COLOFONOSCOPIO// TONINO
Regocijémonos de que Santi Santamaria ponga en su sitio a la nueva cocina española, de que Gallardón atempere los ánimos del locutor Francófono de la Cope o de que alguien –aún por venganza– haya denunciado por fin al responsable de la Policía Local de Coslada. Pueden ser maniobras internas de sus respectivas corporaciones pero también la punta del iceberg crítico oculto por ese pensamiento único que nunca fue exclusivo de Aznar. El pensamiento único, al desnudo, aclara por qué los gregarios suelen ser tan aburridos y también tan sociables, su necesaria pasión de ir en rebaño. Todos conocemos a un jefe de planta, un director, un periodista, un constructor, un artista, un médico, un letrado y otras formas de poder cuya vulgar necedad les permite rodearse de acólitos ovejunos mientras la personalidad de su líder se va hinchando, como un enorme pedo que nadie quiere que explote por ciega conveniencia. ¿Qué placer sino el interés puede proporcionar el trato con seres que, para pertenecer a una comunidad, se relacionan con lo más bajo de su naturaleza? Disfrazados de ideólogos, de modernos o de eficientes ejecutores han provocado culpa y miedo en quien tenía más valía y la envidia de cualquier imbécil que ansiaba ocupar su lugar. Aprovechemos esta buena disposición que aparece muy raramente para denunciar las tomaduras de pelo por su nombre antes de acabar enterrados en nuestro silencio, que, por otro lado, es tan agradable y acogedor…
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
¿Qué está pasando con nuestra fauna de derechas? Los zoólogos tratan de explicar el extraño comportamiento que está teniendo la cabaña canina del PP en base a las diferencias de sangre. Liberales, conservadores, democristianos, se muerden entre sí.
Dicen que todo radica en la dificultad de mantener unidos al fiscal filonazi y ateo, con la monjita ecónoma de un colegio, con el terrateniente aficionado a las monterías fraternales, con el periodista inventor de la compraventa de información. Por la cosa genética. Galgos y podencos. Bueno, pues disiento, y estoy dispuesto a elaborar un documental científico para demostrarlo, si fuera menester.
Así como a las turbas desorganizadas, sin amos ni dineros, las congrega el temor al ruido de sables o de tambores… Así, los otros, los jerarquizados, sólo cierran filas al oír el sonido del dinero. No les conmueve el tintineo de la calderilla, sino el más sutil, el casi inaudible de la punta del bolígrafo rasgueando la firma en el papel de un contrato millonario. Es el apetito el que los une.
Ahí se ponen de acuerdo. Al repartir, siempre que toquen a mucho. Por eso están tan nerviosos. No hay alimento para toda la jauría y unos dan dentelladas mientras otros se marchan a buscar presas en otro territorio.
No hay cambio, ninguno se va a hacer herbívoro. Volverán cuando vean más merienda.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Los premios Príncipe de Asturias aspiran a ser un referente mundial de las Ciencias, las Artes, los Deportes y la Bondad Humana en general. Premian a tipos como Woody Allen o Bob Dylan (que a veces aparecen y otras no) para que la entrega de los galardones sea un baño de masas. El último fallo –¡diantre: doble sentido!– del jurado para las Artes se hizo público hace unos días: recayó en la iniciativa venezolana de orquestas juveniles (de nombre infinito y siglas FESNOJIV). Gentes de fino oído musical, como las respectivas embajadas venezolana y española en Madrid y Caracas y el ministro de Asuntos Exteriores, apoyaban la candidatura. Tras las dificultades diplomáticas de la Corona española con Hugo Chávez y las consiguientes amenazas de nacionalización de intereses españoles en Venezuela, esto suena un poco desafinado. Y más aún si se tiene en cuenta que uno de los finalistas era el compositor francés Pierre Boulez, el último de los grandes del siglo XX. No es cuestión de sospechar de la independencia del jurado, pero han perdido una ocasión preciosa para afianzar el anhelado prestigio, entre otras cosas porque disponían de premios a la Concordia o a las Ciencias Sociales para quedar bien, si es lo que se pretendía. Los méritos de la juventud filarmónica venezolana no son siquiera comparables con la obra de Boulez. Les Luthiers (también candidatos) tampoco tuvieron ninguna oportunidad en esta principesca opereta.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Mientras los grandes chefs se pelean por sus cosas de grandes chefs (que si tu haces los riñones de calamar con soplete, pues anda que tú que utilizas grasa de abdomen de pichón para freír…) nosotros, los del bocata de mortadela y las judías verdes, nos estamos metiendo para el cuerpo una cantidad de mierda que pa qué. Después de lo que ha dicho la OCU sobre la grasa que llevan algunos de los alimentos que ingerimos no sé si darme por contento porque las bolsas de patatas fritas lleven al menos un 56% de patata.
