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Modos y Modas

El enemigo sigue ahí

Persecución infernal

09 nov 2008
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¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO

Es lunes y me desperezo. La relación causa-efecto rige mi vida. Pongo la tele mientras me hago el desayuno y empieza el acoso: una mujer bellísima me invita a cambiar mis croissants de chocolate por unas tortas que parecen de palomitas. Me agarro el michelín y decido ir directa a la ducha, sin bollería ni leches. Abro el agua y una mujer más bella que la anterior me sugiere que la ducha fría reafirma la piel. Toco sus pezones, que miran al techo, y me convenzo de que no hay dolor. La hijaputa me guiña un ojo y me alcanza los zapatos de tacón para cuando acabe. Dice que me harán más estilizada. Tocarle los pies no me interesa, así que dejo que desaparezca sin más.

Suspiro aliviada en el ascensor hasta que me acerco a la parada del bus y una morena impresionante sale de la marquesina. Me arregla el pelo tal y como lo lleva ella. Si ha logrado que nos parezcamos digo yo que estaré pibón. El caso es que sólo me ha dejado un ojo para ver. El otro es para figurar, supongo, tapado ahora por mi pelo. Gracias a mi repentino auto parche pierdo dos autobuses y empiezo a sentirme solidaria con la tercera edad. Finalmente llego al trabajo y el jefe me comunica que no tiene tiempo de reunirse conmigo ahora pero que puedo esperarlo en el café de enfrente. Creo que se ha equivocado de persona, así que me siento en mi sitio y empiezo a estornudar. Estoy jodida, pero destaco. 

Por un clero gay

08 nov 2008
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¿?// JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ 

Está equivocada, como casi siempre, la jerarquía católica. No debe reprimir las vocaciones eclesiásticas de los mariquitas. Es un grave error en una época con tanta escasez de seminaristas.

Para ser joyero, registrador de la propiedad, veterinario, leñador o diseñador gráfico es irrelevante la tendencia sexual de cada uno. Quizá, curiosamente, uno de los pocos oficios para el que convenga la militancia homosexual sea el del sacerdocio católico. Una homosexualidad teórica, ojo, no el ejercicio práctico, que sería grave pecado.

¿Por qué? Porque, en el caso de que las pasiones desordenadas llevaran al sacerdote a caer en la tentación concupiscente y vertiera en vaso idóneo, es indudable que la preñez sería un inconveniente añadido al del pecado. Un ministro de la Iglesia no puede hacerse cargo de la criatura.

Por eso, parece oportuno recomendar al Vaticano que, en vez de prohibirla, exija la inversión, a más del celibato, para cantar misa. Una medida más humana y más moderna que la medieval sugerencia que se hizo en algún Concilio de castrar a los aspirantes al sacerdocio.

Lo que hay que dominar es la tentación y eso seguiría exactamente igual. Habría el mismo número de santos y beatos. Pero desaparecerían los hijos de curas. Otra posibilidad sería permitir oficiar a las mujeres, dejar casarse a los eclesiásticos. Etcétera.

Muñoz con eñe de ñorda

05 nov 2008
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EL DECANO// JUAN LUIS CANO 

Ya sé que ahora lo que tocaba era hablar de Obama, de las elecciones en EEUU y todas esas cosas, pero como de eso ya hablan y escriben casi todos, pues yo me voy a tomar la licencia de centrarme de otra cosa mucho menos glamurosa e importante. Voy a hablar de un personajillo que acabó en la cárcel por llevarse lo que no era suyo y se dejó embaucar por el cariño de una tonadillera a la que, por cierto, los escándalos del susodicho la rozaron en su día sin llegarle a tocar. En efecto, han adivinado que se trata del tal Julián Muñoz. Lo único que quería comentar es que me parece indignante, repulsivo, asqueroso… el protagonismo que le están dando los indignantes, repulsivos y asquerosos programas del llamado corazón.

¿Cómo se puede dar cancha a un menda que lo mejor que ha hecho ha sido llevárselo crudo, no devolverlo pero estar ya en la calle, reírse de la ciudadanía y meterse en todos los charcos donde podía haber mierda? Pues ya ven. Ahí está. De nuevo paseando por las calles, con chófer y aires de no haber roto jamás un palo de golf. Pero así es este país nuestro, donde todo se olvida con celeridad, nada importa y los pelotazos siguen siendo el horizonte al que mirar con la ilusión de llegar cuanto antes.

Desde luego a Julián Muñoz la crisis se la trae al pairo, que ya tendrá él sus ahorrillos. Que se vuelva a presentar a alcalde, que lo mismo sale, porque en Marbella mucho no parece que hayan cambiado las cosas.

