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Modos y Modas

El enemigo sigue ahí

Carla, esa mujer

31 mar 2008
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¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO

Cuenta Carlos Drummond de Andrade en su microrrelato Solange (Contos plausíveis, 2003) la desaparición de una ciudad por obra y gracias de una mujer. La protagonista no era la más bella pero sí la más deseada y, en esto, no tenía rivales. Solange mutó el orden social: los chicos no querían casarse con ninguna otra y ella guardaba silencio sobre sus preferencias… hasta que un día desapareció. ¿Qué paso? “Las muchachas envejecieron y murieron, la iglesia cerró las puertas y el comercio decayó y terminó”, escribió el autor.

El cuento de Andrade es una reflexión sobre la fascinación. Para versionarlo, bastaría cambiar el nombre de Solange por el de Carla que –recuperando la tradición griega– descendería de las sirenas que cantaron a Ulises. Entre sus innatos dones, Carla tendría la capacidad de cegar con sus azules pupilas. Las consecuencias saltan a la vista: sus piernas y sus apariciones ocupan la mente y el tiempo de políticos, periodistas, obreros y artistas. The Independent abre con sus delicados pies de cantante modelo y el eje atómico anglofrancés pasa a un segundo plano. Tanta admiración internacional les sirve a los franceses para mirarse un ratico más el ombligo, pero lo peor no es eso. Hay personas que constatan el influjo de Carla, se lamentan de ello públicamente y, aun así, le dedican su humilde columna de opinión, como si de esculpir una cariátide se tratara. La seducción es poder. Y hasta aquí puedo leer.

La nocilla

30 mar 2008
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CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS

Ha sido Alejandro Gándara el que ha puesto a pastar la idea de que las novelas de Fernández Mallo (la última, Nocilla Experience) están destacando del modo en que lo hacen debido al “momento tan plano” que vive el panorama literario español. Además, según Gándara, durante la Transición había más creatividad y genialidad y competencia del estro. Eso sí, ni da nombres ni apunta que durante la Transición él era joven, cosa que, como dicen en una película bélica de Mike Nichols, hace que cualquier época sea para uno la más maravillosa de la Historia. Lo que ignora o acalla o simplemente obvia el señor Gándara es que para llegar a Alfaguara, y salir en El País, hay que pasar una cantidad de filtros, exigencias comerciales, golpes de fortuna, pruebas de talento y paciencia de santo Job que dejan prácticamente en una o dos muestras anuales esa desazón por crear que efectivamente salpica nuestros días y que, a ojos de una apisonadora como Babelia, o de un crítico de férula levítica como Ricardo Senabre, simplemente no existe. Si en los suplementos literarios le prestaran una atención decente a la literatura de calidad, en lugar de reseñar benignamente basura insustancial, novelas premiadas con galardones sin el menor prestigio y libros infantiles que no sé por qué muchas veces monopolizan todo el suplemento (¿leen El cultural los niños?), otra merienda nos cantaría. Por eso, hoy, nos toca conformarnos con la nocilla.

Lenguaje

27 mar 2008
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EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ

Este humilde y rastrero servidor escuchó, días ha, la siguiente conversación entre adolescentes: “¿Grsmplftndam roicu dango remboingoing plaf?” “Ah, ¡bliski blisqui!” Me dije: “¡Qué viejo estás, colega! No entiendes nada…”. Acto seguido me acordé de cuando un servidor —el humilde y rastrero— escuchaba a sus padres decir: “¡Raquetepeipei bling blong blang freudito!”. Y comprendí que, tampoco de aquella, comprendía nada.  

Envejecer, como hecho en sí, no es ni bueno ni malo. Es. Y está. Pero el lenguaje no envejece con nosotros. Cuando uno era joven, no entendía a sus padres. Ahora de mayor no entiende a la chavalada. Pero es que tampoco entiendo a la gente de mi edad ni al subsecretario del Ministerio de Fomento cuando dice: “¡Grindu flagar bosi bosi aúa mejillones cachiporra…!” Como dice Alex de la Iglesia, la comunicación humana es imposible.

