EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Que viene la hambruna. Ya lo ha dicho Ban Ki-moon, el Secretario General de la ONU. Se adivinan tiempos difíciles para los de siempre, para los que a base de apretarse el cinturón se han quedado sin cuero para hacer agujeros donde introducir el palitroque de la hebilla por su delgadez. Para los africanos, para los niños de las barrigas hinchadas, para las madres desnutridas que se estrujan el pecho seco por si saliese una gota de leche para su bebé condenado. Ya lo dice la ONU, que se acerca una crisis sin precedentes, que se necesitan 2.500 millones de dólares para intentar paliarla, porque los alimentos cada vez cuestan más. Se subvencionan los cultivos para biocombustibles que, en principio, se utilizan con el fin de no contaminar, pero, por otro lado, están influyendo en que se dediquen menos tierras a la agricultura de toda la vida. No se invierte en ella y tampoco es que se vea favorecido el sector por las condiciones climáticas…
El director de la FAO acusa además a los fondos especuladores de aprovechar esta crisis provocada por el cambio climático para su propio beneficio y ese es el tema, que a quienes tienen el dinero y la posibilidad de jugar con él, el cambio climático, la muerte de millones de personas por malnutrición, los conflictos y disturbios que generará esta situación y sus trágicas consecuencias se la trae al pairo. Por ejemplo el precio del café no lo marcan los países productores, lo marcan los tiburones de Londres y me imagino que lo mismo sucederá con el resto de alimentos del mundo. ¡Vaya mierda!
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Desde hace unos días la DGT nos pide a los conductores de automóviles, a través de sus paneles informativos, que tengamos cuidado con los motoristas. También nos recuerda la alta cifra de víctimas mortales registradas entre ellos desde principios de año. Sólo el fin de semana pasado se ha sumado una decena más, tres de ellos en un mismo accidente en el que se vieron implicadas cinco motos. Lo que llama la atención es que el mensaje de concienciación se dirija a los conductores de automóvil, como si el problema estuviera en los vehículos de cuatro ruedas, cuando todo parece indicar que son los propios motoristas los que crean buena parte del riesgo del que se deriva la alta siniestralidad que sufren. En los últimos años se han incorporado al colectivo motero miles de inexpertos, aprovechando la posibilidad de conducir máquinas de hasta 125 cc con el carné B-1. Y entre los otros, los avezados, no faltan los adictos a la adrenalina, convenientemente estimulados por la amplia cobertura informativa de las carreras motociclistas y de las hazañas de los pilotos patrios. No pocos de ellos salen cada finde a imitar a sus ídolos en carreteras de todo tipo, algunas especialmente viradas, que parece que son las más divertidas. Y si se matan, se les echa la culpa a los quitamiedos. Justa es la petición de que se protejan éstos para minimizar los daños en caso de accidente, y tampoco está de más que los automovilistas extrememos la prudencia como pide la DGT. Pero alguien debería decirles que los primeros que deben cuidarse son ellos.
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
Pienso en el cura volador brasileño y no dejo de repetirme que el realismo mágico no es sólo literatura. Durante poco más de un año viví situaciones que no me entraban en la cabeza. Como que te roben el coche y te llamen a casa para negociar el precio de la devolución. Como dar tu nombre en un restaurante y que el apuntador te lo cambie por el de su suegra: Cuando diga en alto Geppina, entráis vosotros. Como explicarle al revisor de cercanías que no has timbrado el billete porque en la estación de origen la máquina ha desaparecido. Como que en los dos diarios de crónica negra a los que llevas el CV te pregunten que quién te envía. Como que el único modo para bañarte gratis en el mar sea desplegar tu toalla en las rocas de un faro y agarrarte una tortícolis integral. Como ser perseguida por un yonqui tras pagar la hora porque no has tenido la decencia de darle algo a él, que es el padrino de la zona. Como ir por el paseo marítimo y asistir a una competición de cuántos familiares caben en una Vespa. Como que los vecinos se intercambien bolas de arroz rebozadas de balcón a balcón o como que un hombre se cuelgue de unos globos de helio con barritas integrales y la batería del móvil casi muerta. Son cosas que pasan y ojalá no dejen de pasar nunca porque entonces habremos perdido la imaginación y algo mucho más importante: la capacidad de transgredir la norma. Esa directriz tan recta, tan sin miga y del todo a-original.
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
Hacia mediados del siglo pasado, se puso de moda en España un género éticoliterario singular basado en el arrepentimiento. Varios ciudadanos ilustres renegaban por escrito de su pasado fascista y hacían público “descargo de conciencia”, que así se titulaban aquellas piezas con más sustancia literaria que moral. La sociedad aplaudía la honradez de denunciar la dictadura, mientras en la cárcel seguían pudriéndose otros seres que no necesitaban hacer ningún descargo: eran víctimas de los compungidos.
