AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Fátima, Hajar, Samira. Tres muchachas vistas el pasado lunes entre un grupo de un centenar de alumnos de secundaria, en un instituto de Madrid. Las tres musulmanas, las tres sin velo y perfectamente integradas. Más que eso. Sentadas en primera fila, y mostrando con sus preguntas y su actitud un interés por aprender del que muchos condiscípulos aquí nacidos carecen. Expresándose en un castellano limpio de acento y más rico que el de no pocos autóctonos.
A ninguna de ellas hay que ponerle un contrato de integración a la firma, y mucho menos impedirle llevar una prenda que no se pone. No necesitan, por suerte, que nadie las tutele a golpe de prohibición. Otras alumnas musulmanas que hay en nuestras aulas sí llevan el velo. Pocas, salvo en Ceuta y Melilla. Lo que nos proponen es proscribirlo excepto en estas dos ciudades, qué cosa más poco comprensible: si algo es malo, ¿por qué respetarlo donde está más extendido?
Espero que no se prohíba el velo, porque quiero que Fátima, Hajar y Samira puedan seguir absteniéndose de llevarlo tranquilamente, sin que ningún fanático exaltado por la persecución las presione para que se lo pongan al salir de clase. Y porque quiero que las que lo llevan sigan siendo tan pocas como ahora, y puedan un día replantearse el gesto sin que nadie las haga sentirse traidoras a los suyos. Pero si aun así desean seguir con él, déseles la misma libertad que a nuestras monjas. ¿O es que en realidad no se trata del velo?
ANUNCIOS ANIMADOS// FERRAN CALVET
Queridos amigos, queridas amigas, queridas familias… Un spot televisivo suele durar 20 o 30 segundos; algunos son más cortos, otros más largos; los hay que empiezan siendo largos y, al cabo de algunos días, se abrevian para que salga más barato emitirlos…
Sin embargo, desde tiempo inmemorial, existe un descomunal anuncio de una media hora de duración que se sale de todas las categorías; y, por si fuera poco, en una franja horaria de las buenas: justo antes de los noticiarios de mediodía. Es sin duda el Rolls Royce de los anuncios: enorme, hecho a mano y para toda la vida. Naturalmente, para sacarle partido a semejante gigante, conviene que participen en él varias marcas con fundamento. Por ejemplo Compaq, que construye encimeras de color verde fosforito o fucsia alucinógeno; Fagor, que fabrica hornos pirolíticos que se limpian en un pispás —o plis-plas, según algunos—; Brita, que hace jarras para filtrar el agua potable, muy útiles si a uno le salen esporas de ultracuerpo por el grifo; El Ventero, que empaqueta quesos ya cortados en lonchas, por si algún intelectual quiere preparar un gratén pero teme hacerse un esguince; Carbonell, castísimo aceite de oliva virgen; Louit, que mete toda clase de cositas aromáticas en sus botellas de vinagre; o Arzak, que debe de ser una de esas fondas donde paran a comer los camioneros porque lo recomienda también una marca de neumáticos…
Y suerte que en algunos mercados todavía te regalan perejil sin marca, que si no…
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
¿Pues no van y póstumamente le aceptan el proyecto alpino a Eduardo Chillida? El escultor vasco ideó en su día (no necesariamente en su día más brillante) la locura de vaciar una montaña y, bueno, no se le ocurrió nada más, ni aparcar coches ni nada; así que la ocurrencia fue dejarla vacía a ver qué tal. La montaña se llama Tindaya y el proyecto lleva el nombre de Monumento a la Tolerancia. Todo esto se podrá visitar en Fuerteventura en una fecha posterior a 2009.
Visitar el vacío, esa es la idea. Cada uno, con ese vacío, hará lo que pueda. Por ejemplo mirar la placa que diga “Monumento a la Tolerancia” y pensar: “¿Y por qué no al Pan Integral?”. Lo mismo daría. El caso es que luego no habrá otra opción que irse de cañas y hacer ricos a los lugareños. ¡Así discurren los políticos a cargo!
Gestión delirante al margen, merece la pena deternerse sobre el hecho de que muchas personas no consiguen, a lo largo de su vida, ni acallar a los vecinos ni acabar el cubo de Rubik; pero otras, como Chillida, van y vacían montañas o viajan al espacio sideral. Vamos, que hacen lo que les da la gana.
¿Por qué sucede esto? ¿Por qué vamos a vaciar una montaña para no meter dentro otra cosa que el ego de un señor? Si fuera el de Sánchez Dragó, todavía: como es tan grande al menos aprovecharíamos el espacio. Pero abrirle la entraña pétrea a Tindaya porque a Chillida se le quedaba pequeña su tumba sólo merece un calificativo: memez.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Parece que en el Vaticano se han empezado a dar cuenta de que ya no todos los caminos conducen a Roma. Hay demasiados desvíos. Cada vez son menos los que toman la senda del sacerdocio. Nos acabamos de enterar de que el número de curas y monjas desciende vertiginosamente y ya no llegan ni al millón en todo el mundo.
