EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Jí, jí, jí… Van y organizan por ahí fuera una fiesta para que el capitalismo se reorganice y no invitan a España. Jí, jí, jí… Es un poco patético para estos peripatéticos dirigentes que siempre andan por ahí, en la puerta del camerino, a ver si se pueden sacar una foto con alguno de sus ídolos. Porque más que políticos, tenemos fans; y más que diplomacia, una especie de beatlemanía histérica. Jí, jí, jí…
No se aprendieron la máxima de Groucho Marx: yo jamás pertenecería a un club que admitiera a tipos como yo. Si ya lo decía Lichis (La Cabra Mecánica): no me llames iluso porque tenga una ilusión. Jí, jí, jí… A estos ilusos ni siquiera les toca bailar con la más fea porque llevan mucho tiempo fuera del baile. Lo curioso es que a nosotros nos da igual. De hecho, hasta resulta (jí, jí, jí…) divertido ver sus caras con un palmo de narices. En lo cultural, van los gabachos y adelantan por el arcén organizando una exposición en París con Picasso al lado de Velázquez, El Greco, Goya y toda la panda. En lo político-económico se hartan de decir que aquí todo va bien, que todo esto es fetén y tienen que guardar el traje de fiesta para mejor ocasión. Jí, jí, jí…
Nosotros ya tenemos nuestro botellón organizado con risas y llantos; pero ellos miran desconsolados, desde el otro lado de la calle, las ventanas iluminadas de la casa del niño rico con las siluetas de los invitados bailando y brindando. Jí, jí, jí…
EL DECANO// JUAN LUIS CANO
Mira tú por donde siempre sale un listo con ideas maravillosas que sólo son maravillosas para él y para los cuatro de su especie. Hay un tal Fernando Eguidazu, presidente del comité de política económica del círculo de empresarios (con minúsculas), que dice que para salir de la crisis hay que evitar gastos superfluos como el Instituto Andaluz de Flamenco (con mayúsculas) ¿Y por qué no suprimimos ese comité de empresarios?
Una gran idea de todos los dictadores ha sido cargarse la cultura de los países en los que se han hecho fuertes. No dista mucho la idea de semejante personaje de las de aquellos otros. La Inquisición quemaba los libros, Franco prohibía toda aquella manifestación cultural que no le fuera favorable, al igual que Castro, Pinochet, Videla y tantos otros. Este tal Eguidazu muestra no solamente una ignorancia supina sino una indignidad suprema. Esta crisis de mierda en la que nos hemos metido ha sido provocada por los de su calaña, no por Paco de Lucía, ni por El Cigala, ni por los cantes de La Niña de los Peines, no por aquellos que se preocupan de fomentar el patrimonio cultural de nuestro país, pero sí por los especuladores codiciosos de los cuales seguramente en su círculo de empresarios hay más de uno. No tengo nada que ver con el Instituto Andaluz de Flamenco, pero, desde luego, suprimiéndolo, las empresas de sus colegas no ganarán más. A lo mejor es que ya han ganado lo suficiente.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
La pequeña editorial Rey Lear acaba de publicar un librito que es una verdadera joya. Recoge una serie de reportajes que Ignacio Carrión escribiera para el desaparecido Diario 16 hace 20 años, en vísperas del 25 aniversario de la muerte de Norma Jean, más conocida como Marilyn Monroe. Bajo el título de Buscando a Marilyn, el lector actual podrá paladear unas piezas de periodismo ejemplar, escritas con un tono hondo y perdurable, ágil pero nada urgente. A través de ellas se nos ofrece, en muy pocas páginas, un retrato conmovedor de aquella mujer desdichada, a la que otros utilizaron y convirtieron en objeto universal de deseo mientras ella se sumía en la frigidez y la depresión. Ignacio Carrión visita, por ejemplo, a su primer marido, un tipo vulgar que cobra 500 dólares por hablar y se empeña en dejar claro, por encima de todo, que cuando la conoció Marilyn era virgen. Que nadie le arrebate la gloria de haber sido el primero. En las páginas de Buscando a Marilyn, aparte de la historia de la actriz, encontramos una amarga reflexión sobre la fragilidad del individuo, a través de un personaje para quien el éxito fue la destrucción, y que con su prematura y solitaria muerte dejó en evidencia la vileza de una sociedad que nunca supo proteger a aquella niña desvalida (al revés: la incineró en la hoguera de sus vanidades). Ya no hay personajes de la talla mítica de Marilyn, ni tampoco quienes lo cuenten. Ahora nos tenemos que conformar con clones y remedos. Por eso la rubia eterna sigue todavía aquí.
