Alemania, la mentira de los minijobs

13 Ago 2013
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El país que dirige Angela Merkel ha sido siempre la musa para sus vecinos del sur, especialmente en lo que a cifras del paro se refiere -con una tasa del 5,4% frente al 26,8% de España-. La última sugerencia del FMI de rebajar un 10% los salarios en nuestro país para ‘impulsar el empleo’ parece un intento de querer acercarnos al milagro alemán pero, ¿es oro todo lo que reluce?

Texto: Silvia Zancajo. Ilustración: Turcios. Infografía: Nerea de Bilbao.

Hay discrepancias según las fuentes consultadas, pero aproximadamente siete millones de alemanes, uno de cada cuatro trabajadores, tiene un contrato de bajo salario, los famosos minijobs (miniempleos). Para algunos, un mecanismo de entrada al mercado laboral y una fórmula para flexibilizar el empleo; para otros, un instrumento que fomenta el trabajo precario y de baja calidad. Vayamos por partes.

merkel¿QUÉ SON LOS ‘MINIJOBS’?

Se trata de trabajos con un salario máximo de 450 euros mensuales y con un límite de horas (al menos formalmente) de 15 horas semanales (el 1 de enero de 2013 se aprobó la subida de 400 a 450 €). Lo habitual es que la hora se pague entre 5 y 7 euros pero, como en Alemania no hay salario mínimo interprofesional, depende del acuerdo al que lleguen las partes. Cuenta, además, con una tributación ventajosa. El empresario paga el 2% a Hacienda y el 28% a la Seguridad Social (el 15% al seguro de pensiones y el 13% al de enfermedad), por lo que la aportación total asciende al 30% (135 euros por un salario de 450 euros, 585 euros en total). El trabajador está exento del pago de impuestos, pero puede hacer una aportación voluntaria del 4,5% de sus ingresos que se suma al seguro de pensiones.

Existe otra modalidad, los llamados midijobs, con cotizaciones a la Seguridad Social más reducidas que el empleo ordinario y con un salario que oscila entre los 401 y los 850 euros (aumento en 50 € también aprobado el 1 de enero de este año). Las personas bajo este régimen laboral tienen derecho a vacaciones pagadas, bajas por maternidad y a los plazos del despido.

Pero, ¿de dónde viene esta modalidad de contratación? Para llegar al origen de este modelo económico tenemos que remontarnos a la década de los 90 cuando, tras la reunificación, entra con fuerza en el mercado laboral alemán la jornada reducida: cualquier empleado que no superase las 15 horas semanales o los 50 días anuales y que ganara menos de 630 marcos. En abril de 1999, con la introducción de la moneda única, se elevó el límite salarial a 325 euros. Finalmente, en 2003, el Gobierno socialdemócrata de Gerhard Schröder ‘parió’ los minijobs para reducir la tasa de paro y aflorar la economía sumergida heredada de la crisis económica tras la reunificación.

En principio, tal y como explica a Números Rojos Ángel Goya, consejero español de Empleo y Seguridad Social en Berlín, los miniempleos están diseñados “como fórmula para entrar al mercado laboral, son empleos a tiempo muy parcial, no están pensados para prolongarse en el tiempo”. Aunque Moya reconoce que, “en algunos casos, como en los estados del sur del país, es un recurso demasiado habitual, y en esas zonas ha contribuido a aumentar las desigualdades salariales”. De hecho, según datos de la oficina de empleo, el número de minijobs creció tres veces más rápido que el resto de empleos entre los años 2005 y 2010.

En su mayoría son trabajos de baja cualificación: empleadas del hogar, camareros, cuidadores de niños y ancianos, repartidores, dependientes, etc. Los colectivos que más se acogen a esta fórmula son jóvenes, mujeres que buscan conciliar trabajo y familia y parados de larga duración. “No se idearon para que la gente tenga que sobrevivir con uno de estos trabajos, sino para combinarlo con los estudios o con una pensión”, explica Neus Pérez, periodista española en Berlín.

“El problema es que muchas veces la gente que acaba trabajando en los minijobs no encaja con ese perfil, lo toman como un trabajo ‘normal’ y entonces tienen un empleo y un salario precario, sin cotizar”, afirma. Y es en esos casos cuando estas situaciones se enquistan. Según la Fundación Bertelsmann, Alemania tiene una de las tasas de transformación de empleo precario en empleo de calidad más bajas de la Unión Europea (UE). Por el contrario, desde la mutua de pensiones KBS defienden que una de cada tres personas que tiene un minijob consigue un trabajo regular cuando concluye la relación laboral. Sin embargo, las cifras de sub-empleados no paran de crecer.

ATRAPADOS EN LA PRECARIEDAD

Los sindicatos alemanes sostienen que se ha convertido en una trampa, sobre todo para las mujeres, que perpetúan su dependencia de las transferencias estatales y los ingresos de los cónyuges. Más de 4,5 millones de estos empleados precarios son mujeres, de las que más de tres millones carecen de otra fuente de ingresos. Para Francisco Trillo, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Alemania “hay un elevado número de trabajadores con un empleo de muy baja cualificación, y la mayoría, entre el 70 y el 80%, son mujeres, porque es una sociedad donde estas siguen abocadas a quedarse en casa a cuidar de los hijos”.