La ley permite a los fabricantes utilizar cualquier aceite que sea apto para el consumo humano, así que lo mismo estos señores que hacen tan ricos aperitivos (porque hay que decir que con una cañita las patatas con su grasa entran fenomenal) son capaces de poner a un sobrino a pegarse lingotazos de ese aceite con protección solar para el verano y si no la casca, lo empiezan a utilizar en sus fábricas para freír y matan tres pájaros de un tiro: reciclan el aceite que se untan sus mujeres en Gandía en agosto, las patatas no se les queman porque el aceite lleva la protección para no quemarse y a la larga nos matan a nosotros.
Es que está todo fatal. Lo mismo si el gobierno mete mano en el asunto, cambia la legislación y obliga a los de las patatas a usar aceite bueno, Esperanza Aguirre por llevar la contraria, como suele hacer, dice que en Madrid sí, que en su Comunidad está permitido freír con aceite de coche. Vete tú a saber.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Hace años, cuando aún duraba la burbuja, el Plan Renove estaba en su apogeo y vivíamos en un mundo feliz, era fácil pasar la ITV. Bastaba con ir un día laborable por la mañana para solventar el trámite en un pispás. El parque automovilístico se había rejuvenecido de un modo tan drástico y generalizado que llevar el coche viejo a que le pusieran el sello era un acto más bien raro y ominoso. Ahora sigue siendo ominoso, pero es mucho menos raro. Aun yendo un día laborable, si no llevas cita previa, muy bien puedes pasarte tres horas en la cola. Y es que aquellos coches tan alegremente adquiridos se estiran ahora sine die, mientras pierden el lustre y se van quedando atrás, en estilo y equipamiento, frente a las nuevas maravillas que nos oferta cada día la publicidad del ramo, la más elaborada y poderosa que existe. Junto a ellos, también quienes los conducen se van alejando del prototipo de individuo envidiable que protagoniza los anuncios. La ITV es una prueba para la máquina, pero por momentos llega a parecer un examen a la persona. Algunos van tan nerviosos que no aciertan a cumplir las instrucciones de los inspectores, cuya paciencia con la torpeza ajena resulta admirable. Los que aprueban suspiran de alivio, como si acabara de concedérseles una prórroga vital. Los que suspenden, abandonan el lugar cabizbajos. Más que
rechazarles el coche, diríase que les han desahuciado el alma.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
El cocinero Santiago Santamaría ha montado la de Dios es Cristo al decir en voz alta lo que todos sabemos: que la cocina moderna es una gilipollez. Su apreciación más jugosa ha sido diagnosticar que sus compañeros de oficio se dedican, básicamente, a “entretener a los snobs”. Subsecuentemente, su compañeros de oficio lo han crucificado.
En Bananas, de Woody Allen, una miss subida a un estrado declaraba algo como esto: “La libertad de expresión está bien, pero siempre que se opine igual que la mayoría. Lo contrario es subversión.” España (¿quién es España?) tiene por costumbre arruinarle la vida a todo aquel que, sin más, diga lo que piensa, ya sea un escritor, un columnista, un director de cine o un político. El cobarde axioma periodístico “perro no come carne de perro” tiene curso legal en todas las profesiones, donde lo único aceptable es ser un mafioso y contribuir con todas tus falsas sonrisas al sistema de autobombo, contactos, enchufes y enriquecimiento mutuo que es inherente a un grupo de presión.
La salida en tromba de los michelines (cocineros que, nuevamente mediante sobornos y zalamerías, han conseguido unas más que dudosas condecoraciones) viene a confirmar el arresto domiciliario en el que se encuentra la libertad de expresión en España.
En resumen: no pienses; o piensa muy bajito, porque todo está tan podrido que pedir la palabra es como pedir el último cigarrillo antes del fusilamiento.
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
El granizo de noticias sexuales nos deja un panorama resbaladizo. A principios de semana se hizo pública una encuesta según la cual siete de cada diez españoles prefieren el fútbol al sexo y el miércoles se difundió que el 60% de las mujeres sufre algún tipo de disfunción sexual. Ya no se sabe si ellos se refugian en el fútbol por la falta de deseo de ellas o si a ellas les falta libido por las prioridades de ellos.
Al final va a ser cierto ese anuncio casto pero alcohólico: si él te besa en pleno partido no es por pillar cacho sino para alcanzar la ansiada cerveza. Y sí, si ella argumenta que le duele la cabeza en realidad quiere ahorrarse el tan dramático ya no me pones. En economía esto se llama externalidad positiva. Él no necesita disculparse para ver el fútbol ni ella, justificar sus cenas fuera. Ambos ganan porque cuando vuelven a casa los dos piensan en una sola cosa: el postre. ¿Será que pertenecen a los núcleos minoritarios de las encuestas, será que de verdad prefieren un Magnum a un orgasmo o será que no son pareja?
