Allende, Unidad Popular y el camino a seguir en España

11 Sep 2017
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Miguel Guillén
Politólogo. Autor del libro ‘Podemos-Izquierda Unida. Del desamor a la confluencia’

Aquí va todo el pueblo de Chile
aquí va la Unidad Popular
campesino, estudiante y obrero
compañeros de nuestro cantar.
Venceremos, venceremos,
con Allende en septiembre a vencer.
Venceremos, venceremos,
¡La Unidad Popular al poder!

Pasear por delante de la Moneda te despierta un escalofrío difícil de describir. Lo mismo que visitar el mausoleo de Salvador Allende en el Cementerio General de Santiago o las exposiciones del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. O la tumba de Víctor Jara. O pasar con el coche por delante del Estadio Nacional. Cualquiera que haya visitado estos lugares sabe de qué hablo. Ahora que se cumplen cuarenta y cuatro años del ignominioso golpe de estado de Pinochet y la muerte de Allende, me parece un buen momento para recordar el proyecto colectivo que representó la Unidad Popular liderada por el histórico y recordado político y médico chileno. Un proyecto que superaba las siglas históricas de los partidos de izquierdas y populares con el objetivo claro de alcanzar la victoria electoral merced a una unidad necesariamente multiplicadora. Una unidad que sirvió, primero, para contagiar ilusión y elevar la moral de las clases populares de todo Chile allá por 1970, y después para ganar las elecciones y llevar en volandas a Salvador Allende hasta la presidencia de la república, con el horizonte claro de explorar la vía chilena al socialismo. La revolución con saber a vino tinto y empanadas. Aquel sueño, como sabemos, se truncó violenta y abruptamente el 11 de septiembre de 1973.

Aquella Unidad Popular creada en 1969 estuvo formada en un inicio por partidos tan dispares como el Partido Socialista (PS), el Partido Comunista (PCCh), el Partido Radical (PR), el Movimiento de Acción Popular Unitario (MAPU), el Partido de Izquierda Radical (PIR) y la Acción Popular Independiente (API). La Central Única de Trabajadores (CUT) también la apoyaba. Además, los simpatizantes independientes del proyecto formaron los llamados Comités de la Unidad Popular (CUP), en los barrios, fábricas, etc. Allende, como es bien sabido, pertenecía al Partido Socialista. El proyecto troncal consistía en hacer caminar el país hacia el socialismo por la vía democrática, algo inédito que despertó las simpatías de gran parte de la izquierda a nivel mundial. Mientras tanto, los sectores más privilegiados del poder, en Chile y fuera de sus fronteras, vieron peligrar sus intereses. Como es bien sabido, el papel del gobierno de Estados Unidos, con el presidente Nixon a la cabeza y Henry Kissinger en la secretaría de estado, fue clave en el golpe militar de 1973, como también lo fue durante los años de gobierno de la Unidad Popular, con la promoción de un embargo al cobre chileno y la negación de créditos externos.

Cabe recordar que Salvador Allende, revolucionario y demócrata al mismo tiempo, fue el primer presidente marxista del mundo que accedió al poder a través de elecciones. En el programa de la Unidad Popular destacaban propuestas como la estatización de las áreas consideradas clave de la economía, la nacionalización de la minería del cobre, la aceleración de la reforma agraria, el congelamiento de los precios de las mercancías, el aumento de los salarios de todos los trabajadores y la modificación de la constitución. El reto era mayúsculo, indudablemente, más si cabe teniendo que afrontar el sabotaje promovido por los poderosos enemigos del proyecto colectivo de la Unidad Popular, en Chile y en el extranjero.

A principios de los años 70 del siglo pasado (como hoy), los medios de comunicación chilenos estaban en manos de la derecha. Pero las calles no. Por eso se pintaron murales por todo el país con motivos de la Unidad Popular y en particular de Salvador Allende. “Los medios son suyos, pero los muros son nuestros”, decían. Esta bella metáfora creo que nos debe servir para aprender algo, cuarenta y tantos años después y al otro lado del Atlántico. Porque no tenemos los medios ni los bancos ni las eléctricas. Para construir una alternativa al Partido Popular, para desalojar a Rajoy de la presidencia del gobierno, ha quedado demostrado que las diferentes sensibilidades de las izquierdas deben cooperar y dejar de dedicar su valioso tiempo a atacarse entre ellas. El mal endémico de las izquierdas, que se dice… No me cansaré de explicar que las fuerzas alternativas y populares deberían profundizar en la confluencia: Podemos, Izquierda Unida, Equo, En Comú, En Marea, Compromís, etc. etc. deben seguir su proceso de colaboración y dar un paso más en lo que fue la coalición electoral de Unidos Podemos. Sin perder cada partido su autonomía ni su identidad, sólo faltaría. Pero con un horizonte claro: provocar una suma multiplicadora que sirva para ganar el poder y gobernar para la gente común.

Tengo la sensación, equivocada quizás, de que no se ha prestado toda la atención que merecía al hecho de que en el PSOE se vuelve a reivindicar “la izquierda”. Ni a la derrota de Susana Díaz en las primarias. Sí, la intención de presentarse como auténtica izquierda frente al auge de Unidos Podemos es clara y a algunos les puede parecer incluso cínica. Pero no me parece anecdótico que el partido vuelva a hablar de izquierda y de plurinacionalidad después de que la candidata de González y Guerra fuera humillada por las bases del partido. Y a pocos se nos escapa que sin el surgimiento de Podemos nada de esto hubiera sido posible. Ahora, pese a la desconfianza mutua y a las rencillas del pasado reciente, creo que las direcciones del PSOE y Unidos Podemos tienen claro que deben aunar esfuerzos para desalojar al PP del poder. Como mi querido y antiguo profesor Vicenç Navarro, que trabajó para Salvador Allende, ha explicado muchas veces aquí en Público, la desunión de las izquierdas representa un obstáculo para resolver el atraso social de nuestro país.

Allende y su ejemplo de dignidad nos deben servir para recordar que nunca es fácil luchar contra el poder establecido. Pero si Chile alguna vez soñó con la victoria fue gracias a la unidad de gente diversa y común que vio claro que no había más camino que la cooperación. Si en España se quiere vencer no hay más camino que profundizar en la confluencia de Unidos Podemos, primero, y cooperar lealmente con el PSOE después. Mal que a algunos les pueda pesar.


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