COLOFONOSCOPIO// TONINO
No hacía falta ser adivino para prever que la carrera desesperada hacia las elecciones iba a dar que hablar hasta a las piedras del campo. Las maniobras orquestales en la oscuridad para arañar los votos están destapando las cifras y las miserias de nuestros partidos. Mientras en la capital olvidan los consensos para que la TVE sea independiente, en las aparentemente tranquilas autonomías sus canales cierran filas a la manera shakespeariana, con floretes envenenados hacia cualquier tipo de cambio.
En Valencia, el popular anticatalanismo se ha hecho fuerte, pues mientras Zaplana utilizó la presidencia de la Generalidad para su imparable ascenso, la intención del actual presi es la permanencia por lo que su deseo es conseguir un más o menos creíble nacionalismo de derechas en una comunidad tradicionalmente entregada a “ofrendar nuevas glorias a España” –siempre que sea una España nacional– católica, claro. En Valencia, entre otras cosas, se ha cerrado un repetidor de TV3 y se ha evidenciado el apagón informativo a la vicepresidenta en el empeño de poner freno a la libertad de expresión que desde hace años permite, por poner un ejemplo, que las muertes del terrible accidente de metro del año pasado permanezcan sin responsable ni debate. Si yo fuera candidato, tomaría cartas en el asunto para reparar desaguisados comunicativos. Es tiempo de que los ciudadanos vayan a las urnas con algo más de información que las consignas.
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
Llora. El alcalde de Madrid es humano. Es sensible. Por lo menos es sensible a la escritura de su mentor, de su maestro Fraga. Gallardón ha llorado en público. Probablemente al ver de capa caída al político que antaño zapateaba por los pasillos de los Ministerios, firmando sin temblar lo que hiciera falta, desde un decreto a una sentencia de muerte.
Aquel fiel servidor del Estado, aquella fiera, es hoy un viejecito tembloroso, y eso puede enternecer. Pero hasta el punto de llorar… Salvo que en su libro Fraga explicase el arte de profesar idéntica fidelidad inquebrantable al Generalísimo, a Suárez y a la Constitución. Eso nos haría llorar a todos. De miedo.
Técnicamente el llanto de Gallardón es impecable. Contenido. Intelectual, moderno. Una lágrima centrista. Y surge una inevitable pregunta ¿Esta escena es el principio de una nueva dramaturgia? Es decir, Gallardón ¿ha roto a llorar?
¿Le veremos enternecerse, por ejemplo, ante niños humildes atropellados, o al ver el desalojo de una chabola poblada por otros ancianos que no sean Manuel Fraga Iribarne?
Quizá se limite al llanto político. Este hombre, partidario impasible ayer de la entrada de nuestras tropas en Irak, puede convertirse en un plañidero. Temas no faltan. Después de Fraga tiene a su alrededor una buena fauna en la que inspirarse: Zaplana, Aceves, Botella.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Luis Escudero Castiñeira era un personaje singular con una sabiduría sanchopancesca de las que ya no quedan y que se inventó el término “kafkianos del Jaján” para definir lo indefinible. El hombre, después de asistir a un concierto de música contemporánea en el que se interpretaban obras del compositor vigués Enrique X. Macías, dijo que aquello era música “de viene y va” y cantaba: “¡…iuuooOOOH!” (silencio) “¡UAAOouuiih…!”. A partir de entonces, tiraba unas tenazas al suelo en el taller y decía: “Música”. De forma más breve e intuitiva que Theodor W. Adorno, estaba describiendo la música del siglo XX. Ahora se nos muere Karlheinz Stockhausen, el penúltimo (queda Pierre Boulez) de los compositores herederos de una cultura europea que empezó con el canto gregoriano y que muere con ellos.
El alemán ignoró toda su vida que su música se ajustaba perfectamente a la definición de Luis Escudero. Nació en 1928 y su infancia y juventud, en una Europa enloquecida, casi no aparecen en sus biografías y menos en sus hagiografías. Pero, a partir de 1950, se convirtió en una superestrella y no dejó de serlo hasta su muerte hace unos días. Su sonada descripción del 11-S (“la mayor obra de arte del mundo”) fue malinterpretada: Guy Debord la hubiera aplaudido como cumbre de la sociedad del espectáculo. Ahora, la música “de viene y va” se ha ido y no volverá nunca de la misma forma. ¡PFIUUOOuuooiinng…g…!
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Dándole una vuelta a nuestro panorama nacional, me da que nos estamos haciendo un poquito frívolos. Criticamos a los americanos del norte porque eligen presidentes y gobernadores que han sido actores creyendo que en la vida real son igual de fuertes, valientes, justos y glamurosos y resulta que, si analizáramos lo que hace que nuestro voto vaya en un sentido u otro, podríamos encontrarnos con algún disgustillo.
El que los debates televisivos sean tan determinantes en período electoral es, cuanto menos, preocupante ¿Acaso olvidamos el pasado reciente? ¿No nos sirve de nada la andadura de nuestros políticos, sus logros y sus errores? ¿Es más importante que uno u otro rival esté más acertado en el transcurso de la contienda televisiva que sus antecedentes o su capacidad real para gobernar?
