Orgullo mujer rural

14 Oct 2017
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Frente a la invisibilidad y los techos de cristal en el día internacional de las mujeres rurales

 

 

Desde Podemos nos unimos a todas las mujeres que a través de sus organizaciones, colectivos,  asociaciones, o de  manera individual, han celebrado en estos días el orgullo de ser mujeres rurales. Todas las que diariamente viven, cuidan, trabajan, y luchan por seguir reivindicando su ruralidad, tejen una inmensa red de sororidad de la que debemos aprender. En estos días nos reconocemos y nos reivindicamos todas como mujeres rurales.

Señalizar una fecha implica hacer una lectura crítica de las circunstancias que vivimos y recordar y exigir necesariamente que cambien. Celebrar el Día de la Mujer Rural puede parecer que nos traslada a otros contextos y continentes.  Las mujeres rurales representan una cuarta parte del conjunto de la población mundial. En los países en desarrollo, suponen aproximadamente el 43% de la mano de obra agrícola y producen, procesan y preparan cerca del 70%  de los alimentos disponibles, por lo que sobre ellas recae la gran responsabilidad de la seguridad alimentaria de sus familias y la  soberanía alimentaria de sus pueblos. Por eso, todos los organismos internacionales saben que garantizar el acceso de las mujeres rurales a recursos productivos contribuiría decisivamente a reducir el hambre y la pobreza en el mundo.

Desde Podemos, no queremos quedarnos tan solo con estas imágenes en la celebración del Día de la Mujer Rural. Quedarnos en esta denuncia justa, significa mantener en la invisibilidad a las cerca de 7 millones de mujeres que en nuestro país son rurales. Las mantenemos en la invisibilidad, en la medida que no reconocemos las especiales dificultades y  barreras  con las que conviven diariamente;  para  decidir quedarse en sus pueblos, para mantener una vida activa, para optar a un trabajo digno, para poder aspirar a participar en una cooperativa o sindicato, o presentarse de concejala o alcaldesa, o simplemente para poder vivir con calidad una vez que han trabajado toda su vida y tienen a sus hijas e hijos criados.

Sabemos que el futuro del mundo rural pasa, entre otras cosas, por políticas que pongan a las mujeres en el centro. Queremos un país en el que las mujeres rurales también sean las protagonistas. Porque vivir en el campo sigue siendo más duro para nosotras que para ellos.

Poner a las mujeres en el centro de las políticas rurales requiere determinación. Las soluciones no caen del cielo. La falta de servicios básicos cercanos y de calidad es la primera de las trabas para favorecer la participación, y romper los techos de cristal. La inadecuación de las  infraestructuras  agrava las dificultades en la conciliación de los cuidados, lo que supone un peso añadido y a veces irresoluble a la voluntad de acceder al mercado laboral o a los problemas laborales de las mujeres rurales y un techo de cristal para ellas mucho más pesado de romper. La corresponsabilidad en los cuidados es básica y prioritaria, pero mientras llega; una escuela infantil, un centro de día donde puedan quedarse los mayores, un transporte comarcal que conecte a los pueblos, y desde luego una cosa tan normal en nuestros días como internet y que desde las ciudades vemos como algo casi natural, marcan en muchos casos la  diferencia  entre visibilidad e invisibilidad.

Por estas cosas y por muchas otras el éxodo rural es, sobre todo, un éxodo femenino. La discriminación, las asimetrías en las relaciones de poder, la losa de la tradición, las cargas familiares y domésticas, las dificultades para el reconocimiento del trabajo y por tanto para su remuneración adecuada, los inconvenientes para desarrollar un proyecto de vida… todo esto sigue pesando más sobre nosotras. Sin embargo, somos nosotras –las mujeres– las que durante décadas hemos sostenido el mundo rural con nuestro trabajo y sobre las que ha caído la responsabilidad de tareas esenciales como el cuidado, la conservación del patrimonio cultural y la soberanía alimentaria también aquí en el corazón de Europa. Por ello, nos sentimos vinculadas en nuestro espíritu internacionalista con las mujeres rurales de todo el mundo.

