EL ANTÍDOTO // MAGDA BANDERA, periodista y escritora
España es un país de futurólogos. Será que nos encanta decir “te lo dije” y jugar a adivinar la ONCE, cuándo llegará el AVE y qué se esconde en la caja de un absurdo concurso de televisión. Después, si no aciertas, te callas y nadie te pasa factura. Este país también es muy generoso. De eso presumía yo cuando vivía en Alemania hace veinte años y me pasaba el día criticando aquella sociedad que se me antojaba consumista, fría y racista con todas aquellas familias que alternaban varios coches, asistentas polacas y yogures con sabores inverosímiles. Todo en cantidades industriales, servido y limpiado por una legión de emigrantes.
Yo tenía suerte, era española, sinónimo de sol y vacaciones. Olé cada vez que mi familia de intercambio me presentaba a sus amistades. Nada que ver con aquella tarde en que salí a tomar un helado con las polacas con las que trabajaba en un restaurante. A nuestro lado se sentaron varios pares de botas con puntera. “Putas polacas”, dijeron primero en voz baja, luego algo más alta. “Ni caso”, murmuraron mis compañeras.
Algo peor me ocurrió en un parque mientras charlaba con otros dos estudiantes extranjeros. Uno de ellos, con un rostro de indio que sería la envidia de Chávez. Nunca he corrido tanto como aquella noche. Cuando al fin llegué a casa me consolé pensando que en mi país no pasaban esas cosas. Y ahora que sí suceden nos limitamos a adivinar que todo irá a peor. En lugar de prevenir, jugaremos a curar. Y entonces nos sentiremos generosos y haremos donativos, como a los niños del Chad.
mbandera@publico.es
CUALQUIERA TE DICE NADA // ALBERTO OLMOS, escritor
Héctor y Laura van en dirección contraria. No conducen un coche, conducen sus vidas. La diferencia entre un coche y una vida es clara: el volante del primero es redondo, con claxon y varios mandos; la segunda no tiene volante.
Héctor y Laura, amigos míos, pareja joven pero no tanto, decidieron un día dejar su trabajo de asistentes sociales y volar a México. ¿Por qué México? ¿Por la equis, por el tequila, porque sí? La respuesta correcta siempre es la más corta. Porque sí.
En la película El abrazo partido, el protagonista justifica el abandono de su novia con esta frase: “Ella era como un túnel que me llevaba a la muerte”. Es decir, todo resultaba previsible. Matrimonio, hijos, trabajo, hipoteca; la tele haciendo guardia; cambiar las cortinas.
Mis amigos abandonaron el túnel de lo anticipable, y lo hicieron porque se sentían demasiado jóvenes para saberse su vida de memoria, hacia delante y hacia detrás. Así, sin más gancho en México que un amigo que los metería en una asociación de niños marginados, la pareja cogió sus cosas y se largó, dejándonos con todos los consejos adultos fuera de cobertura.
Les admiro. Cuando, diariamente, sólo asistimos al festival de la ambición, del aposentamiento grosero en la parte más mullida de la sociedad, me recrea el corazón ver partir hacia lo nuevo a dos personas que han dado un volantazo a sus vidas.
¿No hemos dicho que la vida no tiene volante? La de algunos, no.
