CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Abra el diario El País. Escoja un tema de la sección de sociedad del que no sepa nada. Léase el artículo con lágrimas en los ojos. Cierre el periódico. Siéntase solidario y, por qué no, merecedor de algún premio. Póngase a trabajar.
Llame a sus amigos de siempre. A los actores de siempre. Al productor de siempre. Seguramente estén casi todos en el jardín de sus respectivas casas y tarden en llegar al teléfono. Sea paciente: es por una buena causa. Alzheimer, malos tratos, violencia de género, pobreza, paro, vida en prisión… Ya sabe, esos temas que tanto le preocupan desde hace 24 horas.
Haga un guión en el que quede claro quiénes son los buenos, quiénes los malos y que la gente pobre es fea, come mal, está siempre triste y tiene la lavadora rota. Váyase deprisa a pillar las mejoras calles del barrio de Aluche que hay mucha competencia en esto del cine español comprometido.
Empiece a rodar. No se olvide de sacar a una familia comiendo ante la televisión mientras dan noticias terribles. No se olvide de filmar dentro de un bar espantoso. Y no se olvide de informar a El País de la película tan importante que está usted haciendo.
Finalmente, ignore el hecho de que los obreros no van a ir a ver su película de obreros, ni las mujeres maltratadas su película de mujeres maltratadas, ni los inmigrantes su película de inmigrantes.
No se lo tome a mal, pero parece que tienen cosas mejores que hacer.
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
Ole, mi seño. Esta Presidenta es una genia. Probablemente dentro de Esperanza Aguirre haya latente una ácrata furibunda, una enemiga del Estado en todas sus manifestaciones. Una niña revoltosa. Una vegetariana. Ha empezado a privatizar, camino inmejorable para acabar con las estructuras, desde dentro.
En ese terreno me permito sugerirle, con humiladad, algo que sería de una rentabilidad insuperable: Privatizar el Museo del Prado con todos sus achiperres.
No me refiero a la decimonónica idea de reunir los cuadros antiguos, venderlos a millonarios americanos o árabes y repartir el dinero entre las hordas bohemias. Ni siquiera la idea de los años veinte del siglo pasado de acabar con el arte caduco: deshacerse de la morrala de Velázquez, Rubens y Tiziano y reemplazarles con firmas nuevas: fabricar nuevo arte, desde cero.
No, no, de lo que se trataría es de optimizar el negocio. Subida del precio de la entrada, con salas VIPS (Las meninas, para los exquisitos). Subastas de cuadros que ahora están en los sótanos, muertos de risa… Alquiler de obras para convenciones y fiestas privadas… Si hay que vender algo del fondo, pues se vende. Ya habrá tiempo para comprar.
A lo mejor es menos claro –todavía- que lo del Canal de Isabel II, pero sin duda sería un gran negocio. Yo me pido el merchandising de El jardín de las delicias.
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
El mismo día en que Stephen Hawking aparecía en la Universidad de Santiago de Compostela –el miércoles pasado– se estrenaba en La 2 de TVE la serie de Alex de la Iglesia, ‘Plutón BRB Nero’. Por muy distintos que parezcan ambos espectáculos, el mensaje era el mismo: “¡Vámonos de aquí ya!”. Hawking lo sintetizaba con su sintetizador de voz: “En cien años, la humanidad tiene que estar huyendo al espacio o moriremos todos”. De la Iglesia cuenta en su serie cómo será la huida: tendremos que mandar exploradores que encuentren un sitio con agua y oxígeno para poder vivir. Nos tenemos que ir para no volver a este planeta inhabitable y, como ocurre en cualquier migración humana, no podremos llevarnos todo. Por muy grandes que sean las naves que construyamos al efecto, tendremos que dejar las pirámides de Egipto, los sanfermines, El Escorial, los fiordos noruegos y el bar de Manolo. (Bueno, de este último nos podemos llevar las botellas ocultas entre las páginas del Espasa, como hizo el capitán Haddock en su viaje a la Luna con Tintín). Aprovechando las mudanzas, siempre nos deshacemos de basura que no merece la pena guardar. La humanidad tiene muchas cosas –que guarda en bibliotecas, museos y archivos– por simple síndrome de Diógenes y que tampoco cabrán en el equipaje. Pero la estupidez no ocupa lugar y mucho me temo que la llevaremos a los confines de la Galaxia. Será el principio del fin del universo conocido.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Al final de la escalinata de entrada del hotel María Cristina de San Sebastián, por donde suben y bajan los glamurosos personajes que dan sentido al festival de cine, hay eternamente apostado un expectante, entusiasmado e insólito grupo de cazadores de autógrafos, o de fotos, o de sonrisas o de simples miradas, que madrugan y trasnochan para ocupar su puesto de guardia, en espera de que alguna de las figuras que hasta ese momento tenían piel de celuloide, baje de su pedestal y se fije en ellos, aunque sea solamente durante una fracción de segundo. Hasta ahora yo veía el fenómeno de los fans como una crisis pasajera que la juventud provoca en algunos individuos, pero después de verles de cerca, de hablar con ellos, de observarles recostados uno contra otro, reposando el cansancio, pero sin desfallecer, por si se les escapara algún famoso, he descubierto en ellos una cierta pátina de ternura. Les he visto llorar, compungirse, temblar, extasiarse, rozar el cielo con la punta de su ilusión, solamente por un guiño, por un garabato ininteligible sobre su cuaderno… Sí, hay algo emotivo en sus figuras… Y, sin duda, son también un elemento más del evento, tan importante como las ruedas de prensa, las fiestas, los cochazos que esperan a la estrella o las luces que les iluminan. Si nadie gritara a Banderas o Bardem al entrar a su hotel, si no hubiese quien estirase su mano para tocarles… un festival de cine sería triste, muy triste. Perdón, me voy, que acabo de ver a Melanie Griffit. A ver si me da un autógrafo.