Esta falta de reconocimiento social y económico adquiere tintes muy graves justo en la generación de mujeres que hoy tienen entre 50 y 65 años y también en la generación de las que han superado esta edad. Las primeras llevan trabajando toda la vida, cuidando del entorno y de los familiares, trabajando en la explotación o el negocio familiar o como eventuales cuando sale trabajo, pero nunca conseguirán los años de cotización que se necesitan para una jubilación digna. Son la generación que sostiene toda la cadena de cuidados en el mundo rural cuando este ya casi está despoblado. Por eso, la extensión y aplicación de la ley de dependencia es esencial en el mundo rural.

No queremos terminar este texto sin acordarnos de las mujeres agricultoras y ganaderas. Ya sabemos que en general, en nuestro país, las explotaciones agrarias están masculinizadas. Es cierto que la doble jornada no es una circunstancia específica del trabajo femenino agrario, sin embargo, el trabajo que realizan fuera del hogar las mujeres asalariadas o empresarias tiene una remuneración económica y un reconocimiento social distintos a lo doméstico, mientras que en el caso de las mujeres agricultoras, su trabajo agrario se invisibiliza al ser considerado parte del trabajo doméstico y, por tanto, no productivo ni remunerado. El concepto acuñado por las administraciones públicas de “ayuda familiar” es en sí mismo invisibilizante.

La falta de rentabilidad general que atraviesa las explotaciones agrarias y ganaderas familiares y las dificultades de las pequeñas empresas agroalimentarias,  la carencia de oportunidades y las injusticias del sector, juegan de nuevo en contra de las propias mujeres, que de nuevo acaban en general supeditando su reconocimiento laboral y su cotización a la de los hombres.

Mujeres rurales que sostuvieron el mundo rural con sus propias manos. Que trabajaron duro, nos alimentaron, cuidaron de todo, y de todos y todas. Ellas, que jamás tuvieron tiempo para sí mismas, son las grandes olvidadas. Si garantizamos que ellas se queden, estaremos garantizando un mañana de soberanía alimentaria, igualdad y equilibrio territorial. Para ello, hemos de garantizar un tejido social vivo y estable, que asegure el futuro de nuestros pueblos.

Irene de Miguel. Consejera Estatal y Diputada y presidenta del GP de la Asamblea de Extremadura- Salud Ramos Secretaria de Feminismos de Podemos Extremadura – Amparo Botejara, Diputada en el Congreso de los Diputados por Ba y Consejera de CCA de Extremadura – Carmen Ibáñez Secretaria de Modelo Socioeconómico y Gestión del Territorio y Consejera– Paula Valero. Diputada por PODEMOS en el Parlamentos Asturiano y Responsable de Mundo Rural en el CCA de Asturias – Estefanía Torres. Consejera Estatal y Eurodiputada por PODEMOS –   Celtia Traviesas. Consejera Autonómica de Galicia – Mae de la Concha. Secretaria General de PODEMOS Islas Baleares y Diputada en el Congreso de los Diputados – Maite Ruíz González, Secretaria de Mundo Rural, Medio Ambiente y Territorio del CCA de Canarias – Conchi Monzón. Diputada en el Parlamento de Canarias – Natalia Prieto Fernández. Secretaria de Mundo Rural del CCA de Galicia – María Hernández. Sec. General de Feminismos PODEMOS Castilla y León – María López Montalbán, Vicepresidenta primera de la Asamblea de la Región de Murcia –  María Giménez, Diputada de la Región de Murcia y Sec. Mundo Rural y Medio Ambiente del CCA Murcia –  Mª Ángeles García Navarro. Diputada de la Región de Murcia –  Concha García Altares, responsable Secretaría de feminismos, igualdad y LGTBI de la Región de Murcia – Beatriz Gascó. Diputada en las Corts Valencianes y Sec. De Mundo Rural, Soberanía  Alimentaria y Sostenibilidad del CCA de la Comunidad Valenciana – Lucía Otero. Responsable de Mundo Rural en el CCA de Navarra – Jose Antonio San Juan. Responsable de M. Rural de CCA de Euskadi – Rosana Pastor. Diputada por Valencia en el Congreso de los Diputados – Margalida Qarglas. Consejera Estatal y Senadora por Mallorca – Mari Carmen García Bueno. Diputada en el Parlamento de Andalucía. Jara Cosculluela Melguizo. Responsable del área de feminismo y diversidad. CCA de Asturies.


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