EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Hay expresiones pasadas de moda que se recuperan por aquello de la magdalena de Proust y los vericuetos de la memoria. Se me viene a la ídem la expresión el último grito. No hace falta haber sido un ye-yé de los sesenta para comprender que se refiere a lo last de lo last, lo último de lo último. Esto viene porque la tecnología avanza que es una barbaridad y la fotografía está que se sale. La venganza amateur está acabando con los derechos que había alcanzado la fotografía tradicional en cuanto a reproducción y difusión.
La Red es el Ring y miles de Pesos Mosca digitales están noqueando a los dos o tres Pesos Pesados analógicos que quedan. Todo empezó con la instantánea, con la cámara que cualquiera (es un decir) puede manejar. La Instamatic fue el último grito en su momento y mandó al paro a los fotógrafos de cámara de fuelle que vivían de retratar reclutas con novia por los parques. En medio del griterío que ahora nos circunda, nos circuncida y nos circunscribe, atiendo a las explicaciones sobre un botoncito de mi móvil que no tenía ni idea de para qué servía.
Se trata de un mecanismo para activar instantáneamente la cámara del trasto sin recurrir a menús largos y estrechos. Gracias a él, podemos inmortalizar, sin perder detalle, al mendigo o al compañero de instituto que estamos pateando. Ya sólo queda colgar en Internet su último estertor o, cambiando continente por contenido, el auténtico último grito.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
¿Y ahora qué? La Justicia, ésa tan aludida por los políticos cuando sus decisiones le son favorables y tan cuestionada cuando no lo son, ha dado la razón a aquellos médicos y personal sanitario del hospital de Leganés a quienes se acusó, difamó, crucificó, condenó… Pero no pasa nada. Ni Lamela, entonces consejero, ni la lideresa de Madrid dicen ni mú.
Es acojonante la facilidad que tienen los políticos para escabullirse de los marrones, para dar la vuelta a las tortillas (los responsables del canal Cocina deberían fichar políticos para que nos enseñaran a los ciudadanos a girar tortillas), para quitarse de en medio o para ponerse, según convenga. Aunque en los políticos es proceder habitual y eso no debe de extrañarnos ¿Qué me dicen de los periodistas de barriga agradecida que defienden tesis y tesis como el soldado obedece órdenes sin rechistar? Este caso de Leganés es un claro ejemplo ¿Dónde está la deontología profesional de estos mercenarios a sueldo ideológico, que masacraron y represaliaron a aquellos médicos? ¿Es tan difícil pedir perdón? ¿Reconocer un error? En política, sí debe de serlo. Es preferible el engaño y la argucia rastrera antes que manchar la imagen, y en periodismo, es mejor esperar a ver cuándo ganan los míos para que me den un puestecito, un gabinete de prensa, un articulito en tal periódico, una tertulia en tal radio… ¡Qué pena, de verdad, con lo bonitas que pueden ser ambas profesiones!
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
La semana pasada murió Heath Ledger, el actor que encarnaba a uno de los dos vaqueros sensibles de Brokeback Mountain. Lo hallaron en el apartamento de una amiga junto a un bote de pastillas. Heath había tratado de suicidarse en septiembre, bajo los efectos de la depresión derivada de su separación de la actriz Michelle Williams, con la que tenía una hija de dos años. No hace mucho se le había visto con la niña en el metro de Nueva York, sucio y desaliñado.
Con estos antecedentes, la hipótesis que asumieron los medios fue que Heath se había quitado la vida, aunque aún andan haciendo pruebas toxicológicas para esclarecer por qué se paró su corazón. Hace sólo dos años estaba nominado al Oscar y ocupaba todas las portadas. Su muerte ha sido despachada con cicatería y desprecio. Quien se ha ocupado de él ha sido para decir que es una vergüenza que alguien que lo tiene todo se rinda, cuanto hay tantos que luchan en la indigencia. Qué necios nos hemos vuelto. ¿Lo tiene todo un hombre que ha visto romperse su familia recién creada, al que abruma la tristeza y que no sabe cómo recuperar su sitio? Que un matrimonio sólo dure dos años, nos parece normal; como los interesados son ricos y famosos, ya encontrarán pronto consuelo. ¿Y si lo que quería Heath era recuperar a su mujer y volver a vivir con su hija? ¿Y si resulta que tenía corazón y lo había apostado y perdido en el envite? Nada de eso cuenta, en esta era de la Ampliación del campo de batalla (Houelle-becq dixit). Hay que blindarse. Y no entregarse nunca.
ANUNCIOS ANIMADOS// FERRAN CALVET
La vieja discusión sobre si la publicidad crea necesidades y modos de comportamiento o si, por el contrario, no es más que un espejo de la sociedad en la que se inscribe, ya tiene un nuevo objeto de polémica.