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Para juzgar los crímenes nazis, los aliados montaron todo un tribunal. Lo pusieron en la ciudad alemana de Nüremberg y este nombre pasó a ser sinónimo del proceso de depuración del fascismo germánico. Nosotros, que somos así de chulos, tenemos a un superhombre que se basta, con el reducido equipo de su juzgado, para acometer él solito la purga de nuestro fascismo patrio y su pila de atropellos a la Humanidad. Todo ello, mientras se dedica a otras fruslerías, como lidiar con la parte que le toca de las pertinaces hazañas del último grupúsculo terrorista autóctono de Europa, de los mu-yahidines que pueda enviarnos Al Qaeda y del narcotráfico del país que es la plataforma logística natural para el comercio intercontinental. La denuncia pertinente para que Garzón pudiera instruir la causa de nuestro genocidio castizo se presentó, casualmente, el día que él estaba de guardia.
Muchos pensamos que debe restituirse la memoria de todos los arrollados injustamente por la barbarie, moleste a quien moleste (y provenga de donde provenga la barbarie). Pero cabe dudar que ésta sea tarea para un solo hombre y, sobre todo, si el que se ha abalanzado a acometerla, dejando aparte su entusiasmo y su loable laboriosidad, es el más adecuado. Mejor vendrían para ese tajo unos funcionarios grises, a los que pudiéramos agradecerles el esfuerzo pagándoles su sueldo. Y eso es algo que a nuestro Omnijuez hace ya tiempo que no le basta.
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
¿Qué le pasa a Italia? ¿Lo que quieren los italianos? Pues como continúen con estos retrocesos de libertades van a acabar volviendo a la época de Julio César, auque, tal y como están las cosas, la censura de Berlusconi también prohibiría que los hombres llevaran las falditas esas de aquella época con que vestían los legionarios. Ahora resulta que al personaje éste le molesta la película de Oliver Stone, porque la imagen que ofrece de Bush no le gusta y como no le gusta pues se quita y punto peloti. Este Berlusconi es de esos mandatarios al que seguramente se le llenará la boca y se le inflará el pecho cada vez que hable de democracia, porque como llegaron al poder por las urnas… Ahora bien, una vez que han llegado se hace lo que ellos mandan guste o no guste. Y digo yo ¿Si alguien decide hacer una película sobre George W. Bush cómo, coño, va a ofrecer una buena imagen del personaje? El Festival de Cine de Roma se va a quedar sin la peli de Stone, pero en su lugar han decidido poner otra mucho más didáctica y al gusto berlusconiano, que trata sobre los delitos de los partisanos tras la era fascista italiana. Lo normal. Para el próximo Festival de Venecia alguien debería escribir un guión sobre la vida de las Mama Chicho, que eso es mucho más fácil que cuele en el panorama cultural del país que le gustaría tener al primer ministro italiano. O lo mismo pide al Santo Padre, que le tiene a tiro, que beatifique en vida al trío Calavera: Bush, Aznar y a él mismo. Si no, al tiempo.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
El palabro tiene su historia: así se llama un juego popular afgano la mar de edificante, en el que dos equipos de jinetes se disputan los restos de una cabra decapitada. Su reglamento es sencillo: todo vale. Pero Buskashi es también el título de un libro, escrito por el médico italiano Gino Strada y publicado en España por Lengua de Trapo, en el que el autor relata su experiencia en Afganistán allá por el otoño de 2001. ¿A alguien le suena qué estaba pasando entonces por allí? Gino Strada y sus compañeros de la ONG Emergency lo vieron en primera fila, merced a su temerario empeño de mantener abierto, y listo para atender a las víctimas de la guerra contra el terrorismo, el hospital que habían construido en el Kabul de los talibanes. Para ello, cruzaron la frontera desde Pakistán y entraron en el país del que a la sazón todos huían. Su testimonio resulta esclarecedor. Como dice Strada, cayeron las torres y lo pagaron los afganos: un pueblo cuyo solo delito era haber sido invadido por fanáticos instruidos y armados por la superpotencia justiciera. Buskashi nos traslada al interior de ese drama, que entonces nos hurtaron. Nos acerca a los talibanes (no todos igual de cafres, por cierto) y también a los muyahidines que los combatían. Vemos dónde y sobre quiénes (civiles, sobre todo) cayeron las bombas de la coalición. Es un libro amargo, pero también ejemplar. Leerlo ayuda a entender por qué, siete años después, los dos equipos siguen disputándose la cabra.
