Así es cómo los paneles solares defienden a las personas refugiadas

Miguel Ángel Vázquez

Comunicación en ecooo revolución solar

Miguel Ángel Vázquez
Comunicación en ecooo revolución solar

Con el nuevo año ya iniciado, el que sin duda es uno de los temas más relevantes y urgentes de estos tiempos, quizá aquel por el que nos recuerde la Historia a las gentes de esta década, se ha quedado aparcado en el olvido colectivo. La mayor crisis humanitaria desde la II Guerra Mundial, la que afecta a las personas refugiadas, ya no ocupa titulares.

Es una realidad que, lejos de menguar, cada día que pasa se agrava un poco más debido a las condiciones meteorológicas y al cada vez mayor tiempo de hacinamiento en los campos (¿cuántos meses seríamos capaces de aguantar una vida así, entre tiendas de tela y en el barro?). El frío del invierno ha llegado tanto a esos ineficaces asentamientos como al mar que cada día siguen intentando cruzar cientos de personas para llegar a nuestras costas dejándose la vida entre las olas.

Una realidad que, más allá de esto (que es lo importante), ha reconfigurado el mapa electoral europeo a través del surgimiento o el refuerzo de partidos xenófobos de ultraderecha que han hecho del miedo a los más vulnerables su bandera. Una realidad, por tanto, que exige una atención prioritaria por parte de la humanidad consciente hasta que sea resuelta desde la dignidad y los Derechos Humanos. Sin embargo, como digo, parece que es algo que ya no existe o, lo que es peor, que ha sido normalizado.

Las cifras de la indiferencia, volviendo la mirada hacia nuestras fronteras, no pueden ser más contundentes: De las 17.337 personas refugiadas que nos habíamos comprometido a acoger hasta el pasado mes de septiembre sólo han llegado 2.688. Apenas un triste 15,5%. Si la cifra del compromiso adquirido era ridícula comparada con nuestra capacidad de acogida, la de cumplimiento es directamente sonrojante.

Frente a esto, ¿qué hacemos? Una vez que las campañas de reivindicación a nuestros gobernantes y las protestas en las calles han logrado un resultado efectivo tan limitado en su sensibilidad, ¿nos rendimos? ¿Esperamos a las próximas elecciones?

Hay muchas voces que afirman que en la actualidad no estamos viviendo una época de cambios sino un cambio de época. Una de las características más relevantes de este paso a una nueva etapa aún por definir es el empoderamiento ciudadano, la participación colectiva para la transformación de la sociedad y del sistema. Es quizá desde ahí desde donde podemos encontrar una de las claves para afrontar la crisis humanitaria por la que están pasando las miles de personas refugiadas que claman a las puertas de nuestra solidaridad.

Frente a la indiferencia de los gobiernos y de las instituciones responsables de atender esta urgencia humana, ¿por qué no comenzar a actuar directamente y de manera autónoma como sociedad? Hay tantas cosas que se pueden comenzar a hacer sin necesidad de pedir permiso que quizá no merezca la pena quedarse sólo en exigir (lo cual seguirá siendo, sin duda, imprescindible). Se trata de que la solidaridad de los pueblos sea el espejo en el que tenga que mirarse la frialdad de los gobernantes.

Una de las acciones más evidentes que pueden realizarse es atender a las consecuencias claras de la situación por la que hacemos pasar a las personas refugiadas: unirse a las diferentes redes de acogida, difundir que esta situación sigue existiendo, dedicar el tiempo voluntario al cuidado de las personas que ya han llegado, desplazarse hasta los lugares de mayor hacinamiento para, siempre en contacto con las redes que ya trabajan en la zona, echar la mano que pueda ser necesaria…

Sin embargo, una de las respuestas que no resulta tan obvia y que sin embargo es fundamental para resolver la situación consiste en trabajar sobre las causas que obligan a millones de personas a desplazarse forzosamente de su tierra. Si una persona se puede considerar refugiada en tanto en cuanto huye de algo buscando acogida, ¿por qué no atacar directamente a aquellas causas de desplazamiento sobra las que tengamos capacidad de acción? No sólo se trata de no tener que esperar a los gobiernos sino que nuestra iniciativa puede obligarles a realizar cambios profundos y transformadores.

Uno de esos ámbitos que obligan al desplazamiento forzoso donde más podemos incidir como ciudadanía es el relacionado con nuestro modelo energético. Los datos no dejan lugar a la duda: según ACNUR, 25 millones de personas se ven obligadas a salir de su tierra a causa de los efectos del cambio climático cada año, una cifra muy superior a la de las personas que lo hacen a causa de las guerras. Con todo, el cambio climático y sus efectos son sólo uno de los aspectos relacionados con nuestro sistema energético que hacen que la cifra de personas refugiadas crezca a un ritmo alarmante. A estos 25 millones de personas habría que sumarles las cientos de miles que se desplazan a causa de los conflictos bélicos derivados de la pugna por materias primas energéticas, de la construcción de infraestructuras energéticas por parte de grandes multinacionales que desplazan a cientos de comunidades locales y de la contaminación ambiental generada tanto por la quema de combustibles fósiles como por la gestión de residuos nucleares, con graves peligros de accidentes.

Los desplazamientos a causa de nuestro modelo energético afectan tanto a los países del sur global como a los del norte y, en ocasiones, este es la chispa de conflictos que acaban siendo desastrosos (recordemos que la guerra en Siria tuvo como una de sus causas la hambruna provocada por una larga sequía). La buena noticia es que, como decimos, la ciudadanía tiene una gran capacidad de transformación ante esta realidad si toma conciencia y se empodera.

Nuestro modelo energético, contaminante y basado en la quema de combustibles fósiles localizados en puntos concretos del globo, tiene alternativas y, hoy por hoy, apostar por esas alternativas es una forma real de impedir un mayor número de desplazamientos a nivel global. Es realmente llamativo la cantidad de realidades que se pueden cambiar con un simple “click”. Modificar los hábitos de consumo y fomentar las energías renovables autóctonas evita las emisiones que cambian el clima y reduce la cantidad de materias primas energéticas extraídas de zonas de conflicto y de comunidades a lo largo del planeta, aparte de ser infinitamente más segura.

Justo eso, afectar a las causas del desplazamiento forzoso a nivel global desde el fomento de las energías renovables, es lo que hemos pretendido hacer desde CEAR y ecooo con la campaña Enciende Refugio. Una campaña a través de la cual la ciudadanía puede invertir en una planta solar fotovoltaica socializada por ecooo y así ponerla en funcionamiento a la vez que se destina un tanto por ciento de los beneficios obtenidos por esta inversión al trabajo de acogida que realiza CEAR.

Enciende Refugio es una forma de actuar y de empoderar a la ciudadanía frente al mayor reto que nos ha puesto la Historia a las gentes de esta generación.  Una acción que se quiere sumar a la gran red de acciones que luchan por cambiar esta realidad, en esta ocasión atajando las causas y atendiendo a las consecuencias. Para que esa misma Historia no diga que, cuando nos tocó dar la cara, nos sumamos al olvido colectivo de nuestros gobiernos.