La máquina del odio en Reyes

Opinión

Cristina Fallarás
Periodista

En la Cabalgata de Reyes de Madrid desfilan, además de los llamados Tres Reyes Magos, carrozas de varios centros comerciales, diversos canales de televisión, los promotores de series infantiles, un grupo nutrido de personajes de la Guerra de las Galaxias, marcas de alimentación, Pocoyó y Bob Esponja, entre otros.

Nadie sabe si el ser humano que va dentro de, pongamos, Darth Vader es hombre o mujer, monja o pariente de Ruiz Gallardón, a quien aún se recuerda con la cara pintada de negro. Y a nadie parece importarle. Sin embargo, se ha montado un repugnante barullo político porque tres integrantes de un colectivo de la Asociación de Vecinos de Puente de Vallecas, pertenecientes a la Mesa de Igualdad del distrito, van a unirse al desfile que tendrá lugar en esa zona madrileña. Se ha montado porque se trata de las artistas y activistas LGTB Roma Calderón, La Prohibida y Dnoé Lamiss.

¿Van a ir dichas personas en paños menores vestidas como para una orgía?

No. Van a ir dentro de trajes que representan grandes animales de peluche.

¿Entonces?

Entonces, el portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez Almeida, aprovechando para meterle un dedo en el ojo a Carmena, ha publicado en su cuenta de tuiter: “Los Reyes Magos de Vallecas son un intento más de @ManuelaCarmena por desnaturalizar la Navidad. Apoyamos el día del Orgullo Gay y el resto de celebraciones, pero creemos que el Día de Reyes se ha de respetar como se respetaría cualquier festividad de otra religión”.

 

Poco después se han sumado a su protesta, además de varias asociaciones ultracatólicas, la concejala de Ciudadanos, Begoña Villacís y hasta la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.

“Hay muchos foros para reivindicar derechos, pero los niños lo que quieren ver en la cabalgata es a los reyes magos, nada más”, ha declarado Villacís. Y la presidenta Cifuentes ha ido un paso más lejos: “Yo siempre he apoyado las reivindicaciones del colectivo LGTBI a lo largo de toda mi vida, pero las navidades son las navidades, y las cabalgatas son cabalgatas, y el portal de Belén es la Virgen, San José, el niño… y si acaso la mula y el buey”.

No es cierto que las navidades sean solo esos cinco personajes que nombra Cifuentes o “los-Reyes-Magos-nada-más” de Villacís, y mucho menos que sean ellos los únicos que desfilan en la Cabalgata de Reyes. Dicho desfile compone un nutrido y relativamente cutre muestrario de consumo infantil donde lo que menos aparece es la pretendida “espiritualidad” cristiana en teoría propia de estas fechas.

¿Les ha preocupado a estas gentes del PP, Ciudadanos y la Iglesia católica, en algún momento, que los canales infantiles de las televisiones, El Corte Inglés, personajes como los militares de la Guerra de las Galaxias o Bob Esponja tengan su propia carroza?

Jamás.

¿Entonces?

Lo que les preocupa es saber que, dentro de unos animales de peluche de una caravana de un distrito como Vallecas, en cuyo desfile jamás habían reparado, aniden tres personas que defienden la igualdad LGTBI. O sea, que se trata de un acto, el de el PP y Ciudadanos en el Ayuntamiento, y el de la presidenta Cifuentes, abiertamente homófobo.

Y lo cierto es que empezamos el día de ayer riéndonos de lo que consideramos una bobadita ultraconservadora, pero el asunto pronto dejó de hacer gracia. Así funcionan las cosas ahora: Unos señalan el objetivo y otros disparan sus insultos y amenazas. Nadie es inocente en este juego y nadie lo ignora. Las declaraciones de Cifuentes, Villacís o Martínez Almeida pusieron en marcha algo que ellos conocen muy bien, y desgraciadamente nosotras también: La máquina del odio. Ahora se cuentan por millares los ataques y las muestras de violencia contra la caravana de Vallecas.

El mal está hecho. Ese mal no es precisamente que todos los sectores sociales tengan cabida en una caravana, y no solo los comerciales. Ese mal consiste en señalar a aquellos a quienes consideran indeseables, indeseables para lo que sea, en este caso un desfile comercial. Ese mal consiste en poner en marcha la máquina del odio. Y ahora solo nos queda esperar que no suceda nada de lo que tengan que arrepentirse.