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Camorra, hachís y Al Qaeda en la Costa del Sol

24 feb 2012
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Moulay Idriss tras su detención. Fue un golpe a la Camorra y, aunque entonces no trascendió, también a Al Qaeda. La Guardia Civil detuvo el pasado viernes 17 de febrero en las cercanías de la mezquita de Fuengirola (Málaga) a Moulay Idriss M.A., ‘Armando, un marroquí de 34 años al que las autoridades italianas consideran no sólo el principal suministrador de hachís de los ‘clanes Nuvoletta’ y ‘Polverino’ de la mafia napolitana, sino también un presunto integrante de la red de ‘narcofinanciación’ del terrorismo islamista. Los datos que manejan los Carabinieri señalan que el ahora arrestado incluso pudo saber con antelación que se iban a cometer los sangrientos atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

La detención de Moulay Idriss -que llevaba viviendo de modo estable en España desde 1999 aunque residía largas temporadas en Italia y Holanda, según su propia declaración- se produjo después de que las autoridades italianas emitieran el miércoles 15 de febrero una orden de detención europea por los delitos de tráfico de drogas e integración en organización criminal. Dos días después y dentro de la Operación Ferry Boat/Romel 11,  agentes del Grupo de Huidos de la Justicia, de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, lo localizaban y detenían a las puertas del templo fuengiroleño cuando acudía a rezar. Una vez que las autoridades españolas confirmaron que se había producido el arresto, la policía italiana iniciaba una redada en Nápoles y otras ciudades italianas que terminó con la captura en pocas horas de otras 23 personas, todas ellas supuestas integrantes de una trama de la Camorra que hacía llegar a Italia, a través de España, la droga que les vendía presuntamente el ciudadano marroquí.

Lo que, sin embargo, la orden europea de detención italiana no detallaba es que los Carabinieri consideraban a Armando algo más que un traficante ‘al por mayor’. Según fuentes cercanas a la investigación, las autoridades de Roma destacan en sus informes que en 2002, cuando aún no era buscado por la policía de este país, Moulay Idriss fue detectado en un control de carreteras en posesión de un carné de conducir que estaba a nombre de Abdilah el Fadual el Akil, una de las personas que años más tarde fueron juzgadas en España por su presunta relación con los atentados del 11-M y que, tras ser condenado en primera instancia por la Audiencia Nacional, fue finalmente absuelto por el Tribunal Supremo.

Además, los investigadores italianos cuentan con declaraciones que aseguran que Idriss alertó a los camorristas asentados entonces en España que para que ese día de marzo evitaran tomar el transporte público. Un ‘favor’ que, según las autoriades italianas, es supuestamente consecuencia del importante papel que la Camorra tiene en la financiación del terrorismo islamista gracias a la compra de estupefacientes.

En España, sin embargo, a Moulay Idriss nunca se le ha ligado con actividades terroristas. De hecho, las tres detenciones previas que constan en su ficha policial están relacionadas con un delito de tráfico de estupefacientes, otro de lesiones y uno más de falsificación de documento, cometidos todos ellos entre los años 1999 y 2009. En dos de estos arrestos, eso sí, aparecía fichado con un nombre falso, el de Rachid Echemlali Rahmadi, la identidad de un amigo suyo que supuestamente también utilizaba durante sus estancias en Italia y Holanda. Pese a ello, en los tres últimos años no constaban nuevos arrestos. De hecho, Armando había iniciado ya los trámites para solicitar el permiso de residencia y se había asentado con su mujer y sus tres hijos cerca de Marbella. Ahora, tras su detención el pasado viernes a petición de las autoridades italianas, será la Audiencia Nacional la que decida si lo envía a este país.

Allí, la justicia le acusa de suministrar toneladas de hachís a la Camorra a través de una ruta que se iniciaba en Marruecos. Desde allí, los alijos cruzaban el estrecho de Gibraltar en barco y, antes de llegar llegar a las costas españolas, los fardos de droga previamente impermeabilizados eran arrojado al mar para que más tarde fueran recuperados por buzos. Una vez en tierra, el hachís era ocultado en coches con dobles fondos preparados previamente en un taller mecánico de Nápoles. A bordo de estos vehículos, el estupefaciente era trasladado por carretera por un grupo de conductores de nacionalidad polaca comandados por una mujer y contratados por los mafiosos italianos.

Los investigadores italianos calculan que la Camorra adquiría a través de Moulay Idriss cerca de media tonelada de hachís al mes. Una importante cantidad que reportaba presuntamente a Al Qaeda importantes beneficios económicos, porque en cada uno de4 estos envíos, Moulay Idriss obtenía supuestamente 225.000 euros de margen.

“Papá, ¿atracamos un banco?”

06 feb 2012
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Los lazos familiares en el mundo de la delincuencia no es algo, ni mucho menos, extraño. Al contrario, para muchos cacos eso de delinquir en familia une más que la leche materna. Así, hay hermanos que aunan tanto sus lazos de sangre para saltarse a la ley que terminan detenidos al mismo tiempo. Incluso, existen familias enteras que tienen más fotos de sus miembros en los archivos policiales que en los álbumes de casa. Miguel Ángel M.O., de 42 años,  y su hijo de 17 años, van camino de ello.

A ambos los detuvieron los agentes del Grupo XII de la Brigada Provincial de Madrid el pasado 1 de febrero cuando volvían a casa en familiar armonía tras atracar presuntamente una sucursal bancaria de la capital. Eso sí, esta curiosa pareja de delincuentes actuaba de una manera que la hacía aún más peculiar: era el menor el que entraba en la entidad de ahorro a decir el “arriba las manos, esto es un atraco” mientras exhibía una pistola en la mano. El padre se limitaba a esperar fuera para facilitar la huida a su vástago. Hasta el momento, la Policía les acusa de nueve robos a mano armada con los que consiguieron un botín de 13.096 euros. Al menos, problemas para repartir no debían tener. Es lo bueno de atracar en familia.