Antonio Ozores se inventa un lenguaje en cada película. Anthony Burgess se lo inventó para La Naranja Mecánica y En Busca del Fuego. Kurt Schwitters hizo lo propio en su Ursonate. Los demás mortales nos conformamos con sobrevivir en una cacofonía permanente. Lo suyo será aprender a disfrutar del sonido de las vocales, las labiales, las palatales y el del tubo de escape de la moto de Borja que seguro que nos está contando algo que no alcanzamos a comprender. La corrección de textos, la censura, la ortografía y la sintaxis son esfuerzos inútiles de unos cuantos ociosos. 

El corazón

26 mar 2008
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EL DECANO// JUAN LUIS CANO

Parece mentira que tantas horas de programación de las parrillas de las televisiones las ocupen los mal llamados programas del corazón. La telebasura, como se ha venido a llamar también. Pero no es extraño. Muchos piensan que es una moda que pasará, como pasó la de los concursos. Me temo que en este caso el asunto es diferente. Es España, al menos, que hemos sido un país de cotillas toda la vida, porque vivíamos mucho en la calle, con las puertas abiertas, que nos relacionábamos, mal o bien con nuestro vecindario, las cosas han cambiado. Ahora somos más europeos, más ricos y más coñazos. Podemos pasarnos diez años viviendo en el mismo piso y no saber quién es el del tercero izquierda. Es decir, que nos relacionamos más bien poco con nuestros vecinos. Eso lleva, consecuentemente, a la imposibilidad del cotilleo. Ya no sabemos qué sucede en la vida del de enfrente, así que difícilmente podremos criticarle o interesarnos por su relación o saber si al hijo le han pillado fumando en el colegio. Lo que hemos hecho para sustituir ese viejo vicio tan español ha sido engancharnos a los programas esos de mierda en los que se cuentan las miserias de la gente. Gente sin el mayor interés en la mayoría de las ocasiones, con vidas vanas, pero que nos permiten satisfacer nuestra pequeña o gran ansia de cotillear. Claro que algo ha cambiado: Al del quinto le ponías a parir y se quedaba con el traje hecho. Ahora, se lleva cinco kilos. 

Esa vieja cortesía

25 mar 2008
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AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA

Escena tomada del natural: un coche se detiene junto a un hombre que está arrojando papeles y cartones al interior de un contenedor azul. Dentro del vehículo, dos jóvenes. El que conduce interpela al hombre: “¿Eres de aquí?” Sin buenos días, sin usted, sin más cuidado que el de averiguar cuanto antes lo que a él le interesa. El hombre medita si responderle que quién es, qué autoridad ostenta y cómo puede acreditarla quien por su origen inquiere. Pero opta por asentir, con cierta resignación. Acto seguido el conductor pregunta a bocajarro dónde está el estadio. El hombre vuelve a dudar: lo que le pide el cuerpo es decirle que el fútbol no le interesa y, por tanto, desconoce la ubicación. Pero al final cede y empieza a explicarle al impertinente por dónde debe ir para llegar hasta allí. En plena explicación, cuando menciona el nombre de una autovía, el conductor lo interrumpe. “O sea, que hay que volver a la autovía”, dice. “Pues sí”, confirma el hombre que estaba arrojando papeles al contenedor. “Vale, desde la autovía sé cómo ir”. Ya tiene lo que quería y de pronto la charla le fatiga, por lo que se ve. Mientras se dispone a arrancar, sin despedida ni agradecimiento, el hombre piensa: “Pues no lo parece, si has acabado aquí, a 5 kilómetros del estadio”. Pero para qué gastar saliva: que el listo vuelva a perderse. Mientras el coche se aleja, reanuda su trajín, añorando esa vieja cortesía que, por desgracia, no sólo los hinchas jóvenes han perdido.