Me refiero al anuncio de Advance, que ofrece comida para perros con propiedades antioxidantes. «Un momento —se preguntará el espectador despistado—: ¿los perros se oxidan?» Pues en efecto: no exactamente igual que las bicicletas, pero sí de forma análoga a como nos oxidamos los humanos a medida que envejecemos —o los mejillones, que en eso nos parecemos todos los seres vivos—. Basta recordar la gran cantidad de alimentos y productos cosméticos que contienen “agentes antioxidantes” y cuya misión declarada es la de retardar el envejecimiento celular, que es como decir el envejecimiento en general. O sea, que un pienso antioxidante para perros viene a ser el equivalente canino al elixir de la eterna juventud.
Y aquí es donde la polémica está servida. ¿Necesitan nuestros perros, realmente, que los protejamos de la oxidación?, ¿no será ésta una nueva manera de sacarnos los cuartos con una zarandaja que muy bien podríamos ahorrarnos? O quizá, en efecto, la sociedad está sobrecogida por el lamentable espectáculo de ver a un bobtail que aparenta seis años cuando apenas acaba de cumplir los cinco.
En cualquier caso, que ya nadie se extrañe de ver anunciadas inyecciones de botox para tortugas de agua y prótesis de silicona para periquitos poco atractivos.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Hay tantos premios que algún día las personas que no hayan recibido uno deberán pensar seriamente en suicidarse. Nadie los quiere. Aquí o allá se premian libros, webs, peinados, anuncios, artículos y el color de los ojos. Que si Casavella ha ganado el Nadal; que si Javier Bardem puede ganar el Oscar, que si Alfonso Ussía ha ganado una camiseta que dice: “Se hacen artículos infames”. Esto es un no parar de darnos palmaditas en la espalda, y de sobarnos el ego.
¿A qué tanto premio? Y, sobre todo, ¿a qué tanta presencia de premiados en la prensa? Ganar se ha convertido en una vulgaridad, como llevar ropa de Dolce&Gabbana o leer El País Semanal; una característica que no te distingue sobre los demás, como se cree, sino que te acorrala la identidad junto a un montón de tontos con trofeos en (dicen) el cuarto de baño. Un consejo: ¡tirad de la cadena cuanto antes!
En literatura la premiorragia es escandalosa. A nada que te descuidas y escribes un mal libro, van y te lo premian. Si ni siquiera lo has escrito tú, te lo premian dos veces. Antes, cuando Umbral y así, el premio Nadal era un premio que ya te satisfacía de por vida, una prueba de que valió la pena. Pero ahora, de tanto dar premios, no vale para nada la pena, y los que los ganan tienen que recoger muchos porque si no parece que pierden los concursos aunque no se presenten.
Hoy en día todos somos perdedores hasta que se demuestre lo contrario.
COLOFONOSCOPIO// TONINO
Como a los padres de esta patria unida que es España, como a los Munster o los Addams, me encanta la familia. Tanto que no le daría un vulgar ministerio sino, como Napoleón, todas las riendas de Europa. Dicen que la palabra nepotismo viene del griego nepos, sobrino. En la Edad Media los obispos se ocuparon de que sus sobrinos accedieran a altos cargos y en la república romana fue famoso por su ineptitud militar Metelo Escipión, colocado como general por su suegro, el emperador Pompeyo.
Casualidades: Pompeyo da su nombre a la barcelonesa Pompeu Fabra, seria institución que comparte apellido –sin comerlo ni beberlo– con Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, heredero de la estirpe consistorial desde su abuelo, y cuya hija Andrea está colocada como segunda en las próximas listas del Congreso mientras su puesto de senadora sería para un presunto imputado por presuntos jaleos urbanísticos. Barcelonés no, pero sí Barceló, es el apellido del senador Miguel Barceló, el político más longevo después de Fraga con 84 años, suegro de Zaplana, cuyo suplente –para las elecciones– sería su propio nieto, Agustín Almodóvar, hijo de Ángela Barceló, diputada en cortes.
La familia forma curiosos clanes genéticos infinitos e interconectados. El amor familiar –y quizá el hecho de que ser diputado ralentiza cualquier proceso judicial hasta conseguir que la acusación prescriba– forma lazos que los desinformados jamás podrán romper.
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
El razonamiento era contundente: Aznar dejó la economía española –la despensa– saneada. Para eso les hicimos la guerra a los iraquíes, que tenían bombas de destrucción masiva, para bajar el precio del petróleo. Y todo iba sobre ruedas, hasta que un atentado terrorista de ETA le quitó el poder al legítimo sucesor, nombrado por Aznar.
Después de cuatro años de atropellos y atracos, de violencia de género e inmigración ilegal… ahora, como era inevitable, la economía española está por los suelos. La Bolsa de nuestra patria se ha desplomado por culpa de los matrimonios homosexuales y de la ley de dependencia. Por el canon digital y el estatuto catalán. La despensa se vacía y, lógicamente, el precio del petróleo sube.
¿Solución? Primero, vamos a ganar las elecciones con la ayuda de las rogativas de los obispos. Que voten los gallegos de Buenos Aires, y dos millones de melillenses… Luego, nuestro buen capataz Rajoy, que tan buen pulso tiene y tanta clarividencia, llamará a Pizarro, que sabe mucho de despensas.
