Una selección culta: 88 hombres y 11 mujeres

Cristina Fallarás

Periodista

Cristina Fallarás
Periodista

El volumen está sobre mi mesilla de noche, pero no sé cómo ha llegado ahí. Da igual, porque sobre mi mesilla hay otros veintitantos libros, y tampoco recuerdo en qué momento los llevé al dormitorio. El volumen se llama Las ínsulas extrañas, Antología de poesía en lengua española (1950-2000), y está publicado por Galaxia Gutenberg. En la portada, bajo una ilustración de Eduardo Chillida, se indica que la selección de poetas y poemas se debe a Eduardo Milán (Rivera, Uruguay, 1952), Andrés Sánchez Robayna (Gran Canaria, España, 1952), José Angel Valente (Orense, España, 1929-2000) y Blanca Varela (Lima, Perú, 1926-2009). Al escribir esto recuerdo un poema de Valente publicado en su libro No amanece el cantor (Tusquets, 1992). Este: Me parecía ahora como si quedase en suspenso el amor. Y no era eso. Tan sólo tú no volverías nunca. La gallega bruma de Valente.

Cuando descubro el libro sobre mi mesilla estoy cansada. Acabo de llegar de la librería La Central que hay en Callao (Madrid), donde he participado en la presentación del libro Descubrir lo que se sabe (Ed. Tigres de Papel). Se trata de un estudio realizado por Nieves Álvarez para el que ha rastreado 48 premios de poesía convocados entre los años 1923 y 2016 con una dotación igual o superior a 5.000 euros, de los que 39 pertenecen a instituciones públicas. El resultado: los poetas varones han ganado el 82% de los premios, en cuyos jurados participó solo un 15,82% de mujeres, muchas de ellas sin ni voz ni voto, ya que ejercían de secretarias. El libro está auspiciado por la asociación de mujeres poetas Genialogías y viene a poner cifras a lo que, como indica el título “se sabe”. Poner cifras es importante, porque convierte lo que “se sabe” en irrefutable.

Esa es una de las razones por las que siempre cuento mujeres. Y por vicio. Cuento las mujeres que salen en las fotos oficiales, las mujeres que firman artículos en tal o cual periódico, las que se apiñan en la puerta del colegio a la hora de recoger criaturas. Y, claro, contar mujeres supone contar hombres. Cotejar, se llama.

Llego a la cama cansada, pero descubro el libro, y es precisamente una antología poética, así que me entrego. Busco el índice al final de las 989 páginas. Empieza con Juan Ramón Jiménez (España 1881-1958) y termina con Jorge Esquinca (México, 1957). Incluye poetas españoles y de México, Chile, Uruguay, Cuba, Argentina, Perú, Nicaragua, Venezuela, Colombia y Bolivia.

Y sí, cuento, claro que cuento: Los tres antólogos y la antóloga han seleccionado a 88 hombres y 11 mujeres.

Los editores afirman en la solapa que se trata de “una antología de la poesía escrita en lengua española en la segunda mitad del siglo XX”. Y añade: “A lo largo de varios años, los antólogos han realizado un gran esfuerzo de interpretación y de análisis de la realidad lírica hispánica y ahora ofrecen aquí sus conclusiones: una muestra que atiende menos a la elección de poetas que a la de poemas memorables, una elección que invita al lector tanto a profundizar en el conocimiento de las obras correspondientes como a ampliar por su cuenta la exploración del vasto panorama de la lírica hispánica de los últimos cincuenta años”.

Vamos en dos pasos con esta declaración editorial.

  1. “A lo largo de varios años, los antólogos han realizado un gran esfuerzo de interpretación y de análisis de la realidad lírica hispánica”. ¿De verdad? ¿De verdad después de ese “gran esfuerzo”, en su selección de 99 “poemas memorables” sólo han encontrado a 11 autoras dignas de constar? Pues menos mal que se trata de piezas “escritas” entre 1950 y el año 2000.
  2. “Una elección que invita al lector tanto a profundizar en el conocimiento de las obras correspondientes como a ampliar por su cuenta la exploración”. ¡Exactamente! De eso se trata, exactamente. En la medida en que no constan mujeres en esta o cualquier otra selección, quien desee “ampliar por su cuenta la exploración” lo hará sobre una base macho. O sea, se multiplicará el menoscabo.

En fin, querida Ana María Moix, te dedico este artículo y te robo un poema: Las gaviotas volvieron al mediodía y bajo el sol nos asesinaron con razón: habíamos echado a perder la playa con tantos sueños. (Baladas del dulce Jim, ed. El Bardo, 1969)

(APOSTILLA)

Tras contar los autores –88 hombres y 11 mujeres–, sumé. ¿Por qué seleccionar justamente 99 poetas? ¿Por qué no 100? Añado esta acotación para quienes también suman.

El libro arranca con una Notal del editor firmada por Nicanor Vélez. En el antepenúltimo párrafo del texto, explica: “Queremos dejar constancia aquí de que de los cien poetas que los antólogos seleccionaron, sólo uno, Carlos Sahagún, manifestó su deseo de no figurar en la antología y expresó su desinterés en general por las antologías literarias”.

Expresar un desinterés puede ser un buen final.