La investigación que ha permitido detener a ambos se inició el pasado 30 de junio. Ese día, padre e hijo asaltaron supuestamente una sucursal en la calle Alcalá de Madrid. Los empleados de las mismas describieron al único atracador que entró en la oficina bancaria como un individuo joven, de piel oscura y que ocultaba su cara de las indiscretas cámaras de seguridad con una gorra y gafas de sol. Tras sacar la pistola y ‘recaudar’ el dinero, el delincuente había abandonado a la carrera el banco.

Desde aquel día, las denuncias por atracos protagonizados por un individuo de las mismas características se fueron sucediendo. Los agentes comprobaron además que todos ellos se producían siempre en la misma franja horaria del día, entre las 9 y las 11 de la mañana, y que fuera de la entidad bancaría esperaba un hombre de mayor edad, con el que el atracador escapaba del lugar. Unas veces, lo hacían en un coche. Otras, sencillamente a través de la boca de metro más cercana.

Con esos datos, los agentes fueron estrechando el cerco a los dos ladrones hasta que el pasado 1 de febrero volvieron a actuar y atracaron un banco en la calle Camarena de la capital. De nuevo, el hijo era el que entraba y el padre el que vigilaba fuera. La rápida puesta en marcha del dispositivo antiatracos que tenía preparada la Policía permitió localizarlos poco después a bordo del coche con el que se dirigían a su casa. La pistola con la que el menor ‘convencía’ a los empleados de las sucursales para que le entregaran el dinero, la llevaba encima el padre. Mientras, el hijo aún vestía la misma ropa deportiva que lucía cuando cometió este mismo atraco. De este modo, padre e hijo han pasado ya a formar parte de esa larga lista de familias fichadas por delinquir juntos y, con ello, sus fotos aparecen en el ‘album’ de esa gran familia que conforman los ‘chorizos’.

El difícil juicio a ‘Cabeza de cerdo’

01 feb 2012
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Si para un periodista, una de las mayores satisfacciones profesionales es conseguir que la noticia que ha escrito se convierta en portada de su periódico, la de un policía o un guardia civil lo es, sin duda, ver cómo la justicia impone una severa condena al delincuente que tantos esfuerzos le ha costado arrestar. Sin embargo, eso no siempre es posible, ni mucho menos. Unas veces, porque el garantismo de la señora de la toga y los ojos tapados es aprovechado por los ‘malos’ y sus abogados para irse de rositas. Otras, porque probar la comisión de determinados delitos, con el código penal en la mano, es más difícil que demostrar que a un político le regalan los trajes. Es el caso de los relacionados con el tráfico de seres humanos y, más concretamente, con la explotación sexual de mujeres. El juicio que este martes y miércoles se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Madrid contra Ioan Clamparu, más conocido como ‘Cabeza de cerdo’ y considerado por la Policía de medio mundo como el mayor proxeneta de Europa, es un claro ejemplo de ello. Visto lo visto en la primera sesión, la petición de 30 años de cárcel que hace la fiscalía puede quedar en mucho menos o, incluso, en algo anecdótico. Espero, sinceramente, equivocarme.

Ya hace tiempo uno de los policías que luchan contra esta lacra me explicó lo complejo y frustrante que pueden llegar a ser sus investigaciones. Horas y horas de seguimientos, largas conversaciones con las chicas que son explotadas para hacerlas ver que la única manera de salir de la espiral de violencia y esclavitud que han entrado es denunciar a sus explotadores, y mil y una gestiones se pueden quedar en agua de borrajas por la lentitud de la justicia y la actitud extremadamente legalista de algunos jueces, que se olvidan que detrás del voluminoso sumario que turno hay personas con rostro, apellidos y esperanzas de una vida mejor. De este modo, algunos de estos casos entran en un largo, larguísimo via crucis judicial que permite a muchos estos delincuentes volver a sus casas tranquilamente y olvidarse de que un día fueron detenidos.

El juicio de estos días de ‘Cabeza de cerdo’ es el mejor ejemplo de ello. Una operación policial permitió en el año 2000 asestar un duro golpe a esta organización que, según se ha escuchado durante la vista, contralaba “más de 100 prostitutas” en la Casa de Campo de Madrid, uno de los mayores prostíbulos al aire libre de la capital. Hubo diez detenidos, entre ellos el célebre Ioan Clamparu. De todos ellos, hasta ahora se ha juzgado sólo a uno, al que se condenó a sólo dos años de cárcel. Del resto, salvo Clamparu, que se le detuvo el pasado mes de septiembre tras entregarse, no se sabe nada. Están en paradero desconocido y, visto lo visto, con muy pocas ganas e intenciones de presentarse en un juzgado para sentarse en el banquillo de los acusados. Y es que doce años entre una operación y el posterior juicio es, a todas luces, demasiado.

Otro ejemplo. Contra ‘Cabeza de cerdo’ deberían haber declarado cinco de las chicas a las que explotaba. Cuatro de ellas estaban protegidas por la justicia española con esa figura llamada “testigo protegido”. Ayer, sin embargo, sólo acudieron dos de ellas. Las otras tres, tras aceptar en su día denunciar lo que habían vivido, ahora han preferido poner tierra de por medio porque no se sienten suficientemente protegidas. ¡Cómo se van a sentir así si saben que la mayoría de aquellos que supuestamente las esclavizaron andan por ahí libres! En la sesión del juicio celebrada este miércoles hubo que conformarse con oír la lectura de sus declaraciones. Terribles incluso así.

