Las responsabilidades de Rajoy y Puigdemont

17 Oct 2017
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Jordi Guillot
Senador de Entesa Catalana

La paradoja actual es que los dos principales responsables del grave conflicto de relaciones entre España y Catalunya, Rajoy y Puigdemont, son los únicos que nos pueden sacar del mismo. Otros líderes pueden ayudar o entorpecer a encontrar una solución, pero sólo a ellos dos les pertoca tomar las decisiones, las de verdad, las que se publican ya sea en el BOE o en el DOGC. Y no lo tienen fácil. Se ha ido demasiado lejos en el enconamiento de un conflicto que ya no sólo afecta al ámbito político, impacta también en las sociedades española y catalana. Comparto el que ya nada será igual, lo único que deseo es que no sea peor. Es tiempo de un cambio de estrategias en ambos campos en litigio. Recular para evitar el precipicio del desastre. Cambio de estrategias a partir de evaluar lo que cada contendiente realmente ha conseguido.

Rajoy y el PP han perdido Catalunya. Por muchos votos que dé el anti catalanismo en el resto de España; gobernarla con una Catalunya soliviantada es misión harto difícil y sólo posible con la represión. Por no hablar de los efectos económicos. Si alguien se creé que el traslado de bancos y empresas fuera de Catalunya va a permitir que otro territorio coja el relevo de la locomotora catalana de la economía, se engaña. Esta crisis afectará a Catalunya, desde luego, pero también a España. Y de los lazos emocionales rotos mejor no hablar.

El modelo territorial que emana de la Constitución lejos de irse desarrollando de una manera clara, reglada y por consenso ha sufrido los vaivenes de la lógica política del régimen del 78. Acuerdos, desacuerdos y cambalaches de todo tipo entre las elites políticas que han ocupado las instituciones estatales o autonómicas. Se avanzaba si ya sea o el PSOE o el PP precisaban del apoyo de los partidos nacionalistas, o se retrocedía en caso de mayorías absolutas. Dos aspectos claves como las inversiones o la financiación se definían por las correlaciones de fuerzas existentes. El último ejemplo: todo lo conseguido por Euskadi a cambio de los cinco votos del PNV para sacar adelante los presupuestos del Estado.

El intento de Catalunya de reordenar su autogobierno con la reforma estatutaria del 2006 fue abortado. El principal responsable, el PP y sus campañas anti catalanas. La sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 es el golpe definitivo. Y llegó la crisis económica. La suma de todo ello es una de las razones del hartazgo de sectores mayoritarios de la sociedad catalana y de la deriva independentista.

El señor Rajoy debe ser consciente de que ha perdido el control de Catalunya. La aplicación de cualquiera de los artículos, 116 o 155 de la Constitución, o del código penal le permitirán acabar con la rebelión institucional, pero no con la social. La movilización de sectores muy importantes de la sociedad catalana, contra el actual status quo y muchos a favor de la independencia, no la evitará con la policía o la guardia civil. En una democracia que forma parte de la UE el uso de la fuerza tiene un límite.

Rajoy debe abandonar su actitud inmovilista y afrontar sinceramente el inevitable cambio de la Constitución del 78. ¿Hasta qué punto hay que modificar la Constitución? Hasta el punto que permita el consenso de las partes.

Puigdemont también debe cambiar de estrategia. Es evidente que el “procés” nunca ha tenido la fuerza suficiente ni para doblegar al Estado, ni para conseguir apoyos internacionales. Puede haber la tentación, de que habiendo llegado hasta donde se ha llegado, mejor proclamar la DUI. Esperando que el Estado reaccione interviniendo la Generalitat y forzar un “Maidan” popular. Una movilización amplia y prolongada a la que el gobierno central respondería con represión. Agravar un conflicto, cueste lo que cueste, para generar un descontrol y una virulencia que obligue a la UE a actuar. Desde una lógica amoral de que el fin justifica los medios, podría haber sido una estrategia útil, hoy ya no lo es. Los estados mayores del unilateralismo no pueden ignorar algo acontecido en estos últimos días, la movilización de centenares de miles de catalanes que se han manifestado abiertamente contrarios al “procés”. Hoy un “Maidan” de carácter independentista corre el grave riesgo de chocar con estos sectores lo que representaría un desgarrador conflicto de la sociedad catalana, que mucho me temo iría acompañado de sus dosis de violencia.

Lo más sensato para el President Puigdemont sería no proclamar la DUI y explorar que da de sí la comprometida reforma de la Constitución. Ya habrá tiempo de síes o noes en nuevos escenarios y circunstancias. Las actuales son las peores. En el viejo PSUC aprendí que poco es mejor que nada y mucho mejor que menos.

Muchos pueden pensar que retroceder es un signo de debilidad, yo creo que no. En ambos casos es para evitar una derrota más que segura. Desde el momento que Rajoy acuerda poner en marcha el posible cambio de la Constitución, modifica su política. Que Puigdemont reitere por escrito lo que realmente dijo en el Parlament, que suspendía la DUI, no es ningún fracaso. Sería un ejercicio de realismo y responsabilidad.

Habrá tiempo para las propuestas, hoy lo urgente es destensar. No será sencillo. Hay una fuerte inercia hacia el conflicto. Demasiadas voces aquí y allí piden victorias y derrotas. Se miente sin sonrojo, se dicen barbaridades sin vergüenza alguna. Algunos ministros y consellers opinan como tertulianos de la peor ralea. No es de extrañar que exista tensión en sectores de la sociedad y mucha, mucha preocupación. Corresponde a ambos presidentes imponerse y crear las condiciones que permitan recuperar un dialogo imprescindible.

Todo ha ido a peor en España y en Catalunya. El pasado no podemos modificarlo, el presente sí. Los causantes de este incendio no saldrán bien parados en los libros de historia, serán señalados como los responsables de la ruptura de la convivencia. Un país enfrentado territorialmente, castigado por la crisis económica, con una grave crisis de legitimidad de sus instituciones, ensimismados en sus problemas no resueltos y ausentes en Europa y el mundo, es un país en declive, en decadencia.


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