Gobernar sin perder el impulso utópico *

15 Jun 2015
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Gerardo Pisarello
Jurista y primer Teniente de Alcalde en el Ayuntamiento de Barcelona  (@G_Pisarello)

Conciudadanos y conciudadanas, representantes institucionales y sociales, vecinos y vecinas de todos y cada uno de los 73 barrios de la ciudad, ciudadana Alcaldesa:

Para el grupo municipal de Barcelona en Común, esta sesión refleja un momento histórico, extraordinario.

Miles de barceloneses y barcelonesas, sin pedir permiso a nadie y desafiando el discurso del miedo, han decidido abrir en la ciudad un nuevo ciclo político.

Este anhelo de cambio nos compromete y nos responsabiliza.

Miles de vecinos y vecinas que aman la ciudad han dicho alto y claro que sienten que la están perdiendo, que no quieren que Barcelona sea un simple escaparate, con desigualdades crecientes, con precariedad y al servicio de unos pocos.

Miles de vecinos y vecinas que aman la ciudad han dicho también que no quieren tener unas instituciones opacas, que no los escuchan y que demasiado a menudo convierten la función pública en un negocio privado.

Al igual que el 15 de mayo de 2011, este 24 de mayo los electores han dicho de manera muy clara que quieren más y mejor democracia. Democracia política y también democracia económica. Aquí, en las instituciones, pero también fuera de ellas: en los barrios, en las escuelas, en las empresas, en los lugares de trabajo.

Esta reivindicación, al menos en parte, no es nueva. Es una voz antigua.

Es la voz de la Barcelona libertaria y republicana. La ciudad de Joan Peiró y de Lluís Companys.

Es la voz de la Barcelona que siempre se ha rebelado contra el centralismo, contra el autoritarismo y las injusticias.

Es la voz de la Barcelona que tantas veces ha mostrado que es posible crear formas de producir, de trabajar, de vivir, basadas en la cooperación y no en la competencia descarnada de todos contra todos.

Estamos aquí con la voluntad de honrar y enriquecer este legado, que no es patrimonio de ningún partido.

Ahora que se hacen tantos cálculos y pronósticos sobre la gobernabilidad de la ciudad, quizá convenga recordar que la diversidad de concejales y concejalas que tenemos hoy aquí es el fruto de un hecho incontestable: el aumento de participación en todos los barrios de la ciudad, sobre todo en los barrios más humildes, de aquellos que habían perdido la ilusión en la política municipal.

Los ciudadanos y ciudadanas, sobre todo aquellos con más dificultades, nos han dado una oportunidad para cambiar y dignificar las instituciones y para recuperar el empuje que Barcelona siempre ha tenido.

No podemos fallarles. No tenemos derecho a frustrar su esperanza ni a pensar solo en nuestros intereses inmediatos.

Si este consistorio quiere ser un auténtico parlamento de la ciudad, hará falta mucho diálogo y predisposición a aprender los unos de los otros.

He escuchado atentamente al resto de grupos municipales. Agradezco de entrada la forma en que se han expresado y celebro la voluntad de colaborar que, unos con mayor intensidad que otros, pero todos de manera suficientemente explícita, han mostrado en su intervención.

Tenemos por delante muchos retos compartidos: el primero de todos, devolver credibilidad a la política. Y esto quiere decir renovar las instituciones de forma leal, cambiando las maneras de hacer y mostrando que la función pública no es un lugar para el enriquecimiento personal, sino una actividad de servicio a la ciudadanía conforme a criterios de bien común.

Por eso invitamos a todo el mundo, sin exclusiones, a apoyarnos, gobernando o desde la oposición, desde el acuerdo o desde la diferencia, para mandar obedeciendo: para mandar obedeciendo a una ciudadanía que exige ser partícipe real de las grandes decisiones y que exige, con razón, soluciones urgentes y equitativas a los problemas colectivos.

Muchos de estos problemas tienen, ciertamente, que ver con un tipo de capitalismo financiarizado, sin bridas, que favorece la concentración de poder en pocas manos, que amenaza la pervivencia de los pequeños y medianos emprendedores, que genera sufrimiento y desigualdades entre sectores cada vez más amplios de la población y que pone en riesgo la supervivencia misma de la vida en el planeta.

Los hombres y mujeres con que nos hemos ido encontrando a lo largo de esta campaña electoral no esperan que hagamos lo imposible o que cambiemos esta realidad de la noche a la mañana.