Además, el testimonio de las dos chicas que declararon, entre ellas Andrea (nombre supuesto), una chica de 17 años que denunció ante la Policía cómo fue engañada, cómo fue obligada a prostituirse a golpes y cómo la forzaron a abortar para que no dejara ni un día de ser una fuente de ingresos para los proxenetas, sufrió las evidentes consecuencias del paso del tiempo. Ayer, doce años después, su voz aún destilaba, no miedo, sino terror. Casi ni se pudo escuchar su hilo de voz y su testimonio, que en algunos momentos cayó en lógicas contradicciones dado el tiempo transcurrido. Ya se encargo el abogado defensor de Clamparu de destacarlas. El testimonio de la otra chica, aunque más firme, también pecó de falta de concreción en algunos momentos, pero, claro, cómo no va a bailar en fechas si ha pasado tanto tiempo.

Con estos pocos mimbres, y con los que aportan los esforzados policías que llevaron la investigación y que plasmaron en sus informes y en sus declaraciones ante el tribunal, se ha de tejer una sentencia que, por desgracia, salvo que los magistrados se apresten a redactarla a conciencia muy prieta, puede tener más agujeros que el Costa Concordia y dejar que los acusaciones se escapen por ellos. Quizá, el flamante nuevo ministro de Justicia debería dejar para más tarde otras reformas legales en las que parece haberse volcado con inusitado ímpetu e intentar poner solución jurídica al vacío legal del que se aprovechan los explotadores de seres humanos. Las víctimas se los agradecerían. Los policías que luchan contra estas redes, también. Y la sociedad viviría mucho más tranquila si supiera que ‘Cabeza de cerdo’ y otros similares pasan más tiempo en la cárcel de lo que hoy parece posible.

Delatados por el ‘micralax’

27 ene 2012
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Hay delincuentes que para violar la ley les viene mejor un laxante que una pistola. Son los ‘boleros’, esos narcotraficantes al por menor que son capaces de arriesgar su vida llenando su aparato digestivo de pequeñas ‘bellotas’ de droga para burlar la ley. Lo malo para ellos, es que la Policía ‘no es tonta’, como bien refleja el dicho popular, y si coge a uno de ellos con un buen arsenal de dicho fármaco en su poder sólo le queda llevarlo al hospital más cercano para comprobar con una simple radiografía que su dieta más reciente es poco nutritiva y demasiado alucinante. Les ocurrió el pasado lunes 23 de enero a un grupo de cinco jóvenes rumanos que viajaban de madrugada a bordo de un Citroën Xantia por las calles de Madrid. Cuando una patrulla de la Policía les dio el alto al sospechar de su nervioso comportamiento, los agentes sólo tuvieron que abrir el maletero para descubrir en su interior cinco sospechosas cajas de laxante. Cuatro eran de ‘micralax’, el televisivo aliviador digestivo. Los médicos confirmaron poco después la sospechas. Entre todos llevaban en su interior cerca de cuatro kilos de hachís repartidos en 715 bellotas. El que más, un tal Alexandru, que a sus 23 años había sido capaz de ingerir 177 bolas de hachís. Cuando escribo estas líneas, cinco días después de su detención, aún está en un hospital madrileño expulsando pacientemente su fraccionado alijo. El primer día sólo había conseguido 26.

La detención de Alexandru y sus cuatro amigos ‘boleros’ se produjo a las 4.30 de la madrugada en la calle Convenio, del madrileño distrito de Puente de Vallecas. Los cinco se movían nerviosos en el interior del coche en el que viajaban y al que un semáforo en rojo había dado el alto. Tan intranquilos parecían, dudando si ponerse de nuevo en marcha sin esperar a que se encendiera la luz verde, que la patrulla de la Unidad de Prevención y Reacción de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana que los vio no tuvo la menor duda de darles el alto y pedirles la documentación. Cuando los agentes cruzaron las identidades con la base de datos, apareció el primer dato sospechoso. El joven Alexandru tenía un antecedente policial: en 2011 había sido detenido precisamente por un delito contra la salud pública. O lo que es lo mismo, por tráfico de drogas.

Los siguientes indicios de que estaban ante un grupo de pequeños traficantes llegaron minutos después. Cuando los agentes revisaron el interior del vehículo descubrieron las cuatro cajas de ‘micralax’ y otra de otro laxante ‘forte’. Aquello empezaba a estar claro que iba de ‘boleros’. Para despejar las últimas dudas, sólo hizo falta que echaran un vistazo al contenido del maletero. Allí había una mochila y, en su interior, una bolsa de plástico con restos de heces humanas mezcladas con unas bolas en forma de bellota que contenía una sustancia cobriza: hachís. Estaba claro que a alguno de los jóvenes no le había hecho falta tomar el laxante para empezar a expulsar la droga.

Los nervios por la detención hicieron el resto. Uno de ellos empezó a sentirse mal y reconoció a los agentes que tenía complejo de pavo relleno de la cantidad de droga que llevaba en su interior, y les pidió que le trasladaran rápidamente a un hospital porque temía que alguna ‘bellota’ se rompiera y pudiera causarle la muerte. Sus compañeros, que hasta ese momento negaban ser ‘boleros’ ni nada que se le pareciera, terminaron pidiendo también asistencia médica. Las radiografías en el hospital confirmabana poco después la gran capacidad de almacenamiento de algunos aparatos digestivos: uno llevaba 107 bellotas; otro, 140; el tercero, 142; el cuarto, 149; y Alexandru, el campeón de todos ellos, ¡¡¡177!!! La Policía madrileña no recuerda haber interceptado hasta la fecha a nadie con tanta ‘bellota’ en su interior ni en Jabugo. No es extraño que tuviera que echar mano de ‘micralax’.

