Con las encuestas ya no se juega

Los aficionados a trastear en el cocinado de las encuestas se han vuelto más prudentes. No pueden disimular su tendencia a utilizar la demoscopia como arma de intervención política, pero ya no se atreven a dibujar descaradamente escenarios del todo improbables.
Todos los medios reconocen ya lo que Público viene señalando desde mucho antes de que existiera Unidos Podemos y es que la presentación de candidaturas conjuntas de Podemos, Izquierda Unida, en confluencia con otras fuerzas programáticamente cercanas en todo el Estado, daría un vuelco más que sustancial al actual mapa político.
La campaña, claro está, puede mover al electorado indeciso hacia uno u otro lado, pero a día de hoy ya casi nadie niega que Unidos Podemos adelanta al PSOE.
En ese contexto, algún medio parece especialmente inclinado a colocar al Partido Popular en una posición de excepcional ventaja, con más del 30 por ciento de los votos, de tal manera que, con lo que pueda obtener Ciudadanos, puedan dar por sentada una mayoría de derechas en el Congreso de los Diputados.
Y no falta quien concede al partido de Albert Rivera un crecimiento que otros no detectan. Son los que invariablemente trabajan a favor de un gobierno de gran coalición, fruto del acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos. Todo es posible. No se puede descartar que el partido del color naranja, que goza del favor de pesos pesados en los medios de comunicación, recomponga su imagen, la sepa explotar frente a la del PP y consiga mejorar el 13’9 por ciento que obtuvo el pasado 20 de diciembre.
El Partido Popular intentará no perder más que lo perdido y Ciudadanos que no se le identifique como su socio natural. Parece bastante evidente que el partido de Rivera seguirá en cuarta posición, como ahora, y muy lejos de alcanzar la tercera. En el ámbito de la derecha centralista y neoliberal el grande no se comerá al chico en las urnas, a pesar de que lo intenta, porque se disputan el mismo espacio, pero se necesitan y se necesitarán.
La batalla de las encuestas, sin embargo, no ha hecho más que empezar. Está por ver la capacidad de resistencia del PSOE, que encara la campaña con mal pie. Paga el precio, entre otros, de haber etiquetado a Ciudadanos como ‘fuerza del cambio’, con el llamado Acuerdo para un gobierno reformista y de progreso, pero ahora se encuentra ante la oportunidad de aprovechar los gestos, mensajes y viajes que han acercado a Rivera al discurso del PP.
El 26J no traerá consigo mayoría absoluta para nadie. Sobre eso no se discute, pero todo indica que estas elecciones presentan una oportunidad clara de desalojar a la derecha del poder.
El cambio real en relación al 20D viene dado por una formula llamada ‘confluencia’, que empezó con éxito en las ciudades, se puso en práctica en la periferia en las elecciones de diciembre y se pone a prueba ahora en todo el Estado. Ya no hay ‘cocinero’ que se atreva a minimizar el impacto de esa receta.