Opinion · Otras miradas

Marta Sánchez y el oportunismo patriota

Marta Nebot

Periodista

Marta Sánchez, durante el concierto.
Marta Sánchez, durante el concierto.

Que Marta Sánchez canta como los ángeles es indiscutible. Los que saben, añaden que, más allá de su don, su técnica vocal es insuperable. Pero igual de cierto es que Marta Sánchez también ha sido una oportunista desde siempre. Que habrá quien piense: ¡bueno, como todos! Y sí, pero unos más que otros.

La que hoy nos atañe, directamente confiesa que su “Viva España”-su versión del himno nacional con letra propia, por si alguien no se ha enterado- no es un recién nacido: “La idea me surgió un poco de repente con una visión en Miami hace ya un año y pico, pero la aparqué porque no sabía cómo encarar el arreglo nuevo de la melodía y tal, musicalmente hablando”, confiesa por teléfono hoy mismo.

Y tal, va y la arregla “musicalmente hablando” para cantarla justo ahora en suelo patrio delante de 1.242 personas, con sus móviles a punto para inmortalizar la guinda al concierto que daba en el Teatro de la Zarzuela, abarrotado, por sus 30 años de carrera. Y, además, lo hace en un Madrid forrado de banderas de España desde hace meses y enfundada en un modelito rojo, con la melena amarilla al viento y con capa y luces del mismo color y todo.​

En las redes sociales, PP y Ciudadanos han competido por quién la felicitaba más alto. Mariano Rajoy: “Muy buena iniciativa”, ha escrito en Twitter. “La inmensa mayoría de los españoles nos sentimos representados. Gracias, Marta”. Albert Rivera: “Valiente y emocionante poniendo letra y corazón al himno nacional”.

Marta, sin embargo, sorprendentemente, se ha mostrado muy sorprendida: “Yo no me esperaba esta reacción, ni muchísimo menos, ni en mis mejores sueños”. “¿Cómo iba a pensar que me iba a felicitar tanta gente? ¡Y el presidente…! Y que los partidos políticos iban a hablar de esto. Me he sentido muy orgullosa y muy honrada de este regalo alucinante. No me lo creo”. Todo, según la conversación telefónica de hoy que ha mantenido con el Confidencial.

Buenos, pues, para su sorpresa -entonces- en todas las tertulias del país se ha hablado de ella y de su gesta y en varias se ha escuchado cómo se relacionaba su presunta valentía con el riesgo que corría de, después de esto, no volver a ser contratada nunca más para dar un concierto en el País Vasco o en Catalunya. El argumento me ha parecido, por lo menos, exagerado pero para valorarlo bien, me he metido en el Facebook de la protagonista donde publicita todos sus actos. Y, oh sorpresa, no da un concierto en estos dos territorios desde hace más de dos años, según su propia fuente. En agosto del 2016 aparece uno en Cambrils, que los carteles del ayuntamiento desmienten y también la prensa del corazón, que la situaba ese fin de semana en las playas de Cádiz, reponiéndose de un desengaño amoroso.

Así que, lo mismo es verdad que a Marta Sánchez le ha dado un ataque de amor a la patria pero igual de cierto es que no perdía absolutamente nada con ello y parece ser que sí que ganaba.

En otras ocasiones de su carrera, Marta Sánchez supo salir ganando: “Gracias a mi desnudo en Interviú me pude comprar mi casa de Ibiza”, dijo a Vanitatis en 2010. Antes, en 1990 se fue con el entonces ministro de Defensa socialista, Narcís Serra, a pasar la navidad al Golfo Pérsico haciendo de Marilyn Monroe cantando Soldados del amor a las tropas, ligerita de ropa y por la patria.

Marta Sánchez, nunca se ha señalado políticamente, – vamos que públicamente le da lo mismo carne que pescado-, y debe ser porque la patria no entiende de bandos sino de aires. Las banderas sólo ondean cuando y hacia donde sopla el viento patriotero.

La nuestra, en mi opinión, solo ondeó para todos cuando nos unió en serio, de manera abstracta como hacen los símbolos, como símbolo de La Roja; de aquella selección de fútbol española que nos dio alegrías hasta a los no futboleros, en todos los rincones de España y, con ese nombre, nos hizo creer que podía limpiarse de su pasado facha, que podía ser tan facha como roja, tan de los que siempre la tuvieron como de los que no tenemos otra.