El ‘ciberacosador’ que se creía Peter Pan

17 ene 2012
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A sus 56 años, Manuel Joaquín tenía la vida resuelta. En dos cuentas bancarias acumulaba 900.000 euros y, además, tenía otros 350.000 euros en bonos de una empresa americana tras haber dado con una patente de éxito mientras trabajó en EEUU. Además, su domicilio, un chalé en la zona de playa de L’Hospitalet de l’Infant (Tarragona), ya lo tenía pagado. Sólo con lo que los bancos le daban de intereses todos los meses, aproximadamente 1.800 euros, vivía sin estrecheces y, sobre todo, sin trabajar. Por eso, gran parte del día lo dedicaba a sus dos aficiones principales. La primera, aparentar ser más joven de lo que realmente era. Llevaba el pelo largo recogido con una coleta. Se había aficionado a cubrir grandes zonas de su cuerpo con tatuajes llamativos. Utilizaba tintes para cubrir sus canas. Y en su cuarto de baño no faltaban los productos de coméstica para disimular las arrugas. Incluso, se acaba de hacer un ‘piercing’ en la nariz. Con todo ello, solía frecuentar a los grupos de chavales del pueblo, ante los que intentaba pasar como un ‘colega’ más.

El evidente síndrome de Peter Pan que sufría (ya saben, ese negarse a asumir que uno ya no es un chaval) no evitaba que dedicase también mucho tiempo a su otra afición: acosar a niñas en internet. Así, presuntamente merodeaba por los chat donde los menores juegan a contarse su vida creyendose amparados en el anonimato de un ‘nick’. En uno dedicado a chavales de 12 a 15 años entró en contacto con Carmen (nombre supuesto), una niña de 12 años que vivía en Madrid y que quería jugar a ser mayor demasiado deprisa. Durante meses, mantuvo ‘ciberconversaciones’ con ella bajo el nombre de ‘Chico Malo’ y la mentira de que tenía sólo 17 años. Cuando ella cumplió los 13 años, él se decidió a hacerle una propuesta: quedar en un hotel para mantener relaciones íntimas. ‘Chico Malo’ o, mejor dicho, el cincuentón Manuel Joaquín sabía perfectamente lo que hacía. Había leído en el Código Penal (se encontró una copia del artículo en cuestión en uno de sus ordenadores) que tener sexo con un menor de 12 años es delito aunque éste consienta. Con Carmen ya en el escalón de edad siguiente, se creyó a salvo de una denuncia por violación.

Ese primer encuentro tuvo lugar un hotel de Madrid de tres estrellas el 31 de mayo de 2007. ‘Chico Malo’ esperaba en la habitación completamente a oscuras para que su amiga no se diera cuenta de que los 17 años que decía tener estaban ya muy lejos. Durante todo el rato que estuvieron juntos, y en la que él insistió una y otra vez en mantener relaciones sexuales, la luz estuvo apagada, por lo que ella nunca sospechó que quien estaba con ella no era el adolescente al borde de la mayoría de edad que decía ser, sino un cincuentón ocioso y rentista. Finalmente, Carmen se fue con la promesa de volver al día siguiente al mismo hotel y a la misma habitación. Ese día, finalmente, cedió a las presiones de su ‘ciberamig0′ y mantuvieron relaciones íntimas.

Con una periodicidad que en ocasiones eran quincenal, los encuentros se repitieron con sólo dos cambios. Uno, que ‘Chico Malo’ pidió cambiar de hotel porque el primero que había elegido le salía “caro”. El segundo, que la iluminación fue subiendo poco a poco en la habitación como un juego más de sus encuentros hasta que ella descubrió que su amante era en realidad un adulto. Eso sí, fiel a su complejo de Peter Pan, Manuel Joaquín sólo reconoció tener 35 años. Ya sin la máscara de adolescente, el hombre comenzó a tomar fotos y vídeos sexuales explícitos de la menor.

La situación se mantuvo hasta que en 2009 la joven decidió romper la relación. Había conocido a un chico de su edad y no quería prolongar más tiempo aquella extraña relación con Manuel Joaquín. Éste comenzó entonces supuestamente a acosarla por internet. Para ello, presuntamente creó seis identidades falsas con sus correspondiente correos electrónicos a través de los cuales la insultaba, le sustraía las claves de sus perfiles en las redes sociales para saber quiénes eran sus amigos o, simplemente, le daba consejos aparentemente inocentes. Uno de esas identidades falsas era la de una chica que decía ser experta en informática y que le amenaza por haber dejado a Joaquín: “Te tiene que dar cuatro hostias”, le llegó a escribir en un correo. Otro era de un supuesto ciudadano inglés que siempre le escribe en el idioma de Shakespeare y que le promete encriptar sus contraseñas para que no se las quitase nadie… y que, en realidad, lo que hace era sustraerselas.

Una tercera identidad era la de una supuesta ex novia del joven con el que Carmen salía en ese momento y que no paraba de amenazarle: “Ójala te revienten”. La cuarta era la de alguien que decía ser amigo también de su actual pareja sentimental y que le rogaba que dejase a ésta porque el chico era infeliz con ella. La quinta era la de una supuesta vidente que le hace cartas astrales en las que, cómo no podía ser de otra manera, le recomienda insistentemente que “lo mejor” para ella era retomar la relación que mantenía con el madurito Peter Pan. Y la última era anónima, aunque parecía ser la de un supuesto amigo suyo residente en Galicia y que Manuel Joaquín utilizó, supuestamente, para enviar los vídeos sexuales que había grabado de ella a los amigos de la víctima. Lo hizo el 27 de marzo de 2010. Dos semanas después se los hizollegar a los padres de la menor. En ambos casos, eliminó el sonido y las escenas en las que se le veía el rostro para evitar ser identificado. Todo ello acompañado de todo tipo de insultos hacia ella.

