que las cosas puedan comenzar a ir mal; es el vaso, su rotura, lo que puede acabar contigo.
Ese delgado límite entre la bonanza y el fracaso es en realidad de lo que hablan los periódicos. Cuando los titulares de portada narran guerras y fusiones, muertes, grandes cambios en el paisaje, es que no está pasando nada. Cuando las noticias son casi pueriles, ridículas (“¿Por qué no te callas?”), entonces sí que hay algo en la realidad que pide paso. Las revoluciones tienen cunas muy modestas.
Nuestro monarca, por ejemplo, ha perdido la gracia, seguramente no la del mar y su yate, pero sí la de la calle. Don Juan Carlos I ya no figura en nuestra cabeza como algo que puede seguir estando aquí mañana, jugando de titular; ahora le vemos más como estrella que declina: en la tele tiene algo de documento histórico, su presencia es casi el detalle que tenemos de acordarnos de él.
Similar impresión me transmite Fernando Alonso y tantos otros héroes ayer inamovibles. Perdieron la gracia. No en vano la industria más importante de nuestros días, el márketing, no es sino la gestión de esa gracia: cómo hacer para que la ilusión no se quiebre.
Porque cuando se quiebra, cuando se rompe el vaso en la cocina, nadie ayuda a recoger los pedazos.