Opinion · Otras miradas

Podem tras el 21D: recuperar el hilo popular de Catalunya

Yolanda López
Diputada de Catalunya en Comú-Podem y militante de Podem Catalunya

Lucas Ferro
Militante de Catalunya en Comú-Podem y de Podem Catalunya

 

21 de diciembre de 2014, Vall d’Hebrón. Primer acto de Pablo Iglesias en Catalunya tras ser elegido Secretario General de Podemos. Miles de personas se quedan fuera del Pabellón. Se ha escrito mucho sobre ese acto y ha llovido mucho desde entonces, pero, precisamente porque fue un momento particular en todo este ciclo, quisiéramos partir de él para mirar la fotografía de la Catalunya del 21D.

Quienes militábamos en Podem por entonces constatamos en ese acto muchas de las sensaciones que veíamos en el Catalunya desde las elecciones europeas. Podem Catalunya era un espacio ilusionante para los sectores populares catalanes, aquéllos que protagonizaban la mayor desafección política del país. La Catalunya que nos explica una crisis más profunda y de mayor recorrido: El desmantelamiento del corazón industrial de Catalunya y el declive progresivo de los movimientos políticos y sindicales sobre los que se organizaba.

Podemos ver esa cicatriz en todos los barrios populares. En la periferia de Barcelona, de Tarragona y de no pocos pueblos y ciudades del interior. La periferia del progreso social, la periferia del mejoramiento urbano, la periferia del acceso a una vivienda digna y, por supuesto, la periferia excluida en la construcción nacional del procés.

Esa Catalunya que hasta entonces no hacía saltar las alarmas de ninguna empresa demoscópica. Su desafección se traducía en un aumento progresivo de la abstención en las zonas populares.

Dos mensajes fueron claves en ese acto: La impugnación popular al procés y la apuesta por un movimiento de ruptura con el régimen del 78. Retomar el hilo popular de Catalunya en defensa de sus clases populares y del reconocimiento nacional.

Ser capaz de disputarle al catalanismo conservador el espacio de ruptura impugnando también su papel de élite corrupta y neoliberal en Catalunya. En definitiva, no agachar la cabeza ante Convergencia ni ante el Partido Popular. No jugar a ser la izquierda biempensante del país en un momento de emergencia social y nacional sin precedentes.

No levantar tampoco la bandera del anticatalanismo. Izar de nuevo la bandera popular en Catalunya. Aquélla que fue capaz de construir, contra la dictadura, una agenda de ruptura democrática y de defender con orgullo el reconocimiento nacional.

21 de diciembre de 2017, Catalunya. Tres años exactos después sigue siendo urgente la construcción de un espacio de ruptura popular en Catalunya. El 21D perdieron las apuestas por el orden y ganaron aquellos que asumieron sin ambages la épica de la impugnación.

No es cierto que el procés haya hecho girar Catalunya a la derecha. Ni el eje izquierda-derecha es central en Catalunya ni ha ganado la derecha de orden en Catalunya. Lo cierto es que han representado mejor que nadie la impugnación en un contexto de profunda crisis.

La restitución del President legitimo frente a la solución humillante del 155 (y del procesamiento penal) ha representado mejor la dignidad nacional que los llamados tácticos de ERC a rebajar el conflicto con el Estado y retomar la normalidad. Encerrar el debate sobre la gobernabilidad de una comunidad intervenida y la necesaria vuelta a la normalidad sin ningún horizonte de resolución política, es poco menos que negar el conflicto. Un conflicto que sigue abierto y que va a ser difícilmente resoluble sobre una agenda de orden.

La apelación a la Catalunya silenciada de C’s ha representado mejor la desazón de muchos catalanes ante el procés que la disputa por el centro, el orden y el diálogo de los “espacios Borgen”. Auto-excluirse del conflicto sin abrir ninguna vía de ruptura capaz de superarlo encierra de nuevo el debate en la gestión de una situación irresoluble.  

Podem Catalunya: La fuerza popular del catalanismo. Cuentan que, tras las elecciones plebiscitarias del 2015, Albert Rivera se paseaba por el desfile del 12 de octubre siendo saludado en calidad de Presidente. Él también debió creerse aquello de que el cinturón metropolitano había girado irremediablemente hacia la derecha y el anti-catalanismo.

La mejor competencia contra lo que representa C’s en Catalunya no está en el eje izquierda-derecha, tampoco en el de la identidad nacional. Ni las clases populares son de derechas ni anticatalanas. Romper la dualidad de voto pasa por asumir la tarea de ser oposición al procés.

Podem Catalunya puede y debe incluir a la Catalunya excluida en un nuevo proyecto de país. Una apuesta por no cerrar el nuevo sujeto sobre la clase media sino abrirlo a los sectores populares del país.

La transversalidad no está en incluir las demandas de ambos sectores en un programa de Gobierno (no a la DUI, no al 155, etc.) sino en parecerse a Catalunya. En ser capaces de construir un movimiento político que incluya a los sectores populares del país, en ser un movimiento popular que plante cara sin ambages a los que creen que Catalunya les pertenece.

Ser oposición al procés no es asumir un discurso legalista ante los atropellos parlamentarios. Es atreverse a ser la bancada popular del Parlament. Señalar sin ambages la gestión injusta y clientelar de las instituciones. Asumir la necesidad de fiscalizar los engaños en la gestión gubernamental del procés. Y de ser capaces de poner encima de la mesa el desamparo en el que vive hoy la mayoría de Catalunya. El rostro de un país que ha sufrido en sus carnes la gestión salvaje de la sanidad, de la educación, del derecho a una vivienda digna y que ha quedado excluida de cualquier mecanismo de protección social.

Pero hacer oposición al procés no es deslindar lo social de lo nacional. Es construir un movimiento que sea capaz también, de salir del espacio de confort del diálogo y el consenso. La bandera del diálogo tuvo sentido en un momento donde la acción del Gobierno apuntaba a un cierre violento sobre la población en Catalunya, no en un proceso electoral.

El fin de la posibilidad de diálogo, la claudicación del PSOE como actor capaz de liderarlo, abre de nuevo la necesidad de asumir sin ambages un proceso constituyente en España. El reconocimiento nacional de Catalunya debe ser un elemento central de esa apuesta. Un proyecto popular en Catalunya que asuma sin complejos la defensa de Catalunya como nación frente al cierre antidemocrático del Partido Popular y del Rey.

Podem Catalunya debe ser algo más que un “no” a la independencia. Sin levantar la bandera de la ruptura democrática no hay proyecto de país en Catalunya. El “no democrático” no puede ser una mera apuesta de diálogo entre la restauración y el procés. Debe asumir la imposibilidad de cambiar Catalunya sin cambiar España. Frente al bloqueo y la resignación, la fraternidad como impulso necesario para abrir un nuevo camino.

La Catalunya popular pide paso. No va a volver ese tiempo en que los sectores populares catalanes se veían abocados a la abstención. Nuestra será la responsabilidad de construir una alternativa popular a la década perdida.