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
Equis elevado a lo póstumo tiende a infinito y a falta de calculadora puedes pensar en el Quinto Libro de Rabelais, Petróleo de Pasolini o el reciente Fráncfort de Navokov y Bolaños. Husmeamos en lo póstumo porque pretendemos una suerte de mensaje cifrado, unos renglones que anticipamos clarividentes y constituyen la producción más al límite de todo artista: ya sea porque no los juzgó dignos de su firma o porque fueron escritos en un extremo vital. La expectación es mayor cuando lo que nos separa del difunto es una muerte violenta, ya sea asesinato, suicidio, o ambos a la vez; una proeza sólo al alcance de Marilyn. Consumir póstumo se hace en contadas ocasiones y el lector se pone a ello con premeditación y alevosía, como quien se sienta a la mesa decidido a dejarse lo mejor para el final.
La mañana de antes de ayer se le antojó a Chiara la de un domingo cualquiera hasta que abrió Il Corriere Della Sera y se dio de bruces con un relato póstumo de David Foster Wallace. Se quedó mirando su foto a doble página temerosa, consciente de que leer eso de ese modo sería único e irrepetible. Se sumergió en el agua salada de su prosa, la cabalgó y de vez en cuando emergió a la superficie, exhausta de emoción. Encontró en ella una hipersensibilidad dolorosa, franca hasta la aberración. ¿Es posible que al ser humano le duela tanto respirar? Alzó la vista. No, ese domingo no fue uno más. Su palabra le había sido revelada.
CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS
Es duro ser calvo. Te levantas por la mañana y tienes que ir a trabajar; envejeces; la chica que te gusta no te hace caso; hay sucesivas crisis económicas a lo largo de tu vida; si eres famoso, te hacen fotos; si no eres famoso, ¡no te hacen fotos!; si tienes hijos, temes por su futuro y porque te salgan del PP. Es duro, sí, ser calvo.
Los calvos (esto es obvio que no lo sabéis, oh, vosotros, adonis) no viven la calvicie. La calvicie la viven los que no son calvos. Yo, con mi estupenda alopecia, no ando por las calles pensando en mi estupenda alopecia. Simplemente ando por las calles. Sin embargo, noto que muchas personas, sobre todo otros hombres, y sobre todo aquellos con algo en mi contra, piensan mucho en mi calva. Vamos, todo el tiempo.
Tienen un problema con mi calvicie. Si no les gusta lo que escribo, se acuerdan de mi calvicie. Si me envidian porque he salido dos veces en el programa de Dragó, ¡me recuerdan mi calvicie! ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Eso es algo que los calvos no podemos, realmente, comprender.
Serán gilipollas. Hay que serlo para alcanzar la madurez y no comprender que tu cuerpo dice la primera palabra, pero tu carácter dice la última. Y todas las palabras que hay entre medias. Porque la inteligencia es sexy y enamora; y el corazón es sexy y enamora; pero el “físico”, queridos amigos, solamente es sexy.
Es simple, pero ponemos la tele y nos confundimos. Mucho.
¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ
Y digo yo, una vez que los estados se han hecho cargo de las deudas de los ricos, parece llegado el momento de inventar penas nuevas para castigar nuevos delitos. Habrá que impedir por todos los medios que se vayan de rositas los que han malversado los capitales. El Estado debe hacer un esfuerzo legislativo.