Si tanta importancia dan los partidos a estos debates mediáticos será por algo. Si las elecciones las ganan, en gran medida, los asesores de imagen y los “guionistas”, mal camino llevamos. Así que podían dejarse de mítines y candidatos y presentar directamente a Boris Izaguirre o a Chiquito de la Calzada o a Ramón, el de las campanadas de fin de año o al cuervo de Jose Luis Moreno. Bueno, a ese no, que está ya muy pasado. Mejor a esa chica que se casó con Jesulín de Ubrique y lleva no sé cuantos años diciendo gilipolleces en la tele y llevándoselo crudo. Cualquiera de ellos domina la tele mejor que los candidatos oficiales y ganaría los debates con toda seguridad, porque en esas lides tienen más tablas.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
¿Se acuerdan de la película Matrix? Ya saben, aquella en la que la gente creía tener una vida, cuando en realidad estaban conectados a una máquina que les chupaba la energía al tiempo que les generaba una alucinación sustitutoria de su verdadera existencia para que pudieran soportarla. Hace poco hemos sabido, gracias a un audaz y pertinente reportaje de la RAI, que algo parecido sucede con algunas de las más reputadas marcas de lujo. Sus propietarios dicen que sus artículos se fabrican en Italia y que tienen inspectores que garantizan que las condiciones de trabajo en los talleres son dignas.
Lo cierto es que muchos se elaboran en China, bajo las condiciones que ya sabemos, y se rematan en suelo italiano (para hacer así el paripé y poder colocar el made in Italy) en barracones infectos donde los operarios, inmigrantes chinos ilegales, se hacinan entre basuras y se cuecen en su propio sudor. El bolso de Prada sale así a no más de diez o veinte euros de mano de obra. Vamos, que les deja un pellizco. Quien posea un bolso de esos ya sabe lo que lleva colgando, y los demás, cuando veamos uno de sus anuncios, no sucumbamos a la ensoñación que Matrix proyecta en nuestras mentes: la chica mona, la piel, el diseño. Rompamos esa estilizada imagen virtual y, aunque resulte insoportable, miremos lo que de veras hay debajo: los chinos sudorosos y la nítida faz del Maligno que se regodea en su sufrimiento y en nuestra estupidez. O en nuestra indiferencia.
ANUNCIOS ANIMADOS// FERRAN CALVET
Llegó un tiempo en que la especie humana dejó de usar sus músculos para sobrevivir. Y en las grandes ciudades, donde oficinistas, intelectuales, vigilantes de parking y críticos de cine devinieron legión, florecieron los gimnasios. Desde entonces, millones de sedentarios corren, reman, pedalean y levantan pesas anclados a máquinas estáticas. Pero ni una sola caloría de su esfuerzo se aprovecha —bastaría una simple dinamo conectada a las máquinas— para iluminar los vestuarios, o el árbol de Navidad de recepción, o siquiera para cargar el móvil. Porque se trata, no de trabajar en pos de un beneficio práctico, sino de ejercitar el cuerpo.
Ahora ha llegado también el tiempo en que ya no necesitamos emplear la inteligencia para sobrevivir. Disponemos de reglas, protocolos y procedimientos encargados de tomar decisiones por nosotros, de modo que hemos tenido que encontrar la forma de que nuestros cerebros se salven de la atrofia haciendo algún esfuerzo sucedáneo del pensamiento. De ahí el éxito de los sudokus, los debates políticos y la literatura de enigmas arcanos. Y de ahí la invención del Brain Training que, como la bicicleta estática, no sirve absolutamente para nada. Porque se trata, no de pensar con provecho, sino sólo de ejercitar la mente.
Sorry: yo sólo quería comentar un anuncio en el que una señora juega a ‘Piedra, Papel o Tijera’ con su maquinita, pero resulta que ahora me preocupa más saber cuál es el horrible pecado que hemos cometido para merecer este castigo de Sísifo.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Baronesas con megáfonos no se ven en los retratos palaciegos, pero sí en los periódicos. Esa suerte tenemos. Sucede que la baronesa Thyssen, gestora o alabardera de un buen pellizco de historia de la pintura, está teniendo sus más y sus menos con las cosas que el alcalde de Madrid pone o quita, sugiere o suprime en los aledaños del museo Thyssen-Bornemisza, al que por cierto hace mucho que no voy. La baronesa, en lucha, da mucho juego, y no debería nadie perder la ocasión de escribir rápidamente una novela o un guión cinematográfico sobre la fogosa figura de una señora defendiendo unos marcos, unos lienzos, unas pinceladas detenidas, no sea que vengan de Hollywood y nos monten sin darnos cuenta la Erin Brockovich 2, con la propia baronesa en el papel de Julia Roberts, luciendo muslazo.
