Sin Franco, esto sí nos pasa

22 Sep 2017
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

Marta Nebot
Periodista

Esta columna que cada quince días asoma por aquí es fruto de mi compromiso de escribir sobre la mujer en los medios, salvo excepciones puntuales.

En la semana en que las mujeres arrasamos en los Emmy, los premios de la televisión en Estados Unidos, con series sobre mujeres, creadas y producidas por mujeres como The handmaid´s tail y Big Little Lies (súper recomendables, por cierto),  quiero escribir sobre Ascensión Mendieta; porque sobre que nos va mejor en el showbusiness norteamericano ya lo hice (podría hasta afirmar que predije estos premios) y porque se me antoja que hablar de ella en estas circunstancias puede significar algo más. Después de escribir muchas columnas sobre anécdotas de incontinencia verbal (y hasta manual) públicas, con víctimas jóvenes y lozanas, que escenifican el sexismo que todo lo rodea,  hoy no me resisto a escribir sobre una mujer que ni está en edad de merecer ni lo que ha sufrido es machista.

Ascensión Mendieta, tiene 91 años. Su historia es tan hermosa como trágica, tan triste como épica, tan sintomática del olvido como del país que tenemos. Se ha pasado la vida buscando activamente los restos de su padre, un sindicalista fusilado por tropas franquistas en el 39. El 2 de julio, por fin, consiguió hacer realidad su sueño y enterrar sus huesos en el cementerio de la Almudena donde la esperan para terminar de cumplirlo:  “que me entierren junto a él”. Los restos los encontró después de dos exhumaciones, que fueron posibles por las peticiones de la juez argentina Servini y porque un juez español las admitió a trámite (lo que desde la modificación de la ley de justicia universal del PP en 2014, es imprescindible). Para costear la identificación recogió donaciones y gastó sus ahorros y más habría gastado… “Tengo una casita muy pequeña pero, si la tengo que vender para ver a mi padre, la vendo”.

Esta semana ha caído en mis manos el informe del Consejo de Informativos de TVE que explica como en RTVE censuraron esta historia mientras Reuters, la BBC, The Wall Street Journal, Associated Press, Euronews, Deutsche Welle, etc, sí que la contaban.

El informe detalla como el Consejo ha hecho llegar las protestas de la Asociación de la Memoria Histórica y de un trabajador de la casa a los responsables de lo ocurrido. El director de informativos de fin de semana, Pedro Carreño, directamente no respondió. El director del Centro Territorial de Castilla la Mancha, José Antonio Hernández de la Moya, contestó, justificando con problemas de espacio, que solo emitió 40 segundos de imágenes de la primera exhumación y del resto del relato nada.

Es un hecho que en el ente público la memoria histórica está olvidada con ganas y con desganas (a la censura siempre hay que sumar la autocensura que de ella emana). Nunca se dan estas historias pero esta vez quiso la diosa fortuna, que esa mismo día, el 2 de julio, a alguien de los informativos de TVE se le ocurriera emitir una pieza sobre los desaparecidos de Colombia, dejando más al descubierto la incongruencia de considerarlo denunciable en carne ajena y omitible en la propia. Es además de todo un agravio comparativo numérico:  en Colombia se calcula que desaparecieron 28.000 personas a manos de la guerrilla o de los paramilitares; aquí hicieron desaparecer a más de 113.000 civiles republicanos. Quizás alguien lo propuso con la intención de dejar al descubierto la prohibición. Alguien a quien aplaudo desde aquí si existe. Tal vez simplemente fue fruto de la casualidad.  Si así fuera:  bendita casualidad que desnuda verdades. Desaparecidos que ayudan a descubrir a los descubiertos.

Ascensión es entrañable. Cualquiera que la haya visto lo sabe y si no véanla. Sus imágenes en el entierro de su padre son emocionantes y hermosas, y, además, es que estaba consiguiendo algo tan de primero de derechos humanos;  algo que esta democracia no ha sido capaz de facilitarle en 40 años. Me hizo llorar porque su lucha no puede ser más desinteresada como interesante para la historia de todos. Yo que no tengo bando porque tengo familia en ambos y en ninguno, abogo con todas mis fuerzas por poner en serio punto y aparte. Mientras no sanemos las heridas del pasado, poniendo a cada uno en su sitio, los rencores seguirán en nuestros adns, algunas ideologías seguirán siendo para muchos no sólo contrarias a sus ideas sino además sospechosas de complicidad con cincuenta años de horror, con injusticias que no se pueden enterrar sin entierros en nombre de una democracia que así siempre estará coja.

Ahora que en Cataluña está pasando lo que pasa se habla de Franco en serio. Desde la transición su sombra aparece en el imaginario colectivo, muy de vez en cuando, cuando la Fundación Francisco Franco reclama privilegios que va perdiendo y cuando la familia del dictador presume de lujos en las portadas del Hola o los defiende por encima de sus posibilidades. Pero su presencia está, como está presente la de la que fue su residencia de fin de semana en la sierra madrileña. “El Pico del Águila”, que así se llama, se divisa desde muchos kilómetros a la redonda. Somos muchos los que volvemos a casa cada día viendo desde donde nos veía. Desde ahí, Franco debía divisar Madrid y toda España.

Viéndola y al otro lado, el Valle de los Caídos, muchos días pienso en que sin símbolos, sin ritos nada tiene valor para nuestros corazones y cabezas. Las religiones lo tienen clarísimo. A la sociedad civil, se nos olvida, pero también le hacen falta. ¿No sería más fácil para los más lejanos a la bandera española respetarla si la reparación del daño que se hizo en su nombre fuera completa? ¿No sería un comienzo en serio para la nueva transición que tarde o temprano (ojala no demasiado tarde) nos espera?


comments powered by Disqus