¡Que venga el lobo!, ¡que venga el lobo!

25 Abr 2017
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José Manuel González. Responsable de Medio Ambiente, Mundo Rural y Territorio de Podemos Cantabria

El lobo es sin duda un animal emblemático. Odiado y amado con igual intensidad, protagoniza desde hace décadas y de manera periódica el debate político entre aquellos que lo aman y lo defienden y aquellos que, amándolo o no, sufren sus ataques. El debate es enormemente complejo y requiere un esfuerzo de comprensión por ambas partes que no siempre está presente. En un reciente artículo que publique titulado; “en defensa del lobo” desgranaba cuales son en mi opinión las razones por las que la protección del lobo no solo es necesaria sino que es una gran idea. Este artículo, que tuvo cierto impacto, me valió muchas felicitaciones y alguna crítica, una de las cuales era especialmente acertada y me hizo reflexionar. En el marco de un encuentro entre miembros de Podemos y asociaciones de ganaderos para discutir sobre el lobo, uno de los representantes sindicales me echó en cara que escribiese un artículo defendiendo al lobo y no hiciera uno haciendo lo mismo con la ganadería extensiva, tan amenazada al menos como el carismático cánido. Lo cierto es que tenía razón. La ganadería extensiva se encuentra amenazada por una gestión europea, alejada de la realidad regional y nacional, que incluye en la Política Agraria Común (PAC) un Coeficiente de Admisibilidad de Pastos (CAP) que excluye bosques, zonas leñosas y territorios de alta montaña de las ayudas europeas. Una Unión Europea que con el beneplácito del PP-PSOE ha favorecido siempre los sistemas de producción industrial y ha castigado a las pequeñas explotaciones, que son sin embargo mucho más sostenibles desde el punto de vista ambiental. En este contexto de gestión política nefasta, precios ridículos que apenas alcanzan para cubrir gastos y crisis sanitarias, los ganaderos en extensivo de las zonas loberas sufren además los ataques del lobo, en una especie de guinda a un pastel envenenado. Aunque cada vez más desde el mundo ecologista se comprende la necesidad de mantener la sinergia histórica de ganadería y lobo, entendiendo y respetando el papel del ganadero en los paisajes rurales, aún hay mucha incomprensión y recelos por ambas partes. El uso de mantras como que el lobo solo afecta al 1% de la cabaña ganadera para defender la necesidad de proteger el lobo (de la que nadie duda) no ayuda al entendimiento mutuo, puesto que repetirle esta cifra a un ganadero que acaba de perder 50 ovejas es el equivalente a decirle a alguien que acaba de perder a su familia en un accidente de coche que los accidentes de tráfico son un porcentaje ridículo de los desplazamientos en carretera. No obstante, hay algo que si es desgraciadamente cierto dentro del argumentario conservacionista para defender al lobo y es el uso del mismo como cortina de humo por parte de los partidos políticos tradicionales como tristemente acabamos de sufrir en Cantabria. Durante al menos los últimos dos años, distintas organizaciones ecologistas, sindicatos ganaderos y colectivos de cazadores trabajaron en Cantabria en torno a la “mesa del lobo” para buscar un plan de gestión consensuado entre todos los actores más directamente implicados. El plan que se acordó en la mesa con una amplísimo consenso que incluía a ecologistas, ganaderos y cazadores incluía la subvención a la adopción de medidas disuasorias (mastines, pastores eléctricos), el pago por servicios ambientales y el fin del lobo como especie cinegética. Aunque el plan tenía aspectos que desde Podemos no compartíamos, siempre tuvimos claro que dicho plan era el mejor posible si queríamos cierto consenso, un consenso que creíamos y creemos era su mejor aval. Dicho plan había sido recogido por el Gobierno de Cantabria, quien se comprometió a impulsarlo y contaba con el apoyo de todas las fuerzas políticas del parlamento con la excepción del PP. Pues bien, el Gobierno de Cantabria de manera unilateral y sorpresiva anunció el pasado jueves que renunciaba a un pilar fundamental del plan y que el lobo seguiría siendo especie cinegética dinamitando de esta forma el consenso en torno al mismo. El anunció ocurrió tan solo unos días antes de que la directora general de Ganadería dimitiera por la investigación a su marido por un supuesto delito de tráfico de influencias relacionado con la campaña de saneamiento ganadero. Y es aquí cuando el cuento del lobo se repite una vez más, pero con una pequeña variante cómica, ya que en este cuento de lobos y políticos, los políticos no gritan: QUE VIENE EL LOBO!, QUE VIENE EL LOBO!, para advertir del peligro, sino que gritan, casi imploran: QUE VENGA EL LOBO!, QUE VENGA EL LOBO!, para una vez más tratar de tapar sus errores tras su cortina de humo favorita cuando de calmar a los ganaderos se trata.


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