Opinion · Otras miradas

La mina de litio de Cáceres, ejemplo de cómo el poder económico manipula a la ciudadanía

Antonio Tomás Cortés Rodríguez

Cacereño, licenciado en Derecho, escritor y activista de la Plataforma 'Salvemos la Montaña de Cáceres'

El pasado miércoles 14 de febrero de 2018, la presentación privada del proyecto de la mina de litio de Cáceres, realizada en el complejo Aralia por las empresas implicadas, desató el estruendo propio de los fuegos de artificio. Esos juegos de luces chispeantes y de estallidos continuos en el cielo nos hacen mirar hacia arriba candorosamente, con la boca abierta en señal de asombro. Incluso las miradas más inocentes pueden resultar tan impactadas como para llegar a creer que aquellos prodigios aéreos se originan realmente en la bóveda celeste. Algunos espectadores no han visto o no quieren ver la manipulación que dirige y lanza los artilugios pirotécnicos desde abajo: es la mano que permanece en la sombra, que lo maneja todo y que pasa desapercibida mientras tenemos la cabeza inclinada hacia atrás. Solo cuando el espectáculo cesa volvemos la vista al suelo y vemos de nuevo la tierra que pisamos, en la que vivimos, y la encontramos cubierta de las inmundicias provocadas por la exhibición.

Hoy, 15 de febrero, pasado ya el olor fugaz de la pólvora, es momento de empezar a recoger las varillas de los cohetes quemados y de ponerse a limpiar de basura el espacio público ensuciado con esos fuegos que alcanzaron las alturas gracias a una serie de artificios que ya van quedando a la vista, desvelados. Llega la hora de separar el polvo de la paja, de poner en distintos rediles a las ovejas churras y a las merinas, de llamar pan al pan, y vino al vino. Y para ello, una vez más, la Plataforma “Salvemos la Montaña de Cáceres” se ve obligada a realizar labores de documentación, investigación y contraste que son propias del periodismo, más que de la ciudadanía. Aunque no sean tareas exigibles del pueblo, sino de sus representantes, aunque no percibamos ninguna retribución económica por ellas, las realizamos desinteresadamente, incluso a veces con disfrute, porque sabemos que está en juego no solo nuestro futuro, sino el de Cáceres y el de Sierra de Fuentes y el de todos sus habitantes (incluso de los que claman por una mina a cielo abierto), y estamos comprometidos con la verdad y con la aspiración a un futuro sostenible, que solo se puede encontrar en la intersección de los tres sectores en los que se mueve la vida: lo social, lo ambiental y lo económico (y no en el predominio absoluto de lo económico contra lo social y lo ambiental).

Tras la presentación empresarial de ayer, la prensa ha empezado a lanzar informaciones sobre las bondades del proyecto. Y con ello surgen las exageraciones o incluso las manipulaciones de datos, que no podemos saber si se deben a la elaboración periodística o al artificio pirotécnico de VALORIZA MINERÍA (SACYR) y de PLYMOUTH MINERALS (puesto que tuvieron la gentileza de prohibir el paso a los ciudadanos afectados por el proyecto que acudieron para informarse, y que tuvieron que quedarse fuera de Aralia, mientras dentro las empresas proclamaban incoherentemente que los ciudadanos “tienen el derecho y la obligación de conocer el proyecto”).

Como muestra para iniciar el análisis, veamos las promesas de puestos de trabajo. La Cadena Ser asegura, respecto a la mina: “Generaría unos 1.000 empleos directos, entre 500 y 900 durante la construcción y otros 900 indirectos”. ¡Unos 1000 empleos directos! ¡Y 900 indirectos! Pero la cronología deja en evidencia esa afirmación, como expongo a continuación.

El 18/10/2017 (solo diez días después de que la empresa solicitara la concesión de explotación), el diario Hoy publicó: “La posible explotación de la mina San José, en el paraje conocido como Valdeflores, generará 106 puestos de trabajo”, y aseguró que ese número figuraba entre “los datos más relevantes incluidos en el último informe, hecho público ayer, por la empresa australiana Plymouth Minerals, asociada a la española Valoriza Minería, del Grupo Sacyr”.

Tal vez por la inesperada contestación social suscitada por su proyecto, las empresas se han visto obligadas a doblar los argumentos, ¡a pesar de que el proyecto sigue siendo el mismo! Así, el 14/02/2018 el diario Hoy publicó: “En la fase de construcción se crearían entre 500 y 800 empleos directos. Se sumarían a otros 200 directos (100 en la mina y 100 en la planta) y 900 indirectos durante la fase de explotación. TEL cree que los beneficiarios serán empresas auxiliares, consultorías, constructoras…”.

