La manada termina con el sexo débil

30 Nov 2017
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Marta Nebot
Periodista

El título de este artículo (aunque esté fatal que yo lo diga y más para empezar) es bueno y lo es todavía más porque, a pesar de ser tendencioso (solo para conseguir lectores) también es cierto. La historia es enrevesada pero prometo que vale la pena llegar al final del cuento…

En marzo de este año, Sara Flores Romero, una chica de Sevilla de 19 años que estudia marketing y turismo, vio en Instagram (y dudo que la hubiera visto en otro sitio) una captura de la definición de sexo de la Real Academia de la Lengua Española. Quedó muy sorprendida e indignada porque, según la RAE, la definición de “sexo débil” es “conjunto de las mujeres” y la de “sexo fuerte”, “conjunto de los hombres”.

Sara entonces pensó en organizar una campaña en change.org para conseguir que estas definiciones salieran de esas páginas y sus amigas le animaron a hacerlo.

La campaña #Yonosoyelsexodébil ha conseguido, hasta el momento en el que entrego esta columna, 177.193 firmas; que, según la plataforma de recogida, son muchas. La evolución de la recogida fue muy buena hasta mayo, en que se estancó en unas 100.000 y en la última semana ha pegado un salto espectacular que ha culminado en victoria, aunque a su protagonista le sepa a poco. La RAE en la revisión de diciembre incluirá una “marca de uso” en la que se indicará que la expresión “sexo débil” se utiliza “con intención despectiva o discriminatoria”, mientras que a la expresión “sexo fuerte” acompañará otra marca, con la indicación de su uso “en sentido irónico”.

La RAE en su defensa, declara en conversación telefónica con esta periodista, que ya anunció en marzo que estos cambios se iban a hacer, al mismo tiempo, que me anuncia que habrá más cambios, como por ejemplo la inclusión del término “posverdad”; pero que hasta que no sea oficial que no lo diga como seguro, porque en las reuniones de los académicos, no se sabe bien lo que va a pasar hasta que ocurre.

Además, afirma que el diccionario no es ni va a ser políticamente correcto nunca porque lo que pretende es incluir los usos que se hacen de nuestra lengua. Y tanto Sara como yo, con un salto generacional de más de veinte años de diferencia, ponemos en duda las dos cosas. A las dos nos parece bastante políticamente correcto contraponer la definición de sexo débil, como conjunto de las mujeres, al de sexo fuerte y feo (que es otra de las acepciones) como el conjunto de los hombres, una detrás de otra. Sobre todo porque ninguna de las dos habíamos escuchado jamás las dos acepciones masculinas. El sexo fuerte es claramente otra cosa y el feo es que si existe.

Además, mi fuente oficial afirma que el mejor canal para tratar de cambiar algo de este diccionario no es una plataforma de firmas sino un email al buzón de la Academia. A la pregunta de cuantas veces se ha cambiado alguna definición en respuesta a una petición en ese buzón, la respuesta ha sido vaga. Como ejemplo, mi interlocutor, sólo recordaba que hace un par de años se matizó también la definición de “trapacero” como gitano porque “vinieron unos representantes de una asociación y hubo revuelo en prensa”. Es decir, que reconoce que cuando hay lío la academia piensa (quizás) más deprisa o mejor.

Total, que nunca sabremos realmente qué pesó más para que la RAE (una institución que cuenta con 8 mujeres entre sus 46 académicos) llegara a la conclusión de que llamar a las mujeres sexo débil es despectivo y discriminatorio, pero Sara afirma que el juicio de la Manada y la celebración del día Internacional contra la Violencia contra las mujeres, ha recogido más de 70.000 firmas en menos de una semana y que ella piensa enseñarle con orgullo a los hijos que tenga, esa nueva página del diccionario que, por fin, deje de defininirnos como el sexo débil.


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