PETROS GIANNAKOURIS

Bagdad, Irak // En Irak, con el sol, los niños se levantan con una esperanza: sentirse sanos, seguros y felices. No es así: desde que nacieron, la vida es sinónimo de guerra. Entre otras cosas, sólo la mitad puede ir a la escuela. Pero esta tarde van a darle un corte de manga al miedo, a la tristeza y a la muerte. Jugando dibujan un mundo mejor. Al fondo, el sol se pone sobre el río Tigris; parece que pudiera tocarse.
ROSINA YNZENGA

Miradas duras. Manos ásperas. Así son la mayoría de las mujeres en el Kurdistán. Ignoradas y relegadas al silencio, al olvido. A esa oscuridad donde los días se suceden sin esperanzas, sin libertad, sin sonido. Al más absoluto vacío donde sus voces no son escuchadas. Aisladas por una sociedad donde impera lo masculino, donde la lista de lo permitido para ellas es demasiado corta y la lista de lo prohibido, demasiado larga.
ROSINA YNZENGA

Antes las mujeres ayudaban a los persmergas. Hoy son persmergas. Son la única unidad de femenina del ejército kurdo. Forman un bastión de menos de 20 mujeres que han querido demostrar que son iguales. Iguales en fuerza, coraje y arrojo. Iguales a la hora de empuñar un fusil y luchar por sus ideales de libertad. Esa libertad de la que carecen en sus vidas cotidianas.
ROSINA YNZENGA

Horas en colas interminables. Minutos para rellenar la papeleta. Segundos para depositar el voto. Un momento histórico ansiado durante casi 15 años de padecer genocidios, crímenes, opresión y, sobre todo, dolor. Las mujeres, con la esperanza de un futuro de igualdad y libertad. Los hombres con, la tensión que requieren los grandes momentos de la Historia.
ROSINA YNZENGA

Carecen de voz y opinión. Consideradas por los hombres como ciudadanas de segunda, no pueden elegir con quién casarse, dónde trabajar, con quién vivir. Llevan en sus hombros el buen nombre de la familia, que es medido y valorado por los hombres. Esos hombres que ante cualquier desliz se sienten con el derecho de asesinarlas. En seis meses, sólo en la ciudad de Kirkuk cerca de 800 mujeres fueron asesinadas y más de 1.000 se suicidaron quemándose a lo bonzo.
ROSINA YNZENGA

El petróleo iraquí. Esgrimido como trofeo o botín de la invasión. Como causa única a la barbarie. Ese petróleo que abandona las fronteras, ya que Irak carece de refinería y regresa en parte como combustible. Un combustible que escasea y que obliga, hoy por hoy, a los coches a quedar varados durante días en interminables filas para poder llenarles el depósito. Es, sin duda, una gran ironía cuando eso ocurre en un país considerado uno de los mayores productores de crudo.
ROSINA YNZENGA

Suleimanyah, Irak. Para la novia, el destino atado al padre se convierte en el destino atado al marido. Con la firma del contrato matrimonial se establece su dote (m’uajar, de la que proviene nuestra palabra ‘ajuar’) en oro, el único bien que poseerá en caso de divorcio o de repudio. Vestidas a lo occidental, las mujeres han abandonado la tradición sólo en apariencia; lo esencial sigue anclado en el pasado y en las leyes no escritas que imponen los hombres.