Finalmente, la menor acudió acompañada de su madre a denunciar los hechos el 21 de octubre pasado. La joven, que había tenido que cambiar de colegio tras el envío de las imágenes a su círculo de amistades, presentaba un acusado deteriodo físico por la presión sufrida durante tanto tiempo: perdió 20 kilos de peso. Ante los agentes, pocos datos pudo aportar. El nombre de pila de su ciberacosador, al que conocía simplemente como Joaquín, los vídeos que había reenviado y los correos de esas seis personas que le amenazan constantemente. Con estos datos se iniciaba la ‘Operación Tamo’ que semanas después, el 15 de noviembre, permitió a los agentes de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT) de la Policía deterner en la localidad tarraconense donde vivía al presunto ciberacosador. Le delató la dirección IP (algo así como la ‘matrícula’ de las conexiones a internet) desde las que enviaba los correos de las seis cuentas que utilizó para amedrentar a la menor y que resultó ser la de su casa, y los dos grandes tatuajes de animales que exhibia en ambos brazos. En los vídeo que enviaba no aparecía su rostro, pero sí los llamativos dibujos en la piel. A la Policía le bastó con seguirlo un par de días y tomarle fotos mientras ‘lucía’ sus camisetas sin mangas para comprobar que aquel que supuestamente había abusado durante años de la menor eran la misma persona.

Además, en su casa la Policía halló una foto enmarcada de la joven desnuda. La tenía sobre su mesilla. También aparecían imágenes de la menor como salvapantallas en dos de los tres móviles que usaba. Y, lo que más preocupó a los agentes, indicios de que estaba acosando a otra menor, a la que aún intentan identificar. De esta última guardaba las colillas que supuestamente fumaba con ella y sobre las que había escrito el nombre de pila de la chica y la fecha de sus encuentros. Un detalle que, según la Policía, le describe más como un peligroso Capitán Garfio que como el juvenil Peter Pan que pretendía ser a golpe de tintes y cremas antiarrugas.

El doctor Jekyll de Albacete

09 ene 2012
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Cuando el escritor escocés Robert Louis Stevenson ideó para su doctor Jekyll la malvada doble personalidad que representaba Mister Hyde, no sospechó que con el tiempo un empresario de la provincia de Albacete llamado Santiago Simarro Leiva superaría en la vida real al personaje de su célebre novela y conseguiría tener tres personalidades distintas, dos de ellas reñidas con la legalidad vigente. Así, en la localidad albaceteña de La Roda, Santiago, conocido por sus vecinos como ‘El Pelao’, ejercía de honrado industrial de puertas y cerrajería acuciado por la crisis y amante esposo. En la vecina Cuenca utilizaba su habilidad con los sistemas de seguridad para presuntamente asaltar viviendas y robar dinero y joyas. Y cuando llegaba a Madrid, daba un paso más allá y se convertía supuestamente en un delincuente capaz de raptar a mujeres para robarlas y luego violarlas. Su “extraño caso”, como tituló Stevenson su conocido libro, terminó el pasado 28 de diciembre, día de los inocentes, cuando la Policía consiguió detenerlo. El doctor Jekyll albaceteño ahora está entre rejas.

Los primeros delitos que la Policía adjudica a Santiago se remontan a 2010, cuando los propietarios de sendas viviendas de La Gineta (Albacete) y Tarancón (Cuenca) denunciaron que sus viviendas habían sido asaltadas. Sus propietarios aseguraron que habían echado en falta el dinero y las joyas que tenían en sus domicilios, así como algunos pequeños aparatos electrónicos. El autor, muy hábil para forzar las cerraduras, no había dejado pistas. Mientras tantos, el doctor Jekyll se mostraba en su casa como un preocupado empresario a la que la crisis había puesto contra las cuerdas su empresa, Puertas Metálicas Samer S.L. Había tenido que despedir a varios empleados y se había visto obligado a final de año a hacer una declaración de insolvencia por un importe de 4.969,35 euros. Al año siguiente, lo volvió a hacer aunque esta vez el importe fue sensiblemente superior: 27.876,24 euros.

Con la excusa de reflotar la empresa, de buscar nuevos clientes, de encontrar novedosas vías de negocio, Santiago comenzó a viajar más y más lejos, en unos desplazamientos de los que en ocasiones volvía con dinero fresco y diciendo que había conseguido cerrar tal o cual negocio y había cobrado a tocateja. En su familia le creyeron. Su mujer, la primera, pero también su padre, quien le prestaba el vehículo para desplazarse. Sin embargo, sus viajes tenían presuntamente otro objetivo y tras los supuestos robos cometidos en 2010 (a los que la Policía no descarta se suman otros en el transcurso de la investigaciones sobre sus andanzas), dio un paso más y dejó al Mister Hyde de los asaltos a las viviendas en un aficionado.

Así, a finales de octubre de 2011 decidió dar una vuelta de tuerca a eso de burlar la ley y presuntamente asaltó a una atractiva mujer cuando iba a tomar su vehículo. Armado con una escopeta con el cañón recortado, a la que había incorporado un silenciador de fabricación casera, y cubierto por un pasamontañas la amenazó y la introdujo en el maletero del coche de la propia víctima. Luego, se dio un paseo por Madrid sacando dinero de los cajeros con la tarjeta de la mujer. Cuando creyó agotado las posibilidades del dinero de plástico de darle billetes, presuntamente violó a la mujer. Tras abandonarla, tuvo el ‘detalle’ de avisarla dónde había dejado el vehículo. Eso sí, se cuidó de dejarla limpio por dentro y por fuera el automóvil para que la Policía no encontrara ninguna pista que llevarán hasta él.