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
Nuria se despierta con un nombre en la cabeza: Alice Springs, Alice Springs, Alice Springs… ¿Una cantante, una marca de moda? Nuria se levanta, en busca de un sorbo de agua, sin saber todavía quién narices es la tal Springs. Podría ser un personaje de Paul Auster o una bebida energética. Puestos a imaginar, podría ser una hamburguesa o una estrella del porno: rubia, recauchutada, encantadora. La visión de una silueta exhuberante frente a unos focos la devuelve a la realidad y por fin recuerda que Alice Springs es una ciudad. Lo supo el otro día, tras exponerse a un panel de infrarrojos, Perpetual Sunshine, de los suizos Fabric/CH.
Nuria descubrió la instalación artística en plena noche, justo cuando el sol se estaba poniendo en Alice Springs. Una ciudad que ahora le pertenece, aunque sólo sea en fantasías. Un lugar que, en su cabeza, imagina con una costura de mar y con acento cubano. Poco importa que la verdadera Alice Springs se encuentre en el corazón desértico de Australia. Nuria bebe media botella recién sacada del frigo. Es consciente de que existen ciudades que jamás visitará y Alice Springs puede ser una de ellas. También es consciente de que si se hubiera retrasado esa madrugada, nunca hubiera sabido de la existencia de Alice Springs y eso es algo que simplemente le horroriza. Porque Nuria es una de esas que ni cree en el azar ni frecuenta cartomantes y –por supuesto– aspira a tener todo bajo control.
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
Siguiendo la tendencia creativa, tan audaz, tan libre, descubierta (¿?) por el cantante Bunbury (“Vas por ahí. Oyes, lees, apuntas…”) me lanzo a escribir con el método Copy paste.
Nunca ha habido imperios sin esclavos. Todos los coliseos, acueductos, calzadas, murallas, castillos y catedrales se elevaron sobre musculaturas humanas sometidas a un ideal. Debajo de una gran epopeya siempre hay una gran ignominia.
El imperio español iba directo hacia Dios, pero antes hubo que cazar negros a lazo, llevarlos a América y someterlos a trabajos forzados. Inglaterra era la dueña del mundo mientras en sus minas de carbón en el siglo XIX todavía trabajaban niños 16 horas diarias, lo que permitía a la aristocracia británica fundar todos los deportes y tomar el té rizando el meñique.
El espectáculo de la apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín fue la demostración ante el mundo de que China está preparada para recoger el testigo.
Si la esclavitud, bajo diversas formas, ha hecho la historia, vaya usted tomando nota.
¿A que es una pieza cojonuda? Suena muy bien: una prosa clara, contundente, culta, con humor… Es de don Manuel Vicent, pero yo la firmo/adopto, y a poner el cazo. Lo chungo es que la semana que viene –por prudencia– no puedo beber de la misma fuente. Tendré que anotar textos de otros autores, y a lo mejor alguno se cabrea.
EL OJO DE LA MOSCA // JULIÁN HERNÁNDEZ
¿O era histérica? Es que no me acuerdo… Bueno, da igual. A lo que iba. En Galicia (¿o era Alicia?), el último País de las Maravillas, la vieira está en boca de todos. En fin, de algunos, porque otros lo que se llevan a la boca es mortadela con aceitunas. La diferencia está en que el comedor de vieiras no recuerda que se las comió y la mortadela se queda grabada a fuego en los más recónditos lugares del cerebro. Ahora, los restauradores del cuerpo están bajo sospecha de distribuir toxinas que destruyen el alma. Porque, ¿qué si no es la memoria? De poco vale la reencarnación si no recuerdas haber sido un escarabajo de la patata (curiosamente, los que recuerdan algo fueron, en una vida anterior, princesas etruscas o tigres de Bengala).
Los peregrinos del Camino de Santiago lo recorren con un palo y una concha de vieira. Es por ello que sólo gracias a las fotos hechas con el móvil recuerdan la paliza que se metieron el verano pasado. Como a una acción corresponde una reacción, los vendedores de rabos de pasa están haciendo su agosto en septiembre. La toxina del olvido, oculta en el molusco, no es un virus informático, aunque algo se colara en los potentes ordenadores usados para diseñar la Cidade da Cultura de Compostela. El monstruo (ideado por el conselleiro de Cultura de Fraga, el de la famosa cantante Carmina Burana) tiene, visto desde el cielo, forma de vieira. De ahí que el cielo se haya olvidado de nosotros.