La Iglesia católica perdió el compás de los tiempos porque sus mandamases echaron el ancla hace mucho y su barco no se mueve, sólo zozobra. Cualquier institución debe evolucionar a la par que la sociedad en la que se desenvuelve, pero los líderes católicos están más por la labor del conservadurismo rancio y casposo, que por un avance lógico y justo. La oferta de la Iglesia a los jóvenes nada tiene que ver con sus sueños, sus aspiraciones, por eso son tan pocos a los que llama el sacerdocio, frente a la oferta social fuera de él. Desde tiempo inmemorial, a medida que la calidad de vida ha ido aumentando y también lo ha hecho el conocimiento, la religión católica ha ido cediendo terreno. Un gran número de los nuevos ordenados proviene de países en vías de desarrollo. Por algo será. El anterior Papa, Juan Pablo II, cerró la vía a quienes quisieron dar un giro al timón del barco vaticano y abrió las puertas al catolicismo más radical, intransigente y trasnochado, pero siguen en sus trece.
Y habrá quien dirá: Pero hay curas muy buenos. Nos ha jodido. Para colmo… A lo mejor tienen que acudir a empresas de trabajo temporal ahora que hay más paro.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Igual que el hambre aguza el ingenio, la hartura lo embota. Desde que somos un país rico, nos hemos vuelto unos sosos de campeonato, y lo peor es que nos hemos habituado a la insipidez como si no hubiera alternativa. Pasa con los políticos: véase si no la chispa que tienen los secretarios que hacen de portavoces de los dos principales partidos. Y pasa en los medios de comunicación, donde salvo excepciones estentóreas y algunas ya difuntas (descanse en paz el Tomate) lo contamos todo con verbo plano y adormecido. Pero otro mundo es posible. Una joya hallada en Internet: crónica de sucesos del diario chileno La Cuarta, firmada por Pedro Pablo Robledo, relatando la detención de La Pelusa, una “achacadora” de 18 años especializada en drogar vejestorios para desvalijarlos.
Prosa sabrosa como aquí ya no se recuerda, y si no, paladeen un fragmento: “La Pelusa recorría locales del barrio Suecia, donde pinchaba con coyotes con monedas. Cuando los pericos querían puro entrar al área chica la joven, con cantos de sirena, los invitaba a seguir poniéndole entre pera y bigote, y aprovechaba de echarle mejunjes al vituperio”. Ni una frase rutinaria, ni una palabra sin intención, letra y música a la vez. Si yo fuera La Pelusa, estaría orgullosa. Ya que te trincan y pones proa al talego, que haya un juglar que lo cante como es debido. Aquí la habrían despachado con la emoción de un informe de autopsia. Pedro Pablo, campeón, vente pa’ España, y sácanos del muermo.
ANUNCIOS ANIMADOS// FERRAN CALVET
Hay un cierto tipo de anuncios que se valen de la aparición recurrente de un individuo que con el tiempo se hace familiar para el público y termina encarnando la imagen de la marca. No me refiero al personaje que ya es famoso y pone su popularidad al servicio del anunciante, tipo Ronaldinho con la madre que lo parió. Me refiero a casos como el del hombre de la tónica Schweppes, o Edu, el niño de los teléfonos…
Éstos no son ni famosos, ni guapos, ni hacen malabares con las pelotas: son vulgares, corrientes y, sin embargo, reconocibles. Bueno, pues últimamente hay dos de estos. El primero es Alain Afflelou de Chin-chin (que también tiene cojones ponerle ese nombre a unas gafas…) Habla con acento francés y, con esa alegría de vivir del que empieza a soplar Pernod a media mañana, nos invita a ponernos los lentes a pares por sólo un euro más. Ignoro si de verdad es el dueño de la marca, o el gerente de las ópticas, o un tipo que repescaron del casting de Grand Frère, pero el caso es que ya lo conocemos todos. El otro es el notas de Multiópticas, que primero fue Príncipe Azul, aburrido de llevar las gafas siempre del mismo color, y ahora es el Hombre de Hojalata, “Ojalá tal, ojalá Pascual…” Éste tiene todos los números para seguir apareciendo cada tres meses con una gracia diferente, y por lo pronto nos regala unas Bonardi si le compramos a él y no a Chin-chin. ¿Estarán copiándose las estrategias en la batalla por el mercado miope?
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
España es un casting. Lo indican las hordas de candidatos que destapan sus habilidades ante un jurado televisivo. A cualquier espectador de élite (Antonio Gasset, imagino) este tipo de formato le pone de los nervios pero deben de ser los menos, a juzgar por los éxitos de audiencia que cosechan. Pienso en ello tras una semana de infarto en la que he visto seis estudios, dos habitaciones y tres minipisos.
No creas que la emancipación culmina con la firma de tu primer contrato y el adiós a tu perro (el de tus padres), Juantxo. El calvario de buscar piso puede ahorrártelo papá si te pone uno pero, como no es el caso, acabas con una lista de once teléfonos en el bolsillo y la cabeza como un bombo. Para rematar la jugada te llama la madre de tu progenitor:
–¡Agüelaaa!… Más cansao que un perro viejo, pero me lo había preparado bien… Claro, les he dicho que pasaré todo el día fuera de casa; eso te hace ganar puntos… Que sí, agüela, que también les he dicho que haces unos flanes cojonudos que acabarían probando.
Por fin cuelgas. Repasas una a una las direcciones de tu lista y te das cuenta de que en todas ellas te han despedido con la misma frase:
–Bien, ya le llamaremos-. Ni que hubieras imitado a Raphael y tuvieras el dorsal 323. Ni que volvieras de una entrevista de trabajo. Entonces sí, se te queda cara de pringadete. España es un casting de puta madre
–piensas– y yo/tú/él somos un candidato más.