Animado por su éxito, volvió supuestamente a intentar lo mismo el pasado 9 de noviembre. Merodeó por Madrid hasta que localizó una víctima propicia. Otra mujer que estaba a punto de coger su vehículo. La abordó armado y con la cara cubierta y la metió en el maletero del coche. Aunque en esta ocasión cometió un error: no se dio cuenta de que la víctima llevaba encima el teléfono móvil. Ésta avisó con mensajes a su jefe y a su pareja de lo que estaba pasando, quienes alertaron a su vez a la Policía. Ésta pudo localizar el vehículo en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz y le dieron el alto, pero el Mister Hyde castellanomanchego, que ya había hecho un par de reintegros en cajeros con la tarjeta de ésta, se transmutó de Houdini y consiguió evaporarse tras tirase por un terraplén y cruzar una autovía mientras circulaban numerosos vehículos.

Se creía a salvo y volvió a su casa en La Roda, donde la Policía lo detuvo finalmente el 28 de diciembre. Hasta él le llevaron los objetos que en su acelerada huída había dejado en el interior del vehículo de su segunda víctima, y entre los que se encontraban la escopeta de cañones recortados, una pistola simulada, un cuchillo de monte,  el pasamontañas y unos guantes. Demasiados objetos para mantenerse en el anonimato. En su domicilio, la Policía también encontró varios de los pequeños objetos de electrónica que había sustraído en sus asaltos a la vivienda y que supuestamente guardaba como fetiches de sus ‘éxitos’ contra la propiedad. Cuando era trasladado a la prisión, Santiago intentó de nuevo transformarse en Houdini y escapar del furgón, pero los agentes que le custodiaban consiguieron evitarlo. Ni a Stevenson se le hubiera ocurrido un final tan novelado para este peculiar doctor Jekyll de Albacete.

El ciclista que ‘tropezó’ dos veces con el mismo dopaje

16 dic 2011
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Tropezar dos veces con la misma piedra es un hábito muy humano. Que ese ‘tropiezo’ sea que te detengan dos veces por traficar con productos dopantes, queda sólo para elegidos. Y que encima el del doble ‘tropezón’ sea deportista, ya es el colmo. Es lo que le ha pasado a Raúl C. Y., un ciclista castellonense que el pasado 8 de diciembre cumplió 27 años de edad y que en 2009 llegó a ganar la Vuelta Ciclista a Zamora. Desde aquel triunfo, ya ha pasado un par de veces por los calabozos de la Guardia Civil acusado de ensuciar un poco más del deporte española a base de EPO, hormona del crecimientoy clembuterol. La última, hace unos días, cuando la Unidad Central Operativa (UCO) lo detuvo dentro de la ‘Operación Master’ como presunto integrante de una trama a la que se le ha intervenido miles de dosis de sustancias prohibidas. Los investigadores le señalan como uno de los supuestos cabecillas de la red, junto a otros dos ciclistas del ‘pelotón’.

La primera vez que Raúl supo el frío que se siente en las muñecas cuando a uno le ponen los grilletes fue a finales de noviembre de 2009, unos meses después de conseguir su mayor triunfo deportivo, en Zamora, de una carrera deportiva más bien mediocre. Entonces, la Guardia Civil estaba desarrollando la ‘Operación Grial’ contra otra red de dopaje y terminó llegando al domicilio que el corredor tenía en la localidad de Bétera (Valencia). Uno de los miembros de aquella trama era presuntamente el médico Walter Viru, que regentaba una consulta deportiva y dietética en Valencia en la que se preparaba supuestamente plantes de entrenamiento y nutrición que incluían entre sus ‘ingredientes’ todo tipo de sustancias prohibidas. En aquella operación también cayó el célebre marchador Paquillo Fernández.

Tras aquel susto, como revelan las páginas webs especializadas en ciclismo, Raúl siguió corriendo. Al año siguiente quedó segundo en el gran premio de Cuéllar, tras lo que se enrroló en las filas de un equipo ciclista malayo con el que corrió una prueba por etapas en el país asiático con resultados discretos. Luego, según reconoce él en su perfil en Facebook, dejó “la bici” durante ocho meses, aunque desde el pasado mes de octubre había empezado de nuevo a entrenar. “Estoy ilusionado otra vez”, aseguraba a sus ‘amigos’ en la red social. Menos de tres meses después , la Guardia Civil lo ha vuelto a detener.

De nuevo ha sido en Bétera y de nuevo, presuntamente en posesión de productos dopantes, aunque en este caso el nombre de la operación es menos bíblico, y más british: ”Master’, bautizada así en referencia a que los deportistas que acudían supuestamente a Raúl y a sus compinches para conseguir toda clase de ‘ayudas’ en sus rendimientos eran ciclistas inscritos en la categoría que recibe este nombre y que engloba a deportistas de 30 años o más. Junto a él han sido detenidas otra 17 personas y 11 más han sido imputadas. Entre ellos, había empleados de un par de hospitales y una residencia geriátrica de la Comunidad Valenciana que presuntamente ‘distraían’  medicamentos de estos centros hospitalarios para venderlos a los amigos de tomar  ‘ayudas’ a la hora de escalar a golpe de pedal un puerto de montaña. Además, la trama ‘importaba’ otras sustancias prohibidas, principalmente desde Portugal, donde durante años estuvo corriendo otro de los ex ciclistas arrestados, Victoriano F. M.

En total, la Guardia Civil ha realizado 19 registros domiciliados  en los que, además del sinfin de fármacos incautados (había una taquilla que rebosaba medicamentos), ha encontrado también planings de dopaje para evitar que los controles detecten a los tramposos, jeringuillas y bolsas de sangre vacías, de esas que usan para hacerse autotransfusiones. Incluso se encontró casi un kilo de cocaína y una plantación clandestina de marihuana. Está claro que los tramposos ya no se conforman con la dichosa EPO.