O sea, que lo que hace cinco meses era una promesa de 106 puestos de trabajo directos ha ascendido nada menos que a unos 1000. ¿Y qué ha sucedido desde entonces? ¿Ha variado la realidad física que las empresas quieren explotar, y que ya tenían suficientemente estudiada? No. ¡Lo que ha cambiado sustancialmente ha sido que ha descendido de modo drástico el grado de ignorancia y de complacencia de la ciudadanía cacereña! Eso hace que tanto las empresas como sus ayudantes tengan que emplearse a fondo para doblegar el inesperado rechazo social. Tal vez pensaban que nos íbamos a comportar como en el Tercer Mundo, que no íbamos a reaccionar cuando nos quisieran devorar a dentelladas. ¿Cómo podrían ellos enderezar la situación y lograr más apoyo social y político? ¿Cómo hacerlo en una población con grandes tasas de paro y escasa perspectiva industrial? La solución, que es de manual, y por tanto nada innovadora, es la que vemos que han adoptado, como haría una peligrosa cobra: ir multiplicando las promesas de empleos hasta marear a los cacereños, danzar ante las víctimas y, una vez convenientemente hipnotizadas, aprovechar para lanzarse contra ellas e inyectarles el veneno mortal.

Pero vayamos no a los periodistas, sino a su fuente, a los medios instrumentales empleados por SACYR y PLYMOUTH MINERALS. ¿Qué es lo que prometió la empresa en la Memoria de su Plan de explotación, fechada en enero de 2018? En la página 263 leemos: “El personal en promedio en la operación, incluyendo personal de mina, planta y administración suma 207 trabajadores”. ¡207 trabajadores directos, casi el doble de lo que había profetizado a los inversores internacionales PLYMOUTH MINERALS! ¿De dónde puede salir entonces el millar de puestos directos del que se habla hoy? ¿No serán acaso simples fuegos de artificio?

Es más: incluso esa cifra oficial de 207 puestos de trabajo directos resulta cuestionable, a la luz del Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre “La minería no energética en Europa” de 9/07/2008, que menciona en su apartado 2.3: “La industria extractiva no energética europea emplea a 295 000 trabajadores, con unas 18 300 empresas”, lo cual arroja una media de 16,12 trabajadores por explotación.

Y, por mucho que las empresas prometan contratar a personal de Cáceres, eso casa mal con la procedencia de las empresas y los trabajadores que hasta ahora han actuado en Valdeflores o que es previsible que actúen (originarios en su mayoría de Castilla y León, Galicia, Asturias…, junto a algunos de Extremadura). ¿Y de dónde vendrían los trabajadores cualificados? ¿Acaso los hay en Cáceres? ¿Y no usarían los servicios técnicos y de consultoría que ya están en la plantilla de VALORIZA MINERÍA, en vez de contratar otros en Cáceres? ¿No usarían sus habituales servicios financieros? Más allá de algunas empresas cacereñas, como las de movimientos de tierra, y de algunos operarios poco cualificados, y otros de personal de seguridad y similares, de esos 207 puestos de trabajo muy pocos podrían cubrirse con trabajadores cacereños y sierrafuenteños.

Con más motivo aún ha de considerarse controvertida la cifra de puestos de trabajo indirectos, simplemente alegada por la empresa, pero no justificada de forma concreta. ¿Dicen que son 900? ¿Qué más da? ¡Como si fueran 9000! ¡Si el papel todo lo aguanta! Pero no existe ningún estudio específico sobre interrelaciones de la mina con el escaso tejido industrial de Cáceres. No pueden detallar exactamente cuántos puestos indirectos se crearían, cuáles, en qué sectores, en qué anualidad de la explotación, y durante cuánto tiempo se produciría ese efecto. No pueden justificar específicamente cada uno de esos puestos indirectos. Más bien se trata de otra engañosa cobertura de azúcar para hacer tragar una píldora amarga.

Seamos realistas: más allá de estos fuegos de artificio sobre el empleo, la mina a cielo abierto solo favorecería a un puñado de cacereños que consiguiera trabajar en puestos poco cualificados, sin ningún tejido empresarial ni industrial asociado y en medio de una fuga de capitales al exterior (pues el carbonato de litio sería procesado fuera de Extremadura, y el grueso del lucro engrosaría las cuentas bancarias de personas ajenas a Extremadura). Lo único que creemos asegurado para Cáceres, si se ejecuta la mina a cielo abierto, es un largo periodo de oscuridad, de daños ambientales y de daños en la salud humana, de regresión económica y de involución social, una nueva Edad Media, y tras ella muchos siglos por delante para lamentarse por haber consentido lo intolerable.

Seguiremos informando…