A todo esto se suma la ocurrencia de una legisladora ecuatoriana que pretende garantizar a las mujeres una vida sexual satisfactoria por decreto; un terreno en el que Hollywood lleva ventaja con sus cláusulas matrimoniales. Acuérdense de cuando JLo le exigió a Ben Affleck cuatro relaciones sexuales a la semana y él se esfumó cual genio de la lámpara. Lujuria, gula o pereza… y tú, ¿de quién eres?
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Envejecer es asunto sencillo: basta con dejar que pasen los años. Todos tenemos la sensación de que nacimos tarde, de que algo nos hemos perdido. Viene esto a colación (¡qué expresión tan bonita!) por lo de Mayo del 68 y su 40 cumpleaños. Aquellos finales de los sesenta eran días confusos que la propaganda del régimen de Franco aprovechaba para reafirmar su vigor frente a la decadencia de los países rojos y masones de más allá de los Pirineos. Como entre brumas, y a la vez que la familia Telerín (que no tenían padres), surgían los nombres de Daniel Cohn-Bendit, Angela Davis, Benardette Devlin, Sirham Bishara Sirham o Charles Manson, todos mezclados sin orden ni concierto y sin que supiéramos muy bien a qué se dedicaba cada uno de ellos. Las drogas, por lo visto, eran cosas muy malas que estaban arrasando a la juventud del mundo salvo en España; acto seguido, y sin saber muy bien a qué venía, nos decían que el pegamento Imedio SÓLO servía para hacer trabajos manuales y no para comérselo. Lo curioso es que, al llegar a casa del colegio, te largaban un pelotazo de Quina Santa Catalina (que anunciaba el personaje Quinito en la tele) y se quedaban tan anchos. “Para que crezcas fuerte y sano”, te decían. Quizá por culpa de aquel vinazo, los infantes de aquellos tiempos tenemos tan borrosos los recuerdos de Vietnam, Martin Luther King, la boda de John Lennon y Yoko Ono en Gibraltar y las barricadas de París.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
La carretera es una verdadera pandemia en nuestro país. A pesar de todos los esfuerzos realizados en los últimos tiempos, el número de vidas que el asfalto se lleva por delante o las que deja malheridas cada año, continúa siendo alarmante. Pero tanta concienciación, tanta campaña de la DGT pueden caer en saco roto si nos topamos, así de sopetón, con noticias como la de ese energúmeno al que han pillado en Tarragona a 196 kilómetros por hora, sin carné y drogado hasta la caspa se va de rositas a su casa. ¿Qué atenuantes habrá encontrado ese juez? Ese es otro de los grandes problemas de este país: los criterios jurídicos. La ley es la ley, pero lo es más o lo es menos dependiendo de quién la interprete. Noticias como la del conductor temerario de Tarragona hacen que la sociedad se indigne, pero esa irritación encuentra, al menos, un pequeño consuelo al comprobar que el infractor se lleva un merecido castigo. En caso contrario esa labor de concienciación social a la que arriba hacía referencia, sufre un tras pies, cuando no una marcha atrás. El individuo salió en libertad con cargos. Con cargos sí, pero sin escarmiento.
¿Qué hubiese pasado si ese conductor insensato se hubiese llevado por delante a alguien? ¿O si lo vuelve a hacer? El titular del Juzgado de Instrucción nº 5 de Tarragona estaba de guardia. Si llega a estar de guardia en una guerra, se nos cuelan los enemigos hasta la cocina.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Si usted ha pasado por una ruptura sentimental, no es del todo improbable que se lleve mal con su ex pareja, ni tampoco que tenga alguna cuenta pendiente con ella y abrigue deseos de venganza. La condición humana es así, no tiene por qué avergonzarse. También es posible que cuando se encuentra a ese ser, al que antaño amó, le hierva la sangre y no pueda reprimir las ganas de insultarle y ponerle en su sitio. Incluso cabe que, en el fragor de la discusión, le apetezca soltarle una bofetada, un puñetazo, un puntapié o infligirle cualquier otra forma moderada de vejación física. Es un impulso igualmente humano.
Por eso, el legislador español, en su infinita sabiduría, ha previsto para estas conductas el tratamiento más adecuado a su naturaleza. Si usted da en gritar, insultar, amenazar o abofetear a su ex pareja, como se trata de algo que resulta comprensible que usted haga, podrá llevar a cabo su desahogo sin otra consecuencia que el abono de una módica multa. No es que se le anime, por supuesto, pero tampoco se espera mucho que usted se aguante y deje de hacer lo que le pide el cuerpo. Eso sí: siempre que usted sea mujer. Porque si es hombre, más le vale estarse quieto y calladito, incluso si es su ex pareja la que le agrede e insulta. En caso contrario, y según acaba de bendecir nuestro Tribunal Constitucional, lo condenarán a prisión. Y es que a usted, lector varón, no le asiste el femenino derecho a la cólera. Así que, a contar hasta mil.