Nadie se ríe en Zamora

25 Nov 2017
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Andrea Momoitio
Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine

El Ayuntamiento de Zamora se ha decidido este año por una campaña para el 25N que no ha dejado indiferente a nadie. Muchas de las redes sociales de colectivos y activistas feministas han puesto el grito en el cielo por la apuesta municipal. La campaña es sencilla: Letras blancas sobre un fondo negro. Arriba, con una tipografía más grande, chistes machistas. Más abajo, con letra más pequeña, este mensaje: “La violencia hacia las mujeres no es un chiste. No seas cómplice”.

Bien. A mí me ha gustado. De hecho, lo único que me parece mal es que solo se lancen campañas de este tipo en noviembre y que, el resto del año, la violencia contra las mujeres no forme parte de las prioridades de ningún consistorio. Eso sí que no es un chiste.

Me imagino a un tipo paseando por el centro de Zamora. Sonríe al leer uno de los chistes. Me lo imagino justo después torciendo el morro. Apelado, cuestionado, rabioso, inquieto. Me gusta. La letra pequeña, amigo, ¿no te lo esperabas, verdad? Me imagino también a un grupo de amigos y amigas de tapas. Alguien cuenta uno de esos chistes u otro parecido, qué más da. Alguna de las personas presentes, se opone a ese tipo de humor frontalmente. Nunca le habían gustado, pero ahora puede enmarcarlos directamente en la cultura machista en la que nos hemos educado. Chiste, neutralizado. La campaña sirve para dotar de herramientas concretas a la ciudadanía para que haga frente a las pequeñas actitudes y comentarios machistas del día a día, que a veces nos cuesta identificar o que nos da miedo tratar de frenar para que no parezca que lo sacamos todo de quicio. Es una campaña provocadora y esta actitud, más si parte de las instituciones públicas, me gusta. Vale ya de mensajes edulcorados, de mantener una posición naif ante la violencia machista. Tienen la responsabilidad política y moral de hacer que se respeten los Derechos Humanos de las mujeres y, para ello, tienen que mojarse con la transformación social radical que propone el pensamiento feminista. Sólo con determinación podrán cumplir con sus obligaciones en materia de Derechos Humanos.

Muchas compañeras feministas están argumentando en sus críticas a esta campaña que aporta material machista a las nuevas generaciones, pero me temo que, por desgracia, ninguno de los chistes es novedoso. Nos suenan a todos y a todas o, al menos, no nos resultan ajenos. Me recuerda de alguna manera a una campaña contra el racismo que se hizo hace años. En un stand en la calle, una actriz simulaba actitudes racistas con una mujer para ver las reacciones de la gente. El objetivo de la campaña era denunciar la falta de empatía de otros ciudadanos y ciudadanas, que en la mayoría de los casos no intervenían para tratar de hacer frente a la situación. No recuerdo a nadie cuestionando la campaña por reproducir comentarios racistas porque era ficción, era denuncia, era una forma de ponernos entre las cuerdas, de ruborizarnos, de señalarnos a todas las que hemos sido educadas bajo lógicas racistas.

La iniciativa zamorana se enfrenta al humor machista, uno de los ámbitos más difíciles de cuestionar. A las feministas no nos falta sentido del humor, nos faltan ganas de seguir tolerando tanta violencia. Esta campaña, además, no pretende hacer reír a nadie sino dejar a medias -y amargar un poquito- esas sonrisas de apariencia inocente que a muchos se les dibujan en la cara con este tipo de chistes.  Además de enfrentarse al humor, enmarca la violencia machista en un definición más amplia: el chiste indefenso (sic) es violencia también porque cuando hablamos de violencia contra las mujeres no sólo nos referimos a los asesinatos machistas que vemos por televisión. Apela a la ciudadanía en su conjunto y no sólo a las víctimas o a los maltratadores. Pone el foco en la cotidianidad, en los comentarios de bar que gozan del privilegio de parecer inofensivos. Precisamente es en esta cuestión en la que creo que tenemos que poner el foco: es urgente que ampliemos el concepto de violencia machista, que revisemos la definición que se adoptó para la Ley Orgánica de Medidas de Protección contra la violencia de género, que ha instalado un imaginario muy concreto sobre qué implica la violencia contra las mujeres entre la ciudadanía. Es imprescindible también que denunciemos las actitudes cotidianas, incluso esas que entran mejor a través del humor, como parte de esa violencia estructural contra las mujeres que venimos denunciando desde los feminismos. Las acciones institucionales tienen que tratar de romper con el imaginario cultural que permite que las mujeres sigamos siendo violadas y asesinadas sistemáticamente con una impunidad social y moral que asusta.

Alguien comparaba la campaña con aquella tan famosa de “Saca la tarjeta roja al maltratador”, que a mí me horrorizó muchísimo. En aquella ocasión, la campaña creaba una dicotomía irreal entre las personas libres de machismo, erigidas jueces y juezas que podían sancionar a quien erraba en sus actitudes. Nada tiene que ver con la apuesta del Ayuntamiento de Zamora, que ha contado con el apoyo del Consejo Municipal de la Mujer, sin que sea adalid de nada, porque en esta ocasión nadie se libra. Es un toque de atención a todas las que hemos contado alguna vez un chiste desafortunado, a la que nos hemos reído, a las que no hemos parado a tiempo una conversación, a las que creen que las campañas contra las violencias machistas tienen que centrarse en la víctima o en el agresor, obviando que ambos están en la cima de una montaña que sostenemos entre todas.