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Multiplícate por cero

“En economía, la mayoría siempre se equivoca” (John Kenneth Galbraith)

El jugador que no quiso cobrar 12 millones

19 feb 2011
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Gil Meche es un jugador de béisbol que tenía como lanzador un contrato millonario en los Reales de Kansas City. Las lesiones acabaron con su brazo y el mes pasado decidió rescindir su contrato y devolver los 12 millones de dólares (8,8 millones de euros) a los que tenía derecho legalmente, incluso si estaba lesionado o hacía un pésimo trabajo.

“Una vez que empecé a darme cuenta de que no me ganaba mi dinero, me sentía mal. Yo estaba cobrando una increíble cantidad de dinero y ni siquiera lanzaba. Honestamente, yo no sentía que me lo mereciera. No se trata de ser un héroe, sino de volver a un punto en mi vida donde me sienta cómodo. Hacer esa cantidad de dinero de un equipo que ya me ha dado más de 40 millones de dólares simplemente no era lo correcto”, explicó Meche.

En España tenemos los anti-Meche. Diez ejecutivos de Caja Madrid, con Miguel Blesa a la cabeza, se otorgaron hace cuatro años unos bonus por 25 millones de euros a cobrar ahora, después de que la caja haya necesitado ayuda del FROB. Ante el escándalo suscitado en la opinión pública y las presiones políticas, la nueva ejecutiva de la caja ha decidido no pagarlos.

A raíz de este caso surge la pregunta de cuánto han estado cobrando los ejecutivos de las cajas en estos años de crisis y quién lo controlaba. En 2007, el primer año de la crisis, las cajas abonaron 115 millones de euros a su personal de dirección, incluyendo consejeros ejecutivos, y 120 millones en 2008. Cuando empezaba la más grave crisis económica y financiera desde el crash del 29, las cajas seguían viviendo en su propio limbo y aumentaron un 22% las remuneraciones, fundamentalmente porque Caja Madrid duplicó –con primas– las retribuciones a la dirección: de los 9,44 millones de 2006 saltó a 18,52 en 2007.

Ahora hasta la Comunidad de Madrid quiere saber cómo y por quién se aprobaron los bonus de Caja Madrid, investigación que abre posiblemente porque de los tres vocales de la comisión de retribuciones dos estaban nombrados por el Ayuntamiento de Madrid –el tercero era vocal de los impositores–. Y todos sabemos de las buenas relaciones que mantienen Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón.

A pesar de la crisis y los problemas de liquidez y solvencia en muchas de las cajas, la retribución de sus ejecutivos no se ha reducido en la misma proporción que sus beneficios: 107,7 millones de euros en 2009 (últimos datos completos) más 11,4 millones en dietas. Es decir, que frente a una reducción del 34% de los beneficios, las retribuciones sólo bajaron un 11%.

En el año 2007, primer año de la crisis, la mitad de las cajas subió más del 10% los sueldos pagados al personal clave de la dirección. Durante 2008, el 65% de las cajas incrementó esas retribuciones. En 2009, la remuneración bajó la tercera parte de lo que lo hicieron los beneficios.

En cuanto a las dietas por asistencia al consejo de administración de una caja, oscilan entre los 300 euros y  los 76.000 por consejero, y entre los 23 euros y los 3.392 euros por reunión, según un análisis realizado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

A falta de comportamientos como el de Gil Meche, a partir de ahora contaremos con la prohibición de bonus en las entidades con ayudas públicas, que marca la directiva europea, y la exigencia de más transparencia que fija la Ley de Economía Sostenible. La LES obliga a las entidades de crédito –incluyendo las cajas– a difundir y someter a votación de la junta de accionistas o asamblea general, con carácter consultivo, un informe por separado sobre las remuneraciones de sus consejeros y altos directivos. Porque hacer públicos los bonus puede ser más efectivo que esperar a que aparezca un Gil Meche.

Del fin social al privado

22 ene 2011
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Hay dos ligas que concentran toda la atención del país: una, la de siempre, el fútbol; otra, la nueva, la de las cajas de ahorro. Y ambas, por los mismos conceptos: sus dificultades económicas y la búsqueda de capital como salida a la crisis.

La fiebre del dinero árabe por el fútbol, tras años de extenderse por otros países, en especial el Reino Unido, llegó al fútbol español hace un par de meses de la mano del Málaga, comprado por el jeque Abdullah ben Nasser Al-Thani, de los Emiratos Árabes Unidos. Y sabemos desde ayer que el Rácing de Santander ya es propiedad del magnate indio Ahsan Ali Syed, quien no es árabe pero está afincado en Bahrein, el emirato más pequeño del Golfo Pérsico. Lo anunció él mismo, encantado de aprovechar “una gran oportunidad de inversión” en el fútbol español.

Como en el fútbol, también los petrodólares podrían acabar encontrando terreno abierto en las cajas españolas a través de su bancarización. De hecho, la CECA prepara un road show por países árabes y asiáticos durante este trimestre, con el fin de explicar el nuevo modelo de cajas, que ya será muy probablemente su conversión en bancos.
Pero para conseguir inversores, es decir, capital que refuerce la solvencia de las cajas precisamente lo que hay que demostrar es solvencia. Las cajas tienen un problema de liquidez y, en muchos casos, de solvencia por la sobrevaloración de los activos inmobiliarios en garantía de los préstamos y el aumento de la tasa de morosidad –que se irá agudizando en la medida en que no mejore el nivel de desempleo– .

Y, aunque al Ministerio de Economía le encantaría que las cajas-bancos lograran capital en el mercado privatizando una parte, resulta más lógico pensar que antes de eso debería producirse una recapitalización a través del FROB (es decir, el Estado), para compensar las pérdidas y convertirse en algo sexy para el capital privado.

Este es el cantar de siempre. Hasta ahora, el FROB ha prestado 10.581 millones de euros. Esa cifra se va a multiplicar y el Estado puede acabar convirtiéndose en propietario temporal de una porción muy importante de determinadas cajas. Como siempre, el sector público asume el riesgo y, una vez asegurada la rentabilidad, se privatiza.

La reestructuración tiene otro efecto muy directo en lo que hasta el momento es seña de identidad del sector: la obra social. Actualmente las cajas están obligadas por ley a destinar al menos el 50% de sus beneficios a reservas y el resto se lleva a obra social. En la realidad, de promedio sólo el 25% va a obra social. Y ahora, si una caja se acoge al FROB, el máximo de obra social permitida es del 30% de los beneficios. Entonces, si con un tope legal del 50% la cruda realidad habla de un 25% de obra social, lo lógico es pensar que con un máximo legal del 30% lo que se destinará a obra social será bastante menos. Al crear un banco el dinero destinado a obra social dependerá del dividendo que reparta el banco, si es que lo reparte. La obra social de las cajas permite mantener 33.594 empleos (directos e indirectos). Si se reduce se perderán empleos. Un baldón que habría que sumar a la extinción de otros 15.000 empleos por reducción de plantillas y de oficinas en las fusiones ya aprobadas.

Se dirá que más vale un porcentaje menor de algo que el 50% de nada (en el caso de una caja con pérdidas), pero lo que ya se acaba es que no haya ánimo de lucro (en la entidad). Y sin vuelta atrás.