Opinion · Mundo Rural s.XXI

Cultura, el antídoto contra la despoblación


Eva García Sempere y Rosana Pastor Muñóz

 

Diputadas por Málaga y Valencia del Grupo Confederal Unidos Podemos – En Comu Podem- En Marea

 

 

Este 2018 celebramos el Año Europeo del Patrimonio Cultural y, como su propio lema indica, se trata de “un año para la reivindicación, la puesta en valor, y la interpretación de todos los patrimonios culturales”.
En este sentido, no es posible hablar de todos los patrimonios culturales sin contar con el mundo rural que representa el 80% del territorio del Estado Español, ocupa el 72% de la superficie total del territorio y donde encontramos el 100% de nuestro Patrimonio Natural.

Porque hablar de territorios rurales también significa hablar de política cultural: el 80% del Patrimonio Cultural del conjunto del Estado se encuentra en zonas rurales. Nos referimos a patrimonio arqueológico, histórico-artístico, natural, industrial, eclesiástico, civil … patrimonio material e inmaterial, cuyo mantenimiento supone la conservación de la identidad de un entorno y de sus habitantes, así como la garantía de su pervivencia y disfrute para generaciones futuras.
En el mes de enero de 2018 el Consejo Económico y Social hizo público un “Informe Sobre el Medio Rural y su Vertebración Territorial” en el que plantea una serie de propuestas encaminadas a “aumentar el nivel y calidad de vida en el medio rural español , entendiendo que con ello se contribuye de manera eficaz a mejorar la vertebración social y territorial de nuestro país, afrontando los problemas de desempleo, despoblamiento y sobre-envejecimiento que afectan a regiones cada vez más extensas del mismo”.

El informe del CES pone especial atención al problema del despoblamiento del mundo rural como factor de desequilibrios territoriales, recalcando la importancia estratégica del medio rural como abastecedor de alimentos seguros y de calidad, necesario para una adecuada gestión ambiental, sostén de la industria alimentaria, nicho de empleabilidad, innovación y equilibrador del saldo comercial de la economía del Estado.

El CES aborda también los aspectos relacionados con los problemas de conservación del patrimonio ambiental, histórico y cultural, destacando las oportunidades que estos ofrecen para la revitalización del medio rural, apuntando soluciones que van desde el fomento de las actividades tradicionales, siempre desde una perspectiva de sostenibilidad, hasta las nuevas alternativas relacionadas con el turismo y el ocio.

A tenor de los datos recogidos en este informe, da la sensación de que nos encontramos ante un Gobierno que recibe los análisis, conoce los indicadores de las medidas a aplicar, pero falla sistemáticamente en la ejecución de una política de Estado para el medio rural.
Un medio rural que representa un gran activo, potencial y fuente de recursos naturales y culturales y que languidece por la falta de una política rural efectiva, con una Ley 45/2007 de Desarrollo Sostenible del Medio Rural que contiene medidas especificas pero que no se está aplicando.

El medio rural viene reclamando desde hace tiempo una verdadera política de Estado en toda su complejidad; no menos necesario es un enfoque integral orientado hacia la conservación, la promoción y la valorización del patrimonio natural, cultural material e inmaterial, fuerza motora para la innovación social, el desarrollo local, regional, urbano y rural integrador.

En 2015 Naciones Unidas marcó, con el acuerdo de los líderes políticos mundiales, los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la Agenda 2030. Ante ese reto, cabe revisar las formas de gestión de los recursos naturales que, mediante procedimientos tecnológicos sostenibles, han sido utilizadas hasta el siglo XX en el medio rural para abastecer de materia prima a los distintos territorios, estos procesos forman parte de nuestra diversa etnología.

Actualmente, estos procesos etnológicos están amenazados por el olvido colectivo debido a que se ha interrumpido el conocimiento transgeneracional de estos sistemas de trabajo, que también son fuente de creatividad artística y esta pérdida de memoria es debida en gran parte al avance de la despoblación rural. En este punto conviene recordar la importancia y el papel de la Cultura como elemento transversal para la recuperación y puesta en valor de estos espacios patrimoniales y su contribución a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por Naciones Unidas.

Existe una estrecha vinculación entre patrimonio cultural, turismo y desarrollo rural, en tanto que la actividad turística sustentada en el interés por el patrimonio y promovida de forma responsable bajo los parámetros de la sostenibilidad puede contribuir al despegue económico y a la mejora social, cultural e incluso medioambiental de las comunidades rurales, reduciéndose también los efectos de la estacionalidad en estas áreas.

El Estado tiene la obligación de facilitar esta puesta en valor del patrimonio cultural rural, contando con los fondos europeos destinados para el desarrollo estructural, como parte de la estrategia que ponga freno a la despoblación. Las políticas de cohesión y desarrollo rural impulsadas desde la UE pueden contribuir a la mejora en la conservación, restauración e investigación del patrimonio cultural, potenciando el tejido cultural sostenible. Apoyar las industrias culturales y creativas y financiar la formación y la actualización de las competencias de los profesionales de la cultura es contribuir a la adhesión territorial y a la cohesión social al mismo tiempo que la recuperación económica a diferentes niveles territoriales.

Existe la necesidad, existen los recursos y existen las ganas de poner en valor nuestro patrimonio. Solo hace falta la voluntad política que desde el grupo Confederal de Unidos Podemos le reclamamos al Gobierno.