ANUNCIOS ANIMADOS// FERRAN CALVET
Superadas las Navidades con sus perfumes y videoconsolas, llega el momento de los productos adelgazantes o bajos en calorías para perder lo ganado en las fiestas —o para expiar el sentimiento de culpa—. Y también, en pleno invierno y con los hospitales al borde del colapso por las afecciones gripales, llegan los anuncios de medicamentos analgésicos, anticatarrales y similares.
En un sólo corte de publicidad veo el de Aspirina C Efervescente, muy sobrio, con un tipo congestionado en su sofá y ruido de tormenta tras las ventanas; Strepsils, con esa sierra circular que hace que te duela la garganta sólo de verla; el de los chinos de Ricola, en su línea de reivindicar que la marca es suiza; Fluimucil, tan soso que ni me acuerdo de cómo es; el de la tos con mocos de Iniston, que tiene su gracia —¡abuelo: el Iniston!—; y todo seguido el de Frenadol, con ese señor que se ha quedado sin sobrecitos y tiene que enseñar al perro a hacer pipí en el baño —este año se alterna con la variante Frenadol Hot Lemon: el del hipocondríaco calzonazos al que se le empañan las gafas—. Pero como apenas transcurrido un cuarto de hora de emisión, inexplicablemente, interrumpen la publicidad para dar un telediario, me veo obligado a zapear para ver si pillo mi favorito en otra cadena: Bisolvon, Te olvidarás de toser. Nunca me cansaré de ver la expresión de esa chica con impermeable transparente, que alza las palmas bajo la lluvia intentando recordar cómo se hacía eso de toser.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
En una zapatería de la madrileña calle de Fuencarral he visto que un dependiente lucía en la parte de atrás de su camiseta la leyenda: “¿Qué talla necesitas?”. Eso me ha recordado que, hace muchos años, observé cómo los operarios del municipio de Brunete portaban chalecos con el epígrafe: “Estoy aquí para ayudarle”. Y más: una amiga (también me he acordado de ello en ese encadenado fatal de la memoria) llegó a trabajar haciendo croquetas en un supermercado, de esas que luego se ofrecen gratis a las amas de casa. Utilizaba un delantal en el que podía leerse claramente: “Nadie las hace como yo”.
Esto de poner a la gente un Manual de Instrucciones para que todos sepamos qué hacer con ella es, sin duda, un gran avance de la democracia (y no digamos del márketing, aunque a lo mejor democracia y márketing son lo mismo y yo no me he enterado). Qué mejor que ir por el mundo viendo a las personas con trabajos humildes vistiendo, no sólo los antipáticos uniformes que les son propios, sino también una inscripción que informe sobre qué cosas se les puede mandar o qué se supone que están haciendo.
No me perturban tanto las frases como que a alguien, en algún despacho con la palabra Director serigrafiada en la puerta, se le haya ocurrido semejante idea. Pienso que hay que ser muy hijo de puta para tener estas ocurrencias; o gastar un humor de señorito franquista. Me gustaría conocer la opinión de Alfonso Ussía sobre todo esto.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Cuando reinaba en España un fresco general del noroeste (o sea, que hacía tanto frío como estos días) salía en la tele Torrebruno y cantaba con unos niños
este diálogo que tan amablemente me pasa don Eduardo Arroyo:
–¿Voy contigo?
–¡No, tú no!
De la repetición ad nauseam viven la televisión, los cuentos y la vida en general. De la tele quedan cosas como “¡no siento las piernas!”; de los cuentos se repite el final de Titanic (el barco se hunde…); de la vida se nos viene a las meninges Peláez,
el que se postulaba como delegado de curso. Y aquí, en este último supuesto, es donde más duele la postulación o la pústula.
Peláez vociferaba su vocación mientras el resto de la clase bostezaba y le relegaba a la nada en beneficio de Cristobalito Gazmoño, que era nombrado portavoz general de 3ºC de ESO. Pues eso. ¡Decepción! Un alcalde de Madrid empecinado en la Olimpiada de la Carrera de San Jerónimo cae a la cuneta (¡nada que ver con la ETA!); un himno, desafinado por cirios y marcianos, queda descalificado a tenor de la carencia de tenor; un rally en Dakar pasa a mejor vida porque está amenazado de muerte. Peláez, ahora ejecutivo del Todo a Cien de la esquina, se descojona de la risa. ¿Qué pasa con el que quiere entrar en la pandilla y la pandilla le dice que no? Todos (alcaldes, himnos, Dakar y el de la moto) tenemos que asumir el rechazo:
–¿Voy contigo?
–No, tú no!
A llorar, que son dos días.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Lo que ha pasado en el seno de Partido Popular con el lío de Ruiz-Gallardón deja claras varias cosas: que al alcalde de Madrid le ha salido el tiro por la culata, que quien le ha dado la vuelta a la escopeta ha sido Esperanza, la lideresa, y que la razón por la que los profesionales de la política como estos dos entran en esta pomada nada tiene que ver con el espíritu de servicio al ciudadano, sino más bien con su propia
ambición personal.
