Opinion · Otras miradas

La institucionalización lingüística de la realidad social

Emilio García García

Padre de persona trans*, y coordinador de Familias Trans*formando-COGAM. @egarciagarcia

Emilio García García
Padre de persona trans*, y coordinador de Familias Trans*formando-COGAM. @egarciagarcia

El significante aporofobia es un neologismo que da nombre al miedo, rechazo o aversión a los pobres, y que fue acuñada por la filósofa española Adela Cortina, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. En la última semana de 2017, el vocablo alcanzó la plena aceptación institucional. De un lado, el término fue aceptado como válido en la renovación del Diccionario de la Real Academia Española (DLRAE); de otro, aporofobia fue elegida palabra del año por la Fundación del Español Urgente (FUNDEU), promovida por la Agencia Efe y BBVA.

La oficialización lingüística del término aporofobia por parte de FUNDEU y la RAE ha sido celebrada como un signo de sensibilidad social. No obstante, debería también abrir una reflexión sobre la priorización del nombrado las realidades sociales por parte de las instituciones lingüísticas. Quizás deberíamos debatir si se han seguido los mismos criterios para dar cabida en la oficialidad lingüística a la realidad que representa el término aporofobia que para la evaluación de otras situaciones con, al menos, igual evidencia empírica. En concreto, me refiero a la realidad LGTB, en general, y trans, en particular.

El procedimiento de selección de las palabras por las instituciones 

La RAE explica el complejo proceso de selección de palabras para el DLRAE en su web. Difícil objetar que dicho proceso esté rígidamente encorsetado dada la materia. Si es criticable, sin embargo, la supuesta apertura del proceso de selección al que aspira y del que presume con la Unidad Interactiva (UNIDRAE), un servicio creado para atender y canalizar las propuestas y sugerencias externas relacionadas con el Diccionario. Aparte de agradecer las contribuciones al facilitar las mismas a través de un formulario, de la mencionada unidad no se recibe información alguna de cuál va a ser su procedimiento posterior al recibir una sugerencia ni referencia para poder realizar un seguimiento de la aportación realizada.

El proceso que sigue FUNDEU para seleccionar la palabra del año es aún más opaco. En su página dedicada a la palabra del año, facilita poca explicación de los criterios utilizados para seleccionar las palabras candidatas o merecedoras finalmente de tal mención, excepto la indicación que “la ganadora no tiene que ser necesariamente una voz nueva, ha de suscitar interés lingüístico por su origen, formación o uso y haber tenido un papel protagonista en el año de su elección”.  Tampoco existe rastro del equipo o las personas que toman la decisión de elegir las palabras candidatas o seleccionar la ganadora, aunque el asesoramiento a FUNDEU por parte de la RAE hace sospechar un elevado peso de la opinión de ésta institución en el proceso.

¿Porqué se selecciona ‘aporofobia’? ¿Porqué no se seleccionan otras palabras?

La breve descripción previa de los procedimientos de selección de las palabras es necesaria para profundizar en la investigación de las posibles razones de la aceptación institucional de unos términos frente a otros. Por ejemplo, es de resaltar que la elegida como palabra del año por FUNDEU en 2016, aporofobia, es el único neologismo de la lista de palabras candidatas a la honorífica mención que figura también entre la lista de neologismos aceptados por la DLRAE en su última revisión.

Pero vayamos con el caso de la prelación de aporofobia frente a trans como palabra del año para FUNDEU y en la aceptación para ser incluida en DLRAE. En la selección del término trans como término candidato a palabra del año, FUNDEU lo define como un acortamiento válido de los adjetivos transexual y transgénero. La intersección de intereses entre RAE y FUNDEU podría explicar las escasas posibilidades que siempre tuvo el término trans de vencer a aporofobia en la ronda final para ser elegida palabra del año. No es sólo que el significante trans (con el significado dado por FUNDEU) no esté recogido en el DLRAE, también está ausente transgénero y sólo está presente transexual. Y dentro de la familia de palabras de la misma raíz, es significativo que tampoco está incluida la palabra transfobia entre las entradas del DLRAE.

En la nota de prensa publicada por FUNDEU con la selección de palabra del año 2017, se señala que “es escogida entre aquellos términos que han estado presentes en mayor o menor medida en la actualidad informativa durante los últimos meses y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico”.  Es de reconocer la belleza de la palabra aporofobia, construida como cuenta Adela Cortina desempolvando el diccionario de griego, pero más dudosa, como a continuación veremos, es su mayor presencia informativa o en la sociedad que el término trans.

Para confrontar la transcendencia social e informativa de la palabra aporofobia con la del término trans, resultan de utilidad las herramientas que proporciona Google. La comparación de búsquedas en la web de ámbito español a lo largo de 2017 entre aporofobia y trans deja poco lugar a dudas de la mayor relevancia de la segunda. De igual modo, al contrastar aporofobia con transexual o al comparar aporofobia con transgénero, se muestra un menor peso de búsquedas realizadas em Google a lo largo de 2017 de la palabra seleccionada como término del año por FUNDEU frente a las dos palabras que son representadas por el acortamiento trans. Si optamos por realizar una búsqueda elemental en Google del término aporofobia, acotada a las páginas en español dentro de España y con año de publicación 2017, obtenemos  45.900 resultados. Mientras, la misma búsqueda para el término trans nos facilita 132.000 resultados.

La realidad social documentada por publicaciones oficiales tampoco justifica la precedencia dada por la RAE al término aporofobia frente, por ejemplo, a las palabras transfobia o GTBfobia para su inclusión en el DLRAE. De acuerdo con el último informe relativo a los delitos de odio publicado por el Ministerio del interior, tienen en España abrumadoramente mayor impacto y crecimiento los incidentes LGTBfóbicos y transfóbicos (nombrados por Ministerio como de orientación o identidad sexual) frente a los aporofóbicos.

Anteriormente mencioné la presunta apertura a la sociedad del proceso de selección de términos para DLRAE al que aspira la Academia con la creación de la UNIDRAE. También destaqué sus insuficiencias. Conviene incidir de nuevo en la carencia participativa como explicación para la precedencia de unos términos frente a otros. A pesar de diferentes campañas realizadas por el colectivo LGTB para corregir la definición que DLRAE realiza del término bisexual o incorporar la palabra transfobia, ninguna de las dos acciones ha sido tomada en consideración por la RAE.

Las palabras reflejan y dan visibilidad a la realidad, hacerse eco en los diccionarios institucionales de los retos sociales es el primer paso para su solución. La promoción de aporofobia al rango de término incluido en DLRAE y su reconocimiento como palabra del año, reconoce una realidad y es el justo premio a una cruzada solitaria de más de veintidós años de Adela Cortina. No obstante, es necesario una revisión crítica de los procedimientos de oficialización de las palabras, prestar más atención en ellos a la preocupación social por las situaciones que los significantes representan y su impacto,  así como dar mayor participación real a la sociedad en la definición de su propio idioma incorporando en mayor grado el principio de transparencia al proceso.