La aplicación de la PAC castiga la ganadería extensiva, uno de los sectores más beneficiosos para la conservación de la biodiversidad y el sostenimiento del medio rural

20 Feb 2017
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Una multa de 262,88 millones de euros que deberán pagar las y los ganaderos en extensivo y que muestra el desconocimiento y falta de valoración de los que suponen los sistemas de pasto Mediterráneo, y ecosistemas como las dehesas.

Fernando Fernández Such. Experto en políticas agrarias y de desarrollo rural.

El pasado 17 de febrero, el Consejo de Ministros Europeo definió finalmente  en 262,88 millones de euros la multa que España deberá pagar por el “incumplimiento” de la normativa de aplicación del Coeficiente de Admisibilidad de Pastos y que se repercutirá directamente sobre los ganaderos y ganaderas.  Es decir, la multa la abonará directamente cada ganadero y ganadera,  y se hará reduciendo la cantidad que recibirán en la próxima campaña de la PAC.  Afecta a las Comunidades Autónomas que no aplicaron el Coeficiente de Pastos en el periodo 2009 – 2013 y que son todas salvo País Vasco, Navarra Cataluña, Aragón, Baleares y Canarias. Las multas  se reparten de la siguiente forma; Extremadura (79,61 millones de euros), seguida de Andalucía (63,67 millones), Castilla y León (57,61 millones), y Castilla-La Mancha (32,09 millones) Galicia (7,39 millones), Cantabria (6,39 millones), Comunidad Valenciana (4,89 millones),  Madrid (4,55 millones),  La Rioja (3,96 millones), Murcia (1,85 millones) y Asturias con 831.440 euros.

El problema viene de lejos. La ganadería ha sido uno de los últimos sectores productivos en los que se aplicó el desacoplamiento de las ayudas. El desacoplamiento significa desvincular las ayudas de la producción, para ligarlas a través del elemento de la superficie o tierra manejada.  En el caso de la ganadería extensiva, la vinculación es a través del “área pastable” que cada explotación ganadera maneja. Las explotaciones que hacían un manejo extensivo tuvieron que declarar las parcelas que utilizaban para en función de su reconocimiento como pasto, definir sus derechos de pago básicos. La sorpresa fue al ver cómo se suprimían miles de hectáreas que se vienen pastando desde tiempos inmemoriales pasándolos a categoría de forestal. Los ganaderos vieron cómo  les recortaban las ayudas en un 40, 50, 60% y en algunos casos incluso el 100%. Cuando el Ministro de Agricultura Arias Cañete negoció en Bruselas las condiciones para el actual periodo de la PAC no tuvo en cuenta la defensa de la singularidad del monte mediterráneo que en nada se parece a los pastos uniformes del Norte de Europa. Los montes arbolados de rebollares, robles y fresnos o los pinares y las zonas de pasto arbustivo de nuestras zonas no son de hierba verde y fresca durante todo el año,  ni son terrenos exclusivamente de uso forestal, sino que se trata de ecosistemas mixtos silvopastoriles.

Son varias decenas de miles de explotaciones las perjudicadas en todas las Comunidades Autónomas. Organizaciones como la Plataforma por la Ganadería Extensiva, la Asociación Trashumancia y Naturaleza, la Organización Ganaderos Ibéricos Unidos, o Ganaderos de Occidente, así como las organizaciones agrarias profesionales han venido denunciando la situación, se han presentado quejas y preguntas en los diversos parlamentos autonómicos, y han planteado  soluciones al tema sin que ni el Ministerio de Agricultura, ni las Consejerías autonómicas hayan reaccionado. Hoy lunes 20 tienen una nueva cita con el Presidente del FEGA para de nuevo darle a conocer la situación, y mañana martes 21 los Diputados y Diputadas del Grupo Confederal Unidos Podemos – En Comú Podem – En Marea en la Comisión de Agricultura y Medio Ambiente en el Congreso les recibirán para compartir sus propuestas, y la Iniciativas No Legislativa que se registró el pasado jueves 16 de febrero y así definir una hoja de ruta adecuada.

Estamos hablando por ejemplo de una ganadería de 80 vacas de orientación cárnica, de raza avileña o negra ibérica, que manejan 129 Hectáreas, 61 en propiedad y 68 arrendadas. Se trata de una zona de pasto arbolado de encinares y rebollares, y arbustivo con escobonales y brezales, algunos prados y otras pequeñas parcelas de usos diversos. Pues bien, solo le han reconocido 29 Has para el cálculo de las ayudas a pesar de que los animales pastan la totalidad del terreno.

Podemos hablar también de explotaciones de caprino de carne de 300 cabezas en el bajo Llobregat de raza Blanca de Rasquera sin tierra en propiedad y que declara 10 fincas, de las cuales cinco son comunales y que a pesar de llevar más de 15 años manejando estas zonas, le han dado un 0% de admisibilidad a pesar de que estarían en torno al 35%

Los sistemas ganaderos de carácter predominantemente extensivo tienen una relación muy directa con la gestión sostenible del territorio, ya que el ganado en pastoreo bien manejado contribuye a mantener hábitats, especies y paisajes de alto valor natural, que de otra manera evolucionarían hacia hábitats y paisajes simplificados, más cerrados, menos accesibles y más vulnerables a los incendios. Muchos de estos pastos tienen una gran importancia medioambiental por la diversidad de hábitats que ofrecen a la flora y fauna silvestre y por su papel en conservación de la biodiversidad, la protección de suelos y el almacenamiento de carbono. La ganadería extensiva es pieza clave en gran parte de los Sistemas Agrarios de Alto Valor Natural (SAVN) en España. La Sociedad Española de Investigación de Pastos y el  Grupo Focal de Pastos Permanentes, han definido los hábitats dependientes  del manejo ganadero y han identificado hasta 12 como fuertemente dependientes, y otros 62 como manejados y conservados mediante ganadería extensiva, entre los cuales, hay 21 considerados como prioritarios dentro de la Directiva Hábitat.