Cuando uno les escucha hablar en los períodos electorales o incluso después, puede llegar a pensar que eligieron esta profesión por intentar conseguir que sus paisanos mejoren su calidad de vida, avance nuestra sociedad… En fin, esas cosas que les llenan la boca… Pero situaciones como la que se ha dado ahora con Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre en esto de las listas de su partido no hacen más que confirmar que realmente Madrid les importa una miiiiiiiiiiiierda; los madrileños, dos miiiiiiiiierdas y que lo único que buscan en sus vidas es poder, poder y poder.
No comprendo a los políticos profesionales, cuyo hábitat es el partido, que desde niños ingresan en las juventudes, se pasan la vida haciendo méritos para ascender y colocarse, utilizando cualquier medio para llegar a tocar pelo, como se dice en el argot taurino. Así está la política. No hay más mediocridad porque no cabe. La próxima vez que escuche a la lideresa Aguirre decir que entre Alberto y ella no hay ningún problema, no sé si me partiré de risa o de pena.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Desde los primeros compases de su mandato, se vio que la presidencia de Sarkozy no iba a ser como las demás. Lo que quizá nadie imaginaba era que iba a convertirse en productor e intérprete del culebrón amoroso-político de la década, y que para optimizar su rendimiento mediático sumaría, a su carismática figura, la de una estrella del calibre y las características de Carla Bruni, que no es una simple ex modelo, dicho sea de paso. Bella, elegante y atrevida, siempre se ha situado en las antípodas ideológicas de su novio, y compone y canta canciones como Tout le monde, cuya audición detenida se recomienda como inestimable material interpretativo de su carácter y del coup de foudre con el impulsivo Sarko.
¿Está haciendo el ridículo el presidente galo, como le recriminan muchos de sus compatriotas? ¿Plantea su relación con la Bruni, por la manera fulgurante y aparatosa en que la viene desarrollando, dudas sobre su estabilidad personal y sobre su capacidad para desempeñar tan alta magistratura? Por lo pronto, el hombre está feliz y no tan deprimido como lo dejó el abandono de la pérfida Cécilia. ¿Sería mejor tener un presidente abatido? Lejos de amilanarse por los reproches, Sarkozy da un tirón de orejas a sus ladinos predecesores, que mantenían en la sombra sus febriles correrías extramatrimoniales. Con él, dice, ha llegado la transparencia. Es un líder del siglo XXI, la era en que todo está permitido y nada puede esconderse. Un precursor.
ANUNCIOS ANIMADOS// FERRAN CALVET
Han vuelto a hacerlo. En esta ocasión con la banda sonora de Rocky, pero por segunda vez, los de Renault han basado un anuncio en parodiar el insistente recurso a la bondad ecológica del que últimamente tiran la mayor parte de los fabricantes de coches. Si en el primero venían a decirnos que ya podíamos comprar un coche ecológico barato para ser igual de soplagaitas que las estrellas de Hollywood, ahora se mofan de la sensibilidad ecologista como de algo melífluo y ridículo.
“Vamos a demostrar que todos somos buenas personas –empieza la voz en off con inequívoco tono de cachondeíto–, todos lloramos cuando Marco encontró a su mamá”…, o “Nos enternecemos cuando un Playmobil intenta beber pero no puede”… Así se suceden los ejemplos de sentimentalismo cursi, risible o directamente estúpido hasta llegar a una imagen final a modo de paroxismo de la ñoñería: “Nos conmovemos profundamente cuando vemos una orquesta de abuelos y nietos tocando esta canción bajo una lluvia de ositos de peluche. Porque todos tenemos corazoncito… Ecología Renault. Ecología al
alcance de todos”.
Se requieren un par de cojones para basar una campaña en premisas tan políticamente incorrectas como ésta, a saber: el ecologismo interpretado como una nueva forma de imbecilidad colectiva capaz de incitar al consumo. Así que una de dos: o los de Renault son gilipollas y están erosionando a lo tonto su imagen de marca, o son muy listos y saben perfectamente lo que se hacen. Hagan sus apuestas.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Varias personas me han comentado que la infidelidad no va con ellos si el que está siendo infiel es el otro. “No es mi problema”, afirman. Es decir: él o ella es el que está casado, el que traiciona, el que miente, el que hace mal. Yo soy inocente. En mi perseverancia indagadora, se me ocurre preguntar qué pasa si esa persona comprometida con la que uno se ha liado es, precisamente, la novia de un hermano, el esposo de una amiga, el amor de alguien a quien le tienes cariño. Bajo este supuesto, las opiniones varían vertiginosamente. “Ah, entonces, no; nunca, imposible”, reconsideran.
El hecho, claro, es el mismo: una relación íntima con alguien que le debe fidelidad a otra persona.
Basta el simple matiz de quién es esa otra persona para llegar a la autoindulgencia o segregar culpa. Sin embargo, el hecho se está produciendo igualmente; y un fuego doloroso, un diminuto dispositivo de impiedad se ha encendido en el mundo que compartimos.
