Multiplícate por cero

“En economía, la mayoría siempre se equivoca” (John Kenneth Galbraith)

Caseros de los inmigrantes

23 Ene 2010
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Mariana dejó dos hijos en Ecuador: uno se quedó con la abuela, el otro está enterrado en un pequeño cementerio, asesinado por un desconocido, según el informe policial. Ella se vino a España para que a su segundo hijo no le faltara lo que no pudo darle al primero: educación, un techo seguro, comida todos los días. Aquí lleva dos años, vive con su pareja en un piso patera y tiene un casero espabilado que le ha doblado el alquiler de la habitación desde que han nacido los mellizos basándose en puras matemáticas: la habitación sigue siendo la misma pero el índice de ocupación se ha multiplicado por dos; es lo que tiene la aritmética.

El casero de Mariana no es alcalde de Vic, pero podría serlo. La intención –ya descartada– de ese ayuntamiento catalán de no empadronar a los inmigrantes sin papeles perseguía dos objetivos, uno electoral y otro económico. Los ayuntamientos y las comunidades autónomas se encuentran en una situación de endeudamiento y ahogo financiero grave. Quitarse demandantes de servicios sociales serviría para mejorar las cuentas públicas. Eso es usar las matemáticas al estilo del casero de Mariana.

Existe el estereotipo del inmigrante como usuario recurrente de los servicios sociales. No falta quien se queja de que ocupan las plazas escolares, llenan las consultas de la Seguridad Social o reciben todas las ayudas sociales. Sin embargo, la realidad es bien distinta: la frecuencia con la que utilizan los servicios sociales es inferior a su peso demográfico; por ejemplo, en la sanidad la mayor utilización se produce a partir de los 65 años, edad que no alcanzan nuestros inmigrantes.

 Es verdad que se trata de una población que está sufriendo más el desempleo y que no dispone de una red familiar para sobrevivir; al contrario, ellos son los suministradores de apoyo económico a los familiares que han dejado en sus países de origen. Por eso, con la crisis, los inmigrantes son o serán más propensos a usar los servicios públicos de asistencia. Más motivo para no suprimirlos.

El debate sobre si aquí cabemos todos o no acaba de empezar. Pero no somos caseros y aquí no vale la pura aritmética.

¿Cuántos somos?

En 2009 había 5.600.000 extranjeros en España sobre una población total de 46,6 millones, según el último Padrón Municipal del INE. Eso supone el 12% de población inmigrante sobre el total de población. En los últimos diez años, el número de inmigrantes empadronados ha crecido un 650%, pero aún no llegamos al 20% que representan sobre la población total en países vecinos.

Ni llegaremos en los próximos años, según los expertos. Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) pronostica que la entrada de inmigrantes se va a ralentizar como consecuencia de la crisis. En concreto, prevé que, hasta 2014, el número de inmigrantes rumanos se reduzca a la tercera parte (20.000 anuales) al igual que los marroquíes (flujo anual de 26.000 emigrantes para 2014). Eso sí, cuando la economía recupere el empuje anterior a la crisis la llegada de inmigrantes también se reactivará.

¿Qué efecto tiene sobre el salario del resto de los trabajadores que haya un colectivo forzado a aceptar sueldos más bajos o donde la temporalidad es la norma? Un estudio del Banco de España señala que, para los inmigrantes que entraran en España entre 1996 y 2000 sin experiencia laboral previa, el salario inicial es alrededor de un 35% inferior respecto al de un trabajador nacional con la misma edad y experiencia laboral. Al cabo de diez años esa diferencia se reduce a la mitad pero no sigue bajando. La competencia salarial y laboral de los inmigrantes no ha tenido impacto en los nacionales porque ha sido complementaria: ocupaban trabajos que los españoles no querían y eran años de expansión económica. En época de crisis las cosas pueden cambiar para los trabajadores no cualificados. La salida fácil es decir que se vayan los inmigrantes; la difícil, evitar la presión a la baja de los salarios y las condiciones laborales favoreciendo la integración y la igualdad en el trato.

 ¿Quiénes se benefician de una inmigración no protegida? A mí me parece que los que aplican las matemáticas como el casero de Mariana.

