Opinion · Otras miradas

Rajoy nos salvará de las ‘fake news’

Pascual Serrano

Periodista

Pascual Serrano
Periodista

La Fundación del Español Urgente, ha propuesto entre los candidatos a ser palabra del año 2017 el término “noticias falsas”. Esta fundación elige desde hace cinco años, entre los términos a los que dedica sus recomendaciones diarias, la palabra más significativa del ejercicio por ser especialmente dudosa o de gran interés informativo. La primera de ellas fue, en el 2013, “escrache”, a la que siguieron”selfi” (2014), “refugiado” (2015) y “populismo” (2016).

La llegada de Internet y la explosión de las redes sociales ha provocado más que la democratización de la información, la democratización de la desinformación. Las noticias falsas o bulos están manteniendo a gran parte de la población en un remolino de mensajes absurdos y mentiras que nos ha llevado a un nivel de inseguridad informativa sin precedentes. Nunca hubiéramos imaginado que la desinformación nos viniese a llegar precisamente por esta sobredosis de información. Lo peor es que muchos ciudadanos forman parte activa de la operación desinformativa haciendo circular en sus grupos de wasap denuncias absurdas de perfumes con los que te narcotizan para robarte, campañas para aprobar leyes que se votaron hace diez años, fotos con las que dicen mostrar que tal o cual político está haciendo un saludo nazi o peticiones de solidaridad urgente sobre casos que llevan una década dando vueltas en las redes. El I Estudio sobre el impacto de las Fake News en España recoge que el 60% de los entrevistados se ha creído alguna vez un bulo y el 4% reconoce haber creado alguna vez una noticia falsa. Otro dato preocupante es que el 60 % cree que sabe detectar las noticias falsas pero la realidad es que solo el 14% las diferencia.

Un estudio de la consultora Gartner, “Predicciones Tecnológicas para el 2018“, prevé que en 2020 la mayoría de las personas de las economías avanzadas ya consumirá más noticias falsas que verdaderas. Y, lo que es peor, se considera que no habrá mecanismos para evitarlo. Una de las explicaciones la aportaba Magnus Revang, analista de Gartner: “El coste de producir falsas noticias es muy inferior al de producir noticias de verdad, que implica un trabajo periodístico”. De nuevo la rentabilidad económica y la competitividad del mercado como elemento que opera contra el periodismo.

El asunto de las noticias falsas trae muchos más elementos perniciosos que el del engaño informativo. Por ejemplo permite a algunos embestir contra cualquier información que no sea de su agrado. Ahí está Trump acusando de fake news a todo lo que no le gusta. O, como en el caso español, el tema se puede llevar a explotar teorías conspiratorias sobre injerencias rusas y venezolanas en Catalunya, que es lo que ha hecho el gobierno con una Proposición No de Ley (PNL) presentada por el PP en el Congreso. “Combatir las fake news controladas por entidades e incluso gobiernos extranjeros para desestabilizar los procesos democráticos en algunos países”, señala como objetivo la citada PNL. La intención última es, nada menos, que un “sellado” gubernamental las noticias falsas, o sea, crear un organismo que decida qué noticias son falsas y cuáles son ciertas: Se trataría de “impulsar ” y “dotar de medios”el Centro de Operaciones de Seguridad de la Administración General del Estado con el fin de que sea éste quien se encargue de “identificar y sellar noticias falsas para su conocimiento por parte de los ciudadanos y,particularmente,de los usuarios de las redes sociales”, afirmó el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Rafael Hernando.

Sin duda, hay que tomar medidas contra las noticias falsas. En realidad debió hacerse hace muchos años, antes incluso de la llegada de Internet y las redes sociales, pero entonces no les interesaba porque solo eran los grandes medios los que tenían las capacidad de difundir mentiras, y siempre lo hacían al servicio del poder. Ahora el caos ha llegado a un nivel insoportable, debemos perseguir la mentira, pero no solo las tontunas que circulan por wasap sino también las patrañas de muchos tertulianos y muchas portadas de periódicos. Y, por supuesto, no debe ser el gobierno el que venga a decir qué es verdad y qué es mentira. Las fake news no son un mecanismo de ataque a nuestra democracia por parte de gobiernos extranjeros como quieren hacernos creer, son un sistema de engaño impune del que han disfrutado los medios y los gobernantes desde hace décadas.