Tan solo a unos centímetros
ANDY RAIN

Londres // Han sido necesarios cientos de ensayos y errores para conseguir que este amasijo de hierro gire la muñeca y le ofrezca la manzana a su creador. Sólo unos centímetros separan a la máquina del hombre, y en esa distancia vislumbramos el comienzo de una nueva era llena de interrogantes: ¿llegará el día en que sintamos que debemos darle las gracias al robot por la manzana? ¿Y el día en que éste decida, airado quién sabe por qué, tirárnosla a la cara?