El dilema infiel (¿quién es culpable?) nos pone cara a cara con una responsabilidad que excede los límites de nuestra propia vida, diminuta y a menudo plagada de máquinas expendedoras de perdón. Excusarse en la ignorancia (“yo no sabía, nadie me dijo”) sirve tanto para la infidelidad como para el genocidio, por lo que, cuando nos cansemos de señalar con el dedo a George Bush, deberíamos dedicar unos segundos a pensar quién más hace el mal, y por qué.
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
Cuentan los sociólogos Eric Brian y Marie Jaisson en su último libro, El sexismo de la primera hora, que nacen más hombres que mujeres. No sé si alegrarme (la asimetría de sexos es una puerta abierta al poliamor) o adoptar la indiferencia como animal de compañía. La estadística habla de una diferencia porcentual de un punto y dos décimas en los países desarrollados aunque en China la brecha se dispara hasta el 55% (ellos) y 45% (ellas). Me pregunto yo si el gigante oriental ha hecho bien las cuentas porque resulta que ser mujer es un hecho muy capitalista. Una caja de tampones cuesta 4,99 euros, lo que supone que una familia de cuatro puede gastar una media de 180 anuales, salvaslips y compresas voladoras aparte. Y lo gordo se va en cremas depilatorias y sesiones de esteticién, a ver quién se atreve a salir de casa como el Yeti.
El bautismo en la secta del “soy divina” te lo hace tu madre el día que te pregunta si estás libre por la tarde. “Sí, ¿por qué?”. Bastan tres palabras para sellar el salvoconducto que te llevará al sufrido mundo de las cremas. Tras conocer a Paqui, la mujer purificadora que conoce al dedillo todos los cotilleos del barrio, el primer dilema: ¿cera fría o caliente? Y sales del salón de belleza con la cara como un tomate y sin sentir las piernas. Luego piensas en la pirámide de las prioridades de Maslow y te sientes culpable. ¿Cómo puedes caer en estas frivolidades cuando hay mujeres que ni siquiera tienen derechos fundamentales? Y con gesto decidido, le sueltas a la madre que te parió: “Mamá, yo de mayor quiero ser Mujer Barbuda”.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Lo más odiado del pasado puede ser lo más amado del presente. Y viceversa. Lo indiferente suele permanecer indiferente, casi más por una cuestión de vagancia que por otra cosa, pero cuando algo cae gordo a una generación, la siguiente se deja la piel para ensalzarlo. Y viceversa. Sólo las generaciones intermedias actuales (las que tienen padres e hijos a la vez) saben lo duro que es –que fue– el “continuará” de los tebeos. La posibilidad de que el quiosco del barrio importara el siguiente número de Zarpa de Acero, que Ediciones Vértice prometía de la aventura inacabada, era escasísima. Los inmisericordes distribuidores de aquellas aventuras “sólo para adultos” dejaban sin destino las monedillas de los churumbeles que pretendían completar la historieta de su héroe favorito. Y un radar especial daba a algunos la oportunidad de hacerse con el único ejemplar que la kioskera se agenciaba. Pero hoy –y desde la publicación de Akira–todo el mundo adora la posibilidad de seguir leyendo una aventura por fascículos. Números atrasados de mangas interminables abarrotan las estanterías de las tiendas de tebeos y/o comics. Que la Historia en cuestión sea Interminable es una obligación de emisores y receptores; de creadores, editores y compradores. Y en el volumen 37 aún se explica el porqué de lo poco que acontece en ese número que te tocó en suerte. Irreal como la vida misma, la historieta se desparrama hoy tal y como se desvaneció antaño. To be continued…
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
¡Qué suerte, qué suerte! Hay gente que nace con estrella y gente que nace estrellada. Carlos Fabra, de los Fabra de toda la vida, es uno de ellos, de los de la estrella, digo. Vamos, vamos, vamos, mira que ir a tocarle a él la lotería… Con la cantidad de gente honrada que juega unos eurillos y la ilusión que le ponen, a ver si les sonríe el azar y se quitan una parte de la hipoteca, pero nada de nada… Con el innumerable porcentaje de currantes, ‘desgraciaos’, a los que les habría venido de perlas un pellizquito y va y le toca a Fabra, no un pellizco, sino un mordisco en toda regla.
Mira que es caprichosa la suerte, aunque dicen que hay que buscarla. A lo mejor, Fabra no solamente la ha buscado sino que la ha rebuscado, convencido, comprometido, obsequiado, halagado… Sus votantes estarán encantados, porque aunque ha estado bajo sospecha desde hace mucho tiempo, no parece haberles importado. Sigue siendo el ‘mandamás’ en su jurisdicción, hace y deshace y mantiene su poder absoluto. Está por ver si el afortunado Fabra puede justificar el ingreso de otro pellizco importante, allá por el 1999, que le reclama Hacienda y que no termina de verse claro de dónde llegó, aunque visto lo visto, el caso caducará y a otra cosa, mariposa. Igualito que a los de a pie, que se te olvida pagar tres euros con cincuenta y ya te están inflando a cartitas del ministerio, te embargan… Deberíamos meternos todos a políticos, a ver si teníamos más suerte en la lotería.