Un brazo a la basura y la conciencia en la cloaca

13 Jun 2009
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Franns Rilles Melgar Vargas, inmigrante boliviano de 33 años sin papeles, trabajaba 12 horas diarias por 700 euros mensuales en una panificadora de Gandía. Días atrás su brazo izquierdo quedó atrapado por una máquina amasadora que se lo amputó por encima del codo. Pero lo que ha conmocionado a todo el país es la reacción de los patronos: dejarle sangrando en la calle a unos metros del hospital amenazándole para que no dijera cómo había ocurrido… y volver a la panadería para limpiar las huellas del accidente tirando el brazo a un contenedor. Con la misma despreocupación y falta de conciencia con la que habían tirado a la basura durante meses los derechos de Melgar y de sus compañeros, también sin papeles.

Sobrecogedor, pero no extraordinario. La explotación de los inmigrantes sigue estando a la orden del día. La siniestralidad laboral que sufre el colectivo de inmigrantes es superior a la de los trabajadores nacionales debido a su precariedad e indefensión. Dimitri Solomon, un inmigrante sin papeles falleció en un accidente laboral tras ser aplastado por el tractor que conducía cuando fumigaba una finca agrícola en Almiserá (Valencia). Un joven ecuatoriano murió aplastado por un montacargas mientras pintaba el local de la empresa. La muerte de un obrero rumano destapó que en el chalet donde trabajaba el fallecido se alojaban y trabajaban cinco trabajadores polacos que recibían 20 euros al día.

La reacción de estos empresarios sin escrúpulos es siempre la misma: echar la culpa al inmigrante. En el caso de Melgar dijeron que estaba borracho –los médicos que le atendieron en el hospital lo negaron rotundamente–. Al joven ecuatoriano fallecido llegaron a acusarle de ser un delincuente que había entrado a robar en las obras. Pero ni la Guardia Civil ni el juez se tragaron ese cuento y el empresario y sus hijos fueron condenados a dos años de cárcel. En el caso de Dimitri, la empresa dijo que trabajaba por su cuenta y que había alquilado el tractor. No coló la excusa y el Juzgado de lo Social nº 9 de Valencia condenó a la empresa a pagar una indemnización de 180.000 euros a su viuda.

Estos son casos donde el peso de la ley ha caído –aunque no con toda su fuerza– sobre patronos explotadores. Pero ¿cuántos hay que no se conocen?

Más riesgo

Según datos de la Agencia Europea de los Derechos Fundamentales, los inmigrantes que llegan a España sufren el mayor número de accidentes laborales, un 30% más en proporción que los trabajadores nacionales. Dramas humanos, incluso con prácticas esclavistas, se destapan de forma reiterada en los accidentes laborales donde se junta la economía sumergida, la falta de escrúpulos de algunos empresarios y la nula protección de los derechos humanos. Va mucho más allá de la prevención de la siniestralidad laboral, un área en la que, por otra parte, España ocupa un lugar destacado en el lado negativo de la tabla.
El año pasado, fallecieron 831 trabajadores por siniestro laboral, cinco más que en 2007, y se produjeron 922.253 accidentes laborales, 99.814 menos que el año anterior. Los accidentes han disminuido, especialmente en el sector de la construcción, pero las cifras pueden llamar a engaño porque también la actividad económica ha descendido y en la construcción, por ejemplo, hay medio millón de parados más, por lo que difícilmente pueden ellos sufrir siniestralidad laboral.

Evitar 300.000 muertes

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que cada año en el mundo mueren aproximadamente 2,3 millones de hombres y mujeres a causa de accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo, incluyendo cerca de 360.000 accidentes mortales y cerca de 1,95 millones de enfermedades mortales. Cerca del 4% del PIB mundial se pierde por ello. Si todos los Estados utilizaran mejor la prevención de accidentes, podrían evitarse unas 300.000 muertes

¿Cuánto tiempo se le dedica en el marco del Diálogo Social o del G-20 a debatir cómo se va a acabar con la explotación laboral, en especial de los inmigrantes? Lo pregunto más que nada por saber si avanzamos algo en humanidad o sólo en productividad.