Para que la ganadería ligada al territorio siga generando servicios ambientales de interés público, las explotaciones tienen que conseguir una suficiente viabilidad socioeconómica. Este reto requiere toda una serie de medidas que contribuyan a aliviar las dificultades a las que se enfrenta esta actividad; como el costoso acceso a los pastos, la deficiente comercialización o las absurdas normativas sanitarias. Pero, sin lugar a dudas, uno de los elementos primordiales para alcanzar este objetivo, es que la Política Agraria Común (PAC) reconozca y respalde de forma específica el modelo de la ganadería extensiva en coherencia con los objetivos de la PAC ligados a la conservación del medio ambiente y de los sistemas de mayor valor acumulado.

A pesar de la miopía de la Unión Europea en este tema, finalmente,  el Reglamento 1307/2013 por el que se establecen las normas aplicables a los pagos directos a los agricultores, y el Reglamento delegado, reconocieron que los pastos con árboles y arbustos sean admisibles para el cobro de los pagos del primer pilar. La nueva definición de pastos permanentes reconoce explícitamente la posibilidad de incluir los pastos leñosos.

Siendo que los Reglamentos contemplan nuestra realidad, la clave está de nuevo en la ausencia de voluntad política y de imaginación constructiva por parte de las autoridades españolas. Un  problema a resolver reside en que el procedimiento de identificación y clasificación de las parcelas de  pasto a través de la fotointerpretación de las imágenes del SIGPAC, no permite una adecuada interpretación del uso real de dichos terrenos.  Muchos de los pastos leñosos están clasificadas como uso forestal. Tanto la fotointerpretación, como el procedimiento de cálculo automático del CAP en base a las imágenes,  hacen  imposible determinar correctamente que vegetación existe debajo de los árboles, y por supuesto, no valora el posible interés forrajero del propio arbolado para el ganado caprino o el bovino.

Los vuelos de avionetas equipadas con sistemas de teledetección por infrarrojos han generado multitud de errores en las mediciones que en la mayoría de los casos no han sido corregidas con visitas técnicas sobre el terreno. Muchas de las últimas zonas identificadas  fueron voladas en el mes de junio de 2015 y,  por lo tanto, todos los árboles estaban con hoja lo que falseaba la realidad debajo de ellos.

Sin embargo, lo anterior no puede ser el problema de fondo. El verdadero problema igual que siempre en la PAC es de reparto económico y de aplicación justa de las ayudas. El cheque que recibe España de la PAC y el que recibe cada Comunidad Autónoma ya está definido para todo el periodo. Si en este momento varía el criterio de aplicación para el sector de la ganadería extensiva, la cuantía extra habrá  que obtenerla reduciendo las ayudas de otro sector. Esta es la verdadera dificultad para afrontar las soluciones puesto que el gobierno prefiere mantener una vez más la injusticia en el reparto de la PAC antes que acometer las reformas necesarias para que la PAC sea legitima socialmente.

Si la postura actual se mantiene, existen riesgos potenciales, tanto para el sector como para el medio ambiente; La desaparición progresiva de la pequeña ganadería extensiva con base territorial o que utiliza como superficie de pastoreo espacios ricos en vegetación natural (mosaicos, bosques pastoreados, etc.).  Aumento del riesgo de incendios provocados y talas incontroladas en aquellas superficies en las que la presencia de elementos leñosos sea un obstáculo para su elegibilidad.  Amenazas a la persistencia de pastos arbolados y dehesas, al reducir la elegibilidad de aquellos lugares que presenten abundante regeneración. Simplificación del paisaje y pérdida de conectividad ecológica, por la eliminación de elementos que le otorgan variedad y riqueza (bosquetes, matorral, etc.) con el fin de aumentar la superficie elegible. Abandono del uso ganadero en hábitats de interés comunitario que requieren para su conservación un nivel de pastoreo adecuado.

En este contexto, existen soluciones  que los ganaderos y ganaderas vienen reclamando, y que nosotros como Formación Política vemos adecuadas y ajustadas a los objetivos de una PAC justa y sostenible.

Para empezar y siendo justos pero realistas,  es preciso impulsar la inspección y la clarificación necesaria para depurar y sacar aquellas parcelas del sistema PAC que no sean utilizadas desde hace años para el pastoreo, lo que resulta clave para lograr el equilibrio financiero y poder tratar con justicia a los ganaderos que sí que manejan los pastos.

En segundo lugar,  es necesario  cambiar el sistema de clasificación de las parcelas de pasto, habilitando una fórmula como existe en Francia y otros países,  por la cual es el ganadero o ganadera el que  elabora su propio Coeficiente de Admisibilidad de Pastos  sobre las parcelas declaradas aplicando una guía sencilla y un procedimiento claro publicado por el Ministerio en colaboración con el FEGA y que luego lógicamente es corroborado por la administración.

Por último, que el Gobierno impulse la Declaración del pastoreo como Práctica Local Establecida de acuerdo a lo que recoge el artículo 4 del Reglamento 1307/2013 en determinados ecosistemas importantes desde el punto de vista ecológico y que son identificados en el Anexo I de la Directiva Hábitat y catalogados como dependientes de la actividad y manejo ganadero y de manera general, todos aquellos incluidos dentro de la Red Natura 2000. Y Finalmente extender el “bonus dehesa” a otros sistemas silvopastoriles, de acuerdo a lo que propone la Sociedad española de Pastos y de manera especial los citados en el Marco de Acción Prioritaria para la Red Natura 2000.


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