EL ANTÍDOTO // MAGDA BANDERA
Ay, cariño, no te lo tomes a mal, pero es que me duele la cabeza de tanto móvil. Va a acabar con nosotros. No, que no te estoy llamando pesado, lo mismo me pasaría si hablara con Vanesa. Son las ondas electromagnéticas, que me calientan los sesos y luego se me olvida todo y te mosqueas. ¿Ves cómo te enfadas? ¿Qué pasa, que también te vas a meter con mis lecturas? Sí, es verdad, primero lo vi en ‘Diagonal’, pero después me he documentado y lo ha sacado hasta la agencia Efe. Vale, ya te lo leo. Son las conclusiones del Proyecto Reflex, un pedazo de investigación a la que de repente la UE le retiró los fondos: “La exposición a las radiaciones de los teléfonos móviles por debajo de los límites que se consideran inocuos provoca modificaciones celulares y en el ADN, aunque no son nocivas”. ¿Pero cómo no va a ser “nocivo” que me trastornen las células? No te importará a ti, pero yo las quiero como cuando me parió mi madre. Ya sé que eso no es posible, pero igual que no me pongo bótox en las rodillas no me da la gana de que me alteren la personalidad interna y mi mismidad. ¿Que estoy loca, dices? ¿Y qué te crees tú que es la UE, pedazo de ingenuo? Pero si la mitad de su normativa está inspirada por la Mesa Redonda de Industriales (ERT), un lobby presidido por Nokia y con Telefónica en el ajo, ¡cómo no! ¿Tú me estás escuchando o ya se te ha desintegrado la oreja? Al final nos vamos a pelear por culpa del móvil. Si ya te había dicho yo que acabaría con nosotros.
EL OJO DE LA MOSCA // JULIÁN HERNÁNDEZ
Las citas siempre están de moda y, aunque citar sea un modo de desafiar a la memoria, un servidor se va a arriesgar (como la viejecita del concurso): Herman Melville decía que los sitios de verdad son los que no salen en los mapas. Estamos todos muy peces en geografía por culpa del fracaso escolar, la disolución de la Unión Soviética y las guerras que desmantelan la ruta de Marco Polo. En la tele, en los periódicos y en Internet se nos bombardea con mapas para recordarnos dónde estamos o dónde suceden las cosas (quiénes somos o qué son las cosas son harina de otro costal). Poner a alguien en el mapa significa sacarlo del ostracismo, meterlo en la pomada. Los mapas del tiempo nos cuentan cómo son las conversaciones intrascendentes en Kabul; en traducción libre: “Pues parece que hoy va a llover, vecino”. El kabulense (o kabulí o como se diga) no sabe si va a ser agua o bombas lo que llueva, pero el mapa del tiempo nos da un idea de su vida cotidiana. El mapa de la radiación de fondo del universo es, a su manera, un mapa del tiempo cósmico. Tiene zonas frías y calientes como el cuerpo humano. La cartografía interior ya es más complicada. En su novela “Nocilla dream”, Agustín Fernández Mallo hace una aproximación a un mapamundi de las micronaciones. Todos vivimos en alguna micronación así que habrá que concluir con un pareado: como mi hogar está donde cuelgo mi sombrero, tendré que hacer un mapa de mi perchero.
EL DECANO // JUAN LUIS CANO, periodista
La gente que hemos tenido al suerte de viajar mucho (yo, sin ir más lejos he estado dos veces en Portugal y me parece que una vez en Marruecos) sabemos que en los países donde la libertad y la democracia no son más que puras ilusiones intangibles suelen repetirse las mismas argucias gubernamentales de cara a la ciudadanía. Un ejemplo más lo hemos tenido hace unos días en la reacción del gobierno marroquí ante la visita a Ceuta de los Reyes de España. Los que mandan en este país vecino y árabe tienen al pueblo jodido, pero para que se les olvide les enardecen con supuestas y falsas arremetidas contra su honor patrio. Entonces el pueblo se crece, se lo cree y monta en cólera contra el enemigo común y extranjero, mientras su gobierno continúa pasándose por el forro los principales derechos de sus ciudadanos.
¿Además para que querrá el rey de Marruecos Ceuta y Melilla? Imaginemos por un momento que las conquistan. ¿Qué iban a hacer con los bingos, los bares, los colegios mixtos, con las sana costumbre de los habitantes de esas magnificas ciudades de votar, con los ambulatorios… Si no iba a saber el gobierno marroquí qué hacer con ellos. Como no están acostumbrados a tener esas cosas, al final, Ceuta y Melilla iban a ser una carga. Así que a ver si los pobres marroquíes tienen un poquito de suerte y su gobierno les enardece menos y les cuida más. Y a todo esto ¿Qué cara se les habrá quedado a los saharauis al observar esta pantomima de la ocupación?