No me apetece

04 nov 2008
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AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA

Entre otras muchas informaciones útiles, el libro que la astuta Pilar Urbano le ha arrancado a nuestra desprevenida reina nos ha permitido saber que hay tres palabras que el cabeza de la familia real tiene prohibido pronunciar a los suyos: “No me apetece”. El mandato, según nos aclara la propia declarante, tiene que ver con la pesadez y el engorro que suponen los actos protocolarios a los que los miembros de la unidad familiar reinante se ven obligados a asistir por razón de la alta investidura que ostentan. Cuando se prohibe algo es porque puede suceder, es decir, porque aquellos a quienes se impone la prohibición tienen la tentación de realizar la conducta prohibida, o incluso han sucumbido a ella alguna vez. Bien está que el rey y sus vástagos se priven de manifestar su tedio y se sacrifiquen por su elevada misión (ya podía aprender Mariano Rajoy, sin ir más lejos). Pero permítase a este plebeyo y humilde plumífero preferir con mucho el sacrificio de quienes se abstienen de traslucir su inapetencia cuando tienen que levantarse a las seis de la mañana para acudir a un trabajo mal pagado donde sólo les aguardan las broncas del jefe y pilas de marrones que comer. Que se abstenga de decir no me apetece quien sólo tiene que sonreír y leer un papel en un acto donde todo el mundo está desviviéndose por agradarle, y a cambio de esa tarea vive a cuerpo de rey (nunca mejor dicho), no es algo que tenga el menor mérito. Es lo mínimo que impone la vergüenza.

El deseo y la melena

03 nov 2008
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¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO

El pelo es sensual. Quiero decir, el pelo sensual. En concreto, pienso en la melena de Christina Rosenvinge. Por supuesto, no todos los pelos lo son. Pero así, de repente, puede ser un buen verso para una canción, quién sabe si suya o mía. Lo decido: la melena es sensual. Más que nunca en otoño, cuando la tendencia es que todo caiga: cae la vegetación, cae el IBEX 35, cae la lluvia. Sube, por supuesto, Obama; pero él carece de melena.

Decía, la melena es sensual. Sobre todo en época de vientos, cuando aquello vuela en todas erecciones; esto es, en todas direcciones menos hacia abajo. Una se da cuenta porque camina cabizbaja y tiene una sombra que parece la princesa impedida de los caballeros del Zodiaco. Sin túnica, claro, pero con abrigo. No todo va a ser épico y total.

El caso es que la melena se compone de pelos y los pelos aglutinan todo tipo de fluidos (se me ocurren saliva, crema, sangre) y esta capacidad de almacenamiento los convierte en un archivo temporal de tu identidad más reciente. Después de este rollo, empiezo a creer que los pelos son excitantes. ¡Quién lo diría! Nunca hubiera pensado en el poder excitante de un pelo sin Christina. Imagino que le debo unas cañas y que nos las tomamos. Ella es maja y mueve su melena.

Una vez convencida del poder hipnotizador del pelo estoy tentada de ir recogiéndolos y montar una instalación. Todo es empezar, también en el mundo del arte. Entonces podría decir que el pelo es público. Y púbico.

El fin de la posmodernidad

02 nov 2008
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CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS

En la Wikipedia hay una entrada de cientos de líneas referida al concepto de posmodernidad. Yo, precisamente por posmodernidad, la he leído en diagonal. No me he enterado muy bien. Si la leyera íntegramente creo que tampoco acabaría de comprender lo que los expertos consideran posmoderno. Lo que yo entiendo por posmodernidad es lo siguiente: el cinismo toma el arte, la solemnidad no existe y el artista es ya, de modo fatal, generador de cosas que, por el mero hecho de tener detrás un señor con gafas de pasta, son arte. Sus cosas pueden ser mierda (en sentido literal) o mármol; pueden ser latas de Sprite o plagios sucesivos; pueden no ser nada (una habitación vacía) o palabras tomadas de un catálogo de Ikea. Lo importante es que, cuando la obra se hace pública, una persona (el autor) ponga cara de: ¿lo entendéis? No lo entendemos. De hecho, yo no quiero entenderlo: quiero créermelo. Estoy harto de libros que no se pueden leer, de cuadros que no se pueden mirar, de películas que no se pueden visionar. De gilipolleces. Estoy cansado de que cualquier estupidez indefendible se haga inexpugnable a fuerza de ser posmoderna. Reconozco mi hastío ante un montón de niñatos masturbándose y diciendo que su semen tiene que estar en un museo o una biblioteca. La posmodernidad ha muerto; sobre todo cuando entiendes que detrás de esa palabra no hay otra cosa que provincianismo.