Ahora aparece un nuevo arrepentido. Un profesional de la comunicación que se arrepiente cada rato de lo que ha hecho antes.El fulano, especializado en insultos, tergiversaciones y campañas insidiosas al servicio de los obispos, se arrepiente de haber pedido el voto para Rajoy, como antes se arrepintió de ser rojo, progresista y hasta creo que de ser turolense. Digo yo, ¿por qué no se arrepiente el tipo de sus campañas golpistas y abandona el púlpito?
Mejor aún, ¿por qué no se arrepienten los obispos de estar financiando y amparando la manipulación, el insulto, el odio cainita? ¿Por qué las autoridades religiosas no hacen un gesto evangélico, dejando a un lado sus intereses económicos, y proponen una radio verdaderamente pastoral, destinada a las ovejas y no a los carneros? Y, ya puestos, ¿por qué no se arrepienten de lo de Galileo?
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Lo de la piel de toro resulta difícil de ver: el mapa de España aislado es una cara con boina que mira hacia el este y Portugal se queda como una cataplasma puesta en su nuca. Eso del “país hermano” es un recurso de discurso barato para que los dirigentes de turno tengan algo que decir en las escasas ocasiones solemnes comunes (dejemos la foto de las Azores aparte). Al parecer, somos mediterráneos a todos los efectos y el Atlántico se queda para cubrir el expediente en los mapas escolares. Canarios y gallegos lo llevamos con resignación: la paella gana a las papas arrugás y al lacón con grelos, ¡qué le vamos a hacer! Pero hoy es 25 de abril y tendremos que dar la vuelta para mirar hacia el oeste. Portugal es nuestra “vecinita de al lado” (en palabras de Víctor Coyote) y nuestra cara al océano. Hace 34 años, la Revolución de los Claveles fue el principio del fin de esas dos dictaduras ibéricas enquistadas en la Europa que ganó la Segunda Guerra Mundial. Hoy tiene que sobrellevar las mismas cargas sociales y económicas que España; pero la “terra da fraternidade” que cantaba José Afonso en “Grándola, vila morena” (la única canción que cambió el destino de un país) hoy está de fiesta y nosotros también. No podemos seguir “andando a las arañas” (expresión portuguesa para describir un despiste descomunal) eternamente. No somos nadie y, sin Portugal, aún menos. Algún día nos daremos cuenta de que somos inseparables.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
En este país uno tiene la sensación de que los delincuentes económicos, esos que se forran estafando, robando descaradamente cuantiosas cantidades de las empresas o saltándose las leyes nunca salen del todo malparados. Si eres un chori de tres al cuarto no. Si te pillan mangando un cargamento de ‘Masvital’ de naranja en el Eroski o vaciando de champús una peluquería, lo llevas clarinete. Los 198 titulares españoles de las cuentas que han descubierto en Lienchenstein no se habrán ido hasta a esos bancos porque al domiciliar la nómina les han regalado una olla, pero me juego un pincho de tortilla a que si les pillan salen, si no de rositas, casi, casi. Estos delincuentes económicos de guante blanco lo tienen calculado y les compensa pasar un rato a la sombra, porque, que yo sepa, la pasta no la devuelven al salir del trullo, si llegan a ir. La tienen con testaferros, empresas superpuestas y utilizan todas esas triquiñuelas enrevesadas que les permiten quedarse con la mayor parte de lo que han robado. Más o menos todos podemos intuir quién tiene el dinero negro, negrazo, en este país y quien controla a alguien que se compra los cochazos y los casoplones a toca teja, que ya es un indicio. Y luego, además, les hacen entrevistas en la tele como a Mario Conde, que no es que diga yo que se haya quedado con nada ¿Eh? ¿Llegaremos a saber, si es que se descubre, quienes son esos 198 listos? Lo mismo nos llevamos alguna sorpresa.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
No se asusten. El abajo (o arriba) firmante no piensa unirse al co-ro de estreñidos que se escandaliza por la representación que este año tendremos en el Festival de Eurovisión. A decir verdad, le parece una elección singularmente adecuada y de todo punto coherente con la trascendencia del acontecimiento, que en el pasado tantas veces nos hemos tomado en serio con los resultados que ya sabemos todos. Pero la canción y su título proporcionan una impagable metáfora del saldillo insignificante en que se ha convertido el debate público en este país. Basta una breve estancia en un país extranjero, pongamos Gran Bretaña, leyendo cada mañana los periódicos, desde los más sesudos hasta los más cutres, para apreciar la diferencia. Allí se ocupan, día sí y día también, en primera página y con profusos despliegues centrales, de esa minucia con la que nosotros no perdemos el tiempo: el efecto que va a tener y está teniendo ya para la gente la subida libre de los productos alimenticios de primera necesidad y del petróleo, el reventón de la burbuja inmobiliaria y el tsunami que ha sacudido el sistema financiero mundial ocasionando un estrangulamiento sin precedentes del crédito. Mientras tanto, nosotros andamos enfrascados en asuntos importantes: el sexo de los ministros, el duelo en PP Corral, el derecho de Telma a tener la intimidad más protegida que Paquirrín o lo mal que se llevan Lorenzo y Pedrosa. Lo dicho: Chiki-Chikilandia. Rodolfo for president.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Las principales ciudades del mundo están orgullosas de sus museos, de su vida nocturna, de las películas que han rodado en ellas; de los famosos que nacieron en sus calles; de las batallas que fueron libradas tiempo ha bajo su asfalto; de sus escándalos; de las firmas comerciales que mantienen allí sus sedes; de su natalidad, de su renta per cápita, de sus Olimpiadas. Sin embargo, lo que hace grande a una ciudad no es toda esa bisutería publicitaria, sino algo que brilla poco: los mendigos.
