Opinion · Mundo Rural s.XXI

Construir un mundo rural vivo con equidad desde cada pequeño pueblo

Raquel Ramírez

Miembro de las asociaciones PANAL y El Colletero de Nalda. La Rioja. Entidades de REAS Rioja

Me animo a compartir mis opiniones desde nuestro trabajo en un pueblo de mil habitantes desde la acción de la Comunidad.

Hace muchos años que hemos estado preocupadas por la despoblación y por el abandono que sufría nuestro medio rural. En realidad, salimos de la edad media, que en nuestro pueblo   duró hasta hace pocos años y los planes de desarrollo rural, que recibimos con entusiasmo están siendo más de lo mismo: Estancamiento y abandono

Vivimos en un pueblo agrícola, sobre todo de huerta, también frutales con algo de ganado y un monte que proveía de cereales, que arrastró la dificultad de poseer tierras para las familias que se dedicaban al campo porque, estas, eran de herencias de descendientes de los señores feudales. Esa situación supuso emigraciones desde los años 1900, y otras que respondieron a las sucesivas del país como no podía ser de otra manera. Y, así hemos llegado a una situación de abandono de tierras, por falta de relevo generacional, por falta de ingresos dignos, de comercialización con pago garantizado, de pérdida de la cosecha por heladas, pedriscos o inundaciones. Los mil problemas del campo de cada día.

Los problemas que genera el que, los productos, se paguen a precios inferiores a los costes de producción.

A esto hay que añadir la invisibilidad de una parte de la explotación agraria, las mujeres, que han trabajado en la unidad agraria familiar y no solo han vivido sin reconocimiento social, sino también sin derechos.

Con esta visión que desde lo micro y ampliando nuestras relaciones en redes a nivel estatal e internacional podemos decir que con algunas particularidades coincidimos con los trabajos que se han ido publicando en la página.

Algunas cosas las omitiremos por no repetir o quizás las repetiremos por la importancia que les damos y quizás salga alguna nueva, por nuestra visión desde el ángulo de mujeres rurales.

Nuestro posicionamiento lo hacemos desde un moderado optimismo, desde una visión esperanzadora. No podríamos seguir trabajando en nuestro medio sin buenas dosis de esperanza e incluso de alegría.

Consideramos que la tierra tiene que tener paisaje y nos importa mucho el territorio y también tiene que tener paisanaje y es importante que las personas que vivimos en lo rural nos veamos reconocidas en los escenarios de anticipación que se deben de hacer en los proyectos de desarrollo en los que hemos de ser protagonistas.

Si en esos planes no se contempla que en los pueblos vivimos mujeres, mujeres actuales y plurales, que tenemos conciencia de los derechos y que queremos vivir con igualdad, el plan se desenfocará enseguida.

Hoy las mujeres queremos compartir los cuidados de la familia y no queremos ser la parte que los “soporta” mientras otros, igualmente corresponsables de ellos, los evitan. Queremos compartirlos, tomar la parte que seamos capaces de asumir sin rompernos y disfrutar de esa dimensión de cuidar entre seres humanos, no porque se nos imponga sino porque la consideramos importante y necesaria. Basada en la solidaridad entre generaciones.

Y como además hay una necesidad de trabajar, bien sea, por cuenta ajena, o en las cooperativas rurales o en nuestra explotación queremos tener acceso a servicios que permitan la vida en el pueblo.

Los servicios de cuidados a personas dependientes y a la infancia son imprescindibles para un mundo rural vivo.

Y, en los pueblos hay niños y niñas que han de tener las mismas oportunidades que otros niños que vivan en la ciudad. Es muy importante que se siga invirtiendo en calidad en la escuela pública rural, en recursos humanos y materiales. Es importante que se mantenga el grado de inversión que está cayendo por momentos y nos lleva a periodos casi de la dictadura. Y es importante valorizar a los maestros y maestras rurales, posibilitarles: formación, reconocimiento de su labor y apoyo de la Comunidad en la que trabajan y de los estamentos públicos. Los responsables de la administración educativa deben de estar obligados por protocolos a preocuparse por la escuela rural y no depender de su buena voluntad para actuar.

También es imprescindible que la sanidad pública llegue a todas las personas de los pueblos, tanto los consultorios, como la atención desde los centros de salud, las ambulancias, los tiempos de desplazamientos sanitarios y todo lo que conlleva una vida digna, que nunca será como el que cruza la calle y está en el hospital pero que puede ser, incluso mejor, con una buena estrategia de salud para el medio rural.

