Xabier Arrizabalo: “Los postulados de Podemos son tremendamente miopes”.

29 Abr 2015
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

Es Doctor en Economía y Licenciado en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, donde lleva más de dos décadas enseñando Economía Aplicada y Mundial. Hace unos meses publicó “Capitalismo y Economía Mundial”, un ‘tocho’ con más de 700 páginas en el que engarza las tesis de Marx con las situación actual en las diferentes regiones del planeta.  Una obra magna en todos los sentidos.

Texto: David Losa (@deividlost). Foto: Paula Guerra.

arrizabalo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se interpreta de tu libro que el capitalismo avanza cada vez de forma más torpe y brusca, solventando sus dificultades con virulencia.

Hay problemas graves de pobreza que hace unos años pensábamos que no volverían a aparecer. Cuando se manifiestan con toda crudeza nos preguntamos por qué, y encontramos respuestas insatisfactorias, como las que plantean economistas reputados como Krugman, que hablan de una situación irracional o absurda. Si hacemos un análisis riguroso, apoyándonos en la mejor tradición del pensamiento económico, constatamos que la dinámica capitalista obedece a unas leyes que exigen que la acumulación prosiga, lo que a su vez conlleva retrocesos sociales. La rentabilidad que preside el capitalismo es cada vez más incompatible con los derechos sociales.

Planteas que las teorías de Marx son capaces de explicar el devenir económico del planeta 150 años después de que fuesen elaboradas. ¿Es posible aún aplicar sus modelos económicos?

La formulación de Marx es teórica. Si valen para explicar la economía capitalista han de valer en cualquier contexto. Marx formula “El Capital” a partir de una lectura crítica de los autores que más lejos habían ido en la pretensión científica de explicar los fenómenos económicos. Por eso diferenciaba a los economistas que tenían una pretensión honesta, como David Ricardo, por ejemplo, de los que él llamaba “economistas vulgares”, que asociaba con posiciones propagandísticas. Marx se sitúa en ese proceso acumulativo del conocimiento que crea una ciencia económica cada vez más capaz de explicar los fenómenos, por oposición a esa economía vulgar dominante desde el siglo XIX hasta hoy.

¿Las recetas de Marx son aplicables hoy?

Hay una gran confusión entre con esto de las recetas marxistas. En primer lugar, por la experiencia que supuso la degeneración de la Revolución Rusa a partir del control de Stalin y que propagandisticamente se asoció al marxismo. Marx plantea la impugnación del orden vigente a partir del cuestionamiento de la premisa básica que es la propiedad privada de los medios de producción, cuyo pleno desarrollo lleva a la situación social y catastrófica que vivimos. Pero Marx no da pautas, él es un analista, un teórico serio que sabe que los procesos sociales no se diseñan en el papel y luego se aplican.

En España, Europa o EE. UU., el capitalismo parece encontrarse en un estadio similar. Sin embargo, hay otros lugares del mundo que podría hablarse de otro momento, caso de China u Oriente Medio.

No podemos ver de una forma desconectada lo que ocurre en Estados Unidos o Europa de lo que pasa en el Sudeste Asiático, África o en América Latina. Desde el punto de vista actual lo más interesante es que las costuras del orden mundial o imperialista, tutelado por el capital financiero, están saltando. Si comparamos la situación actual con la de hace 25 años vemos que hoy en América Latina, en ciertas zonas de Asia, Oriente Medio, Norte de África o incluso en el corazón de Europa o Estados Unidos, la situación responde a esos requerimientos de acumulación capitalista, como reflejan una explotación creciente y una polarización social mayor. Hace casi cien años Lenin resumía la etapa en la que se metía el capitalismo con tres palabras: crisis, guerras y revoluciones. Hoy seguimos asistiendo a esos escenarios continuamente.

¿Cómo han cambiado los poderes económicos mundiales en las últimas décadas?