Si una ciudad no tiene miserables, si en la calle principal no se perciben las postas de la pobreza, tenemos la impresión de encontrarnos en un lugar a medio desarrollar, en un municipio que aún no dio el estirón capitalista. Se necesita esa prueba de velocidad que es ver a varias personas quedarse detenidas en la indigencia, sin un puto duro y mascando hambre, para entender como grande una ciudad, para que el turista salga satisfecho y sus fotos condimentadas. Si eso no existe, no somos felices. Más que a Dios, lo que necesitamos inventarnos son desgraciados, menesterosos, Terele Pávez durmiendo entre cartones. Incluso pagaríamos a actores para que hicieran de mendigos (ya estos muchas veces nos parecen de mentira: tan impecablemente pobres, tan naturalmente por debajo). A lo mejor los mendigos son todos actores, un estratégico divertimento municipal, la mejor película para la que nunca sacamos entrada; el cine necio: ver sufrir.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
El rock and roll tiene cosas que harían hablar a las piedras. Por ejemplo, el caso de Soziedad Alkoholika. Acusados de terroristas por algunos medios de comunicación, vieron su carrera truncada por un boicot que les impidió tocar allí donde se les reclamaba hasta que un juez dictaminó que en sus letras no había nada constitutivo de delito. Ahora salta a la palestra otro caso: el de Josu Distorsión y los del Puente Romano. Se propusieron llegar a la Patagonia chilena y han vuelto deportados. Participaron en un concierto reivindicativo en Santiago y se ganaron varios días en un espacio cerrado en el que sólo había suelo y barrotes. Pasado ese tiempo, volvieron escoltados en avión –con gastos a cargo del gobierno chileno– y tienen prohibida la vuelta a ese maravilloso país en los próximos cinco años. Es verdad que participar en actos políticos está prohibido para los extranjeros y que Los del Puente Romano actuaron gratis y, por lo tanto, sin un permiso de trabajo que hubiera costado un pastón y que estaba fuera de lugar. Pero también es verdad que deportar a la banda y sus amig@s por tocar cuatro canciones (y no se metieron en más líos) es una demencia. La ley será la ley pero conviene, a veces, echarle un vistazo no vaya a necesitar una revisión. Algunas democracias siguen siendo sistemas vigilados y la libertad de expresión duerme, en más sitios de los que pensamos, tumbada en el suelo y rodeada de barrotes.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Ya se nos había olvidado lo de las vacas locas. Hacía mucho que el nombre dificilísimo con el que se denomina la enfermedad no aparecía en los periódicos, pero el fallecimiento de dos personas por haber ingerido carne afectada nos ha retrotraído de nuevo a los viejos tiempos. Esperemos que la gente deje las aprensiones de lado y los ganaderos y los carniceros no sufran como ya les ocurrió en su día los rigores de la prevención excesiva.
Los países ricos nos hemos vuelto un poco locos entre nuestra propia abundancia ¡Anda que no se quemaron vacas y terneras hace unos años cuando se hizo público el mal! Y digo yo que si no habría sido mejor enviar esas vacas a algún país del tercer mundo donde la gente se muere de inanición. No habría sido ético, es verdad ¿Pero lo es dejarlos morir de hambre? Alguno, posiblemente, habría caído víctima de la encefalopatía espongiforme esa, pero la de miles que habrían llenado sus estómagos y seguirían libres del contagio lo habrían agradecido mucho ¿Habría quedado minimizado el riesgo ante el beneficio de la alimentación general? Les podíamos haber dicho: “Tomen ustedes estas vacas. Están locas y puede ser que alguno de ustedes muera al ingerir su carne”. Y ellos hubieran contestado: “Que sí, que sí ¿Cuántos dicen ustedes que han muerto por comer esos chuletones? Ya, pues aquí caemos como chinches diariamente por no comer nada, así que, bienvenido sea el riesgo”.