EL DECANO // JUAN LUIS CANO
Lo que son las cosas, no hace uno más que oír que si la crisis tal, que si la crisis cual, que si esto va fatal, que si va a ir peor… Los de la construcción se quejan, los bancos te buscan hasta los dientes de oro antes de prestarte cien euros, sube la gasolina… Pero mira tú por donde salen publicados los resultados económicos de los bancos y de las eléctricas y resulta que han ganado un pastón. La foto que publica la prensa del señor Botín no sé si será de archivo o actual, pero rebosa felicidad (La verdad es que esa foto podría ser de cualquier momento porque siempre gana). Cualquiera luciría tan radiante si le dijeran que ha ganado 4.730 millones de euros. Está claro que crisis hay, pero es para los de siempre, que además somos los tontos que tenemos que soportarla, apretarnos el cinturón y aguantar los envites de la escasez. Un trabajador cuando ahorra puede soportar, mal que bien, la época de vacas flacas, pero un empresario del calibre de los que estamos hablando se forra, que yo no digo que no deba de hacerlo, pero cuando vienen mal dadas se esconde tras la paranoia generalizada y echa balones fuera para que sean los demás quienes aguantes el tirón. Lo mismo les pasa a las inmobiliarias que después de haber ganado millones y millones durante estos últimos años ahora despiden a los trabajadores y que sea papá Estado, es decir nosotros, quienes asumamos el embolado. Habrá quien piense que es un artículo un poco demagogo y falto de rigor, pues sí.
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
El estío está lleno de ritos iniciáticos. Aparte de los tangas, es su mayor virtud. Que levante la mano quien no recuerde la bici en la que aprendió a estamparse. Y la nariz contra el muro, como un mosquito. Tu primer impacto sobre el adobe, sobre el asfalto. La rugosidad de la superficie que penetra más allá de la piel y te muestra que, por debajo, eres un mar rojo. Ni que decir tiene que te da por abrir la boca de par en par para proclamar tu desacuerdo con el mundo y el llanto provoca la risa de los mayores. Mejor no mirar a esos imbéciles. Y corres como puedes hasta la fuente para lavarte.
En tu caso, ¿quién se dejó el aliento prometiéndote que te sujetaría el sillín, asegurándote que nunca caerías? Esa es la razón por la que la bici se enseña pronto, cuando la credulidad aún late intacta. De otro modo aprendes con la garantía de que dolerá. La misma inocencia funciona con el primer salto a la piscina. Siempre hay alguien a tu alrededor convenciéndote de que no te soltará. Es lo que tiene el verano: promesas intangibles. Como el chico de los ojos grises que te garantizó que volvería el próximo verano y te dejó la otra moraleja del estío: sólo las abuelas no fallan. Esas que los domingos te hacían chocolate y se sacaban el pañuelo de las tetas para secarte los lagrimones. Las mismas que te enviaban a comprar huevos de corral a la casa de la señora Tomasa. Temporada de rebajas, de posibilidades de ocasión y vacaciones en el pueblo… El verano es la metáfora más clara de lo que te espera. Más que aprender la bici, el mar, el beso, aprendes las hostias.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Debido a la publicación por parte de Lengua de Trapo de la novela La pella he tenido ocasión de conocer a José Ángel Mañas, ese que iba al Kronen los sábados por la noche. Es majo. Es alto. Está delgado. Las becarias se le desmayan. Contrariamente a lo que uno pudiera esperar, no está todo el rato perdiendo bolsitas de cocaína. Tampoco (y esto hay que agradecérselo más que lo de la coca) se eterniza hablando de lo importante que fue su novela. No tiene aspecto de leyenda o maldito o cualquiera de las variantes habituales de la gilipollez literaria. Ni siquiera es especialmente llamativo. ¿Qué tomas, Mañas? Una cerveza se toma, el Mañas. Eso hay.
El autor se hizo famoso en los noventa, cuando algunos no sabíamos que publicar una novela lo hacía cualquiera. Mañas se instaló en nuestro cerebro como un pequeño mito, justo a la derecha de Ray Loriga. Eran dos tipos que molaban. Escribían libros y hacían rabiar a Carlos Boyero o Pérez Reverte. Parecían tener todas las respuestas y casi todas las preguntas. Su obra sería evangélica o no sería.
Finalmente, resulta que a los veinteañeros de hoy Loriga y Mañas les importan un comino. Resulta que ambos están en realidad bastante a gusto haciendo libros e hijos, con el pelo cortito y alguna corbata anudándose entre sus manos. Resulta que no tenían nada que decir, nada que cambiar, nada que oponer.
Resulta que toman cerveza.