El aislamiento y el transporte son dos temas relacionados y que deben ser tenidos muy en cuenta. No solo pensando en los costes económicos sino en el beneficio social que generan las medidas. Los medios de transporte público deben cubrir los horarios de turnos de trabajos en las ciudades con las que conectan y de los servicios que hemos de utilizar.

En lo rural se puede vivir bien porque la cercanía entre las personas, aunque trae algunas incomodidades y control sobre la gente, permite una corriente de solidaridad, ayuda mutua y compañía; Un hacer las cosas conjuntamente que, si es bien encauzada, permite un trabajo comunitario que posibilita un desarrollo participativo e ilusionante, en el que todas las personas en pie de igualdad puedan crecer y desarrollarse.

Las personas jóvenes necesitan de espacios propios que puedan servirles de escuela de autogestión, en toda la extensión de la palabra, desde su ocio, a su vida, su profesión y su desarrollo personal, con derecho a acceder en el medio en el que viven a las tecnologías y los recursos sociales y culturales en la misma medida que otros jóvenes de la ciudad.

Hay que buscar alternativas desde dentro de los territorios y que sean reforzadas desde fuera, con implicación en las políticas públicas, con ganas de arriesgar en cosas nuevas, en las que algunas veces podemos equivocarnos pero más nos vamos equivocando repitiendo siempre las mismas políticas y con los mismos resultados.

La agroecología debe ser una de las soluciones con beneficio para las personas productoras, para las personas consumidoras y, por supuesto para el medio ambiente. Para que esta propuesta sea un éxito necesitamos una alianza entre producción y consumo, una alianza entre campo y ciudad y cerrar esos círculos con corresponsabilidad también en los resultados con la parte productora. Fórmulas como los grupos de consumo, los socios de una explotación formales o informales son una posibilidad.

Los territorios agrícolas históricos han de ser protegidos y utilizados como despensa para las personas del entorno. Ahí está la clave de la Soberanía Alimentaria.

La comercialización debe producirse en los circuitos más cortos posibles, kilometro cero si es posible y consumo casi exclusivo de productos locales y de ese periodo del ciclo agrícola, lo que llamamos del tiempo.

No podemos dejar fuera a las personas que contienen los saberes de la agricultura tradicional, tenemos que tomar esos saberes y llevarlos hacia el futuro mediante la memoria biocultural. No podemos olvidar que ahí están muchas actividades que hemos perdido y que si perdemos su memoria desaparecerán para nuestra apropiación social. Ahí están la conservación de las semillas, los saberes sobre plantas aromáticas y medicinales, las técnicas antiguas de injertar, se deshidratar al sol por el método tradicional y tantos otros saberes.

La gestión forestal ha de servir para dar vida y empleo en los pueblos. Ahí está parte de la custodia del territorio, en la que podemos incluir los montes, los regadíos, para conservarlos sin entubar, las riberas, las dehesas y el cuidado de todo el medio ambiente.

Hace falta voluntad política en la que no es suficiente que cada partido, cuando gobierna, tome unas decisiones que casi nunca están sujetas a las necesidades de las gentes y los territorios. Hace falta un amplio consenso político y social porque esto nos afecta demasiado.

Necesitamos que la ciudad y los círculos, humanos y de territorios, que nos rodean sean anillos de protección y de intercambio y no elementos que nos aíslen o nos sangren.

Queremos ser una nueva ciudadanía rural que nazca de los saberes de los ancestros y que traiga consigo la solidaridad y la capacidad de trabajar y sentirse raíz en su territorio, que aporte pensamiento crítico a cada proyecto que se implante en lo rural, que sea inclusivo y permita el desarrollo sostenible y en equidad. En el que estén presentes todas las edades y géneros, las personas de otras etnias que viven en el pueblo y las personas inmigrantes. Una ciudadanía que busque como podemos vivir todas las personas con dignidad, con medios suficientes, unos en valor monetario y otros en servicios que se generen desde la administración y entre los propios vecinos y vecinas.

Nosotras caminamos, con los ojos puestos en el Ecofeminismo, a una construcción de Comunidad Cuidadora que contemple la satisfacción de las necesidades y el cuidado de las personas y del territorio que habitamos.