Ha habido una cierta llamada a filas. Tras la II Guerra Mundial se abrieron espacios para que el capital pudiera hacer concesiones al bienestar social, había un margen para la acumulación debido a la destrucción de la Guerra y la infinitas posibilidades de construcción existentes. Pero dos décadas después empieza a mostrarse el carácter de lastre para el capital que suponen aquellas concesiones. Finalmente, en los 80, Thatcher, Reagan y otros gobernantes expresan esa preocupación capitalista, no pueden permitir que se institucionalicen ciertas conquistas obreras. Entonces se empieza a tutelar a muchos países desde el capital financiero. Un ejemplo actual es Europa, donde desde el pacto por el Euro Plus, en 2011, se subordina expresamente la tutela de la política económica al FMI. La Troika no es más que un ‘caballo de Troya’ para la incorporación del FMI al tutelaje, porque la Comisión y el Banco Central Europeo ya existían.

¿Hay que entender en este contexto las políticas ‘antiimperialistas’ de países como Venezuela, Bolivia, Ecuador o incluso Argentina?

En América Latina constatamos que en estas últimas décadas ha habido una secuencia que podemos resumir en el eje: crisis mundial-deuda financiera políticas de ajuste-deuda social. Pero esa deuda social no es el final de la secuencia, sino el caldo de cultivo para experiencias como las de Ecuador, Bolivia o Venezuela, y en otra medida Brasil o Argentina. En una economía mundial con un disciplina casi absoluta hay países que, con desviarse mínimamente, ejecutan políticas a contracorriente. Son políticas de combate real contra la pobreza, lo cual es valioso.

libroarri¿Es limitado el éxito de esas políticas?

Sí, lo que pasa es que el mientras tanto importa y mucho. Mientras tú y yo hablamos de economía hay venezolanos que están teniendo acceso a la enseñanza, a la salud, a una nutrición más completa… Ellos te dirían que está muy bien la discusión política, pero que de momento el hecho de poder ir al médico les ha cambiado la vida. No debe menospreciarse, más allá de que en un contexto económico general tenga sus límites. En Venezuela hay un combate real contra la pobreza, pero no se ha institucionalizado un mecanismo de seguridad social, lo que significa que cuando llegue otro gobierno podría derrumbar los avances.

Hablando de la UE, dices que es una construcción surgida del capitalismo, aunque durante algunas fases de su proceso de desarrollo las poblaciones de los países se han visto favorecidas con un mayor estado del Bienestar.

En España mucha gente relaciona la entrada en la UE con todo lo que tiene que ver con fondos regionales, pero si lo miramos de forma completa, nos damos cuenta de que al mismo tiempo que recibíamos esos fondos se desmantelaba la base industrial con las mal llamadas reconversiones. Fue un acierto por parte de los partidos socialdemócratas ese pacto social que construyó el estado del Bienestar, pero fue un estado solo relativo. Consolidar la educación o la sanidad públicas es muy positivo, pero había posibilidades de haber llegado mucho más lejos, hasta asegurarlo. Era un estado del bienestar con fecha de caducidad.

Hablas de una “huida hacia delante del capitalismo”. ¿Atisbas el final de esa huída?

El capital no tiene un plan b, no se plantea la posibilidad de construir una sociedad estable a medio plazo, lo que hace es ir saliendo del paso como puede. La lucha incluso dentro del capital es encarnizada. El desarrollo capitalista es ya frontalmente incompatible con los derechos democráticos. Rosa Luxemburgo hablaba de “socialismo o barbarie”, y la palabra barbarie no es una exagerarión, ya estamos viendo que hay comunidades autónomas en España donde los colegios tienen que abrir en vacaciones para que algunos niños hagan una buena comida al día, eso en un país como España es un elemento de barbarie.