juanluiscano@telefonica.net
AGUAS HELADAS // LORENZO SILVA, escritor
El 11-M ya fue sentenciado, pero como cabe recurso al Supremo y pronto hay elecciones, es de temer que algunos sigan dando hilo a las más improbables cometas. La mejor es esa que dice que un montón de policías y de guardias civiles (muchos de ellos, tras dedicar toda su vida a la lucha antiterrorista) se confabularon para facilitar la voladura de los trenes y el asesinato de 200 conciudadanos, y luego se afanaron en fabricar y manipular las pruebas aportadas al juicio. Es grandioso vivir en un país en el que afirmar semejantes cosas sale gratis. Y mientras aquí seguimos dando vueltas a lo que no pasó, el segundo de Bin Laden sigue hablando de reconquistar Al Ándalus y apunta ahora a Ceuta y Melilla, otra vez de incómoda actualidad con la crisis diplomáti-ca por la visita regia. Lo del 11-M nos sucedió sobre todo porque unos homicidas quisieron que nos sucediera, pero también porque no está-bamos a lo que debíamos estar: los medios destinados a prevenir la notoria amenaza islamista eran tan exiguos que ni siquiera permitían controlar a quienes se tenía localizados. Tras hurgar hasta el hartazgo en furgonetas y mochilas ya amortizadas, seguimos sin entender cómo funciona el enemigo que nos golpeó hace tres años y mantiene su desa-fío. El tan buscado autor intelectual es el resentimiento integrista, tan fácil de extender como arduo de erradicar. Más nos valdría aplicar nuestra imaginación a este empeño, en el que bien poco hemos progre-sado.
lectores@lorenzo-silva.com
ANUNCIOS ANIMADOS // FERRAN CALVET
Una señora en bañador que llega a la playa justo cuando empieza a llover. Una novia en pleno bodorrio que no sabe dónde meterse cuando la fiesta sube de tono. Un padre abochornado ante su hijo porque trabaja como animador disfrazado de pingüino. Un muchacho sorprendido por unas ancianas mientras baila desnudo en el vestuario… Todos huyen de la situación corriendo hacia un gran punto rojo —el mismo punto rojo del logotipo de la cadena— que se los traga y los libra de todo mal.
Está claro que es lo que tratan de decirnos con estos anuncios: Sumérgete en nuestra programación y todas tus preocupaciones desaparecerán. Es decir, la televisión como paraíso artificial; lo mismo que el alcohol, la marihuana o las máquinas tragaperras. La cadena Cuatro también nos está ofreciendo un poco de evasión, pero gratis, sin riesgo apreciable de padecer cirrosis, y quizá de forma algo menos adictiva que un antidepresivo de los que se venden con receta en las farmacias.
Bien: dado que otras cadenas que en su origen prometían simple y amable entretenimiento han ido incurriendo con el tiempo en la más desaforada de las truculencias, no esta mal que éstos sólo pretendan pasarnos una chinita para relajarnos.
Sin embargo, no se fíen: siguen teniendo un servicio de informativos; con sus atentados, y sus huracanes, y sus trifulcas memorio-históricas…
O sea, que lo de encontrar un poco de paz viendo la tele sigue siendo patrimonio del Canal Cocina.
CUALQUIERA TE DICE NADA // ALBERTO OLMOS
Palpándome los bolsillos el otro día, me di cuenta de que no me llega para ser una buena persona. Enseguida me senté a la mesa e hice cuentas. Para ello, antes de nada, establecí un parámetro de la bondad, que discurría entre la bondad absoluta y la bondad cero. En el pico más alto de esta escala aparecía Bill Gates.
El dueño de Microsoft ayuda a este planeta. El hombre más rico del mundo es la persona más generosa, desprendida y amigable que existe. Su dinero es ya responsable de la felicidad de miles de niños, y seguramente su contribucion a todo tipo de causas nobles ha mejorado la vida en numerosos puntos del globo.
Después de Bill Gates, figuraban cantantes y actrices. Muchos de ellos salen a menudo en prensa por el dinero que dan, por los besos que envían a África y por los píos derroches que protagonizan.
