Opinion · Otras miradas

ARCO cuelga nuestro retrato

Cuando la Barbarie ocupa un lugar es porque la Cultura lo había dejado vacío. Esto es así.

Ellos ya estaban ahí, acechando con su feroz incultura, con su anhelo de escarmiento, con su mojigatería, con su zarpa beata y marcial. Nosotras, nosotros nos fuimos. Abandonamos la evidencia de que somos actores políticos, renunciamos a tomar partido no vaya a ser que se caiga un contrato, eliminamos estrofas no sea que hieran una sensibilidad, dejamos de participar, renunciamos a los apoyos sentados sobre las cuatro monedas que creíamos tener, olvidamos cómo la violencia de la idea es el freno de la otra violencia… y dejamos libres esos espacios tras los que aguardaban los asesinos del pensamiento.

Ahora nos sorprende su violencia. Eso es. Je, nos sorprende. Han llenado con cárceles, comisarías, silencios, armas y tribunales los espacios de los que nos largamos. Lo hemos visto. Sin mover un dedo, lo hemos visto. Sin salir a la calle, sin empujar para echarlos atrás y recuperar el espacio perdido. No somos inocentes. Somos cómplices de esa barbarie atronadora cuyo culo ocupa el espacio donde deberían alzarse crítica e idea. Su culo grasiento de sacristía y patio de cuartel.

Cuando han descolgado la obra de Santiago Sierra Presos políticos en la España contemporánea, quedó una elocuente pared en blanco. Y esa era la obra, nuestra obra común. Ah, las gentes de la Cultura, siempre tan dadas al facilón simbólico. En cuanto ha visto la pared inmaculada he entendido que la obra era esa. No los retratos de Sierra, sino lo que queda una vez retirados: Nosotras, nosotros.

Venga, que alguien saque el champán.