Dices que estamos desde los años 70 en una especie de bucle crisis-ajuste-crisis que caracteriza el estadio final del capitalismo, incapaz de crear nuevos despliegues de acumulación. ¿Podría incluso impulsarse una nueva gran guerra como motor de arranque de otra etapa de crecimiento?

Históricamente, en el capitalismo, las crisis permitían que se regenerara el crecimiento, por eso había una estructura temporal cíclica que podía hacer pensar que siempre se podía salir. En el siglo XX observamos que ya no basta con el mecanismo de la crisis, ni siquiera completado con la intervención del estado, como en el New Deal de Roosvelt en el 1933, con lo que se recurre a mecanismos de destrucción mucho más sistemática, como las grandes guerras, las políticas de ajuste impuestas… No creo que hoy haya posibilidad de una guerra mundial mientras EEUU sigua llevando el 40% de todo el gasto en armamento del mundo, pero hay estallidos bélicos en todo el mundo.

¿Crees que con la simple eliminación de los paraísos fiscales en todo el mundo se cortocircuitaría el sistema?

Los paraísos fiscales son el resultado de las exigencias del capital de buscar todos los mecanismos posibles para valorizarse con las menores trabas posibles. Pretender acabar con eso es loable y quizá permitiría mejorar la situación, pero es ilusorio desde el punto de vista de que apunta a la posibilidad de un capitalismo bueno, algo que yo rechazo. Si medidas así mejoran las cosas bienvenido sea, pero sobre todo tendrán un carácter pedagógico, mostrarán que esas conquistas son la única vía para cambiar la organización.

Hay movimientos políticos en países como España o Grecia que abanderan una respuesta a los abusos del sistema. ¿Crees que tienen posibilidades reales de frenar las acometidas de los “mercados”?

Dos consideraciones previas. La primera es que tengo pleno respeto a los militantes que depositan ilusiones en que se puedan resolver los problemas en esas organizaciones. La segunda es que dentro de todo esto habría muchas cosas que diferenciar. No es lo mismo una candidatura en un municipio que resulta de ciertas experiencias de movilización y que aspira en el terreno local a poner coto a los desmanes caciquiles, que posiciones más amplias como las de Podemos. No tengo problema en saludar movimientos democráticos que señalan deficiencias, pero de lo que estamos hablando es de que uno pueda depositar ilusiones de que ofrezcan una verdadera salida. En mi opinión sus postulados son tremendamente miopes, su pretensión tiene que ver todo lo más con una cierta regeneración democrática, que además es contradictoria, porque el transfondo, aunque ellos lo difuminen con cuestiones como la casta, tiene que ver con la explotación. Lo que está pasando no es el resultado de unos políticos muy malos, sino de las exigencias de un sistema que necesita desesperadamente más explotación.

Por cierto, los nombramientos de Torres López y Vinçen Navarro como ideólogos económicos de Podemos crearon cierta polémica entre aquellos que apuestan por el decrecimiento.

Son dos personas valiosas que identifican con precisión aspectos que los medios oficiales ocultan. Pero a la vez defienden, digamos, un capitalismo bueno. Por ejemplo, en su libro “Hay alternativas” plantean la posibilidad de una democratización del BCE, una institución constituida para hacer lo que está haciendo. Sobre el decrecimiento, lo diré con claridad: Desde el punto de vista teórico es de una debilidad abrumadora. La idea puede ser útil para dar cobertura a posiciones ecologistas o más filosóficas, como la belleza de lo pequeño, pero ignora que la lógica capitalista es implacable. Lo que hay detrás es una apuesta directa por la preservación del capitalismo. Como cuando se levanta la consigna “auditoría de la deuda”. ¿Auditoría? ¿No debería ser suspensión de todo pago al capital cuando hay desempleo crónico, miles de desahucios, chavales expulsados de la universidad…? Con buenas intenciones uno puede acabar legitimando aquello que quiere combatir.

 Consigue aquí tu ejemplar de Números Rojos

 

 


comments powered by Disqus