Finalmente, en la escala que comento, aparecían las empresas. Directamente nombres como Renault, IBM o Benetton. Todas ellas hacen esfuerzos propios de buenas personas; esto es, ser ecologistas, preocuparse por los desfavorecidos, tomar medidas contra pandemias…Apenas me ayudo a mí mismo y ni siquiera me acuerdo siempre de separar la basura. Me desanima mucho que los coches de Renault vayan a ir al cielo antes que yo; y que cualquier millonario con un buen asesor de imagen se preocupe efectivamente por cosas que a mí ni me quitan el sueño. Realmente tengo la impresión de que hoy en día para ser bueno hay que comprar acciones.
EL ANTÍDOTO // MAGDA BANDERA
Nada más acabar la película, todas al baño. Pero esta vez no hay carreras, será que el cuerpo se queda raro después de ver ’13 rosas’. Ante el espejo, varios pares de ojos enrojecidos se buscan a sí mismos a lo lejos. ¡Vaya pintas! Una se siente muy bien después de tanto llorar, lo malo es salir y exponerse a la luz exterior.
Desalojar el microcosmos de una sala de un cine a media tarde siempre tiene algo de parto traumático. La cosa empeora después de pasar dos horas apretando con rabia el brazo de la butaca y descubrir luego que al otro lado de la puerta los portadores de bolsas que corren de un lado a otro no son conscientes de lo mucho que has sufrido viendo cómo fusilaban a trece muchachas más jóvenes que tú. Por suerte, a ti también se te olvida pronto cómo se llamaban las compañeras de Virtudes.
La memoria no es selectiva, sino tramposa. Sus caprichos hacen que organicemos grandes debates en nombre de los perdedores. Y así es cómo vuelven a ganar los de siempre. Deben andar muertos de risa viendo cómo ensalzamos a las 13 rosas con tanta emoción. Pero de sus sueños, de sus ideales, de su “razón”, como decía Virtudes, ni media palabra.
Por eso aplaudimos la Ley de la Memoria y hasta las ayuditas al alquiler, pero cuando oímos hablar de expropiación para los propietarios con más de tres pisos vacíos nos echamos las manos a la cabeza.
- Déjate de tonterías, niña, que llegamos tarde al cine.
EL OJO DE LA MOSCA // JULIÁN HERNÁNDEZ
Hay nombres actuales para cosas que se extinguieron hace tiempo. Veloci-Ráptor es uno de ellos. Hay gentes actuales para sitios de rancio abolengo. En Segovia están Los Wrayajos, un grupo de rock (simplificando) que le dedica un tema al bicho estrella de Parque Jurásico. La canción, el video, la rabia (y las ganas) se llaman “Cabeza de Veloci-Ráptor”. Una vez asumido el hecho de que la perfección no existe, algo cercano al título perfecto de una canción sería este. Los Wrayajos construyen su nombre a partir del apellido de Link Wray: un guitarrista piel roja que cambió el mundo de muchas gentes de mal vivir. Vemos en las series de televisión a los internados en psiquiátricos siempre con la camisa abrochada hasta arriba. Nuestras cabezas de saurio extinto ?cabezas de Veloci-Ráptor? tienen una neurona ocupada en tal cliché: “No se abroche usted la camisa hasta arriba, que va a parecer que es usted esquizofrénico”. ¡Como si esquizofrénicos no lo fuéramos siempre todos!
Tenemos cuerpo de hombre y cabeza de Veloci-Ráptor. Raros que somos. La camisa abrochada es sólo un signo. Los Wrayajos ?emparentados con los Pekenikes y, más o menos, con Moncho Alpuente? interrogan: ¿por qué?, ¿por qué todo esto? Mala pregunta en tiempos de cabezas de chorlito: “¡Guau! ¡Que súper-mega-cool es tu look de Veloci-Ráptor, hermano!”. Los accidentes ocurrirán. Nuestras camisas estarán abrochadas. ¡Lo que habrá que ver!