Pero, ay, cómo molaban, sí; antes.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
En el medio del camino del cruel verano, llega la hora de deshacerse de todas esas revistas que dan consejos de belleza, salud y glamour para afrontarlo con donaire e hidalguía. El esfuerzo periodístico es encomiable pero vano: al final todos recurrimos al mismo flotador de patito, la misma sombrilla y el mismo bronceador que el año pasado. Mejor, pues, hacer un hatillo y llevar todo este papel al contenedor de reciclaje. Pero antes de arrojar cualquier revista a la basura, conviene echar un vistazo por si tiene algo interesante que guardar. Así, este redactor se encuentra hoy con una portada que anuncia, entre todo un festival de reportajes, una posibilidad desconocida: “Accesoriza tu bikini”. Pasmo y estupor, porque hasta ahora las cosas se podían adornar, engalanar y hasta tunear pero la accesorización es rabiosamente nueva. Mi bikini ha experimentado una transformación digna de la mutación de la Patrulla X. Un accesorio puede ser algo imprescindible (la cuerda de una guitarra, la bujía de un motor) pero el concepto de “lo” accesorio hace referencia a lo superfluo. Esto no vale para mi bikini accesorizado. La canción de The Cramps, Chicas en bikini con ametralladoras, cobra un nuevo sentido. Un buen arsenal de armas ligeras y pesadas siempre accesoriza que te mueres. Tanto que, para morir tiroteado, no hace falta ni siquiera el bikini. Creo que guardaré esta revista para el verano que viene.
EL DECANO//JUAN LUIS CANO
Una vez más uno se queda con los ojos abiertos como platos soperos cuando se entera de algunas decisiones judiciales. Esta vez lo comento en referencia al caso Nanysex, ese cerdo y sus coocerdos, que venían haciendo lo que ya todos sabemos y que no explico, porque solamente recordarlo me provoca nauseas. Parece ser que la judicatura ha tenido a mal decidir que no son agresiones sexuales, debido a que: “No se aplica dicha fuerza a un acto continuado y constante, tendente a vencer la resistencia y voluntad que pudiera presentar la víctima, que intenta preservar así su libertad sexual.” ¡Y se han quedado tan panchos! ¿Se habrán preguntado esos señores tan serios del juzgado el por qué las víctimas no opusieron resistencia? ¿No será porque eran menores de cinco años? Va a ser que a lo mejor era por eso. Desde luego muchos de nuestros jueces, de leyes sabrán un huevo, que para eso han perdido la juventud empollando, pero la sensibilidad se les debió de quedar perdida entre los renglones de los tochos que se tuvieron que aprender al opositar. Sentencias como esta son las que hacen que la gente esté tan alejada de la fe en la justicia. Así, desde luego, no se consigue que uno se sienta protegido. No sé si los sentenciados por pederastia o pedofilia pueden acceder a beneficios penitenciarios, pero en caso de que así fuese, el cerdo y sus coocerdos podrían apuntarse a un taller de bricolaje dentro de la cárcel y salir a la calle en menos de lo que se persigna un cura loco ¡Ver para creer!
LORENZO SILVA// AGUAS HELADAS
La justicia portuguesa ha decidido cerrar el caso de la desaparición de la niña británica Madeleine McCann. Resulta frustrante, cuando se sigue sin saber qué sucedió con la pequeña, pero hay que entenderlo. Ha sido más de un año de investigación retransmitida casi en directo por los exasperantes medios sensacionalistas del Reino Unido, cuya más notoria cualidad es la de hacer añicos todo lo que se les pone por delante. Los investigadores portugueses primero apuntaron por la vía de la desaparición, que era la que sugería la telegénica pareja McCann, y su falta de avances en esa línea los expuso a los zarpazos de la fiera, que poco menos que los tildó de paletos incompetentes. Luego, cuando algo empezó a resultar mosqueante en la conducta previa y subsiguiente de los afligidos progenitores, los policías lusos cumplieron con su deber señalándolos formalmente como sospechosos, lo que entre otras cosas les daba a los McCann mayores garantías de defensa. Y los tabloides volvieron a sacar tajada, primero apuntándose a la imputación, luego desdiciéndose olímpicamente para volver a dejar a quienes la habían formulado a los pies de los caballos. Los indicios no se han convertido en pruebas concluyentes, las teorías alternativas no funcionan, así que, hartos de recibir, los portugueses se rinden. Pero no nos engañemos: la verdad sigue estando oscura, Madeleine quién sabe dónde, y la única ganancia, en los bolsillos de los buitres que revolvieron esta carroña.
¿VENTANA O PSILLO?// ISABEL REPISO
Llegó el verano y nos dio la pájara. El relajo se impone en la parrilla televisiva y no sólo. La otra noche asistí atónita al contenido radiofónico más currado del año cuando retransmitieron (es un modo de llamarlo) ¡un truco de magia! Vayan ustedes a saber si el cinco de picas era eso o algo parecido. Con razón el programa se llama A ver si te atreves. Lo próximo con lo que podían deleitar a los oyentes son concursos de acrobacias, con la buena fe como único criterio valorativo. Lo cual ya sería una declaración de intenciones que sólo podría saldarse rebautizando el espacio A ver si te atreves… a escucharnos. Esto lo cuentas y no te cree ni Caponata. Se imaginan que te lo inventas. Ojalá, pienso. Ya me gustaría ser así de absurda más días al año. Al modo de Los conejitos suicidas de Andy Ridley o la cyborg de Park Chan-Wook [googlea, googlea maldito]. Este tipo de descubrimientos radiofónicos demuestra que los sketches nacional delirantes no son exclusivos de Joaquín Reyes. Hay vida más allá. Para desternillarte, basta ser un pobre insomne y sintonizar el programa adecuado, a la hora precisa. Luego está el cada vez más manido recurso de proponer acertijos, dejar que los tertulianos piensen en voz alta y, tras pregonar la marea de e-mails que proponen una solución, desvelar el misterio. Me pregunto por qué tanta necesidad de aligerar contenidos. Total, el que está de vacaciones se pierde. La gracia consiste en eso. Y si no, ¡qué pereza!