El profesor Trillo asegura que “si lo que se busca es alterar las cifras de desempleo, cumplen con su finalidad. Pero la finalidad del trabajo es dar acceso a una serie de bienes y servicios de la sociedad, y esa función no la cumplen”.En el mismo sentido se expresa Ricardo Morón, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Autónoma de Madrid: “El modelo alemán de minijobs está consagrando una casta de personas empobrecidas, encapsula a la población y produce una segregación por edad y por sexo”.

Y en esa segregación por edad la alarma ha saltado también entre los jubilados. Según el diario alemán Süddeutsche Zeitung, cerca de 800.000 pensionistas alemanes, 120.000 de ellos mayores de 75 años, tienen un minijob. Para algunos expertos, una gran parte de estas personas cuenta con una alta cualificación y continúa trabajando para mantenerse activos, no por necesidades económicas. Pero desde el organismo social VdK aseguran que la mayoría de esos mayores de 75 años en activo “no son precisamente profesores universitarios que quieren trabajar más tiempo. Se trata más bien de jubilados que reparten periódicos, llenan estanterías de supermercados y practican otros oficios poco atractivos para mejorar sus pensiones”.

UNA BOMBA DE RELOJERÍA

La extensión de la precariedad y el salario bajo suponen una bomba de relojería contra el sistema de pensiones. Según un informe del Ministerio de Trabajo alemán, las cotizaciones al seguro de pensiones público de los empleados de los minijobs solo les darán derecho a 3,11 euros de pensión al mes por cada año trabajado. Pongamos el ejemplo de una mujer que a los 30 años decide ser madre y comienza a trabajar a tiempo parcial para obtener ingresos extras. La edad de jubilación en Alemania son 67 años. Si esa mujer solo tuviera esa fuente de ingresos a lo largo de su vida laboral, tras 37 años cotizando a la Seguridad Social tendría derecho a una pensión mensual de 115,07 euros.

minijob-info2Por eso, se calcula que millones de trabajadores alemanes, en su mayoría mujeres, podrían caer en la pobreza cuando se jubilen, un colectivo que en Alemania ya denominan ‘viejos pobres de solemnidad’: todos aquellos que tendrán una jubilación por debajo de los 680 euros, la pensión mínima en el país, y que plantean un enorme desafío a la Seguridad Social. Desde los sindicatos alemanes llevan años reclamando la implantación de un salario mínimo, ya que aseguran que los empleos precarios son la vía directa hacia la pobreza de los ancianos.

La respuesta de Angela Merkel ha sido el anuncio de planes para subvencionar directamente las pensiones más bajas a partir de 2013 y la ministra de Trabajo, Ursula von der Leyen, ha hablado de poner en marcha un sistema de pensiones paralelo al ya existente para hacer frente a las necesidades de los que hoy son subempleados y mañana serán ancianos pobres.

Las voces críticas son cada vez más numerosas desde dentro de la propia Alemania. El Ministerio Federal de Asuntos de Familia dio a conocer un informe a principios de 2011 en el que aseguraba que los minijobs no cumplen la función de puente hacia el empleo a jornada completa e indefinida. El informe destaca que el salto hacia un trabajo regular es “sumamente difícil”. Igualmente, un informe de la Fundación Bertelsmann asegura que los empresarios no recurren a este instrumento para afrontar una mayor demanda de trabajo de forma flexible, sino que integran los miniempleos en la plantilla, con riesgo de mantener este contrato precario de forma indefinida.

En muchos casos, como denuncia el profesor Morón, “las empresas usan los contratos de 400 euros para mantener a personas a tiempo completo: pagan las horas extras en negro y evitan abonar la Seguridad Social y el resto de cotizaciones obligatorias en los contratos regulares. Y todo esto no es un problema solo de Alemania, incide en el resto de Europa. El milagro alemán tiene que ver con el control de los salarios. Se pagan sueldos bajos y el país incrementa su productividad, pero eso hace que el resto de países tengan que recortar los salarios para poder ser competitivos”, asegura Morón.

¿’MINIJOBS’ EN ESPAÑA?

Cuando el Banco Central Europeo (BCE) compró deuda soberana española e italiana en los mercados secundarios, Jean-Claude Trichet, su entonces presidente, mandó una carta a Zapatero que fue filtrada por los sindicatos. Una de las condiciones era la implantación de miniempleos en España. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) defendió su introducción, pero los sindicatos españoles anunciaron su oposición a esta medida. Para Cándido Méndez, “lo que se está proponiendo es una nueva degradación del empleo; además, creando un falso espejismo, puesto que no es la solución para que las pymes puedan crear trabajo”.

Para el consejero Ángel Goya, “el modelo alemán es muy especial y no creo que sea aplicable a la realidad española. En España ya existe el contrato a tiempo parcial y hay mecanismos para flexibilizar el empleo”. Es lo mismo que opina el profesor Trillo, para quien “en el ordenamiento jurídico español hay elementos más que de sobra. No tiene sentido la aplicación aquí de los minijobs”.

Parece que, de momento, no ha cundido en España el ejemplo alemán. Mientras, el fortín de la economía alemana empieza a mostrar más puntos débiles de los esperados. Quizás el milagro, al fin y al cabo, no sea tal.

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