El rey no hace nada, afortunadamente

03 Oct 2017
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Cristina Fallarás
Periodista

Como si no fuera suficiente con un presidente cuya única iniciativa (siniestra iniciativa) en los asuntos del Procés ha sido chuparle un pie a Trump, la dictadura nos dejó en herencia un jefe de Estado, el actual, hijo de, cuya idea de “jefe” y de “Estado” quedó clara en el tuit que publicó tras el atentado de Las Ramblas de Barcelona. Este:

En fin, Forocoches.

¿Qué sabemos del trabajo de este individuo?

Más allá de su colección de uniformes, una se puede agarrar a la Constitución. Y temblar. Resumo:

Para empezar, es el mando supremo de las Fuerzas Armadas. Ahí es nada. Más: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia”. Y más aún: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Corresponde al Rey, según el texto: “Sancionar y promulgar las leyes”; “convocar y disolver las Cortes Generales y convocar elecciones”; “convocar a referéndum en los casos previstos en la Constitución”.

Si lo anterior es un resumen muy resumido, lo que sigue resulta perturbador: “Al Rey corresponde, previa autorización de las Cortes Generales, declarar la guerra y hacer la paz”. ¿Por qué perturbador? No por la guerra, que al fin y al cabo se “declara”, sino por la paz, que según nuestra Constitución se “hace”. Y no solo se hace, sino que el encargado de hacerla es este hombre cuyo gran amigo, Javier López Madrid, va de la Púnica a la Lezo pasando por la trena.

E insisto: ¿Qué sabemos del trabajo de este individuo? Nada. Que se va de vacaciones de vez en cuando.

Pues bien, este, de quien no sabemos que “haga” nada, es quien tiene que “hacer” la paz. Con razón, en estos días duros y violentos, este al que llamamos Jefe del Estado sigue sin “hacer” nada. Afortunadamente.


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