Pimientos, alcachofas y billetes falsos

13 dic 2011
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La ciencia adelanta que es una barbaridad… tanto que la falsificación de billetes, por muchas medidas de seguridad que las autoridades le hayan puesto al parné, está al alcance de cualquier que tenga un ordenador con un programa de tratamiento de imágenes medio decente. Es el caso de español Juan Pedro G.S., de profesión empresario conservero, que el pasado 2 de diciembre fue detenido después de montar en la trastienda de la nave donde envasaba pimientos, alcachofas y melocotón en almibar un pequeño ‘taller” capaz de fábricar miles y miles de billetes de 50 euros. ¿Cuántos? Cuando la Policía lo detuvo y registró la empresa encontró 1,5 millones de euros listos para acabar en la caja registradora de cualquier establecimiento incauto , además del material necesario para elaborar otra tanto. La Policía estima que el conservero es en realidad la mano que ha fabricado en los últimos tres años dos millones de billetes falsos, cuyos ejemplares circulan por 20 países de la Unión Europea, según ha detectado Europol.

Lo cierto es que Juan Pedro no es un novato en esto de dar billete falso por liebre. La Policía ya le detuvo en 2006 y consiguió que lo enviaran a la cárcel por un delito similar. Catorce meses estuvo en prisión y, cuando salió en 2007, volvió presuntamente a las andadas, según ha revelado ahora la ‘Operación Cumbre Manga’. Eso sí, en esta ocasión puso más cuidado para que no le volvieran a pillar. Primero, perfeccionó aún más la calidad de sus falsificaciones, que incluían ahora la marca de agua, el holograma, la rugosidad y el resto de medidas de seguridad. Lo único que no era igual era el papel: el de algodón, utilizado por el Banco Central Europeo, era en sus copias simples folios de color crema para imitar la tonalidad de los billetes de 50.

Para imprimir el dinero, se había dotado de una docena de impresoras de alta calidad, ordenadores potentes, una máquina de estampación en caliente, otra para fabricar moldes, dos guillotinas, un artilugio para incluir las marcas de agua en los billetes de tres en tres y una trituradora. A esta última echaba las pruebas y los recortes para no dejar ni una sola prueba. Todo ello acompañado de miles de folios, más de quinientos cartuchos de tinta y 15 rollos de láminas para hacer los hologramas. Tal cantidad de material lo adquiría sin levantar sospechas gracias a la tapadera de la empresa conversera: en teoría era para hacer las etiquetas de los pimientos morrones.

La segunda medida de seguridad que adoptó fue, precisamente, crear la empresa conservera. Según el registro de la propiedad de Murcia, él ya aparecía como administrador o consejero en tres empresas, pero prefirió crear una nueva. Primero la bautizó como Jugosa Foods S.L. Luego le cambio el nombre, eliminó el anglicismo, y la dejó simplemente como Consevas Jugosa S.L. , dedicada a la “transformación, elaboración, distribución, compraventa y comercialización de conservas vegetales, congelados, frutas, zumos y platos precocinados”. Y, efectivamente, a ello se dedicaba… pero sólo como tapadera de su verdadero negocio: la falsificación de billetes. De hechos, a las alcachofas en lata sólo le había obtenido el año pasado un beneficio de poco más de 1.600 euros, según declaró en sus cuentas. Una nadería cuando en la trastienda tenía una ‘máquina’ de hacer dinero.

Para el negocio, el empresario contaba, supuestamente, con la colaboración de su esposa y de un distribuidor único, F.T.P., un delincuente con antecedentes por todo tipo de delitos que con una mano le daba al negocio de los billetes falsos y con otra al narcotráfico. De hecho, a veces cruzaba ambas y pagaba los alijos con billetes más falsos que uno de 300 euros. De hecho, la policía interceptó un alijo de más de una tonelada de hachís en agosto en el interior de una zodiac localizada en Cartagena que supuestamente lo intentaba introducir en España él.

Para dar salida a los billetes falsos que fabricaba el conservero, este delincuente contaba con una amplia plantilla de ‘pasadores’ (encargados de colocar en los establecimiento las ‘imitaciones’ mediante la compra de productos ) o se los vendían a otros delincuentes. ¿Por cuanto? Cinco euros por billete falso de 50 euros. Una auténtica ganga.  La Policía incluso le relacionacon la Camorra italiana, a la que adquiría billetes de 100 y 20 euros falsos. El nexo de unión con la mafia napolitana era presuntamente el novio de su hija, originario de esta ciudad del sur de Italia y también detenido en la operación. En el momento de su detención, F.T.P. fue cogido con las manos en los billetes falsos. En concreto, con 50.000 euros que presuntamente iba a facilitar a uno de sus pasadores en Alicante. No consta que fuera para comprar melocotón en almíbar de la ‘Jugosa’.

El ‘terror’ del Ikea

01 dic 2011
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Hay personas que encuentran su gallina de los huevos de oro donde menos se espera. Por ejemplo, en los aparcamientos de los grandes centros comerciales que inundan las ciudades españolas. Es el caso de Juan Antonio R.C., un pequeño delincuente con cinco antecedentes policiales por otros robos, que en poco más de un año sustrajo presuntamente más de 3.000 carros de compra de grandes superficies de la capital para luego venderlos en una chatarrería. Las empresas afectadas cifran el valor de lo robado en 290.000 euros (cada carro tiene un valor de entre 200 y 80 euros). Está claro que a veces las aves más lucrativas tienen ruedas en lugar de plumas.