Podrían tomar como modelo, además, la película El tren. En ella muchos hombres mueren para evitar que los nazis roben unos cuadros. Se sacrifican, literalmente, por el tesoro artístico francés. Bastaría cambiar las escenas de hombres muertos a tiros de El tren por escenas de la baronesa tomando tilas en tazas Meissen para que el dramatismo de Frankenheimer fuera convenientemente recuperado, y la obra sirviera a su vez de lección moral y apología del ideal. Porque los cuadros, sobre todo si entretienen a una baronesa, son importantes; a buen seguro el asunto más importante del mundo. A mí no se me ocurre otro más importante.
COLOFONOSCOPIO// TONINO
El año que viene será para los orientales el año de la rata, animal de provecho. Saben los chinos mejor que nosotros que nuestro sistema se sustenta sobre la filosofía del dinero ilegal. Saben mejor los rusos que las armas y las prostitutas pagan los mismos impuestos que nos desea Rajoy en la próxima legislatura: apenas los justos. Y los traficantes latinos de cocaína saben que el dinero negro construye más ciudades vacacionales, bienestar y edificios modernos que las grúas.
No importa que el de arriba se llame Presidente, Emperador, Comandante o Conseller: don Poder te corrompe igual. Vivimos en una economía pirata a nivel mundial, pero a nivel nacional guardamos nuestras formas gracias a la esmerada ignorancia que produce la falta de apoyo institucional. La piratería alcanza a los médicos que cobran por dirigir la Salud Pública pero que no van porque tienen que atender su residencia privada, a los maestros cansados, al policía aprovechado y a todos los funcionarios que benefician a familiares. Somos un país atrasado dentro de los imperialistas avanzados.
Como los chinos, pasamos de un sistema caudillista de partido único a un confuso bipartidismo donde cualquier libertad es un regalo asombroso. Inmersos en el Carnaval Global, sospechamos los unos de los otros porque la política es una especie de crimen pasional: más una emoción que algo reflexivo porque ante los precios de todo a cien de la cocaína, los productos falsificados o la política de baratillo, ¿hay alguien capaz de resistir la tentación consumista?
COLOFONOSCOPIO// TONINO
Dicen que hubo paletos vestidos de pana, de los que en las zarzuelas decían “rediez”, reacios al ayuntamiento carnal pero deseosos de conjurar su libido, inventados por comediógrafos que reciclaron estos caracteres desde Esquilo. Yo, que he viajado a los pueblos, no me he encontrado jamás con estas tipologías: deben de ser cosas de las capitales donde con una propina siempre te dejan decir que vivimos en un país rico y el camarero te sonríe. Los paletos de ahora son reales. Los vemos los sábados por las tiendas del centro y antros comerciales, dando empujones, exhibiendo ropa interior como las ostras su perla, hablando a aullidos, cabellos teñidos, móvil en la mano, piercing, tatuaje, gimnasio evidente o mamoplastia.
El paleto hoy vive en el cuerpo de ex presidentes que colocan sus pieses en la mesa y entounan su acentou americauno sin complejos; a través de ejemplares frutas que sólo copulan entre ellas; de líderes autonómicos que cuentan milongas folklóricas como ideas políticas; en parlamentarios con pisazo en la Castellana; en las baladronadas de seres necesitados que el populismo les aúpe para cometer sus fechorías a favor de gastronomías que no inventaron. (la campechanía de don Juan Carlos es la única paletada excusable porque es misión de rey parecer popular). Los paletos han tomado la TV bajo la excusa de lo freak, en las tertulias pedorras de señás con novios-pollón, chapurrean un idioma neutro y su virtud es la ausencia de criterio. Vuelve, paleto falso: entre este público abonado al club de la comedia no me extrañaría ver un día al mismo Mussolini haciendo gracias en un balcón engalanado.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Una piedra del camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar. Esta costumbre de hablar con las piedras docentes no es buena para la salud mental, pero sospecho que son ellas las que se colocan a nuestro paso para que tropecemos con la misma por lo menos dos veces en la vida.
Ser un mineral tiene sus ventajas: no les duelen las muelas, no tienen problemas intestinales y jamás se pudren. Además, durar tanto les deja mucho tiempo libre.
Los seres orgánicos somos unas cosas húmedas y viscosas de corta duración con pocas posibilidades de pasar de una era geológica a la siguiente. Hay bichos y plantas que deciden imitar a las piedras y pasan a la condición de fósiles pero eso les condena a vivir en un aburridísimo museo de ciencias naturales.
Mientras, las piedras se lo pasan en grande: hay piedras aristócratas que forman palacios y catedrales; hay piedras combativas que aterrizan sobre los cascos del ejército israelí o de la policía de sitios en conflicto; y las hay sedentarias que no hacen nada en miles de años. También hay piedras preciosas, pero nadie ha oído hablar de piedras ‘feas’. Eso sí: a veces se apuntan a una lapidación. A pesar de algún mal rollo, mandaron sobre el ser humano en la Edad de Piedra y ni los metales consiguieron desplazarlas de su puesto primordial. Los Monkees cantaban aquello de “¡no soy la piedra que tú pisas!” pero yo estoy hasta el gorro de ser un mamífero. Yo sí quiero ser una piedra.