A buenas horas, Michael

24 mar 2008
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CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS

El líder de mi grupo musical favorito, REM, ha declarado que es homosexual. El motivo de esta trascendental revelación, según expone el generoso confesor, es su deseo de ayudar a los jóvenes “de ahí fuera” a sobrellevar el estigma que aún hoy una parte considerable de la sociedad, al parecer no lo suficientemente entretenida por el fútbol y el tic de acomodarse sus testículos, hace recaer sobre los hombros de los que gustan de amar su mismo sexo. Michael Stipe, hay que decirlo, ha pisado firme terreno miserable. Estamos tan acostumbrados al usufructo de los buenos sentimientos, la solidaridad y el buen rollo, que apenas nos damos cuenta de lo mezquinos que son algunos compañeros de viaje. REM saca disco en breve, y sólo ahora su líder decide sumarse a una causa justa. A la propia noticia del lanzamiento de Accelerate, copiosa y plural, se sumará la noticia de que Michael es gay, con lo que se hablará otro poquito del lanzamiento de Accelerate. Lo mismo hizo Amenábar cuando estaba por estrenarse Mar Adentro. Lo mismo han hecho tantos por tantas causas que seguían vigentes mientras los ahora artistas solidarios descansaban de sus cosas. El truco comercial no sólo cansa por reiterado, sino por innecesario. Ya sabíamos que eras gay, Michael, pero tus canciones no eran gays: eran extraordinarias. Ya sabemos que la homofobia está mal. Ya sabemos que los cuchillos cortan. Lo que ignoramos es cómo quitarles el filo.

Feliz viaje

19 mar 2008
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EL DECANO// JUAN LUIS CANO

Vamos a ver si los locos del volante hacen más caso a Fernando Alonso que a los anónimos locutores y actores que, hasta ahora, han recomendado prudencia a todos los conductores en las diferentes campañas de la DGT. La carretera se ha convertido en una auténtica pandemia en nuestro país. No conozco a nadie que no tenga un familiar, un amigo o haya sufrido él mismo, un accidente. Nos repiten miles de veces las cosas que hay que hacer cuando uno se sienta al volante de un vehículo, sabemos qué es lo que pone en peligro nuestras vidas y las de los demás, pero, será por nuestra manera de ser, parece que nos entra por una ventanilla y nos sale por la otra. Esperemos que Fernando Alonso tenga más eco y que a los que juegan a ser él por las carreteras se les bajen los humos y las revoluciones y ya que tanto le admiran, que madrugan los domingos para ver sus carreras, que juran que la Fórmula 1 les gusta desde siempre, que ya seguían las carreras cuando Fittipaldi, que manejan el argot a la perfección como auténticos expertos y que saben distinguir entre una buena y una mala conducción, le hagan caso. Vamos a ver si los telediarios no tienen que contar más muertes absurdas, de las que no tocaban. Morir en la carretera es morir mal, es morir sin que venga a cuento y no merece la pena decir adiós a destiempo por demostrar que somos capaces de emular a Fernando Alonso adelantando en una curva, entre otras cosas, porque no somos capaces.

Matar a la gente

15 mar 2008
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CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS

En la tercera parte de Tu rostro mañana, Javier Marías plantea el siguiente dilema: ¿Por qué no se puede ir por ahí matando, torturando, bombardeando? El protagonista, tras tocar todos los palos de la razón (la ética, lo sagrado, la ley), da con una respuesta de sencillez iluminadora: “Porque, si no, no podría vivir nadie”. Cuántos no habrá que a los etarras los fusilarían; cuántos, que a los votantes del PSOE los ahorcarían; cuántos, que al que piensa un milímetro por delante no le pondrían veneno en el vaso. Cuántos no habrá que al amante ido tirarían por el balcón más elevado, que al padre dejarían morir de frío, que al vecino que ruidosamente trasnocha no le privarían hasta del aire. Somos un asesino con todo el trabajo por hacer, milagrosamente no culpable porque nuestro pulso homicida desfallece ante lo ingente de la tarea: sería empezar a matar y no acabar nunca. Matar a la gente: ¡cómo nos tienta! Nuestro pensamiento tiene las manos caprichosas de sangre. La muerte de los demás se nos antoja la única solución a nuestra propia vida, donde nos estorba tánto Federico Jiménez Losantos y tánto Javier Bardem y los pasajeros del Metro tanto. Matémonos los unos a los otros a la de tres. Es misterioso que sigamos con vida, sabiéndonos odiados, envidiados; ajusticiados por el prójimo. La mayoría no puede matar, dar un paso que más que un paso es un despegue: porque quien mata habrá de enfrentarse solo a su propia muerte.

Los parques y la primavera

14 mar 2008
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¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO

Los holandeses tenían que regular el sexo en los lugares públicos para que por aquí se nos encendiera la bombilla y pensásemos en los parques como sustitutos de las lavadoras, como si anteriormente a la reforma holandesa estuviera prohibido.

Quiero pensar que nos hemos vuelto tan cibernéticos que se nos olvidaron los beneficios del sexo bucólico. Pero lo que realmente intuyo es que llevamos un ritmo de vida tan acelerado que sólo los más avispados ponen el orgasmo en el altar de lo innegociable. Y dentro de éstos, son sólo una minoría los que arriesgan en piscinas, parques temáticos, servicios universitarios y demás escenarios to the limit.

Pero aunque no los conozca, sé que existen. El momento en que lo descubres es cuando te subes al autobús a trompicones entre diez caraperros y un carafeliz. Los primeros no hablan, rumian; el segundo está más feliz que una lombriz, mira a la peña a los ojos y habla por el móvil riendo. La diferencia es clara y por eso piensas: “Anda, uno que está bien follao”. Y acto seguido te dices  que quieres ser como él.

Claro, que la felicidad tiene un precio. En el mejor de los casos, los sofocos en el parque salen gratis pero es complicado salir sin moratones, rodillas desoyadas o alguna mierda adherida a la piel. En el peor supuesto, alguien pasa demasiado cerca y la líbido se te cuela en el hormiguero más cercano. Así que lo más seguro es que decida quedarme con mi caraperro.

Salta

13 mar 2008
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EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ

Pues sí, salta a la vista que, al final, o acabas haciendo el bobo en la boda de tu cuñado o pegando saltitos al acabar el escrutinio. Nunca se entiende muy bien del todo lo que dicen las masas españolas cuando salen por la tele, pero debió ser un clamor lo de pedirle a Rajoy y Zapatero que botaran después de votar.

Es un país que vive a salto de mata. Y sí, a veces mata esto de saltar (y, si no, que se lo pregunten a los brokers desesperados que saltaron desde la Torres Gemelas el 11-S). Ahora la canción de Amaral, Salta, cobra un nuevo sentido. Dice Eva: “Salta por encima de cabezas huecas”.

No creo que se refiriese a los militantes que acudieron a Génova y Ferraz la noche del domingo pasado. Es curioso que estas dos calles de Madrid no aparezcan en el Monopoly y sin embargo son las más conocidas para los forasteros. Es este un juego parecido al de la Oca pero con pasta de mentirijillas. Canta Amaral: “Salta como un pato”. ¿O dicen gato? En todo caso, de Oca a Oca y tiro porque me toca.

Me toca las narices, claro. Porque la travesía del desierto es larga, el calor es asfixiante y el agua escasea. Y en el desierto (ese sitio al que le tocaba ir de misión a Anacleto) es difícil saltar por culpa de la arena. Pero no hay nada que no consiga la democracia y acabaremos saltando con la canción de Chikilicuatre para Eurovisión. El poder del voto y el poder del bote. La nuestra es una democracia saltarina.