A Juan Antonio le pilló la Policía el pasado 24 de noviembre después de que se diera un ‘paseo’ por el centro que IKEA tiene en La Gavia, en el ensanche del madrileño barrio de Vallecas, y se llevara en la furgoneta dos carritos del célebre supermercado de muebles ‘mónteseloustedmismo’. Juan Antonio no sospechaba que la Policía, alertada del continuo robo de carritos por los hiper afectados, había ocultado varios GPS en carros de diversos centros comerciales de Madrid. Para mala suerte del caco, uno de los que tomó prestado llevaba uno de los ‘chivatos’ y alertó a la Policía de que aquella estructura metálica con cuatro ruedas se salía de los límites del centro comercial y emprendía un largo viaje. Poco después, Juan Antonio era detenido con las manos en la masa o, mejor dicho, con los carros en la furgoneta cerca de su domicilio, en el Puente de Vallecas.

Poco después la Policía localizaba la chatarrería a la que supuestamente el ladrón llevaba los carros para venderlos. Situada en la Calle Pirotecnia, de Madrid, sus propietarios han sido acusados de un delito de receptación. Al parecer, tras comprárselos, en lugar de ir a hacer la compra con ellos, los prensaban y revendían al peso. En el momento del registro, los agentes encontraron otros 29 carros de compra. Quince días de ‘trabajo’ del activo caco.

En su declaración, Juan Antonio aseguró que llevaba algo más de un año ‘visitando’ centros comerciales y llevándose carros de compra sin pedir permiso . A diario sustraía un mínimo de dos carritos y no le hacía ascos a ningun hiper, porque además de Ikea sufrieron sus robos Carrefour, Lidl, Toys’r us… Durante todo este tiempo, había actuado por todo Madrid, pero en los últimos tiempo se había vuelto un poco vago y no se movía del barrio, Vallecas, donde vivía, lo que facilitó su captura. Debe ser que a las gallinas de los huevos de oro no les gustan los amigos de los ajeno cuando comienzan a volverse gandules.

 

Papás ‘camellos’

28 nov 2011
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Un buen policía de fronteras de cualquier país sabe detectar a los ‘muleros’ (correos humanos cargados de droga) al primer vistazo si éstos son primerizos. El evidente nerviosismo que les hace sudar hasta en el ambiente más gélido. La palidez de sus caras aunque vengan de tomar el sol durante quince días en el Caribe. Ese mirar a un lado y a otro que parece que están presenciando un duelo entre Rafa Nadal y Roger Federer… Los agentes no suelen equivocarse. Al final, los intranquilos pasajeros suelen esconder, en su maleta o en su propios organismo, estupefacientes.

Ese era el caso de Adriana y José Ángel, una matrimonio español de treinteañeros que el pasado 3 de septiembre fue detenido en el aeropuerto holandés de Schiphol cuando intentaba introducir en este país europeo procedentes de la República Dominicana un kilo y medio de cocaína. Una parte de la droga, que era líquida, la llevaban en su propio cuerpo. La otra, la ocultaban en los pañales de su propio hijo, un bebé de meses con el que pretendían pasar inadvertidos en la frontera.

Sin embargo, su infantil escudo se convirtió también en un elemento más que permitió detectarles. Durante el viaje, el pequeño se mostró tan nervioso como histéricos  estaban sus padres, y el pobre no dejó de llorar. A éstos no se les ocurrió mejor manera de acallarlo que pegarle. Tanto lo hicieron, que los pasajeros y el personal de cabina del avión en el que viajaban no tardaron en comunicar al comandante de la nave lo que pasaba.

Éste dio aviso inmediatamente al aeropuerto de destino para que, cuando aterrizaran, la pareja fuera detenida por maltratar al pequeño. Lo que no sabía el diligente piloto es que la Policía española ya había avisado a sus colegas holandeses de que la pareja tenía que ser arrestada nada más pisar suelo europeo porque eran integrantes de una red de ‘muleros’ que, con base de operaciones en España, estaba introduciendo en Europa, desde la República Dominicana y la isla de Aruba, partidas de droga de entre uno y cinco kilos. Y así fue. Tras ser esposados, los nervios de la pareja fueron a más… tanto que tardaron muchas horas en poder expulsar de sus cuerpos la cocaína líquida que habían ingerido.

Adriana y José Ángel no eran los únicos ‘papás camellos’ que esta trama de narcotraficantes utilizaba para introducir droga. Semanas después, exactamente el 1 de octubre, el trabajo de la Brigada Provincial de Policía Judicial de la Jefatura Superior de Policía de Aragón y del Grupo 32 de la Brigada Central de Estupefacientes daba de nuevo sus frutos y permitía detectar a otra pareja de ‘muleros’ que se hacía acompañar de un niño de corta edad para intentar superar los controles fronterizos. En este caso eran los dominicanos Omar Alejandro y Jemy, y el aeropuerto donde fueron interceptados, el de Bruselas (Bélgica). La policía de aquel país, gracias de nuevo a los datos facilitados por sus colegas españoles, los detuvieron cuando intentaban ‘colar’ en Europa 2.500 gramos de cocaína líquidos ocultos en el interior de su cuerpo. De nuevo la pantalla de un niño que chupete resultó ineficaz.

Las dos parejas  eran, en realidad, el último escalón de una trama que finalmente ha sido desmantelada por la Policía en la ‘Operación Fortuna’. Al cierre de estas líneas, ya eran 24 los detenidos (incluidas las dos parejas). La mayoría de los arrestos se han producido en España, donde había asentado su base de operaciones en Zaragoza. Allí residían los dos presuntos cabecillas de la trama, detenidos el pasado 31 de octubre cuando hacían una transacción de droga con un distribuidor al por menor. Ellos dos eran los que se llevaban el grueso de las ganancias sin arriesgar la vida ingiriendo la droga y sin usar a sus hijos de pantalla para sus lucrativas actividades. A los ‘papás camellos’, por el contrario, les esperaba poco más de 3.000 euros por cabeza… si conseguían sobrevivir y sortear la vigilancia policial. Poco beneficio para tanto riesgo.