El largo adiós
SAUL LOEB

Washington // Es la hora del adiós, y los adioses siempre son melancólicos. Los funcionarios de la Casa Blanca designados en la era Bush comienzan a reunir sus pertenencias en tristes bolsas y cajas. Habiendo sido una Administración tan bíblica, tal vez alguno de ellos haya rememorado con amargura el viejo Eclesiastés: hay un tiempo de derribar y un tiempo de edificar, un tiempo para rasgar y un tiempo para coser, un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz. Pues eso.