Superadas las penas corporales, se imponen ahora las penas pecuniarias. Hay que actualizar los códigos. Para hacer que a un fulano –pongan ustedes los nombres– que se haya enriquecido a base de falsear las cuentas de sus empresas o que haya vaciado las arcas de una sociedad que debería ser pública, zasca, se le tenga equis años sin poner tocar pela. Ni él ni sus familiares hasta un grado lejano.
Tendrá que acreditar de dónde saca el dinero para viajar en primera, de dónde para los trajes o los abrigos… Quién paga sus comidas en los restaurantes… Como la alta traición, el depósito de pasta en paraísos fiscales debe tener una pena… La doble contabilidad, y el blanqueo de dinero, otra.Dos años, tres años… Hasta la pena maxima. Que sería la de deudor perpetuo.
Al defraudador del dinero público no se le puede permitir, dada su peligrosidad, que vuelva a manejar dinero. Ni pedir ni dar préstamos, ni tener tarjetas de crédito. Mucho menos heredar ni hacer testamento. Es decir, hacerle pobre para siempre. ¿No les parece justo?
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
La gente de este país no entiende a Mariano Rajoy. Pero eso no es culpa de Mariano Rajoy, sino de las carencias de la gente de este país. Para empezar, entre la gente de este país empiezan a ser una inmensa mayoría los que no han hecho la mili. Si la hubieran hecho, y hubieran tenido que comerse a pie firme una jura de bandera, no reaccionarían con tantos aspavientos a la espontánea, lógica y del todo fundada observación de don Mariano. Para continuar, la gente de este país es muy inculta y no ha leído a Kierkegaard, que en un lúcido ensayito titulado La rotación de los cultivos, nos deleita con la siguiente reflexión, más que pertinente al caso: “Quienes no se aburren son, por lo general, los que de uno u otro modo están muy atareados, pero estos son precisamente los más tediosos de todos. La otra clase de hombres, los distinguidos, son los que se aburren. Por lo general divierten a otros, en ocasiones y en apariencia, al populacho; en un sentido más profundo, a los iniciados”. En consecuencia: el comentario del líder popular sobre el desfile no es un gesto de torpeza, sino de distinción, y los que en estos días se han empeñado en hacer mofa gruesa de él, han acreditado con ello su condición de populacho. Tanto estos ingratos, como los capaces de apreciar, en calidad de iniciados, la fina ironía que subyace en la rajoyana declaración de tedio, le deben un desagravio. A fin de cuentas, nos ha ayudado a mejorar, con una sonrisa, el planazo del domingo.
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
Aiko Yoshiyama celebra su 30 cumpleaños y sus primeros tres meses como recién divorciada. No sé si festeja la entrada en la treintena o su regreso al celibato, pero supongo que organizar una fiesta con motivo de dos aniversarios dará derecho a un regalo mayor. Consulto mi monedero electrónico y me encamino a la tienda más exclusiva del barrio. Allí selecciono con esmero un número impar de tazas de té, cada una de un padre y una madre, de acuerdo a las tradiciones del Japón.
En la fiesta queda patente que vivo en una órbita paralela cuando descubro que todos los regalos excepto el mío son invitaciones a una experiencia vital única: un vale por una cena con el humanoide de Woody Allen, un pase para el simulador de gravedad cero, una inscripción a un curso de ayudante de mago… Supongo dos cosas: o soy la más anacrónica/decadente de todos o la más original. Ryu –editor de moda en una de las revistas más in del país– confirma mi primera hipótesis. “Una vez satisfecha, la fiebre por la posesión de bienes ha dado lugar a la fiebre por acumular vivencias exclusivas”, sugiere. Ahora me explico qué hace esa señora del antifaz aquí, látigo en mano, y qué hacemos los demás atados de pies y manos en la otra punta de la sala. Ups, me temo que esos sacos de ahí no son para hacer carreras. “Consuélate pensando que eres uno de los pocos invitados a la very ultimate version de la piñata”, me ordenó.