El mono del culo rosa
Estoy en casa. Tranquilo y recogido. No hace más de una hora que terminó la fiesta de aniversario. Fue bastante bien. Todo el mundo comió sándwich de nocilla y ganchitos. Y cantamos y bailamos del revés.
Me asomo por la ventana. El día esta plano. Veo tres monos con el culo rosa. Los tres iguales.
Creo que no hay mejor sitio donde…
De repente me despierto. Estoy en un coche. Es el auto que utilizamos para nuestro viaje. Anda frenando. No estoy en casa. Estamos en la E-18, soberbia y bucólica carretera para trasladarse de Estocolmo a Oslo, de capital a capital, de país a país. En la radio suena una canción de Jason Mars. Bajamos del coche y nos ponemos a bailar, aburridas las rodillas. Luchando para despedirnos de los brazos de Morfeo. Rápido van los cigarros. Paramos en una, estación de servicio?, no sabemos. Venden cosas muy raras. Hay un tipo enorme fuera y otro dentro. El de fuera vende figuritas eróticas. Navajas. Peluches de feria. El de dentro, películas pornográficas, ropa de segunda mano, bufandas y guantes. Todo está muy sucio. Viejo. En el pasado.
No tienen lo que buscamos, no hay comida posible para nuestros estómagos. Repito, es un sitio muy raro. Por un momento, creo que estoy atrapado en un capítulo de Doctor en Alaska, o que sigo durmiendo.
Seguimos el camino. Pasamos por Utført, Thurstone. Cruzamos una frontera más. Continuamos por Røid, Lundsby, Knapstad, Lillestrøom. Pueblos preciosos y dulces ahogados en naturaleza. A la vez que hacemos el camino, el camino se hace dentro de nosostros. Nos deja su marca, su olor, su color, su significado.
Volvemos a llegar tarde a nuestro destino, a Oslo. Con tiempo suficiente para admirar la fachada del hotel.
(Ah! y el reto de colarse en el concierto de Coldplay, lo conseguimos!!!!!, pero no fue en Estocolmo, sino en Oslo, donde el reconocido grupo actuaba al día siguiente.)