EL OJO DE LA MOSCA // JULIÁN HERNÁNDEZ
Me comentaban el otro día que en las escuelas de imagen se estudia el asunto de las audiencias, cuotas de pantalla, shares y demás conceptos de muchísima misteriosidad. Aparte de la teoría, se analizan casos concretos, como debe ser, y uno de ellos era especialmente singular. Durante la emisión de una serie matinal se producía invariablemente cada día una caída de la audiencia del 50%. Los expertos no daban crédito pero los datos no mentían: la mitad de los espectadores apagaban la televisión sin conocer el desenlace del capítulo pero al día siguiente la volvían a encender. Esta fidelidad no encajaba con ningún esquema conocido ni respondía a alguna contraprogramación. Investigado a fondo el misterio acabaron dando con la solución. Al parecer, una señora que tenía en su casa un medidor de audiencias apagaba el televisor a la misma hora todos los días porque debía acudir a un asunto familiar diario fuera del hogar. Los números saltaban por los aires y la audiencia caía de golpe. Es como una metáfora de esta democracia unificada. Si un sólo presidente de un país con armas nucleares aprieta el botón rojo, estadísticamente es una birria pero nos vamos todos a la porra. No sería de extrañar, pues, que algún grupo terrorista empiece a utilizar medidores de audiencia para desestabilizar al sistema y volver locos a nuestros estresados gobernantes. Ya lo pronosticaba El Aviador Dro: ¡anarquía en el planeta!
EL DECANO // JUAN LUIS CANO
Algunos de nuestros políticos deben de creerse que la ciudadanía es tonta. Es inaudito, increíble, insultante, que ahora la Comunidad de Madrid, comandada por la lideresa díscola, Esperanza Aguirre, haga una campaña publicitaria sobre lo afortunados que somos los madrileños por vivir o haber nacido en una comunidad en la que lo público es tan maravilloso, donde gracias a la sanidad de todos y la educación gratuita para todos se consigue que el paraíso de atención y servicio se abra a nuestros pasos. ¡Pero, coño, si se este sistema público se lo están cargando! Si la lideresa y sus chicos y chicas están como locos por privatizarlo todo… Los colegios concertados, es decir, privados, crecen como chinches, los hospitales más o menos igual. Se desecha la sanidad pública descaradamente y algún que otro consejero tiene que salir en los medios justificando descaradamente su actitud… ¿Y ahora nos vienen con la campañita esa de ‘Viva lo público’? Por favor, un poquito de seriedad y de respeto a la inteligencia ciudadana.
Si alguien está convencido de que su forma de pensar y proceder es la correcta no debe ocultarla o enmascararla, porque lo único que obtendrá será desconfianza. Así que señores de la Comunidad de Madrid, si a ustedes les da por allí lo público, porque creen que es mejor lo privado, díganlo abiertamente y si la mayoría del personal lo acepta, seguirán haciendo y deshaciendo y si no, pues a joderse.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Vivimos en un país maravilloso. Hay muchas razones para pensarlo, pero una de las más fascinantes es la cantidad de veces que a nuestros responsables públicos (concejales, alcaldes, presidentes de diputación) les toca la lotería. En otros países, indudablemente menos maravillosos, ser alcalde o concejal sólo le reporta a uno quebraderos de cabeza. Pero en este que nos alberga los sinsabores del cargo vienen compensados, y de qué forma, por el favor del bendito bombo, que una y otra vez riega los euros a miles sobre nuestros esforzados munícipes. El último del que hemos sabido es el ex alcalde de Seseña, el mismo que casualmente dio en recalificar unos sembrados adquiridos a bajo precio para que un constructor de subterráneo apodo levantara sobre ellos una ciudad más grande que el pueblo originario. Algunas mentes malévolas se han lanzado a especular sobre la posibilidad de que exista alguna relación entre los dos hechos. Gente que no sabe apreciar las leyes del azar. La suerte es de quien la persigue con convicción, y seguro que el ex alcalde le puso al asunto todo su ahínco. Pero como puede entenderse que esta especial querencia de la fortuna hacia los hombres públicos inquiete a los ciudadanos más simples, la solución es muy sencilla: en adelante, identifíquese vía DNI a los compradores de billetes de lotería, como se hace con quienes adquieren un teléfono móvil con tarjeta prepago. Verán como les sigue tocando. Y es que se lo merecen.