Ojo público

Fotos del mundo

Trabajadores 5/5

14 Nov 2008
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ÁNGEL BOCALANDRO

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Mérida// No, no es un alma en pena (y con bigote) recién liberada de las profundidades del purgatorio y aún envuelta en el humo volcánico propio de aquellas latitudes. Es algo más terrenal: es un humilde piconero elaborando el picón de encina que alimentará los braseros que todavía se utilizan en muchas zonas de la España rural. La electricidad mató al picón, pero éste aún renace de sus cenizas repitiendo el dicho del clásico: “Los muertos que vos matáis / gozan de buena salud”. ANTONIO AVENDAÑO

Trabajadores 4/5

13 Nov 2008
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ÁNGEL BOCALANDRO

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Zaragoza// No están los tiempos para el chiste fácil de que este negocio va sobre ruedas. Estamos más bien ante un negocio en medio de la oscuridad. Desde el modesto autónomo de la imagen hasta los colosos como la General Motors, en estos días difíciles todos navegan a ciegas en la oscuridad, sin saber qué les reserva el futuro. Nuestro hombre, sin embargo, posa con gesto sereno, con el aplomo de quien ha visto mucho en esta vida y sabe que todo podría ser aún peor de lo que es. ANTONIO AVENDAÑO

Trabajadores 3/5

11 Nov 2008
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ÁNGEL BOCALANDRO

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Zaragoza// Malos tiempos para construir casas. Malos tiempos para venderlas y malos para comprarlas. Malos tiempos para promotores, constructores y arquitectos. Para capataces, carpinteros, ladrilleros y cementeros. Pero malos tiempos, sobre todo, para ese último eslabón que son los peones: antes construían casas que nunca podrían comprar; ahora siguen sin poder comprarlas, pero además han dejado de construirlas. Para algunos, los malos tiempos son doblemente malos. ANTONIO AVENDAÑO

Trabajadores 2/5

11 Nov 2008
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ÁNGEL BOCALANDRO

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Jaén// A este trabajador puede ocurrirle lo que a aquel personaje de Molière que tanto se sorprendió al enterarse de que llevaba toda la vida hablando en prosa sin saberlo. En las almazaras siempre se llamó orujillo a los desechos de la aceituna utilizados como combustible. Pues bien: lo que ayer era orujillo, hoy es biomasa. Cambian las palabras, pero no la dureza de ciertos oficios vinculados a ellas. Estaría bien lo contrario: que mejoraran los oficios y permanecieran las palabras. ANTONIO AVENDAÑO