Pizarro bajará el precio de la energía. Una reducción de impuestos hará que la gente de bien pueda ahorrar mucho más para llevar a sus hijos al colegio de pago. Y a los que no tengan dinero, que les den por el saco.
Esto, casi literalmente, me dijo el otro día un taxista. No le pagué la carrera, para aumentar mi liquidez.
El OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Mire, don Sigmund, le juro por lo más sagrado que nunca estuve enamorado de mi madre y que mis sueños son de lo más normalito. Sin ir más lejos, el otro día soñé con Arthur Garfunkel (sí, el de Simón y Garfunkel) que estaba de espaldas y de frente a la vez y me recriminaba el haberle tirado un lápiz a la cabeza a un compañero de trabajo. La situación no me excitó, por lo que dudo que se tratase de un sueño húmedo. Así que no me venga ahora con que tengo un problema con
la figura paterna o el Discóbolo de Mirón.
Yo lo que quiero que comprenda es que si me pillaron el otro día corriendo desnudo con una ensaimada en la cabeza y un cuchillo de postre en la mano por la vía del AVE Madrid-Guadalajara, fue porque alguna válvula de escape tiene que tener uno. Ya sé que parece un acto suicida, pero antes de saltar la valla había consultado los horarios de los trenes, luego no cabía la posibilidad de morir arrollado. Lo mío se reduce al asombro permanente ante el absurdo circundante. Yo suponía que eso disminuía con la edad. Pero no. Sí, ya sé que se acaba su tiempo y que le debo tres facturas, pero a mí el mundo me debe una explicación y mi tiempo también se acaba. Yo sólo quiero saber si Zapatero está liado con Eva Amaral y sale de parejitas con Sarkozy y Carla Bruni: todo lo demás me importa poco. Ah, y si quiere le paso el horario de Auto Res para poder torear coches sin peligro en la autopista Cospeito-Copenhague…
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
La cuestión del aborto es y debe de seguir siéndolo, un asunto personal e intransferible. No se entiende muy bien, o mejor dicho, tristemente sí se entiende, a son de qué viene a estas alturas este acoso. De todos es sabido que cuando la interrupción del embarazo no estaba permitida en este país, quienes viajaban a Londres para abortar eran las niñas de papá, hijas de pudientes, que podían permitirse el lujo de marcharse a una clínica británica y gastarse el pastón que aquello costaba, además del billete de avión, que todavía no existían las compañías aéreas de bajo coste. Por aquel entonces un vuelo venía costando casi más que una comida en esos restaurantes de ahora, de los de plato grande y ración ínfima con esos nuevos chefs que dan de comer a una boda con un bote de guisantes y dos alitas de pollo y encima te la clavan hasta la bola. Pues a lo que vamos, que por qué ahora sí y hace unos años no ¿Con Aznar no se abortaba? ¿No será que la actual derechota española se ha arrojado cual novia engatusada en manos de la Iglesia más rancia y los apoyos al final hay que pagarlos?
Lo que ha avanzado el hombre que no lo retrase Dios, que los pasitos que hemos dado no se nos vuelvas atrás por culpa de los intransigentes, radicales, ultras y demás calaña ¿Y los socialistas de qué van? ¿Qué es eso de aplazar el debate? Hay postulados que si uno quiere seguir siendo fiel a sí mismo no puede dejar de defender, cueste lo que cueste.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
La célula de terroristas islámicos desarticulada en Barcelona ha venido a recordarnos, para quienes lo hubieran olvidado, que estamos en medio de una guerra y que la retaguardia, desde donde la miramos, sigue sin ser un lugar seguro. Los ímprobos esfuerzos de Zapatero por impulsar la renqueante Alianza de Civilizaciones tropiezan con un escollo insalvable: para los airados chicos de las barbas, esto es Al Ándalus, nosotros somos infieles usurpadores y el asunto no tiene vuelta de hoja. Así que no hay forma de salirse de esta contienda, una de las más incómodas que acaso haya librado el mundo occidental. Y es que en ella nos enfrentamos al peor enemigo posible: unos creyentes que lo son de verdad, porque su fe implica la aceptación del sacrificio. Nosotros, en cambio, ya no creemos en nada por lo que estemos dispuestos a rompernos una uña. Justamente ahí, en haber aprendido a anteponer el interés a la fe, radican tanto el secreto del éxito como la debilidad de Occidente.
El interés nos hizo prósperos y poderosos, pero también mezquinos y distraídos, y nuestros enemigos lo saben. Mientras estamos absortos en el desplome de las bolsas de valores, o calculando los euros de la hipoteca, ellos se aprestan al combate y aguardan a que llegue el momento de asestarnos el golpe. Inasequibles al desaliento, proliferan, se infiltran y, apenas les demos ocasión, atacarán. Estar en su punto de mira empieza a resultar un verdadero fastidio.