Pero saben fundadamente que si modificamos algunas prioridades, si conseguimos acabar con ciertos privilegios inaceptables, y sobre todo, si acometemos desde el primer momento un cambio cultural, de mentalidad, podemos avanzar en la construcción de una ciudad en la que la vida pueda ser vivida con dignidad.

La mayoría de barceloneses y barcelonesas están persuadidos de que podemos hacer las cosas mejor y quieren tener esta oportunidad.

No empezando de cero, sino aprovechando lo que muchos concejales y concejalas antes de nosotros, lo que muchos alcaldes del pasado –desde Carles Pi i Sunyer al mejor Pasqual Maragall- y sobre todo, lo que miles de vecinos y vecinas del común ya han hecho por esta ciudad.

En las elecciones del 24 de mayo, Barcelona en Común ha abierto esta posibilidad. Y lo hemos hecho a través de una mujer que encarna lo mejor que esta ciudad tiene para ofrecer.

Barcelona ya ha tenido algún alcalde de origen popular. Hilari Salvador, el último alcalde de la Barcelona republicana, por ejemplo, era hijo de un pescador de la Barceloneta. Le tocó ser alcalde de una ciudad asediada y bombardeada. Era un hombre de gran coraje y muy a menudo se lo podía ver en la calle dirigiendo las tareas de salvamento poco minutos después de un bombardeo.

Barcelona ha tenido muchas mujeres que han dado por ella lo mejor de sí mismas. Montserrat Roig, María Mercè Marçal, la ejemplar María Salvo, que está hoy aquí con nosotros, Emilia Llorca, inolvidable luchadora vecinal de la Barceloneta, y miles de mujeres, jóvenes y mayores, que batallan día a día para que la vida sea sostenible.

Hoy asistimos a un hecho histórico: investir alcaldesa a una mujer sencilla y valiente, que es nueva en la política institucional, como muchos de nosotros, pero que lleva años, como muchos de nosotros, trabajando para garantizar derechos, para conseguir una sociedad justa, democrática, sin exclusiones y sin discriminaciones.

Ada Colau, madre de un pequeño barcelonés al que querrá dejar un futuro pleno de oportunidades y esperanzas, personifica un proyecto colectivo, impulsado desde abajo por mucha gente. Un anhelo de cambio, un sueño que muchos de nosotros queremos convertir en realidad.

Antes, durante y después de la campaña, ha dicho que quería ser alcaldesa de toda la ciudad.

De una ciudad en la que no haya barrios de primera y de segunda.

De una ciudad en la que nadie se sienta solo ni se sienta extranjero.

De una ciudad no acepte resignada que haya gente sin casas y casas sin gente.

De una ciudad que respete a la gente que vive, que trabaja y que genera auténtica riqueza en ella.

De una ciudad más amable, hecha a la medida de nuestros niños, de nuestra gente mayor, es decir, hecha a la medida de todo el mundo.

De una ciudad, por fin, capital de Cataluña y dispuesta a participar activamente en la construcción de un país mejor, más limpio y más justo.

Este anhelo de cambio no es únicamente nuestro. Hoy se ha expresado también en Badalona, con Dolors Sabater; en Madrid, con la querida Manuela Carmena; en Zaragoza, con Pedro Santisteve; en Valencia, con Joan Ribó; en Coruña, con Xulio Ferrerio; en Santiago, con Martiño Noriega; en Cádiz, con José María González; y antes, en Ática, con Rena Dorou y en muchas ciudades europeas que piden un cambio similar.

Queremos hacer un gobierno honrado y más justo. Y también queremos hacer un gobierno realista y responsable, que resuelva con la máxima eficacia los problemas concretos de la gente de esta ciudad. Sin embargo, sabemos bien que para conseguir aquello que es posible y necesario, será imprescindible preservar el impulso utópico que nos ha traído hasta aquí.

Ese “sí se puede”, ese impulso, es el que nos han legado nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y madres, y es el que queremos dejar en manos de nuestras hijas e hijos. Porque como nos dejó dicho nuestro añorado Eduardo Galeano: “La utopía está siempre en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Muchas gracias y ¡que vivan los vecinos y vecinas de Barcelona!

* Discurso pronunciado por Gerardo Pisarello, en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona, en su toma de posesión como concejal y primer Teniente de Alcalde de la capital catalana, el 13 de junio de 2015. Traducido del catalán por la revista Sinpermiso.


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