La peineta griega

20 Mar 2015
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Al parecer fue sólo el ingenioso truco de un humorista alemán. El ministro griego Varoufakis aparecía con el dedo en alto dedicando una peineta a Alemania, al FMI y a sus acreedores más hostiles. Algo así como “ya os diré yo por dónde os vais a meter vuestras medidas”.

Un dedo en alto es más ofensivo que un puño en alto y da más juego a la hora de las descalificaciones; el puño cerrado ya no es lo que era desde que adoptaron ese gesto combativo como parte del protocolo muchos presuntos izquierdistas descafeinados, sindicalistas amaestrados y farsantes redomados. La peineta es grosera y obscena; yo soy más partidario del corte de mangas, que podría ser utilizado por algunos partidos nuevos como salutación y como expresivo gesto de rechazo a un sistema cimentado en la usura y la rapiña.

El humorista alemán (¿?) quería expresar mediante su trucaje lo fácil que resulta meterse con los griegos en Alemania, pero es que los helenos están dando muy mal ejemplo. Con la que le está cayendo encima, Tsipras acaba de descolgarse con una ley para paliar la crisis social y esto es una provocación intolerable: proteger a los parados, pagarles la luz a los insolventes y subir el salario mínimo, mientras los acreedores sufren tremendas penalidades pensando que nunca van a cobrar lo que les deben porque los griegos, derrochadores e irresponsables, se van a gastar lo que no es suyo en los pobres. ¿Habrase visto tamaña ofensa? Cada vez que un griego subvencionado encienda el calefactor estará robando a un financiero alemán que solo quiere lo que le pertenece, más los intereses, para conservar e incrementar un patrimonio personal obtenido con el esfuerzo ajeno, con el sudor de muchas frentes de burócratas y contables a su servicio.

Demagogia es una palabra griega, y también democracia, pero la democracia ateniense se sostenía gracias a los esclavos que no participaban de ella. Y ni siquiera cabe recurrir a los valores cristianos de Europa desde que, seguramente por recomendación de la banca vaticana, se quitó del padrenuestro aquello de perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores; eso sí que era demagogia.

Para hacer caridad ya está Cáritas, como declaró la Conferencia Episcopal Española cuando algunos ateazos les reprocharon por no invertir en obras sociales, ni siquiera en Cáritas. Cada vez que Rouco Varela se sumerge en la bañera de uno de sus múltiples cuartos de baño de su nuevo piso le está quitando el agua a miles de indigentes del Tercer Mundo.

Al enemigo, ni agua, aunque sea bendita.

 

 


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